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escrito por Alfredo Arrebola   
La Niña de La Puebla

NIÑA DE LA PUEBLA(1908-1999).

El cante es una necesidad psicoantropológica, irrefrenable en el ser humano; se convierte en una estética del vivir y del sentir en el ambiente donde se encuentre la persona que ha sido dotada, gratuitamente, de este sublime don. Así sucede en la inmensa mayoría de los intérpretes flamencos. Son, aparte del egoismo personal, profundamente sinceros. Nos producen siempre la misma reacción: fuerza interna que les lleva a manifestar que tienen que expresar su dolor, o su alegría, a través del cante, baile o guitarra. Esta fue la sinceridad que siempre vi en Dolores Jiménez Alcántara “NIÑA DE LA PUEBLA”: “Nací cantando, y lo necesito. Cuando tengo que llorar, lo hago cantando. Yo todo lo manifiesto cantando. Para mí el cante lo es todo”.Yo comprendo perfectamente las palabras, que tiempo ha, me dijo la inmortal NIÑA DE LA PUEBLA, con la que tuve la inenarrable dicha de cantar en varios festivales.

 

La Niña de la Puebla, privada de luz natural, era dulzura y melancolía en el cante que practicó desde su infancia. La luz, común a los demás seres, se hizo en ella “arte puro”. La vida de La Niña de la Puebla es, sin la menor duda, para llevarla al cine. Es la historia de una superación, de una sevillana que era puro coraje, por encima de todo, pero a la vez una mujer de una sensibilidad extraordinaria. Dolores fue la voz de los campos andaluces, clara, serena, sin estridencias, suave y delicada como la piel de un recién nacido. La flamencología mediatizada ha tenido demasiados prejuicios a la hora de analizar su estilo, olvidando que, además de campanilleros, fandangos y milongas, era capaz de cantar por Seguiriyas, Soleares, Tarantas. De ello puedo dar testimonio fidedigno.

 

Cuando publiqué “Presencia de la mujer en el cante flamenco”, intenté demostrar - en contra de ciertos pseudoflamencólogos - que la mujer tiene suficientes cualidades para “crear, recrear e interpretar” los más obsoletos, raros, difíciles y genuinos estilos flamencos o jondos. Esa, y no otra, fue realmente la trayectoria artística de La Niña de la Puebla. No nos paremos ahora en discutir o analizar el concepto de “flamenco y jondo”, por si alguien quisiera ver a Dolores Jiménez más en lo primero que en lo segundo - error histórico, a mi juicio, - ya que ambos proceden del mismo árbol y del mismo proceso racional, sociológico y artístico. Ahora bien, nadie puede negar que la mujer ha sido siempre copartícipe, y sigue dando ejemplos de verdadero y exquisito interés por conservar la tradicional herencia tanto del folklore andaluz como del arte flamenco en su triple manifestación de Cante, Baile y Guitarra. En la historia flamenca así ha sucedido. No se puede, pues, prescindir de la mujer en nuestro universal arte, máxime en estos tiempos en los que tanto se habla y defiende la “igualdad entre el hombre y la mujer”.

 

En la pléyade de artistas flamencas brilla, con luz propia, fuerza y naturalidad, Dolores Jiménez Alcántara “NIÑA DE LA PUEBLA”, nacida en una tierra netamente flamenca: La Puebla de Cazalla (Sevilla), el 28 de julio de 1908. La Naturaleza, al poco de nacer, le privó de la vista, pero aquella ceguera se transformó en luz clara para conocer los misterios del flamenco. A pesar de esta deficiencia, Dolores era una niña más: corría, jugaba, saltaba y correteaba las calles del pueblo en compañía de sus amigas. Siendo niña aún, marchó a Madrid para estudiar música; después regresó a Morón de la Frontera (Sevilla), y aquí tuvo su primera actuación pública, ganando a continuación dos concursos de cante, uno en Lentejuela (Sevilla), y otro en Marchena (Sevilla),donde ganó una “Copa de plata y onza de oro”.A partir de aquí, se consagrará plenamente al flamenco. Debuta en Sevilla, con 23 años, en el Salón Olimpia, Salón de Variedades, y al año siguiente lo hizo en Madrid. Durante algún tiempo estuvo trabajando con los “Chavales sevillanos”. En el año 1932 estará, junto a Manuel Vega “El Carbonerillo” y José Ruiz “Curruco de Algeciras”, en el Teatro Fuencarral de Madrid. Al año siguiente (1933), contraerá matrimonio con el cantaor Luquitas de Marchena (1913-1965). De este matrimonio, natural y flamenco, nacieron cinco hijos; dos de ellos siguieron los caminos artísticos de sus padres: Pepe Soto y Adelfa Soto. En este mismo año (1933) realiza su primera película, “Madre Alegría”, y también tendrá el honor de presentar en Madrid a Juan Valderrama Blanca “JUANITO VALDERRAMA”.

 

Dolores Jiménez no sólo ejerce de cantaora, sino que dio a conocer también obras lírico-andaluzas por toda España, destacando “Sol y Sombra”,de Quintero y Guillén, y “Cuando la noche es eterna”, de Diego Isern y Lloset. Al inicio de 1936 recorrerá, en unión de su marido, la geografía española dando recitales en los más importantes teatros. Una vez acabada la guerra civil, entrará a formar parte de los espectáculos flamencos en gira por España, entre los que cabe reseñar: 1947,Opera Flamenca, con el Cojo de Huelva; “Pasan las coplas”,con Pepe Marchena. En 1950, “El sentir de la copla” con Manuel Vallejo y José Cepero; 1951, “Toros y Cante”, con Juanito Valderrama; “Así canta Andalucía” (1954), con la Niña de Antequera y Pepe Pinto, y en 1966-67 en “Así canta Andalucía” con Pepe Marchena.

 

Ironías del destino: La Niña de la Puebla , a la que pocos críticos y aficionados le reconocieron su dominio en cantes como la seguiriya y la soleá, murió en un escenario cantando nada menos que por SOLEÁ en la Peña Flamenca de Huelva, el día l2 de junio de 1999:

El queré que te tenía

era poquito y ya se acabó.

Era un castillo mu chico

y el viento se lo llevó”.

 

Su pueblo natal - La Puebla de Cazalla - le ha dedicado una calle, como también lo ha hecho Santa Coloma de Gramanet (Barcelona) con esta regia figura del arte flamenco, Dolores Jiménez Alcántara, de nombre artístico “NIÑA DE LA PUEBLA”. Asimismo, el Ayuntamiento de Málaga, a petición de la Asociación de Vecinos de Pedregalejo, dedicó una calle a la genial y universal cantaora sevillana.