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VALORES HUMANOS DEL FLAMENCO I E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   
A veces, podemos ver y observar cómo el cantaor raya en el filo de la máxima espiritualidad por una cierta fuerza mística que, incluso, él mismo no sabría explicar. Siente y expresa lo que no puede decir con palabras: se hace música sin letra.

Desde siempre he creído que el flamenco, como el arte en general, debería ser un instrumento de unión entre los hombres. Todas las cosas , por su propia naturaleza, cambian adoptando formas variadas en el correr del tiempo. Sin embargo, existen principios inmanentes en el ser humano que nunca cambian. Son, precisamente, aquellos que definen el comportamiento ético y social de cualquier hombre. Yo creo, es una simple reflexión mía, que lo humano y lo divino están perfectamente relacionados. Ambos factores son determinantes en la proyección social de cualquier persona. Porque lo divino - según mi criterio - no puede prescindir de lo humano en tanto que éste puede converger correctamente en lo divino. El hombre necesita asentarse en sus principios humanos siempre que tienda hacia lo divino.

 

En mis reflexiones flamencas, he querido ver que el ARTE es el medio más idóneo y sublime de la proyección del valor humano a lo divino. Soy una persona muy liberal ; respeto, pues, las ideas de todo ser viviente. Pero estoy plenamente convencido de lo que siento y digo. Por tal razón, los pensamientos que exponga no son más que fruto de una larga y profunda experiencia personal y cantaora: el tiempo me lo ha enseñado. Por eso no tengo miedo en afirmar que el arte flamenco puede convertirse en un instrumento de unión entre los hombres, y no de separación como lo han intentado ciertos artistas. Pero todo pasa, como pasa y muere la ola que va deshaciendo la espuma del océano. El arte vive siempre; el hombre, no. A través de la copla, medio del que se vale el cante, “el hombre se humaniza” y, en cierto sentido, “se espiritualiza”, ya que cuanto más humana sea su actitud más cerca estará de la espiritualidad: difícil materia de explicar, pero fácil de comprender y aceptar para los que sientan y expresen la esencia última del flamenco, es decir, EL HOMBRE EN SU TOTALIDAD.

 

A veces, podemos ver y observar cómo el cantaor raya en el filo de la máxima espiritualidad por una cierta fuerza mística que, incluso, él mismo no sabría explicar. Siente y expresa lo que no puede decir con palabras: se hace música sin letra. Mucho tiempo, no obstante, ha necesitado el flamenco para que le reconozcan sus valores espirituales, culturales, sociales, religiosos y místicos... por tratarse de una “cultura natural”, o también de una “ cultura de la sangre”, como la definió Federico García Lorca, y tan antigua como el habla mismo, debido a que radica en el subconsciente humano. El hallazgo de estos valores, digámoslo también, se debe a los estudiosos y críticos del arte flamenco. Y hay que afirmar que estos han cooperado con los cantaores a la “antologización” del flamenco.

 

La Flamencología, sirviéndose de la imprescindible colaboración y asesoramiento de los cantaores, ha inventariado y ordenado los cantes, mostrándonos sus diversas formas y variantes, separando lo ínfimo de lo válido, lo grande de lo menudo, lo espiritual de lo humano... ya que en las coplas no estaban bien diferenciados. Ha sido, por tanto, una magnífica y fructífera labor humana, dada la complejidad cultural que tiene el arte flamenco ( Cante, Baile y Toque) por su propia naturaleza. Ante estas consideraciones, don Manuel de Falla dijo que “.... Andalucía posee la música más rica de toda Europa; y esta música estaba , y sigue estando, en el Cante Jondo”. Lo que me ha llevado a decir - como Cantaor - que el flamenco representa una de las más ricas e inconfundibles manifestaciones de la música popular; y que forma parte del acervo cultural del pueblo andaluz. Sus numerosas y siempre bellas variantes - afirma el novelista y flamencólogo José Manuel Caballero Bonald - , la independencia de sus caracteres, el poderío arrasador de su mundo expresivo y melódico, prestan a esta modalidad de la canción una vigorosa personalidad llena de sugestivas significaciones humanas y raciales. De aquí que el “VALOR”, concepto filosófico y ético, entre a formar parte de la compleja temática del mundo flamenco.

 

Por tanto, sería plenamente justo que enfocáramos el arte flamenco como una música, una estética, una cultura..., es decir, como arte universal capaz de hermanar a los hombres y ayudarles a mejorarse. Permitidme hacer una breve y sucinta explicación del concepto “Valor”, para centrarnos totalmente en los “VALORES HUMANOS DEL ARTE FLAMENCO”.

 

Hace ya tiempo que se introdujo en el lenguaje filosófico un término tomado del campo de la economía: Valor. Este concepto está tomado aquí sólo en sentido metafísico, y hace referencia a una cierta “utilidad o aptitud” que reside en las cosas, en virtud de la cual éstas pueden satisfacer una necesidad o proporcionar un gozo o placer. Así, al observar un objeto, no decimos que es simplemente tal o cual cosa, sino que nos detenemos en si es útil o no; bueno o malo, etc. Esto es tan antiguo como el hombre, pero sólo recientemente se han sistematizado los problemas de los “ valores” en general, naciendo la disciplina filosófica “Teoría de los valores” o “Axiología”. En los valores humanos del flamenco hay una aprehensión o captación de su valiosidad, que no se reduce a una actividad cognoscitiva teorética, sino que consiste en una estimación. Los “bienes" son, en general, cosas de valor.