Antropologia
QUEJIO FLAMENCO II | QUEJIO FLAMENCO II |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
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Es verdad que muchas veces he definido el cante como “un sistema complejo de vivencias”, pero no menos verdad es considerarlo como “una queja resignada”. Así nos lo muestra la trayectoria histórica de esta manifestación folklórica y artística. Muchos son los que cantan, pero ¡qué pocos saben quejarse bien!
Pero, ¿qué es, propiamente, quejío flamenco? El Dicionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco, Tomo II, pág. 629, Madrid, 1988, nos ofrece esta definición: “Glosolalia formada por un ay extensamente prolongado o por varios ayes sucesivos que se insertan al principio, en medio, o al final de la copla, aunque siempre con independencia de la letra de ésta, que le confiere al cante una acentuación dramática muy acusada”. Nuestra reflexión es más amplia, dado que vemos al cante con una mayor incidencia en sus aspectos formales: un lamento, un llanto de purificación espiritual y sin destino; un sino universal, es decir, al hombre en sí. Estuvo, por tanto, en lo cierto el chiclanero Fernando Quiñones en el prólogo que hizo a “Misterios del arte flamenco”, pág. 8, de Ricardo Molina, cuando afirmó categóricamente que el cante es “una protesta sin destinatario, un testimonio del alma, una autoafirmación de supervivencia del alma”. Por otra parte, no es gratuito afirmar que vivimos una época en la que mejor se conoce el arte flamenco. Es ahora cuando se ha comprendido que el cante, metafísicamente considerado, es un lamento, un quejío, una catarsis. En estos atributos me parece ver su quintaesencia . Porque, a la verdad, nunca fue el flamenco un instrumento de rebelión, un impulso revolucionario o un ansia de redención política, social o económica. Jamás estas directrices han definido o guiado al arte flamenco. Y según Díaz del Moral, cfr. “Historia de las agitaciones campesinas andaluzas”, en vano se busca en el folklore andaluz (Cante, Baile y Toque) un grito de indignación, una protesta airada contra las iniquidades sociales, tan claramente percibidas en todos los tiempos por estos hombres inteligentes. En anónimo poeta se limita a hacerlas notar con melancólica resignación:
El latifundio no le inspira odio, ni siquiera censura, mas cuando repara en él le sirve sólo como término de comparación en sus querellas amorosas:
Pienso que, originariamente, ésta sería la esencia pura del arte flamenco. Sin embargo, al correr de los tiempos, vino insensiblemente la idea político-social del cante. Vana y ajena a la razón última y psicológica de lo que realmente significa y comporta nuestro admirado arte flamenco .¡O tempora, o mores!, que decía el filósofo y orador romano Marco Tulio Cicerón. El flamenco, sólo en contados intérpretes, se ha dejado llevar por los movimientos socio-políticos que, por cierto, siempre han sido un fracaso total. Esta concepción se fue elaborando en el curso del siglo XIX, a compás con la naciente y vaga “conciencia de clase” del proletariado andaluz. Pero, a plena objetividad, jamás se puede probar que la “esencia” del cante vaya enmarcada en los tonos sociales, políticos y revolucionarios. De ninguna manera. Su razón de ser radica en la misma naturaleza humana.
Me gustaría, hablo con la mayor sinceridad posible, que cualquier andaluz tuviera, al menos, un “poquito” de vivencia y sensibilidad cantaoras para comprender y aceptar lo que es “quejío flamenco”. Es normal, por otra parte, que sólo un cantaor podría explicar qué significa - y qué expresa - este sintagma como manifestación exterior del dolor latente y profundo de todo ser humano: el cante, por su naturaleza óntica, no es andaluz, ni gitano, ni payo, sino del “hombre” genéricamente concebido. Por eso es universal. Y por esta razón el sustantivo “Quejío” tiene en el flamenco un matiz filosófico y purificador. Me atrevería a definirlo como “sublimación catártica”.Esta idea es fruto de mi larga experiencia cantaora.
Por el cante , escribió José Monleón, llegamos a los sufrimientos de toda una colectividad, pero quien grita, quien se queja, es “un hombre concreto”, cuyo nombre ha pasado a la historia flamenca, breve pero profunda. El hombre andaluz, conforme a mi criterio, tiene un sentido vegetal de la vida, sabiendo encontrar en ella la parte positiva. La tragedia del andaluz es existencial, y procura olvidar “su angustia vital” sirviéndose del arte flamenco, de manera especial del Cante que, en “nuestra” Andalucía ha sido siempre una queja personal y colectiva al mismo tiempo. ¿Por qué? Porque el centro gravitatorio del Cante es el “hombre interior” con sus elementales sentimientos de amor, odio, esperanza, desesperación.... “ Copla y música, dejó escrito el gran poeta y estudioso flamenco Ricardo Molina, cristalizan perla única en sus profundidades”. Por ello me atrevo a decir que CANTE, BAILE y TOQUE se convirtieron en el instrumento expresivo de la crónica particular del pueblo andaluz. |
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