Contenidos
PORTADA arrow Antropologia arrow Didascalia - El sentimiento musical en el hombre
Didascalia - El sentimiento musical en el hombre E-Mail
Calificación del usuario: / 0
MaloBueno 
escrito por Alfredo Arrebola   

DIDASCALIA EL SENTIMIENTO MUSICAL DEL  HOMBRE

Me ha parecido conveniente y útil comenzar estos breves comentarios por  algo tan interesante en la vida de todo ser humano: La  Música. Don Miguel de Cervantes, en su inmortal obra “Don Quijote de la Mancha”, ya nos habla de la importancia de la música en el hombre. Y de él son estas palabras: “…Me acogía al entretenimiento de leer algún libro, o tocar una  harpa, porque la experiencia me mostraba que la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu”. He creído oportuno  reflexionar un  momento acerca  del “sentimiento musical del hombre” en general, y en particular de los  esos hombres, no siempre bien recibidos, llamados “cantaores  flamencos”. Y tal es así que puedo afirmar – tras una larga experiencia artística- que la música es, por su propia naturaleza metafísica, “algo innato”. Sin ella, me parece que no se podría concebir la vida, aunque haya alguien – rara avis – a quien no le guste la música.

El viejo refrán “quien canta, sus males espanta” no es sólo fruto de la sabiduría popular. Nada más lejano a la realidad. Porque se ha publicado recientemente un  libro en Zurich (Suiza) que demuestra que la música cura enfermedades del cuerpo y del alma, rejuvenece e incluso aumenta la capacidad intelectual. En este trabajo se demuestra que contra el agobiante estrés de la durísima vida cotidiana, Mozart; para aliviar el dolor de cabeza, Bach; si uno se siente deprimido, oiga a Smetana. El médico vienés y reconocido practicante de la  músicoterapia, Antón  Nuemayr, afirma que “ya en la antigüedad se descubrió que había una estrecha relación entre la música y el ritmo del pulso”, lo que explica que muchos de sus colegas, y él mismo, apliquen la música “como terapia de apoyo a otros tratamientos”. Y, como la virtud bien entendida empieza por uno  mismo, es una “tradición histórica” que los médicos cultiven la música más que el resto de la población. De hecho, entre los siglos X y XVII “aprender música era una  condición previa para estudiar medicina”.

El furor mundial por la músicoterapia data, sin embargo, desde hace pocas décadas, cuando se descubrió que la combinación armónica de sonidos no sólo podía actuar contra problemas emocionales, sino también combatir enfermedades corporales. De ahí nació su consideración como método de tratamiento con base científica que es enseñada con el mismo rango que cualquier otra materia en la Escuela Superior de Viena. En Europa existen Escuelas de Músicoterapia para enseñar e investigar acerca de las propiedades curativas de la música; y muchos hospitales, incluso de la Seguridad Social, ya integran sus recomendaciones en el tratamiento y rehabilitación de enfermos, puesto que la música tiene una relación directa con el alma de las personas y cualquiera de sus manifestaciones puede no sólo relajar, sino también activar nuestras funciones vitales.

Como intérprete profesional, me creo suficientemente capacitado para decir  a los  cuatro vientos que el Flamenco es una extraordinaria manifestación musical, plena de todos los elementos necesarios para conseguir una perfecta  y total relajación. La voz de mi propia experiencia y la ajena me lo confirman así. ¿Qué cantaor, o simple aficionado, no encuentra una perfecta relajación, oyendo un cante por soleá, una seguiriya, o una profunda malagueña? ¡Cuántas anécdotas podría yo contar de los efectos terapéuticos que  engendra el arte flamenco!. Se me viene a la mente un recital que di  en Jódar (Jaén), cuando canté por Livianas y  Seguiriyas su efecto fue tal, que se produjo entre los asistentes una verdadera  catarsis. Y eso es, para mí, en últimas instancias, el flamenco: irradiar paz, tranquilidad, gozo, solidaridad y cultura, lo que da al flamenco ser una  forma del “Ser andaluz”.

Por otra parte, pienso que nadie negará que cada vez  interesa  más el  fenómeno musical. La radio y la televisión lo adoban todo con música; es su instrumento más idóneo, y en todos los trabajos hay un fondo musical que sirve de alivio a los esfuerzos que conlleva cualquier actividad  laboral. Y aparte de los buenos programas de música sabia, folclórica y ligera, preparada ad hoc, hasta los más pedestres anuncios requieren hoy su leit motiv o tarjeta  musical de presentación  publicitaria. Asimismo, puede afirmarse, sin error, que en la actualidad  se comercia con la música como se comercia con el carbón, el petróleo, el acero, los coches…., es decir, se generaliza.

Dadas las facilidades de grabación y emisión musicales, el producto musical se ha convertido en artículo de primera necesidad. Tal es así, que podría afirmarse que el hombre no puede ya  vivir sin la música. No obstante, causa pena ver que las asignaturas de Música y Folklore sigan aún un poco  arrinconadas en  los programas  educativos. Sin embargo, en honor a la verdad, hay que decir que en Andalucía, desde hace tiempo, está despertando la vocación por el estudio de la música y folklore. Esto es comprensible, si tenemos en cuenta la “sensibilidad musical” del pueblo andaluz, que desde  siempre  ha  expresado  sus  sentimientos  artísticos  a través de  la  Poesía y la  Música. Me reafirmo, una vez más, en que el  hombre no puede vivir sin la música, aunque no la  comprenda. ¡Y hasta para rezar se sirve de ella!. San Agustín (s.IV) nos dejó dicho: “Reza dos veces  quien  bien canta”. Y la misma Biblia no es más que un canto de alabanza y perdón a Dios por medio, muchas  veces, de la música. Más aún: la historia nos enseña que todas las religiones se han servido de la música en sus actos más importantes. La música – dice la voz popular – “amansa a las mismas fieras” – Y, como cantaor, me atrevería a decir que la música llega a hacerse filosofía en la mente del hombre  pensante. No es extraño, pues, que los más célebres filósofos y matemáticos hayan expresado su pensamiento sobre qué sea la Música. Y así, para Leibniz, “la música es el ejercicio inconsciente del cálculo; para L. Stokowski la música era “la poesía expresada por sonidos en lugar de palabras”.Se podría afirmar que la música es IDIOMA UNIVERSAL, como lo manifestó el fabulista T. Iriarte: “Un idioma tan grave y persuasivo, / que la nación  más bárbara o inculta / se rinde a su eficacia y atractivo”. Y  tiene - cómo no – capacidad para hablarnos de diferentes modos: trayéndonos recuerdos a la memoria, emociones al corazón e impresiones a nuestra sensibilidad. ¡Qué bien lo dijo el poeta irlandés Oscar Wilde: “La música es el arte que más  cerca se halla de las lágrimas y de los recuerdos”. Hoy está  muy vigente la MUSICOTERAPIA. Los “Sonidos negros” del cantaor Manuel Torre hizo temblar la sensibilidad poética de  Lorca, y cuántas lágrimas no derramó don Manuel de Falla al no poder transcribir  en pentagrama los ecos flamencos del “Faraón del Cante” en la “Taberna del  Polinario” (Granada, 1922). En síntesis, la música puede convertirse en una verdadera y auténtica catarsis, y en el flamenco más. Vale, pues, esta brevísima reflexión sobre “el instinto musical” del hombre.