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El agua en el arte flamenco E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   

EL AGUA EN EL FLAMENCO

YO ESTOY  MIRANDO UN  VELERO

QUE NAVEGANDO SE VA.

MIRO EL AGUA, MIRO  EL CIELO

Y  ENCUENTRO MI  SOLEDAD.

EL  VELERO QUE SE MARCHA

NO QUIERE MIRAR  ATRÁS,

A  MI  ME GUSTA ESE  RUMBO

QUE BUSCA  LA LIBERTAD   (Rondeñas. Jesús  García  Calderón)

Una vez más me siento altamente honrado  por la oportunidad que me ofrece “ENTRE RIOS” – Revista de Arte y Letras – para exponer, con la mayor objetividad, la relación entre el agua y las coplas flamencas, en una  tierra (mi Granada)  que:

POR  “TOAS” LAS BOCACALLES

DE ESTA BELLA CIUDAD

CORREN MANANTIALES DE  AGUA

COMO ALGO  NATURAL (Martinete. A. Arrebola).

Puedo proclamar a las cuatro vientos que yo he recorrido los lugares más destacados de Granada donde  admirar cómo la Divina Providencia derramó su poder dotándola al máximo del líquido elemento que hasta en  la misma filosofía presocrática ya aparecía como “elemento de vida”. Y así lo es. No es, pues, extraño su presencia en la voz de los cantaores  flamencos, tan dados a reconocer las maravillas que existen en la Naturaleza. Pues bien, debemos tener  en cuenta que el  flamenco es, ante todo, un sistema complejo de vivencias que deben ser estudiadas a la  luz de la  razón  natural  (naturali lumine comparata, decían los  escolásticos).

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No hay espectáculo como el espectáculo flamenco E-Mail
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escrito por D. Antonio Sánchez Trigueros   

NO HAY ESPETACULO COMO EL ESPECTACULO  FLAMENCO

Antonio  Sánchez  Trigueros,  Catedrático de la  Universidad de  GRANADA

 

A  Enrique  Morente

Un último reconocimiento ha venido a  proclamar lo que sabíamos hace mucho  tiempo: el flamenco es un arte que ya no es sólo nuestro sino que pertenece al universo mundo, y puede reinar y reina en el mismísimo centro de cualquiera de las distintas  culturas que habitan la  tierra.

A estas alturas de su fecunda historia, después de un largo y difícil camino y desde aquel  concurso granadino de 1922, propiciado por Falla y García  Lorca, el flamenco ha conseguido ir saliendo del reino de la marginación, liberándose de su imagen  de dependencia de señoritos y de la confusión con la juerga y el colmao, para volver al pueblo, su noble lugar de origen. Y hoy, en el momento más alto de su plena dignificación, se ofrece, se le admira y venera como la más perfecta conjunción popular de sabiduría, fuerza y hondura, que en suprema fusión los tres, interpretan como nadie tanto la explosión de la alegría y la delicadeza de la ternura, como el drama de raíces y los más agudos paroxismos de las tragedias humanas.

      Además, más allá del ritual fascinante pero austero, del espectáculo en que se conjugan estrictamente guitarra, cante y baile, el flamenco se ha consagrado como un  auténtico lenguaje escénico que sabe contar historias y que ha conquistado todos los  teatros del  mundo desde aquel mítico “Quejío”, de Távora, hasta su no menos fascinante “Carmen, pasando por el “Camelamos  naquerar”, de Heredia  Maya, las “Bodas de sangre”, de Gades, y la “Mariana Pineda”, de Sara Baras, por citar sólo unos cuantos ejemplos emblemáticos y diferentes de la consagración escénica y teatral del  flamenco.

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Lo popular y lo culto en el flamenco E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   

Uno de los sentimientos que más ennoblece al corazón humano es, sin duda, la   gratitud. Y tal es así que es tradicional y común repetir: “Es de bien nacidos,  el  ser  agradecidos”. Sean, pues, mis primeras palabras signo externo de  gratitud a  mis  fieles  amigos Antonio y Pilar, por haberme invitado a participar en este  magno y solemne acto de presentación de una obra discográfica que, en cierto sentido, ha revolucionado el complejo y enigmático mundo flamenco: “PILAR MARCHENA. Un mismo  sentir, distinto expresar” (Sevilla,  2010).

Pues bien, ante la sorpresa – sin fundamento alguno – de  este disco compacto y con la mayor sencillez posible, yo he escrito unas líneas que intentan reflejar la  similitud entre “lo popular y lo culto”, visto por un cantaor que ha consagrado toda su vida a conocer qué es el flamenco. Y lo hago desde mi larga experiencia  cantaora. Porque el flamenco, en su trilogía de Cante, Baile y Toque, no debe ceñirse a simples y banales discusiones de tirios y troyanos. Es bastante más; y su compleja temática – según  mi criterio, no está aún lo suficientemente desarrollada.

Es sobradamente conocida la distinción entre “poesía culta” y “poesía popular”. La “culta” es parcela tratada y dominada por aquellos hombres a quienes llamamos “Poetas cultos”, y sometida a unas reglas fijas por los preceptistas y retóricos; en tanto que la “poesía popular” se caracteriza por su espontaneidad, claridad y sobriedad, es decir, que la “poesía del pueblo” no tiene  ripios, como acertadamente dijo don Francisco Rodríguez Marín “El Bachiller de Osuna”. La lírica no es más que la expresión subjetiva de la  belleza en su doble vertiente popular y culta que van  perfectamente enlazadas en el  flamenco, donde podemos descubrir profundas analogías formales y temáticas reveladoras de una rica y compleja intertextualidad: E L  H O M B R E. Nacimiento, vida, muerte, sentido de la existencia, el más allá, El Absoluto,  la  nada  y  otros  interrogantes, que se hace el hombre, determinan la esencia de la  Poesía  y  Flamenco: “lo culto y lo popular” se fusionan en el  arte  flamenco.

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LA INFLUENCIA DEL FLAMENCO EN LA ESTETICA MUSICAL DE ALBENIZ E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   

INTRODUCCION.

Esta piedra que vemos levantada

Sobre hierbas de muerte y barro oscuro

Guarda lira de sombra, sol maduro,

Urna de canto sola y derramada.

Desde la sal de Cádiz a Granada,

Que erige en agua su perpetuo muro,

En caballo andaluz de acento duro

Tu sombra gime por la luz dorada.

¡Oh dulce muerto de pequeña mano!

¡0h música y bondad entretejida!

¡0h pupila de azor, corazón sano!

Duerme cielo sin fin, nieve tendida.

Sueña invierno de lumbre, gris verano.

¡Duerme en olvido de tu vieja vida! (F. García Lorca: “Epitafio a Isaac Albéniz”. Obras Completas, I, pág. 700.- Aguilar. Madrid, 1954).

Señoras y Señores:

No he tenido más remedio, siendo al mismo tiempo una sublime satisfacción espiritual, que recurrir a nuestro universal poeta granadino, el más ilustre de cuantos aparecieron sobre esta tierra nazarí, para evocar la memoria del más genial músico poeta enamorado de la belleza de nuestros cantos populares, compositor y pianista español: ISAAC MANUEL FRANCISCO ALBENIZ Y PASCUAL (Camprodón, Gerona; 29 de mayo de 1860 – Cambó-les Bains, Francia; 18 de mayo de 1909). Con Albéniz la música española adquiere carta de naturaleza y presencia universal. Este fue el soneto con el que Lorca se despedía de Isaac Albéniz, a pesar de haber transcurrido veintiséis años de su muerte, pero la figura de este gran compositor – escribe Muskilda Salar, Profesora de Música – “rondaba en la conciencia de esta ingrata España, que no supo ayudar a volar a un alma llena de amor por su país. A un alma que ansiaba inundar el mundo con la luz y el color que su querida España le invadía desde lo más profundo de sus entrañas” (Granada Costa, pág. 52, 31/Octubre/2009).

Cuando hacemos referencia de autores ya desaparecidos, es común resaltar su gran obra maestra: la alabamos, admiramos y nos sentimos, además, orgullosos. Aquí es el momento donde musicólogos y críticos analizan cada nota, cada cadencia, cada modulación. Principio natural en todo proceso crítico. Es el momento de descubrir que ese juego de corcheas es capaz de transportarnos al corazón de Sevilla, sintiendo el redoble de los tambores que nos avisan de la llegada procesional o de esos giros dóricos que han logrado en nosotros evocar la escarpada Serranía de Ronda. Es fácil admitir que cada persona tiene una búsqueda, una meta en la que nos dejamos la vida. En esta misma línea está el pensamiento de Paulo Cohelo, quien afirma: “El universo conspirará para que consigamos nuestra leyenda personal”. Y así podemos comprobar perfectamente que la leyenda personal de Isaac Albéniz era la búsqueda de un lenguaje sonoro del mismo nivel que el lenguaje de la naturaleza.

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