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escrito por Alfredo Arrebola   
viernes, 18 de abril de 2008

Manuel Vega El Carbonerillo (1906 – 1937)

Manuel Vega “El Carbonerillo” (1906 – 1937).

Por las lágrimas se va

La pena grande que se llora.

Por las lágrimas se va.

La pena grande es la pena,

Que no se puede llorar.

Esa no se va, se queda”

(El Carbonerillo en “Fandanguillos”.Discos Regal, 1929).

Esto mismo ya lo había dicho otro universal sevillano, Manuel Machado en su libro “Cante Hondo” (Madrid, Helénica, 1912), como desahogo de su profunda angustia mientras estaba en París: “Cantando la pena / la pena se olvida”. No le quedó más remedio a este atormentado y romántico cantaor que servirse del flamenco para expresar y decir toda la pena y amargura que llevaba en lo más profundo de su corazón. Eso fue simplemente Manuel Vega García, conocido en el mundo flamenco como “El Carbonerillo”, un hombre triste y apenado en tal grado, que se convirtió, según contaban sus contemporáneos, “en la misma pena cantando”. Porque en últimas instancias, el flamenco es algo más que una música popular y un conjunto de tradiciones y costumbres. Su valor musical y filosófico está más allá de “lo folklórico”.

El flamenco, históricamente considerado, ha sido la expresión vivencial de una comunidad marginada. La flamencología moderna – afirmaba Fernando Quiñones en “De Cádiz y sus cantes”, pág. 13 – está haciendo un esfuerzo para construir la historia de una de las expresiones folklóricas más ricas del mundo: El Flamenco, cuya actual revalorización, tanto en España como fuera de ella, alcanza un auge que se extiende a numerosos campos de la cultura y el arte. Porque no lo olvidemos, el cante tiene como principio y finalidad el manifestar el mundo íntimo, personal y apasionado del cantaor. Jamás un cantaor será un rapsoda de hazañas o aventuras exteriores de un pueblo, ni siquiera de una familia. Lo que el cante expresa son sentimientos e intuiciones radicales, vivencias humanas y colectivas. Por eso, al correr del tiempo, se le buscó un epíteto que lo definiera: CANTE JONDO. En síntesis, el flamenco supone la exteriorización de un determinado estado de ánimo y, también, un peculiar y congénito estilo de vida.

 

He aquí, pues, la perfecta radiografía de uno de los más importantes cantaores que ha registrado la historia flamenca del siglo XX: Manuel Vega “El Carbonerillo”. Desde hace muchos años vengo luchando conmigo mismo para enfrentarme con este “monstruo del cante”, como lo fue el cantaor sevillano; y siempre se me aparecía espontáneamente el miedo ante tan sobresaliente figura. Lo confieso públicamente: desde mis primeros años en este difícil, complejo y enigmático mundo del arte flamenco, fue El Carbonerillo, aparte de Chacón, Manuel Torre, Niña de los Peines, Cojo de Málaga, Tomás Pavón, Niño Gloria, el primer modelo que me impusieron mis inolvidables “maestros” Eduardo González y Manuel Soler Palma “El Faquillas”, allá por los años 1958 en Granada. No me ruboriza lo más mínimo manifestar que me enamoré locamente de la forma que tenía de “sentir e interpretar” el flamenco Manuel Vega “El Carbonerillo”, nacido en la calle Sol del barrio la Macarena, el más flamenco de Sevilla, el día 8 de febrero de 1906. Fueron sus padres Manuel Vega Villar, natural de Benacazón (Sevilla), carbonero de profesión, y Rocío García Cuesta, sevillana castiza, dedicada a las labores propias de casa, ya que le era imposible trabajar fuera de ella para poder atender debidamente a su hogar formado por siete hijos y el matrimonio.

 

Siendo todavía un niño era ya sobradamente conocido en los ámbitos flamencos sevillanos, pero su fama se amplió al debutar en el Café Concierto Novedades de Sevilla, donde se juntaron tres sobresalientes niños cantaores: El Carbonerillo, Pepe Pinto y Pepe Marchena (1918). Ya adolescente, Manuel Vega, acompañado de los guitarristas Niño de la Flamenca y Antonio Peana, paseó sus cantes por todas las salas y ventas de Sevilla, así como por todos y por cada uno de sus pueblos. Por su excesiva entrega al cante y mala vida (se aficionó a la bebida siendo aún muy joven), sus familiares le convencieron para que dejara el cante y trabajara con sus hermanas en un fábrica textil. Aceptó y así procedió durante cierto tiempo, pero Manuel había nacido para cantar y, como era de esperar, volvió a los escenarios para recorrer España con los espectáculos montados por Torres-Palacios y Vedrines, compartiendo cartel con José Cepero, Cojo de Málaga, Niña de los Peines, Pepe Pinto, El Corruco de Algeciras, Manuel Vallejo, Guerrita, Manolo Caracol, etc., es decir, que El Carbonerillo formó parte de los inmejorables artistas de la Opera Flamenca que, por cierto, no fue tan “nefasta” como la han descrito ciertos pseudoflamencólogos. No tengo más remedio que decir que las mejores reliquias del Cante Jondo fueron grabadas precisamente durante esta etapa (1920-1950).¡Cuánto podríamos hablar del flamenco actual! Pero siempre – cómo no – existen las excepciones.

 

Hay algo que yo, como cantaor, no puedo pasar por alto en la breve semblanza de este “insigne forjador del arte flamenco”: la vida del desdichado Manuel Vega “El Carbonerillo” no se puede entender sin conocer sus coplas, la mayoría compuestas por él mismo. Sus coplas son el fiel reflejo de su vida en toda su estructura social, familiar, económica, política, religiosa, amorosa, etc. etc. El Carbonerillo vivió en sus propias carnes todo el contenido existencialista y metafísico de sus coplas: “Y el hombre que lo inventó,/ maldito sea el dinero./Y el hombre que lo inventó./ Que aunque sea usted un caballero,/ y le sobre la razón, / lo que impera es el dinero”. “Si el otro tiene dinero,/ yo soy pobre de verdad./ Si el otro tiene dinero. / Pero es tan grande tu maldad, / que siendo yo el que te quiero,/ tú con el otro te vas”. “ Que los besos de una madre, / No hay besos que sean tan dulces,/ que los besos de una madre. / Desde que murió la mía, / nadie ha sabido besarme / como mi madre lo hacía”.

 

La discografía de Manuel Vega “El Carbonerillo”, reducida pero profunda, se encuentra recogida en Discos Regal ,Odeón y Parlophon y con las guitarras de Miguel Borrull, Manolo de Badajoz, Sabicas y El Niño Ricardo nos legó para la posteridad los insuperables cantes por Fandanguillos, Seguiriyas, Soleares, Fandangos, Tarantas, Granaínas y Colombianas. Nadie pone en duda que El Carbonerillo fue “El Rey del Fandanguillo”. Inspirándose en José Rebollo, Manuel Torre y Pepe Marchena creó una “forma especial” de fandango que busca siempre el quejío y el dolor de la seguiriya. Manuel Vega estaba de gira por Málaga con Manuel Vallejo cuando se sintió profundamente enfermo y tuvo que venirse para Sevilla, donde le diagnosticaron una tuberculosis pulmonar. Murió el día 6 de abril de 1937.Contaba sólo treinta y un años de edad. Su mejor biógrafo, Manuel Bohórquez, nos dice: “ Cuentan que el día de su muerte enmudecieron los pájaros de la Macarena; que las damas del mercado del amor de la Alameda se pusieron velos negros en el rostro; que sus amigos, rotos por el dolor, trasegaron hasta caer al suelo; que los aficionados a su cante pasearon de madrugada, como sonámbulos, buscando desesperados su eco dormido. Su entierro, en cambio, fue una triste y solitaria procesión”, cfr. “El Carbonerillo”, pág. 76 (Sevilla, 1976).