PERSONAJES
Bernardo el de los Lobitos | Bernardo el de los Lobitos |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
BERNARDO EL DE LOS LOBITOS (1887-1969)
Parece como si llegaran a mis oídos los solemnes y majestuosos compases, como las soleares de Joaquín el de la Paula (1875-1933), del “Cante de Alcalá”, tierra de peculiar sentir en la cultura andaluza. Alcalá de Guadaira (Sevilla), la antigua Hienipa, es el santuario de los más difíciles tercios soleareros, emplazada en los Alcores, y en la orilla derecha del río Guadaira: “Yo te tengo compará / con la que está en el Castillo / del Aguila de Alcalá”, nos recordaría el inmortal Antonio Mairena en “La gran historia del Cante Gitano-Andaluz”,1961. La soleá aparece siempre por todos los rincones alcalareños, y la llevarán a flor de labios, aparte de Joaquín, su máximo representante, Manolito de María, y los Tinocos; La Roezna y su hijo Juan Barcelona, Manolo Heredia, Luís Medina “El Curilla”, Luís el Piñonero, El Bizquito de Alcalá, El Platero de Alcalá – competidor por la “Llave de Oro” (Córdoba,1962) - , y, como colofón, dos nombres que figuran en los anaqueles históricos del flamenco: Antonio Pérez Guerrero “El Sevillano” y Bernardo el de los Lobitos, gloriosa figura de la “Época de Oro” del Cante. Tal fue Bernardo en el flamenco que, a raíz de su muerte, el crítico don Agustín Gómez dijo de él que “era la ternura del cante, el Azorín de la copla flamenca. Cantaba con la delicadeza de un pájaro y con el sentimiento de un alma en pena. Ni más ni menos: UN MAESTRO”. Por tal motivo, pues, no dudó el flamencólogo Blas Vega en afirmar: “…Maestría que mostró en los últimos años en la cátedra diaria de Villa Rosa, donde iban a escucharle no sólo los aficionados más exigentes sino los mismos profesionales, conscientes de que en el amplio repertorio de los cantes y estilos que dominaba a la perfección, encontrarían nuevas fórmulas expresivas para desarrollar, dentro del sabor y lenguaje del más puro tradicionalismo andaluz, pues se puede decir que Bernardo junto con Aurelio de Cádiz, Pastora Pavón, Antonio Mairena y Pepe el de la Matrona formaban el más completo y antiguo archivo del cante flamenco”, cfr. Hispavox. Ed.Clave 18-1.167(S), Madrid, 1969.
Yo tuve la suerte de conocerlo personalmente; lo traté poco, es verdad, pero lo suficiente para comprobar la gentileza, la finura, la sencillez y afabilidad que habían en aquella venerable figura humana y -¡cómo no! – del arte flamenco. También podría presumir de haber compartido cartel con Bernardo el de la Lobitos y, por supuesto, haberle oído hablar acerca del difícil y enigmático mundo flamenco. Creo que algo aprendí de aquel ejemplar “Maestro del Cante”, a quien conocí en La Unión (Murcia), con motivo del Festival Nacional del Cante de las Minas (1965,1966, y 1967), junto con Enrique Orozco, Eleuterio, Pencho Cros, Antonio Piñana , etc. Muy agradecido estoy de aquella breve pero profunda amistad filiopaternal que el cantaor sevillano me dispensó. Sirvan, por tanto, mis palabras como homenaje póstumo al universal alacalareño BERNARDO EL DE LOS LOBITOS.
Pedro José Bernardo Álvarez Pérez nació el día 6 de enero de 1887 en el seno de una humilde familia de Alcalá de Guadaira (Sevilla) ¡Buen regalo de Reyes el que esta familia recibió con Bernardo, como más tarde nos dirá Manuel Ríos Vargas en “El flamenco y los flamencos de Alcalá”, pág. 108 (Córdoba,1990). Bernardo era hijo – tuvo otros seis hermanos – de José y Concepción, familia dedicada a la fabricación y venta del pan, profesión normal en Alcalá de Guadaira o Alcalá de los “Panaeros” y, además, muy aficionada al cante.; pero, posiblemente, se vio obligada a irse a Sevilla por necesidades de trabajo, cuando Bernardo sólo tenía cinco años de edad.
Su primer trabajo fue de aprendiz en una fábrica de seda, perdiendo pronto el empleo al sustituir a los hombres por mujeres. De la necesidad de trabajar surge, en relación con una afición que le tiraba, la de cantaor flamenco, cuyo debut tuvo lugar en el Salón Piñero de Algeciras (Cádiz). El éxito conseguido llevó a Bernardo al profesionalismo. Y no pudo escoger otro sitio mejor para su futuro artístico que Sevilla, que gozaba de un gran ambiente flamenco en los inicios del siglo XX, a pesar de no existir ya el Café Silverio ni El Burrero; sin embargo, estaban en auge El Novedades, Filarmónico, El Suizo, San Agustín.. y se daban muchas fiestas en locales privados y ventas como El Pasaje del Duque, Las Delicias, Venta Eritaña ,etc. Y por aquella Sevilla flamenca pasó – no había otro remedio – lo mejor del arte flamenco: Juan Breva, La Macarrona, Paco el Sevillano, La Malena, Diego Antúnez, Ramón el Ollero, Chacón, Medina el Viejo, La Serrana, Pepa Oro, Antonio el Portugués…. enlazando con los primeros pasos artísticos de La Niña de los Peines, Manuel Torre, El Niño Gloria, Fernando el Herrero, Pepe el de la Matrona, Rafael Pareja, Niño de Cabra, Manuel Escacena, El Niño Medina… Fue exactamente en el Café Novedades donde se inició Bernardo en el difícil campo del flamenco, con el nombre artístico de “Niño de Alcalá”, y en cuyo cuadro flamenco eran habituales nada menos que La Coquinera, La Roteña, La Trini, Rita Ortega, La Macaca, El Tiznao, La Junquera. También le cupo a Bernardo el alto honor de alternar con las figuras que dejaron huella flamenca en este Café: Juan Breva, don Antonio Chacón, Fosforito el Viejo, Niño Medina, El Niño de la Isla, de todos los cuales sacaría el alcalareño las mejores enseñanzas del cante antiguo tradicional, convirtiéndose, lógicamente, en un cabal y ortodoxo maestro de cantaores de quien las generaciones posteriores nos hemos favorecido y enriquecido. Todos los cantaores actuales “debemos algo” a Bernardo, ya que – según su biógrafo Blas Vega – “… era un cantaor larguísimo, todo un archivo de cantes, estilos y coplas “inacabables”, según la manifiesta admiración que le causaba al propio Chacón. Lo dominaba no sólo por lógica vivencia, sino por inquietud personal y curiosa, pues siempre estuvo en la vanguardia de las nuevas tendencias, como lo reflejan sus más antiguos cantes por bulerías, saetas, fandangos alosneros y el hecho de ser uno de los primeros cultivadores de los cantes hispanoamericanos: Milonga, Guajiras y (hasta) rumbas, y seguramente la Rumba por él grabada (Gramófono A G 163) sea la primera grabación flamenca que de este cante se conoce”, cfr. op. cit. pág. 91. Era, pues, Bernardo un cantaor completo y redondo, en el sentido que conllevan estos términos en el arte flamenco. Su enciclopedismo no se cifraba en conocer exhaustivamente los cantes – “acompasaos”, libres, folklóricos – sino que, respondiendo a una calidad, los hacía a la perfección, con una técnica y un formalismo histórico; sin deformación, con la autenticidad propia, sentimiento y expresión personal, que en eso estriba la diferencia en ser o no ser un verdadero maestro.
Cuando Bernardo dejó Sevilla, pasó a los cafés cantantes madrileños actuando durante seis años consecutivos en el elenco del Café Magdalena, donde empezó a llamarse “Bernardo el de los Lobitos” por las Bulerias “Anoche soñaba yo….”; tal vez por ello, se ha dicho que fue Bernardo precisamente el primero en cantar en Madrid por bulerías, conforme a las normas impuestas por Niña de los Peines, Niño Medina y Manuel Vallejo. En los años que van de 1910 a 1920, Bernardo se convertirá en la figura imprescindible en todas las fiestas madrileñas. Después, gracias a Carlos Vedrines, entraría a formar parte de la llamada “Opera Flamenca” recorriendo España entera, junto a Chacón, Niña de los Peines, Vallejo, Cepero, Chato de las Ventas, El Niño Sevilla; Ramón Montoya, Luís Yance, Manuel Martorell, guitarristas y los bailaores Estampío, Carmen Vargas, La Quica ,etc. Más tarde trabajaría en las Compañías de Pepe Marchena, Angelillo y Manuel Vallejo. En los años de la posguerra, Bernardo siguió actuando en este tipo de espectáculos y en el “colmao” Villa Rosa (Madrid). En 1954, se convertiría en uno de los artífices de la primera “Antología del Cante Flamenco” (Hispavox), donde interpreta, con magistral ortodoxia, sevillanas corraleras, verdiales, nanas, cantes de trilla y marianas, estilos prácticamente ya en desuso y completamente desconocidos de las nuevas generaciones. En 1971 participa en una “Antología del Cante Flamenco”, grabada en México junto a Perico el del Lunar y Niño Ricardo, en la que deja su impronta con el pasado flamenco: Tangos de Cádiz, Fandangos de Lucena, Garrotín, Farruca, Granaína y Media granaína de Chacón, Mariana y Cante de trilla. A partir de 1963, una vez cerrado Villa Rosa, Bernardo interviene dando recitales e ilustrando conferencias de los flamencólogos Conde Colombí paisano suyo – y el norteamericano Donn Pohren, y esporádicamente actuaría en el “Tabalo Zambra”.
En el año 1965 ganó el Primer Premio del “II Concurso Nacional de Cante por Cartageneras”; en 1967, tras muchos años de ausencia, volvió a cantar en su Alcalá natal en el homenaje a Joaquín el de la Paula, junto a Juan Talega, Antonio Mairena, Fosforito, José Menese, El Chocolate, María Vargas, El Perrate y Platero de Alcalá, etc.. Pedro José Bernardo – que así constaba en su documento nacional de identidad – murió, en la más triste soledad y como consecuencia de una cirrosis hepática, el día 30 de noviembre de 1969 en su domicilio madrileño de la calle Amparo, 92, sólo cuatro días después de la inmortal Pastora Pavón “Niña de los Peines”. Moría, hay que decirlo, un cantaor que ha sido elemento esencial en el proceso histórico de la elaboración y revalorización del flamenco; un cantaor poeta que, cuando cantaba, nos llevaba a recordar a su paisano Gustavo Adolfo Bécquer .
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