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El Baile Flamenco PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   

Introducción

BAILE FLAMENCO

Habría que partir del creciente prestigio del flamenco, con su larga vejez y su estética propia, para comprender la gran estima que ha alcanzado el baile en todos los ambientes. Sin embargo, hay que admitir con pena y dolor que el Cante y el Baile auténticamente flamencos sólo son asequibles a una minoría que sabe comprenderlos y gustarlos. El gran público, afirma el flamencólogo J .Mª Roldán Fernández, desprovisto del más elemental conocimiento, carente por completo de gusto artístico y sensibilidad, sigue inclinándose por ese otro producto mixtificado y facilón que poco o nada tiene que ver con el flamenco.

El baile dentro del flamenco

 

Un estudio integral del flamenco no puede olvidarse del baile como una de sus más eficaces formas expresivas. Es cierto que el baile no conforma esencialmente al flamenco, que nació originariamente como cante; pero sí lo configura integralmente como uno de sus elementos característicos y de gran importancia, es decir, no se concibe el flamenco sin el baile. ¿Por qué motivo? Porque el baile, con sus naturales recursos expresivos, responde a las exigencias vitales del ser humano de formular los sentimientos en canciones y danzas. Esa es, pues, la razón última de estas manifestaciones estéticas y artísticas.

 

Por tal motivo, junto al cante mismo, al calor de su música, al impulso arrollador de su ritmo, aparece al momento el baile traduciendo dinámicamente su contenido a gesto y movimiento. Este poder aproximante del baile, su capacidad de acceso directo al sentimiento humano, su arrolladora fuerza emocional hacen de la danza flamenca un elemento capital en el orden de la comunicación sentimental. Y es posible que por esto el flamenco se reduzca para muchos al baile que es lo único que conocen y comprenden medianamente. Falsa concepción, y pésimo error, ya que el baile - como se ha dicho - no es todo el flamenco, ni siquiera la parte más significativa de él. Menos aún cuando, muchísimas veces, el baile que se dice flamenco está bastante lejos de serlo realmente en el contenido emocional y en su forma de expresión: fenómeno muy frecuente en el mundo flamenco.

 

Quede claro, pues, que cuando se hable de baile flamenco hay que prescindir de conceptos, definiciones y condicionamientos estéticos referidos a la danza llamada generalmente clásica, aunque ambos sean medios plásticos de expresión al servicio del sentimiento y usen el movimiento, la actitud y el gesto, pero difieren en las fórmulas dinámicas empleadas y en las normas estéticas que lo rigen. El baile flamenco tiene unas connotaciones especiales, esto es, responde a movimientos espontáneos, a actitudes rítmicas estrictamente naturales, a reacciones impulsivas provocadas por situaciones anímicas extremas que se traducen en fórmulas dinámicas primitivas y casi siempre incontroladas. La danza, en cambio, obedece a movimientos reflexivos, a actitudes rítmicas largamente maduradas, a reacciones anímicas sujetas siempre a la disciplina de una estrecha normativa estética, cfr. “Los largos caminos del flamencos”, pág. 202.

 

Cualquiera que esté medianamente familiarizado con el mundo flamenco, sabe que en él predomina el impulso, manda el corazón que queda sometido casi en exclusiva a los dictados amplios de la improvisación, a la sorpresa imprevisible de una creación en acto. Sin embargo, en la danza se produce el perfecto equilibrio de cabeza y corazón discurriendo el sentimiento por los cauces obligados de un esquema coreográfico previo que no puede romperse. Es en, cierto sentido, una especie de ciencia rígida y esquemática manifestada en arte.

 

Clasificación flamenca del baile

Cabe, por tanto, una pregunta: ¿Qué norma hay para ver y comprender bien la diferencia entre baile flamenco y danza? De forma general y simple, puede decirse que el baile flamenco se crea en cada instante al calor de la capacidad improvisadora del bailaor; la danza, por su parte, se interpreta, se ejecuta, de acuerdo con una gráfica dinámica prefijada. Esta sería, pues, la gloria del baile flamenco y éstos su ruina y su fracaso: el estar radicalmente vinculado al talante creador, al momento psicológico y hasta al contorno mismo de un intérprete, de un lugar, de una hora, según lo explica José Mª Roldán Fernández, cfr. Op.cit. pág. 202.

 

El baile flamenco se manifiesta, por lo general, en las mismas formas y estilos que el Cante mismo. Por ello, en una clasificación elemental, se puede distinguir dentro del baile genéricamente llamado “Flamenco”, el “Baile jondo”, el “Baile propiamente flamenco”, el “Baile folklórico-andaluz” y el “Baile culto/Ballet que está montado sobre temas flamencos. Y conforme a esta clasificación, los flamencólogos lo definen así:

* Baile jondo: el que corresponde a los llamados “Cantes jondos”, de origen particularmente gitano y de contenido densamente dramático, como son la Seguiriya, la Soleá, la Caña o el Martinete.-

* Baile flamenco: aquél que está vinculado a los llamados cantes flamencos, derivados, con más o menos directo parentesco, de los cantes matrices, o nacidos a mitad del siglo XIX por aflamencamiento de cantos folklóricos-andaluces como son las varias formas del llamado “ Fandango andaluz”.

* Baile folklórico-andaluz: Baile popular, de carácter regional o local, estrictamente folklórico, indebidamente anotado en la nómina de los bailes flamencos, verbigracia, el Vito y los Verdiales.

* Baile culto/Ballet/Danza flamenca: Baile que está compuesto sobre la base de temas melódicos y esquemas rítmicos flamencos debidamente estilizados, dentro de cauces expresivos de mayor nobleza, y aproximados sensiblemente a la danza clásica.

 

Respecto a la clasificación del baile flamenco, éste es el pensamiento de Roldán Fernández: “Especial interés, por su estructura misma, por su significado y hasta por su mayor dificultad interpretativa, ofrece el “Baile jondo” porque, a veces, un baile puede llegar a ser jondo sin que el cante al que corresponde lo sea.”, cfr. Op. cit. pág. 203. Hay estudiosos que distinguen entre bailes masculinos, bailes femeninos y bailes mixtos, según los intérpretes sean hombres solos, mujeres solas u hombres y mujeres.