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QUEJIO FLAMENCO I E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   
El flamenco, como la literatura, o el arte en general, es una actividad tan rica, atractiva y compleja que, cuanto más se estudia posiblemente se comprenda menos. Una ironía total. Más aún: cuanto más se analiza y más se reflexiona resulta menos comprensible. Porque el flamenco, en este caso, el cante - que es una parte de la trilogía flamenca - no es más que un sistema complejo y enigmático de vivencias, que residen en lo más íntimo del ser humano. Ignoro el porqué, pero, a veces, parece que los flamencos estamos locos. Al menos, eso me ocurre a mí. Porque yo no soy flamencólogo, sino Cantaor y, por añadidura, flamencófilo. Lo mismo que le sucede a mi gran amigo y admirado maestro Antonio Fernández Díaz “Fosforito”, uno de los cantaores más “completos y enciclopédicos” que ha registrado la historia flamenca. Sin la más mínima adulación, es una verdad apodíctica. Basándome en su especial forma de “sentir y expresar” el cante, he compuesto yo este trabajo, con este título tan sugestivo y, a la vez, tan psicoantropológico. Me atrevería a denominarlo metaempírico, debido a mi larga y testificante experiencia cantaora.

Porque yo me defino “Cantaor”, lo que supone un noble orgullo para mí. Los títulos universitarios los dejo sepultados en la cuneta del olvido, porque ellos no me definen, sino “yo y mi cante”, parafraseando al gran filósofo Ortega y Gasset. Para algunos, esos títulos son motivo de acoso y derribo de mi “personalidad” artística y cantaora. Y todo... ¡por la “gracia de Dios”!. He ahí el fundamento metafísico de mi “ Cante es una oración/ y hasta cuando yo me callo / va rezando el corazón” (Lp.A.Arrebola,Dis-Cast., Málaga,1989). Y gracias a Dios, yo, Cantaor, he comprendido que el cante no es otra cosa que un grito mensaje del dolor humano, que cada uno arrastra con su misma naturaleza: el hombre nace llorando y muere expiando. Tal es la vida en este valle de lágrimas. En una palabra, un Q U E J I O. Sin embargo, en el flamenco se transforma en un “quejío lleno de sabiduría”, es decir, entender que el dolor purifica:

“CADA VEZ QUE CONSIDERO

QUE ME TENGO QUE MORIR

TIRO UNA MANTA AL SUELO

Y ME “JARTO” DE DORMIR”

He aquí la grandeza moral de este arte. Posiblemente sea este “saber significativo” la causa de su poca aceptación en los ámbitos sociales. No importa, porque sigue presente en el alma andaluza, y jamás morirá.

 

En el lugar más inaudito encontré yo la inspiración. Nadie puede llamarla porque ella viene cuando quiere. Eso fue lo que me sucedió, tiempo ha, en un centro comercial de Linares. Allí escuchaba atentamente al Grupo Triana su famoso “Quejío”: me parecía una clara y evidente repetición del “silencioso quejío” de un pueblo, el andaluz, que lo ha aceptado como hábito histórico y visión estoico-sapiencial de su destino; una música andaluza y tradicional ante los continuados y desconcertantes acontecimientos sociales, políticos, religiosos y culturales.....

 

La música de este grupo andaluz me sirvió de inspiración para una charla-recital sobre “Catarsis flamenca” a los buenos aficionados de Sabiote (Jaén). Después seguí buscando información y encontré una entrevista que el Diario l6/Andalucía hacía al cantaor Fosforito. Este afirmaba taxativamente: “... El que va con una copita de vino a un festival y se llena de voz y satisface con esos “chillíos”, que no gritos, porque el “grito”, en determinados momentos, está justificado, pero el “chillío” nunca ( cfr. Diario l6/Andalucía, 22 de Agosto 1982). No pudo decir más “verdad flamenca” el “Maestro” de Puente Genil. Porque - así lo entiendo yo - el flamenco es un “grito”, un sabio y resignado “q u e j í o” que define clara y psicológicamente el alma del artista, no del “pegavoces”, que es fiel reflejo de este pueblo andaluz que no tuvo más remedio que cantar para olvidar y esconder “su pena”, tal como lo dejó dicho el poeta sevillano Manuel Machado: “CANTANDO LA PENA / LA PENA SE OLVIDA”.

 

Creo que nadie negaría que el grito no es otra cosa que el signo externo del sufrimiento. Y en esta misma línea está el pensamiento de Gerardo Nuñez de Prado ( Montilla,1874 -1925/30), quien afirmaba rotundamente que “los pueblos que más cantan son los que más sufren”. Esto es de una sencillez tan primitiva , e históricamente demostrable, que nadie se atrevería a ponerlo en duda. Y sigue afirmando el cordobés de Montilla: “.... A vosotros, cronistas de todos los tiempos, que habéis contribuido a disfrazar de Polichinela a ese Cristo doloroso que se llama pueblo andaluz: Os digo que mentís como bellacos.¿ Que ese pueblo se pasa la vida cantando? Y,¿qué?. Su canto está repleto de lágrimas, y él mismo lo dice cuando llora esta copla:

SI PIENSAS QUE PORQUE CANTO

TENGO EL CORAZÓN ALEGRE.

YO SOY COMO EL RUISEÑOR,

QUE EN NO CANTANDO, SE MUERE.

En esta copla se guarda todo el secreto de la trágica alegría de un corazón gigante, que prefiere cantar como los mártires a llorar como las mujeres”, cfr. “Cantaores Andaluces”,pág.6 Prólogo. Servicio de Publicaciones Universidad de Cádiz, 1987.