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escrito por Alfredo Arrebola   
LUIS CABALLERO BOHORQUEZ

LUIS  CABALLERO  (1919 -2010)

La vida que no florece

y es estéril y escondida

es vida que no merece

el santo nombre de vida”,

nos dejó dicho uno de los poetas más cultos del  siglo XX  y, además, un “gran aficionado al  flamenco”, José María Pemán (1897-1981). ¡Qué bien reflejan la  larga, dura y fructífera vida de  mi  inolvidable  amigo-hermano Luís Caballero Polo, uno de los mejores intérpretes del cante de la segunda mitad del siglo XX! Lo digo con la mayor sinceridad  posible: me falta espacio para  confeccionar honestamente  este “FORJADORES DEL ARTE FLAMENCO” que,  como  homenaje póstumo, ofrezco  a  este “Gran Caballero del Cante”, recientemente fallecido (24/06/2010), y que supo elevar el cante a la máxima categoría de lo que el  flamenco es por su propia naturaleza. Tengo el  alto  honor de  que su libro “¿Somos o no somos  andaluces? (De la verdad y la mentira del  cante), me lo dedicara de “puño y letra” allá por la primavera  sevillana de 1973, es decir, recién salido de la imprenta. ¡Cuánto bien me hicieron las cuarenta páginas que nos dejó escritas Luís, un hombre herido por el cante. Y ahora mismo, mientras intento  hilvanar mis pensamientos, voy consolándome de su pérdida – “¡ley  natural de vida!” - con ese haz de cantes (Fandangos de Pepe Aznalcóllar, Palanca, Manuel Torre y  Cepero, Mirabrás, Malagueña, Taranto, Polo, Granadina, y Seguiriyas) que nos legó en la “Primavera de 1998 en los Estudios  ALTA  FRECUENCIA DE SEVILLA”, y  apoyado en la sabia guitarra de José Luís Postigo, “Maestro” ya consumado  de la sonanta.

Tampoco puedo pasar de largo el manifestar públicamente que la obra literaria de Luís Caballero me ha hecho pensar y reflexionar mucho. Y así,  “Luis Caballero visto por Luís Caballero. Por entre la guerra  y  la  paz”  (Sevilla, 1992) y  “Historia de Flamencos// Flamencos de  Historias.  Y… Sevilla, entre otras divagaciones flamencas” (Sevilla, 1999) me han llevado ineludiblemente a reparar en  un cantaor convertido no sólo en  digno  escritor, sino que en sus  tratados  se reflejan y aúnan  los  problemas más transcendentales  que el ser humano puede plantearse: la vida, el dolor, la muerte, la guerra, el odio… que  son  fiel reflejo del  sufrimiento  que tuvo que  soportar Luis Caballero Polo, desde  su más tierna  infancia. ¡Ironías de la vida!.  ¿Y qué es la vida? Problema que tanto preocupó a  este humilde y  honrado artista  flamenco. Yo puedo dar fiel  testimonio de su permanente inquietud vital. Pues bien,  para el filósofo francés Henry Bersong (1859 -1941) la vida “es un proceso de perenne  creación, sin principio ni fin, que no adopta dos veces una  misma  fisonomía, sin ninguna  división  de partes  y continuo flujo de donde nada  existe”. El sufrimiento de la humanidad – escribe Hans Küng en “Ser cristiano”, pág. 456 - : ¿quién puede abarcar con la mirada esta “historia del sufrimiento de la humanidad”, frente a la que nada pesan los millones de años de la historia natural anterior al  hombre?. Una historia de sufrimiento en la que el caos, el absurdo y la ilusión ponen radicalmente en entredicho el último fundamento, sentido y valor de la realidad y de la existencia  humana. Pero todo pasa y muere -  recordando al pensador y político Juan Donoso Cortés, a quien  Luís  Caballero veneraba – como pasa  y muere la ola que va deshaciendo la espuma de los grandes océanos. La vida, con sus afilados  aguijones, enseñó a este flamenco “Petronio de la elegancia” más que los libros, lo que se refleja perfectamente en sus escritos. Porque  Luís Caballero ha sido un  cantaor que dedicaba  mucho tiempo a escuchar flamenco y,  consustancial a  él, reflexionar sobre lo escuchado para, luego, elaborar sus  propias  teorías. Por todo ello – no es ninguna  exageración – podemos publicar a los cuatro vientos que Luís era un perfecto observador de cuanto sucede en el complejo y enigmático  mundo flamenco, un verdadero y auténtico  detector  de  los cambios y, en  concreto, un filósofo del  flamenco. Así  lo consideré yo siempre. Por tal razón, pocos dudan de que Luís Caballero haya sido uno de los más profundos conocedores del arte flamenco. El sevillano  cantaor estaba dotado de una  fuerte capacidad de  análisis, de intuición psicológica y, sobre  todo, de una  esmerada y cuidada formación. Era un autodidacta: alguien que se ha hecho a sí mismo, logrando su propia personalidad, por medio de la lectura continuada, el flamenco, las gentes, la vida misma, la cárcel, el sufrimiento, las persecuciones. Y, a la verdad, desde Epicuro hasta el racionalista moderno Pierre Bayle, la “respuesta de los escépticos” a la pregunta de por qué  no impide Dios el mal apenas ha cambiado, aunque Leibniz  ya intentó en su “Teodicea” (1710) dar una respuesta racional a las dificultades que contra la soberanía universal de Dios  suscita la existencia de la desgracia y del mal, de cuyos malignos poderes Luís Caballero sabía mucho. Por eso, desde mi humilde personalidad cantaora, me atrevo a exhortar a  los jóvenes a  que conozcan y estudien su obra no sólo discográfica, sino también la literaria porque, sin duda, Luís Caballero se ha convertido en un auténtico y verdadero icono para la juventud que ansía saber la verdad del  cante, ese que forma parte del acervo cultural del pueblo andaluz. El principio filosófico así lo dice: “Nada es querido, si antes no es conocido”. Luís fue, como hemos dicho, un “filósofo del  flamenco”. Caty León Benítez, baluarte invencible de la flamencofilia, ha  escrito sobre Luís Caballero: “…Una personalidad que se manifiesta por dentro y por fuera, en sus sentimientos, en sus opiniones y hasta en su porte. Las personas, con el paso del tiempo, pueden dejar que sea éste el que los transforme y así ocurre en muchos casos; pero pueden tomar las riendas de este tiempo y hacerse a sí mismos, en su imagen y en su interior, construyéndose de forma consciente y pensada. Este ese el caso de Luís Caballero, quien siendo un autodidacta, no ha dejado al azar su formación, sino que ha seleccionado cuidadosamente, entre las voces y los ecos, aquellos que ha sentido como suyos, ensamblándolos directamente con su personalidad. Cómo no encontrar, entonces, en su  postura, presencia de poetas, de cantaores, de artistas, de personas, que  le han influido y hasta marcado”, cfr. “Luís Caballero: Herido por el Cante” en el CD “LUIS CABALLERO. Al cante: infinitamente agradecido” (Sevilla, 1998).

Un brevísimo perfil biográfico nos dice que Luís Caballero Polo nació el 27 de febrero de 1919 en la localidad sevillana de Aznalcóllar, hijo de Vidal Caballero Ojeda y Carmen Polo Sánchez,  pero será en el campo de Huelva donde crece al compás de los cantes camperos  más puros  y tradicionales. Luís va cantando lo que iba aprendiendo de viva voz y de los grandes maestros de los años veinte y treinta. En 1937, comenzará a deambular por toda España; estudia y practica parte del folklore ibérico, llegando a cantar como tenor en orfeones cántabros, pero desembocará inequívocamente en lo suyo, idest, en lo nuestro: el cante andaluz. Su carácter abierto le lleva a conocer intelectuales, artistas y científicos con los  que comentaba de la importancia y misterio del arte  flamenco. En 1949 se establece definitivamente en Sevilla e inicia una labor de colaboración radiofónica para defender el flamenco puro. Son  numerosos sus recitales y conferencias, al mismo tiempo que escribe en revistas y periódicos. Alterna, asimismo, con las grandes figuras del flamenco: Mairena, Marchena, Niña de los Peines, Juan Talega, Naranjito de Triana, etc. Toma parte en la grabación de los discos “Archivo del Cante Flamenco” (1960), “Festival Antonio Mairena” (1965) y “Misa Flamenca en Sevilla” (1970), aparte de sus discos individuales y otras muchas  distinciones: razones más que suficientes para figurar en “FORJADORES DEL ARTE FLAMENCO”.

                                             Villanueva Mesía-Granada, 12 de Agosto de 2010

 

 

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