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El agua en las coplas flamencas Imprimir
escrito por Alfredo Arrebola   
miércoles, 18 de agosto de 2010

 EL  AGUA  EN LAS COPLAS  FLAMENCAS

      Charla-Recital: LANJARON,  25 de  Agosto de 2010 (12.30 horas)

Ponente:  Don  Alfredo Arrebola Sánchez,  Doctor en  Filosofía  y Letras

Cantaores: SORAYA – ALFREDO  ARREBOLA

Guitarrista: José  Fernández (Hijo)

 

1.- Introducción.- Buenos días, queridos  amigos. Gracias a todos los Miembros de la Comisión Organizadora de las Conferencias y Recitales que sobre  EL  AGUA EN LAS ARTES se van a desarrollar en Lanjarón, precisamente el pueblo que, en gran parte, vive de ese líquido natural  tan preciado y, por desgracia, cada vez más reducido:

POR TOAS  LAS BOCACALLES

DE ESTA BELLA CIUDAD

CORREN  MANATIALES DE AGUA

COMO  ALGO NATURAL

(Martinete).

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Luís Caballero Imprimir
escrito por Alfredo Arrebola   
viernes, 13 de agosto de 2010
LUIS CABALLERO BOHORQUEZ

LUIS  CABALLERO  (1919 -2010)

La vida que no florece

y es estéril y escondida

es vida que no merece

el santo nombre de vida”,

nos dejó dicho uno de los poetas más cultos del  siglo XX  y, además, un “gran aficionado al  flamenco”, José María Pemán (1897-1981). ¡Qué bien reflejan la  larga, dura y fructífera vida de  mi  inolvidable  amigo-hermano Luís Caballero Polo, uno de los mejores intérpretes del cante de la segunda mitad del siglo XX! Lo digo con la mayor sinceridad  posible: me falta espacio para  confeccionar honestamente  este “FORJADORES DEL ARTE FLAMENCO” que,  como  homenaje póstumo, ofrezco  a  este “Gran Caballero del Cante”, recientemente fallecido (24/06/2010), y que supo elevar el cante a la máxima categoría de lo que el  flamenco es por su propia naturaleza. Tengo el  alto  honor de  que su libro “¿Somos o no somos  andaluces? (De la verdad y la mentira del  cante), me lo dedicara de “puño y letra” allá por la primavera  sevillana de 1973, es decir, recién salido de la imprenta. ¡Cuánto bien me hicieron las cuarenta páginas que nos dejó escritas Luís, un hombre herido por el cante. Y ahora mismo, mientras intento  hilvanar mis pensamientos, voy consolándome de su pérdida – “¡ley  natural de vida!” - con ese haz de cantes (Fandangos de Pepe Aznalcóllar, Palanca, Manuel Torre y  Cepero, Mirabrás, Malagueña, Taranto, Polo, Granadina, y Seguiriyas) que nos legó en la “Primavera de 1998 en los Estudios  ALTA  FRECUENCIA DE SEVILLA”, y  apoyado en la sabia guitarra de José Luís Postigo, “Maestro” ya consumado  de la sonanta.

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El flamenco en la poesía de Miguel Hernández Imprimir
escrito por Alfredo Arrebola   
martes, 27 de julio de 2010

EL  SENTIR  FLAMENCO  EN LA POESIA DE  MIGUEL  HERNÁNDEZ

Mi larga experiencia cantaora me ha hecho ver que “mientras haya poesía, habrá flamenco”;  pensamiento que dejé escrito en mi libro “Antología de la poesía flamenca”, (Málaga, 1993) porque ambas manifestaciones artísticas coinciden en su temática: EL HOMBRE. Nacimiento, vida, muerte, sentido de la existencia, de la vida, del más allá, el  absoluto, la nada y otros  interrogantes que se hace el hombre que determinan la esencia de la Poesía y del Flamenco:

Llegó con tres heridas:

la del amor,

la de la  muerte ,

la de la vida”.

 

Con tres heridas viene:

la de la vida,

la del amor,

la de la muerte,  Miguel Hernández. “Poemas de amor”, pág. 29 (Madrid, 1969).

Recientemente, desde el 31 de mayo al 2 de junio, tuvo lugar en Fuente Vaqueros (Granada) el  “Congreso Nacional GARCIA  LORCA  MIGUEL HERNANDEZ”, en el  que tuve el honor de participar precisamente sobre el “Flamenco en  García Lorca y  Miguel Hernandez”, con el acompañamiento del guitarrista  Daniel Mora. Por  tal motivo, quiero dedicar a la Peña Flamenca Placentina – con la que me siento muy vinculado – una síntesis de  mi  Charla- Recital en torno a lo que significó el arte  flamenco en  el  malogrado poeta Miguel Hernández (1910- 1942).

Con mi disco “Cantes a los poemas de Federico García Lorca” Philips. Madrid, 1970), acompañado a la guitarra por  Vicente El Granaíno, reproducido también en cassette, el mismo que fue reeditado y aumentado en el libro-disco “El flamenco en la obra poética de F.García Lorca” (Granada, 2009), en esta ocasión, con  los guitarristas Vicente El Granaíno, Martín Perea,, Andrés Cansino  y Ángel Alonso, como homenaje póstumo al ilustre e inmortal poeta de Fuente Vaqueros; asimismo, Enrique Morente, con  su “Homenaje flamenco a  Miguel  Hernández” (1971), acompañado a la guitarra por  Parrilla de Jerez  y Perico el del Lunar, inauguramos  una tendencia consistente en adaptar textos de la llamada poesía culta a  los ritmos y estilos del  flamenco. Una tendencia  frecuente en aquel  momento, que en el ámbito de este “arte popular” fue impactante. Tendencia  rápidamente en ascenso gracias a cantautores y cantaores (Paco Ibáñez, Serrat, Jarcha, María del Mar Bonet, Francisco, Camarón, Carmen  Linares, José Mercé, Lole y Manuel, Manuel Gerena, Curro  Piñana, Paco Moyano, etc. etc.), pero en el caso del flamenco resultaba casi inédita. Mi constancia en grabar a otros tantos poetas cultos – Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Emilio Prados, Machado (Manuel y Antonio), Rafael Alberti, Salvador Rueda, Juan Ramón Jiménez, Francisco Villaespesa, Gustavo Adolfo  Bécquer, Luís Cernuda, José  Sánchez  Rodríguez, Rafael Guillén, Ángel  Ganivet, José Carlos de Luna,  Manuel  Altolaguirre, Elena  Martín  Vivaldi, Luís  Rosales, Antonio  Carvajal, Juan  Rejano, Carmen González  Sánchez, José   María  Lopera,  Francisco  Salgueiro etc. etc.- es posible que sirviera de punto de arranque a otros  compañeros que han visto y comprendido cómo las verdaderas y auténticas vivencias del  flamenco, es decir, la esencia  metafísica del mismo está siempre  en el  epicentro del  ser humano. Por ello, nada de  extraño puede resultar el ver cómo el flamenco – Cante, Baile y Toque – se ha implicado en el  centenario del poeta  Miguel Hernández.

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María La Canastera Imprimir
escrito por Alfredo Arrebola   
miércoles, 21 de julio de 2010

MARIA  LA   CANASTERA  (1913 – 1966)

Todavía la recuerdo en la imagen más verosímil de una gitana modelo en el orden social y artístico. Yo me siento profundamente orgulloso de haber cultivado su fiel y leal  amistad e incluso recibir de su “sabiduría  calé”, junto a Juanillo  el Gitano, las más inspiradas lecciones  del  llamado “Cante gitano”. Jamás  podrá  borrarse de mi mente aquel  saeteril miércoles santo del año 1959 por las estrechas y empinadas calles del  sacromonte granadino, dirigidos - ¡cómo no! – por las sabias  orientaciones de  mi inolvidable  amigo abulense, pero todo granadino, periodista y locutor, Rafael  Gómez  Montero, y  el eco dulce y  sentimental de María la Canastera entonando saetas por Tonás y  Carceleras,  en tanto que Manuel  Ávila, aquel  incansable  ruiseñor  de  Montefrío, abrazado a mi cuello nos dirigíamos al  Santísimo Cristo  del Consuelo – Señor y Padre de todos los Gitanos de Granada, él por ese cante que más  caracteriza a la raza calé, cual es la seguiriya; y  yo, recordando  los ecos del  gaditano Enrique  el Mellizo, rezaba  con su malagueña.¡Qué sublime  espectáculo! Los gitanos, en multitud incontable, llenaban el cielo de roja  luz con sus antorchas. El llanto, la angustia y  el fervor de un pueblo  que sabe encontrar  consuelo  en los misterios sacrosantos de  la religión, se fundían  en  lamentos flamencos: palmas y  olés acompasados. Allí  estaba nuestra admirada amiga y maestra María Cortés  Heredia, la mundialmente conocida como “María La Canastera”, bailaora y cantaora que vio  la luz primera en su querida Granada, el día 27 de febrero de 1913, época  en la que los  cafés  cantantes estaban  a punto de desaparecer.
Si es verdad aquello “… de casta le viene al galgo”, nunca mejor se cumplió como  en La Canastera, hija del cantaor Juan Cortés  Campos, apodado “El  Cagachín”, y de una ilustre gitana Josefa Heredia. María fue bautizada en la Parroquia  de San  Pedro, iglesia   que besa las aguas del río  Darro y, además, testigo silente de  tantas y buenas noches de cante, baile y toque en el famoso “Paseo de los Tristes”, durante los años que  la “Ciudad de los Cármenes” estuvo celebrando sus famosos y bien  recordados Festivales Flamencos, con motivo de las Fiestas del Corpus.
Pasado el tiempo prescrito en la ley natural, María  contraería matrimonio canónico y gitano con José Carmona, natural de Armilla (Granada) y trabajador  en  Obras Públicas. Se sabe perfectamente que su padre, ¡el célebre “Cagachín”!, y toda su familia trabajaban el  mimbre haciendo  canastos: he aquí, pues, la razón última de su apodo. Su hijo, mi buen  amigo Enrique “El Canastero”, nos contaba que aún recuerda, cuando era  niño, que su madre ponía fuera de la cueva, frente a la puerta, una gran  cesta de mimbre  que hacía  las  veces de corralito donde  las  gitanas dejaban  sus  niños mientras  ellas  bailaban.

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