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escrito por Alfredo Arrebola
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viernes, 13 de agosto de 2010 |
LUIS CABALLERO (1919 -2010) La vida que no florece y es estéril y escondida es vida que no merece el santo nombre de vida”, nos dejó dicho uno de los poetas más cultos del siglo XX y, además, un “gran aficionado al flamenco”, José María Pemán (1897-1981). ¡Qué bien reflejan la larga, dura y fructífera vida de mi inolvidable amigo-hermano Luís Caballero Polo, uno de los mejores intérpretes del cante de la segunda mitad del siglo XX! Lo digo con la mayor sinceridad posible: me falta espacio para confeccionar honestamente este “FORJADORES DEL ARTE FLAMENCO” que, como homenaje póstumo, ofrezco a este “Gran Caballero del Cante”, recientemente fallecido (24/06/2010), y que supo elevar el cante a la máxima categoría de lo que el flamenco es por su propia naturaleza. Tengo el alto honor de que su libro “¿Somos o no somos andaluces? (De la verdad y la mentira del cante), me lo dedicara de “puño y letra” allá por la primavera sevillana de 1973, es decir, recién salido de la imprenta. ¡Cuánto bien me hicieron las cuarenta páginas que nos dejó escritas Luís, un hombre herido por el cante. Y ahora mismo, mientras intento hilvanar mis pensamientos, voy consolándome de su pérdida – “¡ley natural de vida!” - con ese haz de cantes (Fandangos de Pepe Aznalcóllar, Palanca, Manuel Torre y Cepero, Mirabrás, Malagueña, Taranto, Polo, Granadina, y Seguiriyas) que nos legó en la “Primavera de 1998 en los Estudios ALTA FRECUENCIA DE SEVILLA”, y apoyado en la sabia guitarra de José Luís Postigo, “Maestro” ya consumado de la sonanta. |
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escrito por Alfredo Arrebola
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martes, 27 de julio de 2010 |
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EL SENTIR FLAMENCO EN LA POESIA DE MIGUEL HERNÁNDEZ Mi larga experiencia cantaora me ha hecho ver que “mientras haya poesía, habrá flamenco”; pensamiento que dejé escrito en mi libro “Antología de la poesía flamenca”, (Málaga, 1993) porque ambas manifestaciones artísticas coinciden en su temática: EL HOMBRE. Nacimiento, vida, muerte, sentido de la existencia, de la vida, del más allá, el absoluto, la nada y otros interrogantes que se hace el hombre que determinan la esencia de la Poesía y del Flamenco: Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte , la de la vida”. Con tres heridas viene: la de la vida, la del amor, la de la muerte, Miguel Hernández. “Poemas de amor”, pág. 29 (Madrid, 1969). Recientemente, desde el 31 de mayo al 2 de junio, tuvo lugar en Fuente Vaqueros (Granada) el “Congreso Nacional GARCIA LORCA MIGUEL HERNANDEZ”, en el que tuve el honor de participar precisamente sobre el “Flamenco en García Lorca y Miguel Hernandez”, con el acompañamiento del guitarrista Daniel Mora. Por tal motivo, quiero dedicar a la Peña Flamenca Placentina – con la que me siento muy vinculado – una síntesis de mi Charla- Recital en torno a lo que significó el arte flamenco en el malogrado poeta Miguel Hernández (1910- 1942). Con mi disco “Cantes a los poemas de Federico García Lorca” Philips. Madrid, 1970), acompañado a la guitarra por Vicente El Granaíno, reproducido también en cassette, el mismo que fue reeditado y aumentado en el libro-disco “El flamenco en la obra poética de F.García Lorca” (Granada, 2009), en esta ocasión, con los guitarristas Vicente El Granaíno, Martín Perea,, Andrés Cansino y Ángel Alonso, como homenaje póstumo al ilustre e inmortal poeta de Fuente Vaqueros; asimismo, Enrique Morente, con su “Homenaje flamenco a Miguel Hernández” (1971), acompañado a la guitarra por Parrilla de Jerez y Perico el del Lunar, inauguramos una tendencia consistente en adaptar textos de la llamada poesía culta a los ritmos y estilos del flamenco. Una tendencia frecuente en aquel momento, que en el ámbito de este “arte popular” fue impactante. Tendencia rápidamente en ascenso gracias a cantautores y cantaores (Paco Ibáñez, Serrat, Jarcha, María del Mar Bonet, Francisco, Camarón, Carmen Linares, José Mercé, Lole y Manuel, Manuel Gerena, Curro Piñana, Paco Moyano, etc. etc.), pero en el caso del flamenco resultaba casi inédita. Mi constancia en grabar a otros tantos poetas cultos – Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Emilio Prados, Machado (Manuel y Antonio), Rafael Alberti, Salvador Rueda, Juan Ramón Jiménez, Francisco Villaespesa, Gustavo Adolfo Bécquer, Luís Cernuda, José Sánchez Rodríguez, Rafael Guillén, Ángel Ganivet, José Carlos de Luna, Manuel Altolaguirre, Elena Martín Vivaldi, Luís Rosales, Antonio Carvajal, Juan Rejano, Carmen González Sánchez, José María Lopera, Francisco Salgueiro etc. etc.- es posible que sirviera de punto de arranque a otros compañeros que han visto y comprendido cómo las verdaderas y auténticas vivencias del flamenco, es decir, la esencia metafísica del mismo está siempre en el epicentro del ser humano. Por ello, nada de extraño puede resultar el ver cómo el flamenco – Cante, Baile y Toque – se ha implicado en el centenario del poeta Miguel Hernández. |
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escrito por Alfredo Arrebola
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miércoles, 21 de julio de 2010 |
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MARIA LA CANASTERA (1913 – 1966) Todavía la recuerdo en la imagen más verosímil de una gitana modelo en el orden social y artístico. Yo me siento profundamente orgulloso de haber cultivado su fiel y leal amistad e incluso recibir de su “sabiduría calé”, junto a Juanillo el Gitano, las más inspiradas lecciones del llamado “Cante gitano”. Jamás podrá borrarse de mi mente aquel saeteril miércoles santo del año 1959 por las estrechas y empinadas calles del sacromonte granadino, dirigidos - ¡cómo no! – por las sabias orientaciones de mi inolvidable amigo abulense, pero todo granadino, periodista y locutor, Rafael Gómez Montero, y el eco dulce y sentimental de María la Canastera entonando saetas por Tonás y Carceleras, en tanto que Manuel Ávila, aquel incansable ruiseñor de Montefrío, abrazado a mi cuello nos dirigíamos al Santísimo Cristo del Consuelo – Señor y Padre de todos los Gitanos de Granada, él por ese cante que más caracteriza a la raza calé, cual es la seguiriya; y yo, recordando los ecos del gaditano Enrique el Mellizo, rezaba con su malagueña.¡Qué sublime espectáculo! Los gitanos, en multitud incontable, llenaban el cielo de roja luz con sus antorchas. El llanto, la angustia y el fervor de un pueblo que sabe encontrar consuelo en los misterios sacrosantos de la religión, se fundían en lamentos flamencos: palmas y olés acompasados. Allí estaba nuestra admirada amiga y maestra María Cortés Heredia, la mundialmente conocida como “María La Canastera”, bailaora y cantaora que vio la luz primera en su querida Granada, el día 27 de febrero de 1913, época en la que los cafés cantantes estaban a punto de desaparecer. Si es verdad aquello “… de casta le viene al galgo”, nunca mejor se cumplió como en La Canastera, hija del cantaor Juan Cortés Campos, apodado “El Cagachín”, y de una ilustre gitana Josefa Heredia. María fue bautizada en la Parroquia de San Pedro, iglesia que besa las aguas del río Darro y, además, testigo silente de tantas y buenas noches de cante, baile y toque en el famoso “Paseo de los Tristes”, durante los años que la “Ciudad de los Cármenes” estuvo celebrando sus famosos y bien recordados Festivales Flamencos, con motivo de las Fiestas del Corpus. Pasado el tiempo prescrito en la ley natural, María contraería matrimonio canónico y gitano con José Carmona, natural de Armilla (Granada) y trabajador en Obras Públicas. Se sabe perfectamente que su padre, ¡el célebre “Cagachín”!, y toda su familia trabajaban el mimbre haciendo canastos: he aquí, pues, la razón última de su apodo. Su hijo, mi buen amigo Enrique “El Canastero”, nos contaba que aún recuerda, cuando era niño, que su madre ponía fuera de la cueva, frente a la puerta, una gran cesta de mimbre que hacía las veces de corralito donde las gitanas dejaban sus niños mientras ellas bailaban. |
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