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EL AMOR EN EL FLAMENCO E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   

El refranero español nos dice que “Amor con amor se paga”, es por lo que he pensado exponer mis reflexiones precisamente sobre “El amor en los cantes flamencos”, el cual se manifiesta, como es natural, a través de la copla.

 

Las coplas constituyen un magnífico manantial de datos y alusiones - convivencia con moriscos, reyertas con la autoridad, muerte, cárcel, trabajo, fechas, lugares, etc. - a la historial social de Andalucía y Murcia, a partir de los siglos XVII, XVIII y XIX. Creo que nadie puede negar que las coplas son uno de los mayores bienes culturales del flamenco, y todavía no ha nacido ningún poeta que sea capaz de superar el contenido lírico y filosófico de la copla flamenca, como ya lo testimonió Federico García Lorca. Por ellas el mundo del flamenco se nos presenta como un complejo sistema de vivencias .Una de esas es exactamente el “Amor”, de manera que a si pudiéramos volcar el costal de las coplas flamencas para clasificarlas, encontraríamos que el AMOR y la MUERTE han originado la mayor parte de ellas. Por el amor liso y llano - como escribe Egardo Romera en su “Cancionero Andaluz” - valiente y difícil, el amor en todas sus escalas y valores, prevalece sobre los restantes temas del cante andaluz.

 

Buena parte de mi vida artística la he empleado analizando estilísticamente la copla - en el flamenco se llama también “ letra” - y he comprobado que ha sido el llamado “ amor difícil” el que más ha florecido en el campo poético del arte flamenco. En esta misma línea está el pensamiento de Alonso Carrillo, cfr. “ La poesía del Cante Jondo”,pág. 37 _ quien afirma: ”...El tema del amor ocupa el mayor número de coplas en el repertorio flamenco, y se presenta como condicionante de los restantes aspectos temáticos. En el lenguaje erótico de esta poesía todo se expresa de forma directa, y en raras ocasiones se recurrirá al eufemismo si no es en las situaciones extremas de apetencia sexual”..

La copla presenta una temática muy variada. Y así vemos cómo el amor hace la vida, y “por amor” el hombre canta, ríe y hasta llora:

Un amor me quita el sueño,

una ausencia me maltrata

y una pena me atormenta

porque unos celos me matan.

“Así como todo el pensar de un pueblo - afirmaba F. Rodríguez Marín en su famosa obra “El alma de Andalucía - está condensado y cristalizado en sus refranes, todo su sentir se halla contenido en sus coplas."

¿Queréis saber de qué es capaz su corazón? Estudiad su cancionero, termómetro que marca fielmente los grados de su calor afectivo. Ingénuo biógrafo de sí propio, que no tira a engañar, pues “No canta porque le escuchen”, sino unas veces porque está alegre y otras para espantar sus males, el pueblo narra su vida entera en larguísima serie de coplas”. Y la mejor - hablo como Cantaor - está siempre dirigida hacia el “amor” en su variadas facetas.

Por experiencia sé que el cantaor conoce y expresa el sentir del hombre que sufre, que ama y.... que pena: “Me duele tanto el quererte/ que sueño con “olviarte”/ “pa” que me llegue la muerte” (Soleá de Triana). Es la mejor definición del cantaor auténtico, no la del pegavoces y vividor del cante.

 

Está demostrado que siempre que brota el amor esquivo, el cante adquiere las mismas características de la tristeza que está invocando con desgarrados gritos y sentidos quejíos, a la muerte. Amor y Muerte tienen una cita perenne en el flamenco. Quizá por esto, pudo Fernando Quiñones, poeta y novelista, escribir su famosa obra “El flamenco, vida y muerte ”. Barcelona ,l97l. Plaza et Janés Y es curioso observar que en estos trances de pureza flamenca es cuando precisamente nacen los celos, el odio, el resentimiento, el “ querer no correspondido”, el engaño, las afrentas. El cantaor pregona sus golpes, que son golpes de todos los humanos, de sus carnes y de su alma . Y surge que el odio es parecido a los celos, pero mucho más ciego y terrible. Este es, según mi parecer, el sentido de las malagueñas que compuso don Antonio Chacón:

A qué tanto me consientes

si no me has de querer.

Mátame ya de una vez

que yo te perdono la muerte

y nunca más padecer.

Serrana: no has comprendío,

estoy dormío y me desvelo;

es tanto lo que te quiero

que hasta el sueño lo he perdío.

La culpa la tienen los celos.

A fuerza de repetirlo, se ha convertido en una especie de ley que hace del hombre andaluz un hombre apasionado, viril y muy concreto. Y por tal circunstancia no es extraño encontrar en sus propósitos y razones la sombra de una bella y hermosa mujer que a cada instante esté pronunciando su nombre:

Cada vez que pienso en ti

quisiera no haber nacido,

o no haber nacido tú

o no haberte conocido.

En el mundo flamenco es bien conocida la copla atribuida al gran malagueñero Francisco Lema “Fosforito el Viejo” ( Cádiz, 1869-194? ), que dice:

Desde que te conocí

mi corazón llora sangre;

yo me quisiera morir

porque mi pena es tan grande

y así no puedo vivir”

El amor, en ese trance, se transforma en una verdadera obsesión punzante, es decir, ese “amor difícil” - que ya he señalado - es angustioso y ciego. Aparecerá entonces la “Soleá o la Malagueña” como lenitivo que el cantaor-poeta ( aquí,”creador de belleza flamenca” ) expresas en la siguiente copla:

Soy el herido sin sangre;

soy el muerto sin acero;

soy el que penando vivo;

soy el que penando muero.

Otro recurso empleando frecuentemente en la poesía es la hipérbole, pero basado siempre en algún hecho de la vida real:

Yo te estoy queriendo a ti

con la misma violencia

que lleva el ferrocarril.

En las coplas amorosas - según Alonso Carrillo - abundan más la insatisfacción y la pena que la idea de amor feliz. El cariño hacia la mujer aparecerá, en algunos ejemplos, teñido de una especie de fatalismo; el “fatum” andaluz que heredamos del estoicismo, lo que explica el hecho de que sólo en muy contadas ocasiones se refleje en las coplas la idea de matrimonio. No tiene,digamoslo aquí, buen tratamiento el matrimonio en la literatura flamenca.

Observamos, por otra parte, que el amor en las letras flamencas se nos presenta como síntesis de la existencia diaria, y que la mujer ocupa siempre un lugar superior. En este caso, el hombre flamenco ha adoptado una actitud que revela claramente su contexto social:

 

Mira si soy güen gitano

que t`entrego cuatro riales

de cuatro y medio que gano.

Se nota, a menudo, la presencia de “amor correspondido”, que llevará al individuo a la continua exaltación de la belleza femenina, en repetidas comparaciones con la idea mental que la Virgen María; comparaciones que no son más que sencillas y populares hipérboles de unas gentes que han intentado “humanizar lo divino”, viendo en la Virgen María a la Madre Suprema, madre de los oprimidos:


Al infierno que te vayas

me tengo que ir contigo,

porque yendo en tu compaña

llevo la gloria conmigo”.

¡Qué rebonita que era!

Se parecía a la Virgen

de Consolación de Utrera”

Otro gran número de coplas flamencas irán dirigidas al amor no correspondido. En ellas podemos comprobar hasta qué situaciones límites se llega en el desengaño amoroso: renuncia de la vida y apetencia de la muerte.

Dado que todo artículo está sometido a un espacio dado,termino diciendo que la poesía amorosa del flamenco reserva siempre su mayor expresividad y delicadeza para con la madre. Esta es siempre un ser superior dentro de lo humano; sólo ella es capaz del mayor consuelo y comprensión.En los cantes flamencos solemos los cantaores llamar a la madre “ a gritos”,porque pensamos que es el único ser que conseguir la salvación precisamente “por su amor”:

Por una venta

que al campo salía,

yo daba voces a la mare de mi alma

y no me respondía”

(Seguiriya de Tomás el Nitri).

En la tumba de mi mare

a dar gritos me ponía,

y escuché un eco del viento

no la llames, me decía,

que no responden los muertos”

( Malagueña de D. Antonio Chacón ).-

¡Y es que el amor es tan grande, fuerte y poderoso que hasta Dios se hizo “carne/humano” por nuestra causa, es decir, por su infinito amor hacia el hombre! EL AMOR ES TODO

Villanueva de Mesía (Granada),Marzo de 2OO1.-.