Antropologia
Teoría Andalucista del orígen del flamenco | Teoría Andalucista del orígen del flamenco |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
| jueves, 20 de septiembre de 2007 | |
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El año pasado escribí, invitado por don Julián García, Presidente de la Peña Flamenca Placentina, una breve reflexión en torno a la “Teoría gitanista sobre el origen del flamenco”; es lógico, pues, que este año exponga, con la mayor objetividad posible, qué piensan los defensores de la “Teoría andalucista” acerca del origen del flamenco. Con mucho gusto accedo a esta petición de mi buen amigo Julián. No hay duda alguna en afirmar que el flamenco es una de las más singulares manifestaciones del riquísimo y variado folklore musical de España. Y hasta cabe decir, afirma el Profesor García Matos en “Sobre Flamenco”,pág.31, que es la más destacada y atrayente, en razón de las especialísimas prendas y cualidades que la avaloran, significadas por la originalidad y pluralidad de las formas, el grado excepcional de desarrollo y fuerza a que se elevan la expresión y el estilo y la particular seducción que ejerce su estética rara y sugestiva. Esta era la idea general - incluso más elevada - del ilustre musicólogo francés Louis Lucas en su obra “ Acústica Nueva”, que sirvió de apoyo musical para la concepción flamenca de don Manuel de Falla, quien no tuvo el más mínimo reparo en afirmar que “... no lo hay más rico ni más vivo en toda Europa”. Pues bien, los andaluces siempre aceptaron a los gitanos y reconocieron incluso sus virtudes. Me da que pensar si la célebre pragmática de Carlos III (1783) no sería más bien fruto de la realidad social que de las mentes ilustradas, y esto en razón a que resultó fructífera. Sabemos por la historia que los gitanos, por lo menos muchos calés, se iban integrando poco a poco en la sociedad española. Este hecho parece iniciarse hacia finales del siglo XVI. También está demostrado que el gitano sabe adaptarse bien al lugar que visita . No debemos, por tanto, olvidar la gran influencia y significado del gitano en la formación de los estilos flamencos. Seamos, pues, objetivos y olvidemos nuestro mayor o menor interés en relación a la “verdad histórica” del flamenco. Existe una diferencia fundamental entre la teoría “gitanista” y la “andalucista”.A manera de síntesis, podría decirse que la teoría gitanista excluye al andaluz no gitano, o bien lo relega a una función meramente imitativa; sin embargo, la teoría andalucista no discrimina ,sino que lleva implícito el elemento gitano, ya que es una forma propia e inherente al ser andaluz. Por mi larga experiencia cantaora, sé perfectamente que el “gitanófilo” es partidista, repelente a toda concepción de participación artístico-cultural, y habla casi siempre ex cátedra y con el valor que da creer que se tiene la verdad; no hay más verdad que la suya, y de ahí la terrible obstinación en sus teorías. Me parece que mis compañeros cantaores y guitarristas podrían afirmar lo mismo: es una experiencia vivida durante muchos años. Pero aún más: los gitanófilos llegan muchas veces, sin proponérselo, a los límites del “antiandalucismo”. Creo sinceramente que no es ese el camino para encontrar, en lo posible, la “verdad histórica del arte flamenco. Nada más lejos. Por el contrario, el “andalucista” no es - como afirma Pedro Camacho Galindo en “ Los payos también cantan flamenco”, pág. 41 - ni básica ni radicalmente ANTINADA, ni niega la arabización del cante ni su contenido hebráico ni su savia romano-bizantina. El andalucismo es una puerta abierta a toda la familia de su genealogía. Ruego, antes que la memoria falle, que nadie,¡por favor!, vea en mis palabras la más mínima sombra de “antigitanismo”. Nada más lejano a mi mente, tal como lo he demostrado en mi libro “Cantes Gitano-Andaluces Básicos”, publicado por la Universidad de Cádiz, 1987. Me he educado, ciertamente, entre los gitanos; sin embargo, la “verdad flamenca” está por encima de todo. Y así mismo, debo decir que el “andalucista” no es, en modo alguno, “gitanófobo”,ya que él reconoce la influencia y la necesidad del gitano en el flamenco. Digámoslo de una vez :el gitano creó un “Cante gitano” sui géneris, no el CANTE: tesis, en cambio, defendida por los gitanófilos. En la “Teoría andalucista”, podríamos distinguir, para su mejor comprensión, tres grupos: a) Escritores que nos dan noticias de los primeros gitanos que vivían con los andaluces, b) Musicógrafos, musicólogos y folkloristas que han detectado el aporte gitano al acervo común de Andalucía y, c) Flamencólogos, tratadistas, historiadores y ensayistas que han analizado la intervención que hayan podido tener los diversos grupos y culturas ,en la gestación , nacimiento y desarrollo del género flamenco, dentro del llamado cancionero popular andaluz. Procuraré, por mi parte, que los lectores de la revista “Peña Placentina” conozcan, al menos en síntesis, el contenido de estos grupos. Es lógico pensar que haría falta más espacio para exponer y desarrollar el fundamento histórico , social, geofísico y religioso de los llamados “andalucistas”. Me parece, basándome en razones históricas, que el primer grupo lo encabezaría don Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), puesto que no podía pasar desapercibido a un escritor como Cervantes la presencia en España de este extraño grupo que tanto perturbaba la vida cotidiana de la Península. Aún más: hoy ya sabemos que Cervantes convivió con los gitanos durante su estancia en Sevilla. El nos narra extraordinariamente las costumbres, modos de vida y características singulares de este pueblo. Yo me atrevería a recomendar una seria y reflexiva lectura, al menos, de “La Gitanilla”, una de sus inmortales “Novelas ejemplares” (1613). En esta obra podemos comprobar que lo que cantaban los gitanos cervantinos y enseñaban a Preciosa - protagonista de la novela- eran las canciones y danzas propias de aquellos tiempos: Villancicos, Seguidillas, Zarabandas y Romances. Ahora bien, estas formas en nada se parecían a lo que “propiamente” se denomina flamenco. Yo pienso, desde el punto de vista de la “Crítica Literaria”, que si no fuera así, sin duda alguna don Miguel de Cervantes lo hubiera dejado dicho, máxime cuando algún que otro gitanófilo, Walter Star entre ellos, afirma que “... una de las tías de Cervantes era de raza gitana”. Las canciones y danzas que ejecutaban los gitanos españoles-andaluces del siglo XVI eran patrimonio del pueblo con el que a regañadientes convivían. En esta misma línea está el pensamiento de Pedro Camacho Galindo en su obra “Los payos también cantan flamenco”, pág. 44, quien escribe: “... No sólo los gitanos cervantinos no cantaban ninguna copla o estilo peculiar, sino que los versos de las coplas y romances que cantaban le eran obsequiados a Preciosa, y en algunas ocasiones vendidos, por poetas cortesanos “ de los de número”, que también “... hay poetas que se acomodan con gitanas y les venden sus obras”. Su aportación, por tanto, en esta época, fue exclusivamente difusora; y su propósito, lucrativo. No se vislumbra ningún atisbo de creatividad sustantiva. A lo más, un enmascaramiento de lo autóctono con ciertos rasgos fisonómicos y expresionales propios de su raza”. Y, para mayor extrañeza, con este enfoque histórico está el flamenco incluso en el pensamiento del escritor y flamencólogo don Ricardo Molina Tenor, gitanófilo a marcha martillo, como podemos comprobar en su famosa obra “ Mundo y formas del cante flamenco”( Revista de Occidente,1963), lo cual es altamente significativo en un partidario de la “Teoría gitanista” del flamenco. Por otra parte, está suficientemente demostrado que la bibliografía de los siglos XVII y XVIII no hace mención de ningún acto de “creatividad gitana” de la música española. Estas reflexiones nos hacen pensar y reflexionar seriamente, porque -¡ con el corazón en la mano ! - es muy difícil conocer la trayectoria histórico-musical de los variados estilos que componen el frondoso árbol flamenco, pero más difícil aún se nos hace conocer el “nacimiento y desarrollo” de los mismos. Tal vez, habrá que dar la razón al sentido común que ponía en ello el “flamencólogo/aficionado”, recientemente fallecido, don José Baena Romero (Fuengirola-Málaga), quien, con la sabiduría innata del hombre andaluz, solía decir: “.... El origen del flamenco está en el hombre que contempla pausadamente la naturaleza”.A mí - a la verdad - también me lo parece. Hacia mediados del siglo XIX, el costumbrista Serafín Estébanez Calderón nos va a sacar del vacío informativo que había existido durante los siglos XVII y XVIII. Pero no lo consiguió, ni creo que fuera su propósito. Sin embargo, E. Calderón será el primero que nos describa los diferentes estilos de cante y bailes de Andalucía en su trascendental obra - para el flamenco - “Escenas Andaluzas” (1847). Para conocer bien la trayectoria folklórica y flamenca de aquella época, es preciso - según mi criterio - leer detenidamente “La rifa andaluza”, “El bolero”; “El Roque y el Bronquis” y, por supuesto, “Un baile en Triana”. Pues bien, Estébanez Calderón nunca habla en sus “Escenas”, y en especial “Un baile en Triana”, de que los asistentes a él, ni los intérpretes, fueran gitanos, como parece afirmar Ricardo Molina en “Mundo y formas del cante flamenco”. Y sin embargo, E. Calderón sí nos dice que todos los cantes y bailes que se interpretaron en la “fiesta” eran “inconfundiblemente” andaluces: Caña, Romances, Polo, etc. Y en cuanto a las coplas, narradas en las “Escenas”,sostiene “El Solitario”(seudónimo) que eran de creación andaluza o arábigo-andaluza; coplas que podemos ver referidas al Polo, Caña, Serrana, Oles, Tiranas, Tonadas Sevillanas, Romances/Corridos, Jabera, Malagueñas, Fandanguillo gaditano, Caleseras, etc., cantes que aparecen ya denominados y diferenciados en la obra del costumbrista malagueño. En esta línea de pensamiento está el contenido de la tesis de Pedro Camacho Galindo en “Los payos también cantan flamenco”.Ed. Demófilo, Madrid, 1977. El segundo grupo, defensor de la “Teoría andalucista”, está integrado por musicólogos, musicógrafos y folkloristas, quienes tampoco nos proporcionan información útil y extensa acerca de la época primaria del cante. Julián Ribera, Felipe Pedrell y Manuel de Falla serán los pioneros auténticos del comentario histórico y musical de los estilos flamencos, en tanto que Albéniz, Granados y Ocón, entre otros, son meros compositores de temas folklóricos. Don Manuel de Falla, embebido desde su infancia en el canto popular - cfr. “El sentir flamenco en Falla”. Universidad de Málaga, 1986,de A. Arrebola - e iniciado más en el Cante Jondo ( Granada, 1922) entra de lleno y a fondo en el desentrañamiento teórico y práctico del cante. Su música, es verdad histórica demostrada, a más de ser culta, es “flamenca”; no meramente folklórica, sino “flamenca” en su raíz. Durante muchos años , el músico gaditano y universal buscó en el flamenco la base de inspiración de una gran parte de su obra. Sin embargo, hay que decir que don Manuel de Falla, como crítico del flamenco, titubea y se enreda en la maraña de sus influencias incoativas: no responde al origen primario del flamenco. Para Falla - lo afirmo tras una larga reflexión de su obra - el árbol flamenco es INEQUÍVOCAMENTE andaluz. El inmortal gaditano fue objetivo en su exposición histórico-musical del Cante Jondo, a pesar de sus irreparables errores. Los que sí han defendido siempre el origen andaluz del flamenco, aparte de musicólogos de prestigio como Chávarri, Adolfo Salazar, García Matos, Tomás Andrade de Silva, Hipólito Rossy,etc...., son los flamencólogos y folkloristas José Carlos de Luna ,Domingo Manfredi Cano, Tomás Andrade de Silva, Rafael Lafuente, Anselmo González Clíment, etc. etc.. Finalmente, un tercer grupo lo formarían los escritores que han tratado el mundo de los gitanos en relación con el flamenco: Rafael Lafuente, José Manuel Caballero Bonald, Ortiz Villajos, Hermanos Caba, Arcadio Larrea Palacín, A. González Climent, José Monleón,etc.... Posiblemente, el de mayor interés es el concepto que nos dejó Rafael Lafuente, el cual convivió muchos años entre los gitanos a fín de conocer directamente sus costumbres, su música y formas de vida; estuvo, además , unido a una gitana. Digamos, al menos, algunos de sus pensamientos:”...El cante flamenco no tiene nada que ver con el gitano universal. Ni la gracia ( don máximo del andaluz) de que dan prueba muchos de ellos en nuestra patria. Todo esto lo ha tomado el gitano de la única tierra que lo ha exaltado como símbolo: ANDALUCÍA. Los gitanos no han creado absolutamente nada de lo que se les atribuye. No es obra suya el cante flamenco, ni consustancial a su naturaleza el “ángel” que le reconocemos por rutina, ni las mismas galas femeninas con que se adornan las andaluzas cuando quieren acentuar su personalidad regional. El gitano no ha sido ni será nunca creador, sino perpetuador e intérprete...”,cf. “Los gitanos, el Flamenco y los Flamencos”, págs. 18-19. Este es, en síntesis, el pensamiento de los defensores de la llamada “Teoría andalucista sobre el origen del flamenco”.Pero, ¿cuál es la verdad? Aún sigue siendo un enigma el complejo mundo del flamenco.
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