Antropologia
Cante y Toros | Cante y Toros |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
| jueves, 11 de octubre de 2007 | |
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Tauromaquia y Flamencología. No pretendo exponer todas las ideas sobre el cante y los toros, ni tampoco dar lecciones de toreo porque no tengo, desgraciadamente, las más mínimas cualidades del “arte de Curo Cúchares” Sólo deseo dar a conocer cómo he visto las relaciones de semejanza entre dos artes muy andaluces, aunque no sean exclusivos de esta tierra, el Cante y los toros. Y es que, a pesar de los cambios habidos en España, la doble y más inmediata imagen del país sigue siendo, para millones de extranjeros y no pocos españoles, la de un toro ante un hombre vestido de luces y la de una guitarra junto a cuyos rasgueos - cfr.”Los Toros”, de José Mª de Cossío,pág. 683 -se alzan las llamativas voces del cante o la vibrante fuerza del baile flamenco:Cante,Baile y Toque forman la Flamencología esencial. Esas visiones corresponden sin duda a un largo pasado nacional, del que la atención de las masas ha tomado sólo el lado más colorista - el “panderetismo y la españolada” que Francia inoculó - y engarzan dos mundos, el de las corridas de toros y el del arte flamenco, tradicionalmente vinculados en el tiempo y en el espacio.
Debo manifestar que - cuando la Universidad me encargó este trabajo - han pasado por mi mente muchas ideas y fenómenos vivenciales,dejándome arrastrar por ellos. ¿Cómo? Pues oyendo cantes,poemas, pasodobles dedicados a los toros, recordando a Andalucía y a todas las regiones donde han vivido hermanados siempre los toros y el cante. Abundantísima es la bibliografía de eximios poetas y escritores dedicada a cantar y enaltecer la fiesta táurica, arrancando desde el “ Poema de Fernán González”,donde puede leerse:”ALASABAN TABLADOS TODOS LOS CABALLEROS,/ A TABLAS E ESCAQUES JUEGAN LOS ESCUDEROS,/ DE OTRA PARTE MATAVAN LOS TOROS LOS MONTEROS,/ AVYA Y MUCHAS SITULAS E MUCHOS VIOLEROS” Le siguen a este poema otros poetas: Gonzalo de Berceo, Arcipreste de Hita, Gómez Manrique, Baltasar de Alcázar,Luís de Góngora, Lope de Vega,Francisco de Quevedo, Leandro Fernández Moratín, Duque de Rivas, Rubén Darío, Manuel Machado, y un interminable etcétera que podríamos terminar con Pedro Rodriguez Pacheco y Diego Jesús Jiménez. La literatura se ha preocupado,pues, por explicar la atracción por el símbolo de una desmesurada pasión, del impulso de acometividad que es el toro o ese afán español - en palabras de Rafael Alberti - de jugar con fuego, de burlarse de la muerte, esquivándola y provocándola a un mismo tiempo, que en la fiesta española del “ gana y pierde” que es el toreo y el cante. Lo moderno es también encontrar expresado en el toro el destino trágico de la pasión, del amor y de la muerte humanas: “COMO EL TORO, / HE NACIDO PARA EL LUTO Y EL DOLOR” DE Miguel Hernández. El horror a la muerte, tan cercano a la angustia existencial, que recorre los versos del poeta Federico García Lorca en su “ Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”,puesto por este humilde conferenciante en cantes por Malagueñas, Tientos, Peteneras, Martinete y Debla, allá por el año 1970 con el sello discográfico “Philips”.El torero amigo que dejó - como otros muchos más - la vida en el ruedo: “ A LAS CINCO DE LA TARDE. / ERAN LAS CINCO EN PUNTO DE LA TARDE. / UN NIÑO TRAJO LA BLANCA SABANA / A LAS CINCO DE LA TARDE “.- El flamenco - ¡ lo he dicho tantas veces! - no es más que la expresión del llanto, de la inquietud, del dolor, de la muerte : MISTERIOS ANTE EL INMENSO RUEDA DE LA VIDA. Es, en una palabra, UNA QUEJA RESIGNADA, como diría nuestro inolvidable Fernando Quiñones (2)
FUNDAMENTOS. Muchas han sido las personas que han reflexionado sobre el “paralelismo técnico-científico que pueda haber - y de hecho existe - entre la Flamencología y la Tauromaquia.-Quiro apostillar esta tésis con la autoridad de uno de sus más prestigiosos defensores, Anselmo González Climent, quien nos dice acerca de esta similitud: “... No intentamos una aproximación formal, sino una interpretación de una conexión dada, estrictamente real. Desde el ruedo mismo se comienza a comprobar la relación popular entre la música y los toros. A nadie sorprende oir en los tendíos la espontánea ligazón adjetival de una faena torerísima, sea con los elementos abstractos de la música (RITMO,MELODIA, ARMONIA ), sea, más concretamente buscando la apoyatura en los géneros de la música popular andaluza, al comentar una faena por seguiriyas, por soleares, por alegrías, por fandanguillos, cfr. “ Andalucía en los toros, el cante y la danza”, pág. 16.- (3) Y en esta misma línea se encuentra el pensamiento de José Blas Vega y Fernando Quiñones, quienes aseguran que González Climent “ emparenta y entremezcla, con habilidad y limpieza, aspectos del quehacer taurino y aspectos del quehacer flamenco”, cfr. “ Toros y Arte flamenco”.Pienso que González Climent descubre hondas motivaciones comunes a ambos artes, a sus creadores, ejecutantes y espectadores; saca a luz relaciones complejas y sutiles entre dos expresiones del todo españolas y coincidentes en un clima de enérgicas luminosidad y vitalidad, paradójicamente recorridas por sombras de pesar o de muerte.
A través de una reflexiva lectura de la obra del hispanoargentino González Climent he podido observar que el campo taurino y el flamenco proceden “de un mismo espíritu y robusta unidad vital”. Según su criterio podrían coexistir tanto en los toros como en el flamenco - digamos para entendernos - una “ Escuela cordobesa”, de estilos sobrios, basada en el clasicismo y dominantemente estática, y otra “Escuela sevillana”, de maneras más floridas y dinámicas. Representantes de la primera escuela podrían ser, entre otros, Joselito, Belmonte, Domingo Ortega y Manolete, con epígonos flamencos en el Fillo, Chacón o Antonio Mairena, en tanto que los “ duendes” e inspiraciones sevillanistas de un Cagancho, un Rafael el Gallo o un Pepe Luís Vázquez serían equiprabales, en el cante, a los de Manuel Torre, La Niña de los Peines o Pastora Imperio. González Climent manifiesta que “ toreros y flamencos se admiran recíprocamente; les son comunes en su oficio “ virilidad, donaire, tragedia en acto, medida, señorío, sal”, a los que podría añadirse “ ligazón y ritmo” ( en el flamenco es “ Compás”) tan importantes en ambos desempeños.
Podríamos añadir que hay términos comunes en los dos artes: TEMPLE, TERCIO, REMATE, DESPLANTE, incluso CORRIDA, así como inveteradas expresiones - afirman Blas Vega y Fernando Quiñones - del mundillo flamenco provienen de la fraseología o del argot taurino : “ eché el toro p `afuera” o “yo ya he colgado la espada, es decir, no canto más. Muchos aficionados al cante y a los toros ven un paralelismo entre la lidia y el flamenco : Toreos y Cantes “ cortos” o “ largos” ( en cuanto a la cadencia de las interpretaciones, no en cuanto a su duración total ), “ escuchaos” ( como intimistas) y “ dichos” ( ostentados).
Las suertes de la lidia. serían comparables a variantes de cantes y bailes flamencos. Para González Climent, el toreo al natural equivale a la soleá y a la seguiriya, las chicuelinas a las alegrías o las manoletinas a la saeta, y el estilo de los toreros levantinos trasuntaría en cierto modo los duros cantes de su región, mientras que en el hacer de un Pepe Luís Vázquez ,de un Antonio Bienvenida o de un Pepín Martín Vázquez podrían intuirse las bulerías.En la historia tauroflamenca se dice que Curro Puya toreaba por Seguiriyas, mientras que el Sr. Cagancho, por Soleares.
Hace ya muchos años, medijo mi inolvidable maestro Pepe el de la Matrona que “.... A la Seguiriya le doy el título de toro de casta pastueño, porque deja al torero colocarse como quiera, por su rítmica, que tiene más espacio; y a la Soleá la llamo el toro bravo de casta, que es muy difícil de saberlo torear para hacer y deshacer dentro de su ritmo, porque es un ritmo con más precisión, que le da menos sitio al que canta. Los dos cantes son de casta, pero uno deja torear y el otro no” Hay un denominador común al toreo y al flamenco: su condición instantánea, su efemeridad, cuyas intesidad y riqueza en vivo no pueden ser recogidas por ninguna grabación o filmación. “ La plena libertad expresiva del toreo se da en la capa - afirmó González Climent - mientras que en el cante se cumple normalmente en las bulerías". Otros tratadistas se han expresado en parecidos términos. Pedro Camacho Galindo - cfr. “ Los payos también cantan flamenco” - dijo que “ Caracol torea ( digo: canta ) como Cagancho ( digo : torea) y que el toreo y el cante no son graciosa huída, sino apasionada entrega y ambos artes han sido siempre juzgados por una minoría académica ante una mayoría masiva y por lo tanto confluyen dos modelos distintos para dos públicos diferentes. (4)
A juicio de M. Martínez Herrero, el buen toreo es como el buen flamenco que ha de sentir lo que hace y ha de llevar el ritmo, el compás, como los pases del toreo tienen el suyo. García Durán Muñoz - cfr. “ Andalucía y su cante” - alude reiterativamente a “ la semejanza entre la manera de ahondar un cantaor en la copla y la forma de llevar la lidia un torero”. Por su parte, J. Montero Alonso afirma :” Una apretada hermandad une a los toros y al cante. Están en la misma línea española y popular. Despiertan pasiones colectivas, vehementes. Los olés acompañan al éxito del torero y del cantaor. Son casi los mismos públicos los de uno y otro arte. En el cantaor hay, frecuentemente, mucho del porte, del garbo, de la majeza del lidiador. Uno y otro nacen sobre todo en tierras meridionales, con horizontes de olivos y marismas. En el cantaor, como en el torero, hay el que es, más que nada, técnica, emoción y arrebato. Son muchos los puntos de contacto entre el mozo que torea en un redondel y el que sobre un tablado canta o baila”.
Don Emilio García Gómez nos ha hecho ver bellamente el “ tarab” o éxtasis arábigo, “sentimiento antiguo que en España conservamos, mitigado, en el cante jondo y en los toros”. Y cómo no había de opinar don Carlos Clavería, quien afirma:” El toreo, la fiesta flamenca por excelencia, no sólo hizo popular el flamenquismo, sino que contaminó de “ c a l ó” ( idioma gitano) las terminología taurinas”. Un gran estudioso del cante flamenco, Ricardo Molina , nos dejó dicho que “ cada copla, incluso cantada por el mismo intérprete, es siempre distinta, como es irrepetible, fatalmente irrepetible, una faena taurina”.
Por su parte, José Luís Ortíz Nuevo define y resume así la Sevilla de 1887: “ Silverio en el cante, el Espartero en los toros y, en la calle, pregones, veladas y anarquistas”. Para Teófilo Gautier, una buena faena taurina es” un ritmo mudo, una música para mirarla”. Y el gran Federico dijo que “ ni en el baile flamenco ni en los toros se divierte nadie; el duende se encarga de hacer sufrir por medio del drama”. Y qué bien definió Rafaelo Alberti el arte flamenco con su: “ESE TORO METIDO EN LAS VENAS / QUE TIENE MI GENTE”.
Hay algo, no obstante, en lo que el cante se diferencia del toreo: SU NACIMIENTO. Creo - hablo para un colectivo entendido, conocedor un poco de- los entresijos históricos del Cante y el Toreo., que se diferencian bastante. Y así se sabe que los primeros balbuceos de las actuales corridas pueden fijarse - históricamente - en el siglo IX, poco más o menos, y documentados los podríamos poner a comienzos del siglo XII,, desde el rey Alfonso VI.. Pero en cuanto al nacimiento del flamenco, aunque hayan antecedentes milenarios folklóricos, sólo podemos atestiguarlo desde el siglo XVIII. No obstante, hay un hecho muy común en ambos artes: SU PLENO DESARROLLO SE DA EN EL SIGLO XIX. (5) Y es en Andalucía donde tendrán su plena vigencia, y es también en tierras del Sur de España donde, cuajados ya los esquemas y reglas de los toros y el flamenco, más se desarrollan y enriquecen. Sobre este particular, Gracía Durán Muñoz - cfr. “Andalucía y su cante” - señala que “ la admiración por lo árabe influirá en cierto modo sobre ambas dedicaciones, y que en el siglo XIX fue su momento apoteósico, como lo prueba el hecho de que en él se abren “Escuelas de tauromaquia y los Cafés de Cante”.
El mismo García Durán equipara ingeniosamente a Pedro Romero con el cantaor El Fillo, a Paquiro con Silverio Franconetti, a Joselito con Chacón, a Rafael el Gallo con Manuel Torre y a Juan Belmonte con Enrique el Mellizo, diciendo también que, ya que toda fiesta requiere un escenario, lo que el “ tablao” es al flamenco, lo es la plaza al ceremonial taurino”. “ La historia de las relaciones tauroflamencas - dijeron Blas Vega y F. Quiñones - se nos muestra del modo más abundante, pintoresco y variado desde el momento mismo en que las corridas y el arte flamenco o gitanoandaluz adquieren cuerpo definitivo”. Muy nutritiva es la lista, en los anales flamencos, de profesionales con nombre o apodo de raigambre taurino : Diego el Picaor, El Cuadrillero, Toreri, Curro Puya, El Paquirri, Teresita Mazzantini, El Gallo, El Puntillero, Curro Caireles, etc.... y, además, el apellido Pérez de Guzmán suena en los toros como, después, en el flamenco. Tal es el parecido que le hizo decir al escritor Walter Starkie que “ a mí, en alguna ocasión, me ha ocurrido tomar a un cantaor por un mataor”. En este sentido, tenemos que recurrir de nuevo a Blas Vega y Fernando Quiñones - cfr. “ Toros y Arte Flamenco”, pág. 696 - quienes afirman :” La similitud de ambientes, climas, personajes y hechos tauroflamencos nos llegan por los caminos más imprevistos”. El cantaor Joaquín Tabaco, de Alora, fue jaleado taurinamente y sacado a hombros de un café de Sevilla; y se cuenta que un solo arranque anónimo “ por soleares”, en la Maestranza sevillana, engrandeció en cierta ocasión una majestuosa faena de Cagancho. Manolo Caracol dijo hace ya muchos años que “ mi ideal sería que, al ver torear por derecho, se sustituyera la música de viento por unas buenas seguiriyas mías” Y el cantaor Aurelio Sellés ( Aurelio de Cádiz) decía que, en el siglo pasado, se cantaban en Cádiz unas alegrías especiales para la noche de los encierros cuando venían los toros andando, las cantábamos entre siete u ocho muchachos”.- (6)
Sin extenderme demasiado, podría añadir que las “ ventas o colmaos, los tablaos y cafés de cante, y las plazas de toros, han sido han sido y - aunque en menor medida - siguen siendo puntos habituales de confluencias tauroflamencas.. En el libro de Julián Pemartín “ GUIA ALFABETICA DEL FLAMENCO” las ventas clásicas gozan de una bellísima definición y precisa referencia taurina. Todos estos motivos nos llevan , lógicamente, a pensar que el toreo, como el cante, tuvo que nacer necesariamente en un mismo lugar, en una misma cuna y en una misma fuente de inspiración. A N D A L U C I A . No se excluyen, es verdad, otras regiones, pero está aquí su fundamento nutriz, es decir, el “alma mater” de estas dos manifestaciones artísticas. Y para dar fuerza a estas palabras, oigamos la voz de José Bergamín - cfr. “ EL ARTE DE BIRLIBIRLOQUE”, México, 1944 : “ Solamente una transmutación tan antigua de civilizaciones como la andaluza podía originar el toreo; sólo una sensibilidad secular tan honda y depurada podía extremar su pasión por la exactitud, por la inteligencia , hasta este último afán clarividente, generándolo en un puro juego que asume, paradógico, la vida y la verdad: LA VIDA VERIFICADA, SIN TEMOR, HASTA LA MUERTE”.
Me parece conveniente señalar que el término “ Tauromaquia”,en su sentido etimológico, no llena plenamente - a mi juicio - la idea que desde antaño se le ha dado ,y que está consagrado en la terminología de los toros.. Porque “Tauromaquia” quiere decir “ Lucha del toro”. Y, a decir verdad, la lucha real y auténtica se da entre la “ fiera-toro” y el “ser racional-hombre”.. Algo parecido le sucede al término “ flamenco”, que ha sido interpretado de muchísimas y variadas formas, prestándose a confusión. Digamos,pues, que hasta en esto se homologan Tauromaquia y Flamencología.
Expuesta, brevemente, la similitud entre Toros y Arte flamenco, añadamos, según testimonio de González Climent en su ya Op.cit. pág l8, que “... en un principio, el cante jondo y la danza flamenca se encuentran al margen del mundo taurino. Se dan separadamente. La fiesta, por su parte, sin ningún elemento exterior. En las apariencias,pues, resultan ser expresiones folklóricas, por llamarlas así, sin ninguna conexión real. Empero, son concreciones de un mismo espíritu nutricio, manifestaciones parciales- de una robusta unidad vital. Llegaremos a conocer un instinto estético común, advirtiendo cómo se alimentan de un repertorio familiar de actitudes vitales y de una similar concepción ejecutiva de la belleza. De esta dependencia del todo se derivan las conexiones”. En el caso del cante jondo y del toreo, la aproximación se hace con gran fuerza ligativa. En el arte flamenco se derrama la virilidad portentosa del andaluz, las cadencias inaprensibles de la gracia, el sentimiento de una humanidad jonda, la familiaridad en el manejo de la medida, la delicia de una alegría fácil y aristocrática. Atributos notoriamente taurinos.
El flamenco es un inevitable aficionado a los toros. El espectador de toros, el torero mismo, disfrutan con particular fruición de los encantos musicales del cante y su profundo mensaje humano. En la temática del cante se trata con adoración y respeto rituales el asunto. El torero, por otro lado, y sin necesidad de cultura racional, percibe en el cante la misteriosa sugestión de formas geométricas, siente en sus muñecas la presión y el sentido exacto de unas alegrías o de unas soleares, que luego desplegará en el ruedo a través de la seda, por ejemplo: (7) EN CORDOBA,LA MEZQUITA; / EN MALAGA, LA ALCAZABA, / Y PARA BUENOS TOREROS / LOS TOREROS DE LA ALGABA. .// EL GUERRA HA BRINDADO UN TORO / A UN NIÑA GANADERA, / Y LA MUCHACHA LE HA DICHO / QUE LO MATE COMO QUIERA” (Alegrías)
Pero esta relación de similitud entre “ Cante y Toros”, de “Tauromaquía y Flamencología” no se da sólo en Andalucía, sino que podemos hacerla extensiva - “Toros y Folklore” - a Murcia, Extremadura, León ,Navarra, País Vasco, México, Bolivia, Venezuela ,etc., etc.....Ante esta evidencia histórica, yo he pensado : ¿ Será que “Toros y Folklore” representan lo más genuíno, lo más sencillo, y lo más trágico de un pueblo? Porque no hay que olvidar que “ ser torero” significa y comporta una distinción especial, un empaque, un modo de ser que están muy cercanos a las formas representativas del arte flamenco ( Cante, Baile y Toque). ¿ Han observado que un torero, a la hora de salir a la plaza, no se viste nunca de “ chistulari”? Se viste de “andaluz, de corto. De la misma forma que los caballistas andaluces lo hacen. Aún más: SE VISTEN DE BAILAOR. (8)
A menudo ocurre que en vez de torear, más bien parecía un baile por Soleá o Seguiriyas. El torero parece oir los “sones” de la guitarra citando al toro para rematar la faena, como se termina un baile de La Caña, Soleá o Alegrías. La figura del torero se ha erguido con la mirada en el infinito y su corazón en los movimientos, paseillos de un corto balanceo de capote y espada.. Surge un ¡“OLE”!, cuando el toro y torero han rematado a compás. Es el momento en que aparece el “DUENDE”.-¡
Y los cantes son así, como una inmensa plaza, pero sin callejones, sin barreras, ni tendíos...... Y cuántas veces hemos oído expresiones como éstas :¡ QUE BIEN HA TOREADO! ¡ TOREABA POR SEGUIRIYAS, POR SOLEA!. Y, sin embargo, jamás se ha oído decir que fulano toreó bien “ por sardanas, por jotas o muñeiras”. Seamos,por tanto, objetivos: El Cante y los Toros son de Andalucía. De Ronda, de Sevilla, de Córdoba...... es uno y andaluz el toreo, afirmaba Felipe Sassone, en un artículo recogido por González Climent en su obra ya citada,pág. 22.Quiero añadir que la semejanza/similitud o parecido entre “Flamencología y Tauromaquia”, no es circunstancial, sino real y profunda.
Las componentes del toreo, del cante y la danza andaluces van engarzadas en esta temática y mecánica de lo jondo y lo epidérmico. Sirva de contraste la hondura arrebatadora de “ un natural” con el sabor miniaturesco de un ole aislado y oportuno del que lo jalea; el desplante magistral de un baile por soleares, ritmificado por un palmeo intimista, orfebreril; el pié final de una seguiriya trágica que el guitarrista cierra con la leve pirotecnia de una escala terminal, nos dejó dicho el hispanoargentino González Climent.
Quiero traer aquí las palabras de mi gran amigo Luis Caballero, Cantaor y Escritor, quien agudamente nos ha dejado escrito en su libro “¿Somos o no somos andaluces?”, pág. 24, lo siguiente:” El cante, ese toro de cinco años y hasta ocho, al que el cantaor tiene que echarle mucho valor, corazón e inteligencia, con el tiempo fue PARANDO, TEMPLANDO y MANDANDO hasta transformarlo de lidia tosca en arte auténtico. De sonsonete graciosamente despreocupado, en son largo y serio. Entre el compás y el ritmo media una apreciada diferencia. Los cantes rítmicos suelen ser bailables.. Cantar para bailar exige exactitud matemática, lo que viene a mutilar, en parte, el rasgo grande, hondo, por liberado, de la uniformidad dependiente de la coreografía. Al igual ocurre con los escasos colectivos: Sevillanas, algunos fandangos de Huelva, Verdiales y sones del Sacromonte (Tangos), etc. Esto es magnífico, precioso. Entusiasma, alegra, pero sin hacernos pensar y sentir profundamente. (9)
También torear es evitar que el toro te coja mediante capotazos, valor, oficio y protección. Pero lo verdadero,lo grande, es “ ENFRENTARSE” solo con el toro y, por añadidura, PARARLO, TEMPLARLO y MANDARLO. Completar la faena elevando el toreo hasta donde se llama A R T E . Rasgueos, palmas, taconeos jaleadores, todo esto origina un rítmico bullicio que sacrifica al cante y protege al cantaor. De ahí el cantaor y cante para bailar ( tendríamos el “RITMO”), y el cantaor y cante para escuchar ( EL COMPAS ). Y todo esto, queridos amigos, podría quedar resumido así: TOREAR Y CANTAR A COMPAS.
Dejar cada muletazo, cada tercio completo. Vivir el gran drama de la humanidad: “ ENFRENTARSE CON LAS FUERZAS DE LA NATURALEZA,SIN MAS QUE LA GRACIA CONTRA LA IRA”, EN FRASE FELIZ DE Manolo Machado Machado. El nos lo dejó dicho así:
Y para que no nos falte otra nota de similitud - aún podrían señalarse más - entre el arte flamenco y el toreo, hay que decir que entre los cantaores se dan también las llamadas “ malas tardes”, a pesar de que el cante sea más bien nocturno. Se dice que a Manuel Torre le sucedían a menudo esas “ malas tardes”, pero cuando salía bien “ el toro del cante.......”, temblaban hasta los farolillos de la calle” en palabras de Federico García Lorca.- .- Para que esta analogía sea más cabal, réstanos decir, al menos, unas palabras sobre “ Presencia de la mujer en los toros”, que tan buen sitio ocupó en el arte flamenco, tal como lo describí en mi libro “ Presencia de la mujer en el cante flamenco”. Pues bien, según cuentan las crónicas, hay que remontar el alanceamiento de toros en plaza cerrada a los tiempos del Cid Campeador. Crónicas del siglo XI relatan todas las bodas de ilustres caballeros amenizadas con fiestas de toros. Isabel la Católica, 1 de julio de 1478, manda dar fiestas de toros en Sevilla por el nacimiento de su hijo. A estas fiestas asistían matronas y doncellas nobles no como simples espectadoras, sino que eran consultadas para la adjudicación de premios y eran ellas las que los entregaban a los combatientes. La mujer iba bien pronto a bajar del tendido a la arena. (10) Leemos en el libro “ Las señoritas”, de Emilio Boado y Fermín Cebolla ( editado por Felmar, siglo XVII ) que algunos toreros se vestían de mujeres en los festejos cómicos. No tardarían las mujeres en participar en estas pantomimas, aunque algunas de ellas como Tomasa Escamilla ( La Pajuerela ) se lo tomó tan en serio que llegó a torear en Madrid y Zaragoza. Fue, se dice, la torera más famosa del siglo XVIII. Nació en Valdemoro ( Madrid). Además tuvo la suerte de que Goya la representara en uno de sus más célebres aguafuertes de la tauromaquia Con la “Guerra de la Independencia” resurge el brio y fervor en el toreo femenino. Es verdad, por otra parte, que pocas mujeres han llegado a ser matadoras de toros. Una de ellas fue Teresita Alonso a la que José Bonaparte dio permiso para actúar en Madrid, el 28 de julio de 1811, con el fín de recaudar fondos para las arcas reales. Llega el momento en que las “ señoritas toreras” estipulan las condiciones y firman contratos, y, además, rivalizan con famosos toreros , como la célebre Martina que actuó con Curro Cúchares. Martina García fue toda una institución en el siglo XIX taurino. Algunos cronistas llegan a llamarla “ Eminencia del ramo de lidiadoras, especie de Lagartijo mujeril”. Pero al llegar el imperio de Lagartijo quedó barrido el mujerío de los ruedos. A ello contribuiría la fuerte oposición de escritores como el Padre Sarmiento, Meléndez Valdés, Melchor de Jovellanos, Jaime Balmes, Mariano Larra, la poetisa Carolina y la escritora Fernán Caballero ( Cecilia Böll de Fáber ), que llegaron a pedir la supresión de todas las corridas de toros. Debemos reseñar que el pueblo, en general, también condenaba a las mujeres toreras. Incluso sacaron una letrilla popular, que decía:
A título de curiosidad, citaré solamente el nombre de algunas mujeres toreras: Teresa Bolsí, andaluza. Actuó entre 1850-1860. El famoso pintor y dibujante Gustavo Doré nos dejó un precioso dibujo. La Guerrita, la primera mujer que se apropió el nombre del famoso torero “ El Guerrita”. Nació en La Torre ( Toledo,siglo XIX) Toreó en Sevilla y fue la primera mujer que actuó en México. Dolores Sánchez “ La Fragosa” fue la primera mujer que usó el traje de luces tradicional. Tuvo una cuadrilla formada íntegramente por hombres.. Soledad Miralles, formaba parte de “Las Noyas”, señoritas catalanas toreras. La Reverte, Conchita Cintrón, la gran rejoneadora peruana, que también frecuentó el toreo a pié, y otras muchas mujeres que rebasan los límites de esta charla.- Y si intentara enumerar las mujeres cantaoras, sería preciso varias páginas. Digamos, al menos, el nombre de algunas que han revalorizado el mundo tan complejo del Arte flamenco: Africa de la Peza (Granada), cantaora del siglo XIX, que cultivó y fmomentó los fandangos granadinos. La Agueda, extraordinaria cantaora por Malagueñas ( siglo XIX); Trinidad Navarro Carrillo “La Trini”, la más sobresaliente en el cante de la Malagueña, así como lo fue también Paca Aguilera, de Ronda. Ana la Alondra, del Puerto de Santa María, célebre por sus interpretaciones por seguiriyas y soleares ( siglo XIX) La Andonda: genial cantaora por Soleares, y una de las mayores glorias del cante trianero ( siglo XIX ). Anica/Anilla de Ronda, sobresaliente en el cante por Soleá ( siglo XIX ) Concha la Peñaranda, nacida en Cartagena y famosa por sus cantes levantinos ( siglo XIX ) Dolores la de la Huerta, famosa creadora de los “Fandangos de Lucena” ( siglo XIX) Pastora Pavón “La Niña de los Peines”, la cantaora más completa de todos los tiempos (siglo XX) Niña de la Puebla, famosa por su interpretación “sui generis” de los Campanilleros (siglo XX) (12) En la actualidad, podriamos señalar Perla de Cádiz, María Vargas, Paquera de Jerez, Bernarda y Fernanda de Utrera,etc. etc.....que nos evidencia la aportación de la mujer en el cante. Porque del baile habría que dedicar, al menos, un capítulo para citar a tantas y tantas famosas bailaoras y bailarinas.-
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