Antropologia
La mujer en el cante flamenco | La mujer en el cante flamenco |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
| lunes, 29 de octubre de 2007 | |
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Quiero recordar que la mujer, en la trilogía de Cante, Baile y Toque, fue objeto de un capítulo de mi tesis doctoral que defendí en la Universidad de Granada en el año 1978, bajo la dirección del Prof. Dr. Don Antonio Gallego Morell. Todo esto surgió por la altísima consideración que, desde siempre, tuve de la “Mujer- Cantaora”, y porque la misma historia universal me dio las pautas al ver cómo en la Revolución Francesa (1789) fueron también algunas mujeres las que defendieron los “Derechos del Hombre y del Ciudadano”, es decir, por ellas precisamente apareció el “movimiento feminista”. Ya en la segunda mitad del siglo XVIII aparecieron las primeras obras que planteaban la llamada “cuestión femenina”: Pouline de la Barre, “De l`egalité des deux sexes”; Madame de Poisieux, “Le triomphe des dames”; y en Inglaterra, Mary Wollstonecratft escribiría su famosa obra “Vindications of the rights of women”. Pero fue sobre todo durante el período revolucionario cuando arrancó con fuerza la lucha por la emancipación. Dado que la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano”, proclamada por la Revolución Francesa (1789), se refería exclusivamente a los varones, Olimpia de Gouges propuso aquel mismo año una “Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana”. Y desde entonces la lucha , afortunadamente, no ha terminado. Pues bien, yo conozco la triste situación por la que ha pasado la mujer a lo largo de la historia flamenca en su manifestación pública, y por eso mismo no he querido desperdiciar la oportunidad de hacer constar mi rotundo rechazo por esa baja consideración, ya que existe un buen plantel de cantaoras que merecen la admiración y el respeto de todos los que “sentimos y vivimos” el arte flamenco. El sintagma “La mujer en el cante flamenco” puede prestarse a una doble concepción:
Tal vez alguien se extrañe – aunque lo veo difícil - de este título cuya finalidad es sencillamente dar a conocer qué papel ha jugado la mujer en el cante. No olvidemos que el flamenco ha sido considerado como una manifestación esencialmente andaluza, idest, regional. Pero si el flamenco es por su origen y por su historia andaluz, es español por haber desbordado su estimación los límites de Andalucía, por haber conquistado a su causa centros peninsulares y extraandaluces y por haberse convertido con el tiempo en el plenipotenciario sin par de la canción andaluza, en virtud de su inspiración profundamente humana, y por la fuerza elemental con que directamente expresa problemas radicales del hombre, sentimientos y preocupaciones, deseos y experiencias comunes a todos los hombres. A la zaga del baile, magnificado escenográficamente por las agrupaciones del “Ballet Español”, el cante flamenco ha seguido una trayectoria ascendente, y hoy son conocidas y muy estimadas sus formas fundamentales no sólo en España, sino en el mundo entero. Por su vitalidad musical, por su originalidad, por su profundidad poética y, también, por las numerosas conexiones con interesantes problemas culturales, históricos y artísticos, el cante flamenco constituye uno de los temas más sugestivos, hoy día, al estudioso e investigador.
Pues bien, de todo esto que acabo de enumerar, ha sido copartícipe la “mujer cantaora” y sigue dando muestras de verdadero y exquisito valor por conservar la tradicional herencia de nuestra cultura andaluza a través de los cantes flamencos. Este es, pues, el sentido de mi breve reflexión, desarrollada en la revista de la Peña Flamenca Placentina, con la única finalidad de reivindicar, una vez más, a la “mujer cantaora” precisamente en estos tiempos en los que , por fortuna, se ha llegado a la “igualdad del hombre y la mujer”, que era exactamente lo pedía la francesa Paulina de la Barre en su “De la igualdad de los dos sexos”. Porque tanto el cantaor como la cantaora han sido los artífices directos de la revalorización cultural, social y musical del cante flamenco.
Pienso que no debería aferrarse nadie, que sienta realmente el flamenco, a sostener la tradicional idea de que la mujer es sólo vehículo transmisor de generaciones. Nada más lejano. Su presencia en el cante ha servido de base no sólo en la “CREACION”, sino incluso en la “ CONSERVACION” de los más ortodoxos estilos flamencos. Caso muy conocido en la historia flamenca fue el de la onubense Dolores la Parrala, cuyos cantes, basados en Silverio, los aprendió y los dio a conocer Antonio Silva “El Portugués”. Y hoy nos honramos interpretando las Soleares de Mercedes la Serneta, las Seguiriyas de María la Borrico y de La Serrana; las Malagueñas de La Trini y Concha la Peñaranda; Peteneras y Tangos de Pastora Pavón “Niña de los Peines”; Cantiñas de las Mirri en la voz de María la Mica. Y hasta en los mismos “ cantes hispanoamericanos” aparecerá el nombre de una mujer: Pepa Oro. ¡Cuántos cantaores no aprendieron de ella!.
Nadie, pues, puede negar que son muchas las mujeres que destacaron- y la historia las reconoce – por Soleares, Seguiriyas, Malagueñas, Tientos/Tangos, Alegrías, Peteneras, Bulerías , etc. , etc. ¡Y no digamos en el baile! Aquí ocupa la mujer un puesto de honor y muy preferencial en todos sus matices. En este breve artículo sólo hago mención de la mujer cantaora.
Alguien podría objetarme diciendo que la mujer, por nutaruleza, no está llamada al cante. Esto es lo que han defendido – lo sé por experiencia – ciertos pseudoflamencólogos, que se atrevieron, irresponsablemente, a sostener tal afirmación. Aún más: hubo un tiempo en que se defendía la tesis de que la mujer, en modo alguno, estaba dotada para expresar los sentimientos más profundos y desgarradores del cante andaluz. ¡Oh falacia de ignorantes!
Es cierto que el cante flamenco tiene unas premisas y cánones a los cuales hay que ajustarse. Pero no menos cierto es también que en él se da una evolución en la manera y forma de “sentirlo y expresarlo”, aunque “ lo estructural y fundamental” está ya hecho. Debe admitirse, asimismo, modificaciones interpretativas de los diversos estilos que no favorecen mucho a la mujer cantaora. Pero negar su participación es totalmente inadmisible. Me refiero en concreto a las cualidades esenciales e imprescindibles en el flamenco: V O Z y QUEJIO. Basado en esto, algunos flamencólogos –“ flamencólogos de pacotilla”, diría yo - intentaron desterrar a la mujer del cante flamenco y – cómo no - del entorno que conlleva este arte. Fue un gravísimo error, y una terrible injusticia. Quiero creer que ello sería debido a su ignorancia supina de la verdadera historia del arte flamenco. Y respecto a la “voz” – afillá, redonda, natural, laína y fácil – debemos manifestar que, conforme a los testimonios históricos y orales, la mujer cantaora ha gozado siempre de este tipo de voz. Téngase presente, por otra parte, que la “voz” es algo temperamental, cuyo carácter pertenece a la constitución fisiológica y psíquica de cada persona.
Cabría preguntar : ¿ Puede admitirse que “cantar bien” consiste solamente en “saber quejarse”? Como cantaor, creo que el “quejío” es un factor interesante, dinámico y expresivo en el cante, pero no basta con esto. Porque el cante flamenco debe ser algo más amplio y complejo. Pienso, además, que el “quejío” forma parte de la idiosincrasia de cualquier cantaor: Y.... existen muchas formas de quejarse. Una simple mirada puede ser símbolo eficiente y real de lo que se pretende expresar. ¡Y la mujer sabe mirar!. La mujer sabe quejarse en el más profundo silencio, como también sabe manifestar públicamente “ su quejío doloroso”.
Sostengo, totalmente convencido, que en la mujer se dan las notas características y definidoras para cantar bien. Y éstas son:
Ahora bien, cuando estas cualidades morales se den en una persona – y nadie más idónea que la mujer - entonces puede “nacer el cante”, según mi criterio. La historia flamenca nos puede llevar de la mano para conocer el nombre, y su importancia cantaora, de Pastora Pavón “Niña de los Peines”, La Andonda, María de las Nieves, La Serrana, La Trini, María la Mica, Dolores la Parrala, Paca Aguilera, Mercedes la Serneta, Tía Anica la Piriñaca, María Armento, Perla de Cádiz (Antonia Gilabert Vargas), Anilla la de Ronda, La Bilbá, La Roezna, María la Jaca, Niña de la Puebla, Bernarda y Fernanda de Utrera, Paquera de Jerez, Luisa la Chirrína, María la Chilanga, Concha la Peñaranda….. y otras tantas que escapan a esta breve reflexión, que con sumo placer dedico y ofrezco a todos los buenos aficionados al cante de esa región hermana, esa bendita tierra que lleva por nombre EXTREMADURA. |
| La Caña 1 Parte |
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| Los romances en el flamenco 1ª Parte |
| Los romances en el flamenco 2ª Parte |
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