| Enrique Morente. Itinerante Quijote del flamenco |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
ENRIQUE MORENTE, Itinerante Quijote del Flamenco.
dejó escrito el inmortal poeta granadino, Federico García Lorca, en “Canción otoñal”, cfr. O. Completas, Tomo I, pág. 16 (1954). Rauda y veloz me llegó la triste noticia de la muerte de mi inolvidable y llorado compañero Enrique Morente, cuya vieja amistad arranca desde el año 1966, cuando, ambos granadinos, tuvimos la inmensa suerte de ser premiados en Madrid -Casa de Málaga – con el sublime “I Premio de Malagueñas”. El, como profesional; yo, aún todavía, “aficionao”. Poco más de cuatro décadas han pasado para encontrar la muerte en el mismo lugar que lo lanzó a las mayores cumbres del arte flamenco. Porque, a la verdad, Morente ha sido considerado, desde el primer momento, como un auténtico Quijote que andaba buscando la “razón última” del Cante Jondo, es decir, el sentido metafísico y óntico de ese “modus essendi et operandi” de un pueblo que no tuvo más remedio que servirse del arte flamenco- en su trilogía de Cante, Baile y Toque – para expresar el sentido de su vivir cotidiano e inmanente idiosincrasia. Tenía – por qué dudarlo - un talento natural que le impulsaba ineludiblemente a buscar nuevos derroteros de un complejo y enigmático mundo artístico y cultural que, por desgracia, había sido considerado como algo propio de borrachos, de gente baja, de pegavoces, etc. etc.. Algo totalmente falso, y producto – cómo no – de la ignorancia supina de la “milenaria y autóctona cultura” del pueblo andaluz, reconocida, a pesar de sus errores, por el mismo Ortega y Gasset en “Teoría de Andalucía” (Madrid, 1927), primer libro que publicó la Revista Occidente, fundada por el Catedrático de Metafísica de la Universidad Central de Madrid. Hoy, afortunadamente y gracias a la constante labor de artistas, flamencólogos, escritores, poetas, Peñas Flamencas, Universidades, Medios de Comunicación Social .….., ha sido reconocido por la UNESCO “Patrimonio Inmaterial de la Humanidad”, idea que, muchos años antes (Granada, 1922) ya habían defendido, con fundamento “in re”, don Manuel de Falla, Federico García Lorca, Andrés Segovia, Melchor Fernández Almagro, Zuloaga, don Fernando de los Ríos y tantos otros ilustres hombres del Arte, de las Ciencias y de la Cultura. Enrique Morente Cotelo, conocido artísticamente como “ENRIQUE MORENTE”, nació en el típico y monumental barrio granadino del Albaicín el 25 de diciembre de 1942, donde recibiría las primeras lecciones de cante de su propia madre y, de manera especial, de Juanillo el Gitano, Manuel Celestino Cobos “Cobitos de Graná”, mis siempre recordados maestros, y de la familia los Habichuela. Y como nota curiosa – entre otras muchas – debo decir que Morente formó parte del grupo de los seises de la Catedral de Granada. En un principio era conocido como “Enrique El Granaíno. A la temprana edad de 15 años, guiado por sus deseos de aprender, marchó a Madrid, donde frecuentó la amistad y el magisterio de Pepe el de la Matrona, Bernardo el de los Lobitos, Rafael Romero, Manolo de Huelva y otros destacados intérpretes, alternando con ellos en reuniones de “cabales” y fiestas íntimas; la misma función llegó a realizar en Cádiz con el patriarca de los cantaores gaditanos, Aurelio de Cádiz. En los primeros años de su estancia madrileña (1960) le cupo el alto honor de ilustrar diversas conferencias del flamencólogo José Blas Vega, organizadas por la Sociedad Amigos del Cante Flamenco en la Casa de Málaga de Madrid, acompañado a la guitarra por Manolo de Huelva y Vargas Araceli. En 1964, con la pareja de baile Gloria y Camborio, actúa en diversas salas de fiesta, y es contratado para cantar con el ballet de Mariemma, en el Pabellón Español de la Feria Mundial de Nueva York y en la embajada española de Washington. A partir de este triunfal momento artístico, la vida de Enrique Morente se repartirá por los lugares más recónditos del mundo: Europa, América, Africa, Asia … llevando por bandera el arte que él había mamado entre los gitanos del Sacromonte y Albaicín y, por otra parte, deseando ardientemente transformarlo, aunque – eso sí - guardando fidelidad a la tradición recibida. Ese contraste – tradición y renovación – han hecho de Enrique Morente un referente fundamental dentro del desarrollo cíclico del cante. Es cierto – “…y si no es verdad / lo que yo digo / que el cielo a mí me mande /grande el castigo”, dice la Toná – el “Maestro” Morente ha creado – en sentido pleno de “creación – “productio rei ex nihilo sui et subiecti” – nuevas variantes estilísticas a partir de los cánones tradicionales. Es, por tanto, un cantaor actual sin abandonar el pasado. Nadie, hablo como cantaor de larguísima trayectoria, podría negarme que Morente recibió un rico caudal flamenco y ha sabido , objetivamente hablando, aprovecharlo, curtirlo, darle “nuevos ecos” rigurosamente flamencos. Dentro de su heterodoxia, por esa llama viva, inherente e inmanente de su ser, ha procurado mantener y moldear, sin apartarse de las más exigentes pautas musicales de los cantes, y adaptarlas a sus necesidades expresivas. “El ronco del Albaicín” ha sido, sin la menor duda, un renovador del cante flamenco. Y no me duelen prendas – a pesar de mis enfrentamientos personales – en afirmar que el cante del reciente fallecido cantaor – lejos de su tierra nazarí - es un punto de referencia ineludible si queremos conocer el estado actual del flamenco. Así de sencillo. El flamenco – ahora hablo como investigador – es un sistema complejo de vivencias que deben ser estudiadas a la luz de la razón natural. Con la mayor objetividad posible, sostengo que las heterodoxias, que han creído ver ciertos ¿flamencólogos? en Morente, no son más que verdaderas tentativas para fijar una nueva ortodoxia. En esta misma línea está el pensamiento del escritor y poeta jerezano José Manuel Caballero Bonald, en otro tiempo insigne y sobresaliente estudioso del Cante Jondo. Este es mi sentir acerca de uno de los grandes “Maestros “ del Cante, que acaba de dejarnos huérfanos de su voz, pero nos queda su extensa y bien elaborada discografía: Cante flamenco (1967), Cantes antiguos del Flamenco (1967), Homenaje Flamenco a Miguel Hernández (1971); Se hace camino al andar (1975), Despegando (1977); Homenaje Flamenco a Antonio Chacón ((1977); Sacromonte (1982), Cruz y luna (1983);Esencias (1988), En la Casa Museo de Federico García Lorca de Fuente Vaqueros (1990); Morente-Sabicas ((1990), Misa flamenca (1991); Enrique Morente (1992), Alegro, Soleá y Fantasía Flamenca (1995); Omega (1997), Morente-Lorca (1999), Cantes antiguos del Flamenco (2000); Mi cante y un Poema (2001); Flamencopassion. Past, Present and Future (2002); Mi pequeño reloj (2003), Morente sueña la Alambra (2006), Pablo de Málaga (2008) y, sin terminar, “El barbero de Picasso (2010).Entre los muchos galardones y premios, cabe destacar ser “Hijo Predilecto de la Provincia de Granada y “Medalla de Oro de la Ciudad de Granada”… |