Antropologia
VALORES HUMANOS DEL FLAMENCO II | VALORES HUMANOS DEL FLAMENCO II |
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| Antropologia | |
| escrito por Alfredo Arrebola | |
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Un objeto físico puede ser un “bien”, en cuanto realizador de un valor, ya que los “valores” se realizan por los “bienes”. Estos pertenecen al mundo empírico y están afectados por las características de la objetividad física o psíquica , en tanto que los “valores” no queden afectados en su valiosidad por las mutaciones en los “bienes”. Estos conceptos - conforme a mi criterio - cabe verlos en los cantes flamencos, y por ello mismo no hay identificación posible entre el llamado “Folklore tradicional” y el “Cante Jondo”.
Pues, lejos de la ceremonia anónima del baile en honor de una imagen, del canto coral para celebrar la Navidad, de la manifestación pública hecha ante una ermita o en una plaza mayor, o cualquier otro tipo de manifestación, el Cante Jondo es la expresión de un drama universal e individual, alimentado con las vivencias que pertenecen inevitablemente a una colectividad sociopolíticamente diferenciada. El flamenco no remite a un protagonista y a unas circunstancias. De la tragedia a la alegría están todos los valores humanos. Es un cosmos artístico en el que están íntegramente el modo de “decir y sensibilizar” una circunstancia adversa. Por eso, ¡ qué bien definido está el cante, diciendo que es “una queja resignada”,pero sin olvidar el “ser andaluz”.
Antonio Gala, hablando del cante, se expresó así: “... El flamenco, como todo lo perdurable en esta vida, es una queja; la forma de quejarse un grupo de oprimidos. Desde la Soleá a las Alegrías. La primera manifestación de cualquier alegría está en la canción. Cantan los sefarditas y los negros de América. En el flamenco hay árabe y hebreo, hay gitano y andaluz con “hambre”. El flamenco no fue nunca una canción protesta, sino “una sabiduría resignada”: saber que la injusticia mayor, más grande, es una metafísica; tener que morir y que las otras, yendo y viniendo, no importan demasiado. Es esta perspectiva la que le da al flamenco su infinita capacidad de síntesis: poder cantar el Otelo en tres versos:
En mi vida artística, yo he podido comprobar que el arte flamenco es un auténtico y valioso medio para lograr el perfeccionamiento de los “ valores” culturales, sociales y artísticos en la concepción filosófica del término “ VALOR”. Estamos, ciertamente, en los inicios del siglo XXI y las “ideas y formas” van evolucionando como lo hacen la vida y la propia sociedad. En el flamenco viene sucediendo otro tanto, puesto que el evolucionismo está presente en él, como puede apreciarse en las corrientes actuales de la música flamenca; sin embargo, me parece que siempre estarán presentes “sus valores humanos” capaces de dar cierta esperanza para lograr una sociedad mejor en todos los ámbitos. Es cierto, asimismo, que nuestra sociedad - incluso nuestra propia vida - está cargada de mil tensiones que van matando la paz, la armonía, la naturalidad, el buen humor y, en cierto sentido, al mismo hombre. Por lo que no es fácil sonreir, y menos aún en los momentos más trascendentales: la enfermedad, el dolor o la muerte. Pero - fijaos bien - el flamenco puede servirnos de antídoto y consuelo en esas difíciles situaciones. En la mente de cualquier aficionado está aquella “Soleá de Córdoba”:
O la esperanza que el poeta flamenco, Francisco Salgueiro ( 1921 -1996 ), dejó escrita en su preciosa copla:
Copla pura y carente de sentido político. A este respecto, debemos señalar que la verdadera copla , históricamente considerada, siempre ha carecido de sentido reivindicativo y proyección política. La “politización” del flamenco ha sido más bien obra del cantaor payo, aunque en la actualidad también está incluido el gitano. Esta situación es privativa de los grupos integrados en la dinámica social, y protestan para denunciar el entorno sociopolítico. Los gitanos, en cambio, poco interesados han estado en la conciencia política y económica. Por eso sus letras, cantes y bailes se han limitado a la protesta “existencial e inmediata”, a buscarse a sí mismos, y a no olvidar los valores simbólicos de sus antepasados. Es decir, sus cantes y sus bailes han sido fiel exponente de los valores humanos.
El gitano, paria durante siglos, se incorporó a la vida regular en Andalucía: las fraguas de Triana, el oficio de matarife, esquilador, etc.... nos presentan un cuadro normalizado de la incorporación del gitano. El payo puede acercarse ya al gitano sin los prejuicios de otros tiempos. Se identifican, pues, los valores artísticos y humanos de los grandes artífices del arte flamenco en Andalucía. Es curioso observar que los “cantes no gitanos” son los que han registrado una mayor carga de literatura política; pero cuando el cantaor payo incorporó a su folklore la actitud humana del cantaor gitano, hizo explícitas muchas de las protestas que subyacían en el cante antiguo. Y así, el minero necesitó quejarse como lo hacían los antiguos gitanos: buscando la razón última de todos los acontecimientos que se le iban acercando por todas partes.
Con el reconocimiento de los “valores humanos del cante”, se llega a la admiración romántica del gitano por su diferenciada manera de “ser y vivir”. El idealismo elaborará una serie de conceptos y valores universales en torno al gitano, su duende y sus maneras. Valores que en la actualidad, desde el resurgimiento intelectual del cante, se han puesto de manifiesto en la defensa y admiración de la raza cañí, a la que Andalucía debe muchas buenas cosas. En una palabra: Los “valores humanos del arte flamenco” son la plataforma hacia los valores espirituales que una gran parte de sus coplas reflejan perfectamente.
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| La Caña 1 Parte |
| La Caña 2 Parte |
| La Caña 3 Parte |
| Los romances en el flamenco 1ª Parte |
| Los romances en el flamenco 2ª Parte |
| Los romances en el flamenco 3ª parte |