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Poesía y cante flamenco: binomio de identidad cultural flamenca Imprimir
escrito por Alfredo Arrebola   
sábado, 11 de mayo de 2013

  POESIA Y  FLAMENCO: Binomio de Identidad Cultural Flamenca

                                      Alfredo  Arrebola,  Profesor – Cantaor                                                                                                        

¡Qué ironías tiene la vida!: Hoy – jueves, 16 de mayo de 2013-  en  la  sede del Ateneo de Motril, recientemente creado,  hablo sobre “Poesía y Flamenco”, pero  sin  olvidar que el  alma fundadora  de los ateneos y de la “Sociedad Folklore Andaluz” fue nada menos que el tradicionalmente llamado “Padre de la Flamencología”, don Antonio Machado y Álvarez “Demófilo” (1846 – 1893).

     Es cierto que esa “realidad cultural”, llamada flamenco, es una manifestación artística de primer orden en cuanto que es signo inequívoco de la cultura española y específicamente  andaluza. Nada de extraño, pues, que – como los Toros – el  flamenco haya despertado el interés de otros ámbitos artísticos como la pintura, la escultura, el cine, la fotorafía y, sobre todo, la literatura. Está suficientemente demostrado que ciertos escritores y poetas lo han tomado como “tema” de sus poemas,  comedias, novelas, películas. Aquí sólo tratamos  “Poesía y Flamenco”; dejamos apartados, narrativa y teatro en el complejo y enigmático mundo del  arte flamenco.

 

     POESIA Y CANTE – lo digo tras una larga experiencia  cantaora e investigadora – son  dos  actitudes estéticas íntimamente relacionadas.  Y ello porque son dos modos  diferentes de ver,  concebir y  sentir la  “misma realidad andaluza” durante el  siglo XIX. En esta línea está el pensamiento de José Luís Buendía López, quien  escribe: “El  flamenco, desarrollado y aclimatado en  el  siglo XIX, bajo las  mismas coordinadas cronológicas que  el  movimiento romántico andaluz, como arte comprometido con  su  tiempo, imbricado en la trama de la más  exacta  correspondencia, no podía estar, y no  estuvo  de hecho, al margen  de  esa circunstancia que le tocó  vivir, y de alguna manera  sus  moldes  expresivos  estarían  en  estrecha conexión con la  poesía culta  de la época.

  No podemos olvidar que la poesía romántica, igual que el  flamenco,  representa,  entre otras  cosas, un hermoso  canto a la libertad y que,  por tanto, coinciden  en   cantarla al unísono con  tonos exaltados” cfr. Revista “Candil”, nº 64, pág. 174 (Jaén,  julio-agosto 1989).

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Manolo Mairena se nos fué de madrugá Imprimir
escrito por Alfredo Arrebola   
jueves, 02 de mayo de 2013
Manolo Mairena // Manuel Cruz García

                                LA   MUERTE  EN  EL  FLAMENCO

                                  Alfredo Arrebola, Profesor –Cantaor

 

IN  MEMORIAM  Manuel  Cruz García  “MANUEL  MAIRENA” (1934-2013)

 

¿Y si la muerte es la muerte,

Qué  será de los poetas

Y de las cosas dormidas

Que ya nadie las recuerda?

………………………..

Hoy siento  en  el  corazón

Un  vago  temblor  de estrellas

Y todas  las  rosas  son

Tan  blancas  como  mi pena   (F. García  Lorca: “Canción  otoñal”, OC T.I, pág. 16).

 

    Rauda y veloz ha llegado  hasta mí la triste noticia de la muerte de mi viejo y buen compañero Manuel  Cruz  García , de  nombre  artístico “MANUEL MAIRENA”. Jamás se borrarán  de mi  mente las numerosas veces que compartimos  cartel en  los tradicionales “Festivales Flamencos”, durante  muchos años. Hoy, con el corazón desgarrado por tan triste noticia, quiero – y  lo deseo ardientemente – ofrecerte, donde  quiera  que estés. esta  breve reflexión  sobre “La muerte en el flamenco”, como homenaje  póstumo, yo que llevo a  honra y gala  haber recibido la Insignia de Oro de la  Casa del  Arte  Flamenco “Antonio  Mairena” (17 de Marzo 1984). ¡Por ti, pues, MANOLO!.

 

   “La vida no es simplemente un  sistema de urgencias, sino también un pausado, ingente y  quiescente esfuerzo por  encontrar la verdad de la relaidad”, nos dejó  dicho Xavier  Zubiri  en su obra “Sobre el  hombre” (Madrid, 1986). La realidad óntica de  la vida es la muerte, cantada  en  los estilos  más  trascendetales del  flamenco. Tonás, Seguiriyas, Soleares y Tangos.

   La sed del misterio que anida en  el  ser humano queda perfectamente descrita en  las  coplas  flamencas, que lo cantan todo. Por  eso precisamente el flamenco  es “una vieja sabiduría”.Está demostrado que el  hombre no puede prescindir de los  dioses, porque nunca podrá  explicarse el  misterio de la vida y, sobre todo, el de la muerte.

  

   De todas  las  fuentes de la religión, escribió Malinowki,  la crisis suprema y final  de  la  vida – LA  MUERTE – es la más importante. El filósofo  alemán existencialista  Martín  Heidegger afirmó, con la máxima  rotundidad, que  “… el hombre es un  ser para la  muerte”. Sin  embargo,  la concepción  cristiana  es totalmente  distinta: “Ad maiora  nati  sumus” (Hemos nacido para cosas más grandes”), que ya nos dejara dicho san Agustín, cuando conoció la “Verdad Suprema y Absoluta” (Cristo, a quien tantas veces tú, Manolo, le cantaste aquellas sublimes y flamencas  saetas). Y así, por  ese increíble amor de Dios por  el  hombre, caminamos tranquilos y serenos porque, según la  Biblia, “vita  mutatur, non tollitur”. Tú, inolvidable amigo Manolo Mairena, has  cambiado  de vida, pero sigues con  ella en  el seno de los justos.

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La música musulmana, judía y gregoriana en el flamenco Imprimir
escrito por Alfredo Arrebola   
martes, 09 de abril de 2013

LA  MUSICA MUSULMANA, JUDIA Y GREGORIANA EN  EL FLAMENCO

Semana Cultural de Chauchina, 17/4/3013

Alfredo Arrebola,  Profesor –Cantaor. || Guitarrista: Ángel  Alonso

1.-Música musulmana y  Flamenco 

       El Flamenco, en su trilogía de Cante, Baile y Toque, es un  sistema complejo de vivencias; define perfectamente a  esta  Andalucía que,  durante siete  siglos, estuvo sometida al poder  islámico. Y así como lo español medieval continúa vivo entre los sefardíes- afirma el musicólogo y flamencólogo Arcadio Larrea - cuya amistad recuerdo con satisfacción y alegría - quienes en   Oriente Medio y Norte de Africa conservan las palabras, los modos, el acento y el tono que emplearon sus  antepasados en la lejana y añorada Castilla, así también la música medieval española vive en dos de sus lenguajes: el de la  Hispania cristiana, que mantiene la nostalgia de los  judíos exilados, y el del Al-Andalus, la España musulmana, que en  el corazón de los árabes sigue evocando los idos esplendores del ensueño que es Granada.

 

      La  Música andalusí o arábigo-andaluza es, sin duda, una de las más vivas muestras del patrimonio artístico de Andalucía y representa, además, un fragmento de la gran  civilización que floreció  en esta tierra. Hoy se puede escuchar en formas bastantes cercanas a las que tuvieron en sus fases más primitivas de esplendor y apogeo gracias a los países del  Magreb, por cuya razón – afirma Juan Orella en “La música arábigo-andaluza” (Málaga, 1980) – se puede afirmar que es la misma que se interpretaba en Córdoba, Sevilla, Málaga, Granada y otras ciudades andalusíes, casi exenta de alteración, debido a las tradiciones que una generación tras  otra la han trasmitido. Fenómeno idéntico al  que ha sufrido el Flamenco, conocido  por transmisión  oral. Sólo tenemos algunos testimonios  sonoros recogidos en  cilindros – hacia finales del siglo XIX – y durante el primer tercio del siglo XX..

 

     Ahora bien, en  cuanto  al  alcance de la influencia real de la música árabe en la música occidenteal – tema que ha dado origen a una  abundante bibliografía y a no pocas polémicas – se puede dceir:

1º: La Andalucía medieval fue el  resultado de varias  culturas  sucesivas y aún  simultáneas, entre las que cabe destacar la griega, la romana, bizantina, cristiana y árabe. La música arábigo-andaluza no es más que el  resultado de esa confluencia de culturas. El flamenco, objetivamente hablando, es el resultado de las complejas culturas que han ido llegando a esta tierra andaluza.

 

2º.- Conforme a los estudios realizados, se puede afirmar que ni una sola melodía escrita de las que cantaron o tocaron los árabes andaluces de la Edad Media, en testimonio del Profesor de Músicología de la Universidad de Granada, Antonio Martín Moreno, lo que dificulta extraordinariamente el  saber con certeza cómo era exactamente la música practicada por  ellos. Esta misma teoría la podemos trasladar a los distintos  estilos flamencos que conocemos por “tradición oral”: Seguiriyas del Planeta, El Nitri, El Fillo,  Silverio, Enrique el Mellizo ,etc…

 

3º.- Es innegable, conforme a los testimonios literarios e iconográficos llegados hasta la presente, la influencia de la cultura musical arábigo-andaluza en  la España medieval, para lo cual tenemos el inestimbale y nunca bien ponderado testimonio del ilustre orientalista y catedrático de Lengua árabe, don Julián  Ribera  Tarragó (1858 -1934), reflejado perfectamente en  “La música árabe y su  influencia en la española” (1927) y del no menos insigne D. Higinio Anglés y otros muchos musicólogos europeos, apoyándose para ello en  los tratados  musicales árabes de la época y, sobre todo, en  la musicología  comparada. Testimonio que podemos aplicar a los cantes flamencos, desde la música  musulmana  (árabe y mora), judía y  gregoriana (cristiana).

 

     Tuve la suerte y el  gran honor, cuando yo dirigía el “Aula de Flamencología” de la Universidad de Mála (1977 - 2005), compartir estas relaciones de similitud  musical con la ORQUESTA DE MUSICA ANDALUSÍ DE TETUÁN, dirigida por Mohamed Larbi Tensamani. Los asistentes pudieron comprobar “in situ”  el parecido  entre los primitivos cantes flamencos (Seguiriyas, Cabales, Caña, Verdiales…) y la música arábigo-andaluza, transmitida a lo largo de los  siglos por tradición  personal (no escrita) de generación  en generación. Esta orquesta intentaba  interpretar la misma música practicada por los árabes andaluces de los siglos IX al XV.

 

      Sin embargo, es  digno de mencionar el radical contraste entre la idea general con que el ciudadano medio español ha venido atribuyéndole al Flamenco una paternidad esencialmente islámica (de árabes y moros que, por otra parte, son  pueblos distintos), y el  énfasis con el que algunos profesores y eruditos han negado toda participación  en  dicho  arte a esos pueblos. Mi criterio, tras una larguísima experiencia cantaora e investigadora, es que la verdad puede estar a medio camino entre teorías. Semejante fenómeno se da en ciertos ¿flamencólogos? que sostienen y defiende a capa y espada que el flamenco es patrimonio exclusivo de los gitanos. Nada más lejano a la verdad.

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Debería la Junta promover aulas de flamenco en los institutos Cervantes
 


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