PERSONAJES
El Sevillano | El Sevillano |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
ANTONIO EL SEVILLANO (1909 -1988) Llevaba mucho tiempo deseoso de escribir algo sobre la personalidad cantaora de un hombre que me embrujó totalmente desde que yo, era un niño todavía, intentaba imitarlo: Antonio Pérez Guerrero, de nombre artístico “EL SEVILLANO”. El tiempo ha pasado, como pasa todo en esta vida, pero el metal de aquella profunda y desgarrada voz se incrustó en mi garganta para siempre. Tengo la sana y justa intención de reivindicar su memoria y ponerla en el sitio que merece: ha sido uno de los mejores intérpretes de los llamados “cantes acompasaos”. Tal fue su maestría, que don Anselmo González Climent en su obra “ Bulerías. Un ensayo jerezano”.(Jerez de la Frontera, 1961) lo considera uno de sus cultivadores más singulares. Se puede afirmar, sin exageración alguna, que El Sevillano era el compás y la gracia; nació para cantar, y cantar bien. Y nadie duda lo más mínimo que por fandangos fue un verdadero y auténtico “Maestro”.Como cantaor me atrevo afirmar que mientras haya flamenco se recordará el “Fandango del Sevillano”. Espiritual y flamencamente hablando, me siento satisfecho de haberle rendido homenaje en mi “Antología del fandango” (Málaga, 1983), cuando aún vivía, aunque enfermo, el extraordinario cantaor de la calle Macasta, situada entre la Macarena y San Luís, una de las zonas de Sevilla que más cantaores ha dado a la historia flamenca.
Creo, y lo digo sinceramente, que El Sevillano ha sido - como le ocurriera a Juan Varea - un “Rey sin corona”.Porque, ¿quién puede dudar que Antonio fue - hablando en el argot flamenco - “un cantaor muy completo y redondo”? El flamencólogo José Blas Vega lo definió así “...Los buenos aficionados conocen perfectamente la forma flamenca, brillante y dificultosa con que canta por fandangos. Lo que ignoran muchos es que Antonio conoce y domina, a la perfección, el resto de los cantes”,cfr. Diccionario Enciclopédico Ilustrado, T. II, pág. 700.
La vocación cantaora del Sevillano nació con su niñez viviendo en ambientes flamencos: “de casta le viene al galgo”,dice el refrán. Sus padres -cuenta la tradición oral - eran buenos aficionados, y con ellos tuvo que marchar el niño Antonio nada menos que a Alcalá de Guadaira, una de las cunas del cante por Soleá, donde aprendió a cantar junto a El Curilla y Joaquín el de la Paula, en las reuniones íntimas de las tabernas y la Venta Platilla. Era natural, pues, que el ambiente flamenco de la antigua “Alcalá de los Panaeros” fuera calando poco a poco en las extraordinarias cualidades que la “Naturaleza”/Dios había dotado a El Sevillano. Pero lo mismo que hacía filigranas con su garganta, lo aplicaba con un balón en sus pies; y en tal grado que llegó a ser futbolista nada menos que en el Real Betis Balompié, aunque por poco tiempo. Los cantaores Pepe Pinto, Niña de los Peines y, de manera especial, Manuel Vallejo, lo animaron a que dejara el futbol y se hiciera cantaor profesional. Así nació, para honra y gloria del arte flamenco, el meritísimo y “personal” cantaor EL SEVILLANO, quien, en la compañía de Manuel Vallejo, lograría convertirse en una de las primeras figuras de la época, sobre todo después de la Guerra Civil de 1936.
Queremos dejar constancia de que El Sevillano ya había vivido intensamente los ambientes flamencos de la Sevilla de los años veinte y primeros treinta, alternando con numerosos artífices del cante y de la guitarra, entre ellos el mítico jerezano Manuel Torre. En 1936, junto con Pepe Pinto, Niña de los Peines, Niño de la Calzá y Niño de Barbate recorrió una buena parte de la geografía española. La guerra civil le sorprende en Murcia, y acompañado de la guitarra de Esteban de Sanlúcar, cantó con relativa frecuencia por la zona de Cartagena. En 1939, finalizada la inhumana contienda civil, reaparece en Sevilla con La Niña de los Peines, Pepe Pinto y Canalejas de Puerto Real. A partir del año 1940, la vida artística de Antonio el Sevillano se va a desarrollar en las famosas “Compañías de Cante, Baile y Guitarra”. Y así, nuestro biografiado, con Manolo Caracol, Juanito Valderrama y Pepe Pinto, en 1941, recorrerá España entera, bajo el título de “4 Faraones”. En 1943, volvió a la compañía de Manuel Vallejo, alternando con el Niño de Fregenal y El Peluso. “Pasan las coplas” fue un precioso espectáculo donde intervino Antonio el Sevillano (1947), al lado de José Cepero, Paco el Americano y Pepe Marchena. Sería interminable la lista de espectáculos y artistas con los que Antonio compartió, durante su larga vida cantaora, y dio a gozar de su inconmensurable arte y gracia. En los últimos años de su carrera artística cantó en diferentes tablaos flamencos de Madrid, incluso grabó discos con el mismo Paco de Lucía. Una terrible enfermedad le apartó de los escenarios; recibió, al menos, algunos homenajes en su Sevilla natal y Tomares (Sevilla). Murió a los 79 años. GLORIA, HONOR Y HONRA al “ruiseñor del fandango”: ANTONIO EL SEVILLANO.
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