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escrito por Alfredo Arrebola
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EL VINO EN EL CANTE FLAMENCO
Alfredo Arrebola, Profesor-Cantaor
Reescribo y publico esta charla-recital –“El vino en el Cante Flamen co”, Molvízar, 12/10/2008 – a petición de varios aficionados que me me lo han solicitado. Exprésoles, pues, mi más profundo agradecimiento
Suena la guitarra, cierro mis ojos y cruzo las manos para lanzar a los cuatro vientos aquella copla que la sabiduría popular nos dejó para siempre:
AQUEL QUE TENGA TRES VIÑAS
Y EL TIEMPO LE QUITE DOS.
QUE SE CONFORME CON UNA
Y LE DE GRACIAS A DIOS (Caña y Soleá Apolá)
Por tal motivo no dudó Manuel Machado escribir la palabra “vino” como inicio de su famoso poema que encontramos en “Cante Hondo” ( Paris, 1912):
VINO, SENTIMIENTO, GUITARRA Y POESIA
HACEN LOS CANTRES DE LA PATRIA MIA.
CANTARES…..
QUIEN DICE CANTARES DICE ANDALUCIA”.
Invitado por don José Segura Haro, Director de “Granada Costa”, no me resisto a ofrecer mis sencillas reflexiones – como Cantaor e Investigador – sobre la estrecha relación que existe entre el Vino y el Flamenco. Son muchas, y de agradable audición.
Pues bien, Granada, como Almería y Jaén, no ha sido nunca una provincia que pueda considerarse gran productora de vinos. Es un hecho histórico perfectamente conocido. Sin embargo, hay que destacar la antigüedad de su cultivo en sus tierras costeras, donde se encuentra el bello, atractivo y no menos pintoresco Molvízar, lo que hace pensar que sea anterior a la llegada de los fenicios en su conquista comercial de las costas mediterráneas.
Guiado por esto, Manuel Mª López Alejandre nos dirá: “¿Cambiarían a los beturios cuentas de cristal y retazos de brillante púrpura por vinos de la Contraviesa? Casi lo afirmamos” (“Los vinos del Sur”, pág. 151. Córdoba, 1955). |
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escrito por Alfredo Arrebola
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EL SER ANDALUZ
Dr. Alfredo Arrebola, Profesor-Cantaor y Secretario Nacional de “Granada Costa”
Hoy, 28 de Febrero /2013, celebraremos, aunque nos embarguen la pena y las inquietudes, una de las efemérides más importantes de la historia andaluza: DÍA DE ANDALUCIA”. Por ello, quiero recordar aquí las palabras del lírico poeta Antonio Machado (1875 -1939): “… Revelar al pueblo, quiero decir al hombre de nuestra tierra, todo el radio de su posible actividad pensante, toda la enorme zona de su espíritu que puede ser iluminada y, consiguientemente, oscurecida; enseñarle a repensar lo pensado, a desaber lo sabido y a dudar de su propia duda, que es el único modo de empezar a creer en algo” (Juan de Mairena, 1934).
Este es, pues, el sentido de “EL SER ANDALUZ”, expresado por un hombre que ha dedicado toda su vida a dar a conocer la “Cultura Andaluza”, “…milenaria y autóctona” en palabras del filósofo y profesor don José Ortega y Gasset (1883 – 1955) en “Teoría de Andalucía” (1927). Por cierto, en cierta ocasión (“Espíritu de la letra”) afirmaba Ortega, refiriéndose a los griegos, que quedaba mucho por hablar de ellos todavía; aunque, por otra parte, era necesario deshablar de casi todo lo dicho hasta entonces sobre el tema. Esta afirmación “orteguiana” expresa exactamente lo que yo, trasladándome de un buen salto, desde los griegos hasta los andaluces, pienso acerca de la interpretación de las características – idiosincrásicas, espirituales y estéticas – de este pueblo andaluz. Aunque algo - a la verdad – de lo mucho que hay que deshablar sea, precisamente, una gran parte de lo teorizado sobre Andalucía por el insigne maestro. El filósofo madrileño no llegó a conocer bien la “esencia metafísica” de Andalucía, ya que la diversidad de su territorio, la complejidad de su experiencia histórica, la pluralidad de sus manifestaciones estéticas, los profundos desequilibrios económicos, la variedad de sus gentes se resisten a cualquier intento simplificador. En esta misma línea está el pensamiento del Profesor Vázquez Medel, cfr. “Identidad cultural de Andalucía”, pág. 9.Sevilla, 1987.
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escrito por Alfredo Arrebola
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EL AGUA EN EL FLAMENCO
YO ESTOY MIRANDO UN VELERO
QUE NAVEGANDO SE VA.
MIRO EL AGUA, MIRO EL CIELO
Y ENCUENTRO MI SOLEDAD.
EL VELERO QUE SE MARCHA
NO QUIERE MIRAR ATRÁS,
A MI ME GUSTA ESE RUMBO
QUE BUSCA LA LIBERTAD (Rondeñas. Jesús García Calderón)
Una vez más me siento altamente honrado por la oportunidad que me ofrece “ENTRE RIOS” – Revista de Arte y Letras – para exponer, con la mayor objetividad, la relación entre el agua y las coplas flamencas, en una tierra (mi Granada) que:
POR “TOAS” LAS BOCACALLES
DE ESTA BELLA CIUDAD
CORREN MANANTIALES DE AGUA
COMO ALGO NATURAL (Martinete. A. Arrebola).
Puedo proclamar a las cuatro vientos que yo he recorrido los lugares más destacados de Granada donde admirar cómo la Divina Providencia derramó su poder dotándola al máximo del líquido elemento que hasta en la misma filosofía presocrática ya aparecía como “elemento de vida”. Y así lo es. No es, pues, extraño su presencia en la voz de los cantaores flamencos, tan dados a reconocer las maravillas que existen en la Naturaleza. Pues bien, debemos tener en cuenta que el flamenco es, ante todo, un sistema complejo de vivencias que deben ser estudiadas a la luz de la razón natural (naturali lumine comparata, decían los escolásticos).
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escrito por D. Antonio Sánchez Trigueros
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NO HAY ESPETACULO COMO EL ESPECTACULO FLAMENCO
Antonio Sánchez Trigueros, Catedrático de la Universidad de GRANADA
A Enrique Morente
Un último reconocimiento ha venido a proclamar lo que sabíamos hace mucho tiempo: el flamenco es un arte que ya no es sólo nuestro sino que pertenece al universo mundo, y puede reinar y reina en el mismísimo centro de cualquiera de las distintas culturas que habitan la tierra.
A estas alturas de su fecunda historia, después de un largo y difícil camino y desde aquel concurso granadino de 1922, propiciado por Falla y García Lorca, el flamenco ha conseguido ir saliendo del reino de la marginación, liberándose de su imagen de dependencia de señoritos y de la confusión con la juerga y el colmao, para volver al pueblo, su noble lugar de origen. Y hoy, en el momento más alto de su plena dignificación, se ofrece, se le admira y venera como la más perfecta conjunción popular de sabiduría, fuerza y hondura, que en suprema fusión los tres, interpretan como nadie tanto la explosión de la alegría y la delicadeza de la ternura, como el drama de raíces y los más agudos paroxismos de las tragedias humanas.
Además, más allá del ritual fascinante pero austero, del espectáculo en que se conjugan estrictamente guitarra, cante y baile, el flamenco se ha consagrado como un auténtico lenguaje escénico que sabe contar historias y que ha conquistado todos los teatros del mundo desde aquel mítico “Quejío”, de Távora, hasta su no menos fascinante “Carmen, pasando por el “Camelamos naquerar”, de Heredia Maya, las “Bodas de sangre”, de Gades, y la “Mariana Pineda”, de Sara Baras, por citar sólo unos cuantos ejemplos emblemáticos y diferentes de la consagración escénica y teatral del flamenco.
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