Contenidos
PORTADA
María La Canastera E-Mail
Calificación del usuario: / 2
MaloBueno 
escrito por Alfredo Arrebola   

MARIA  LA   CANASTERA  (1913 – 1966)

Todavía la recuerdo en la imagen más verosímil de una gitana modelo en el orden social y artístico. Yo me siento profundamente orgulloso de haber cultivado su fiel y leal  amistad e incluso recibir de su “sabiduría  calé”, junto a Juanillo  el Gitano, las más inspiradas lecciones  del  llamado “Cante gitano”. Jamás  podrá  borrarse de mi mente aquel  saeteril miércoles santo del año 1959 por las estrechas y empinadas calles del  sacromonte granadino, dirigidos - ¡cómo no! – por las sabias  orientaciones de  mi inolvidable  amigo abulense, pero todo granadino, periodista y locutor, Rafael  Gómez  Montero, y  el eco dulce y  sentimental de María la Canastera entonando saetas por Tonás y  Carceleras,  en tanto que Manuel  Ávila, aquel  incansable  ruiseñor  de  Montefrío, abrazado a mi cuello nos dirigíamos al  Santísimo Cristo  del Consuelo – Señor y Padre de todos los Gitanos de Granada, él por ese cante que más  caracteriza a la raza calé, cual es la seguiriya; y  yo, recordando  los ecos del  gaditano Enrique  el Mellizo, rezaba  con su malagueña.¡Qué sublime  espectáculo! Los gitanos, en multitud incontable, llenaban el cielo de roja  luz con sus antorchas. El llanto, la angustia y  el fervor de un pueblo  que sabe encontrar  consuelo  en los misterios sacrosantos de  la religión, se fundían  en  lamentos flamencos: palmas y  olés acompasados. Allí  estaba nuestra admirada amiga y maestra María Cortés  Heredia, la mundialmente conocida como “María La Canastera”, bailaora y cantaora que vio  la luz primera en su querida Granada, el día 27 de febrero de 1913, época  en la que los  cafés  cantantes estaban  a punto de desaparecer.
Si es verdad aquello “… de casta le viene al galgo”, nunca mejor se cumplió como  en La Canastera, hija del cantaor Juan Cortés  Campos, apodado “El  Cagachín”, y de una ilustre gitana Josefa Heredia. María fue bautizada en la Parroquia  de San  Pedro, iglesia   que besa las aguas del río  Darro y, además, testigo silente de  tantas y buenas noches de cante, baile y toque en el famoso “Paseo de los Tristes”, durante los años que  la “Ciudad de los Cármenes” estuvo celebrando sus famosos y bien  recordados Festivales Flamencos, con motivo de las Fiestas del Corpus.
Pasado el tiempo prescrito en la ley natural, María  contraería matrimonio canónico y gitano con José Carmona, natural de Armilla (Granada) y trabajador  en  Obras Públicas. Se sabe perfectamente que su padre, ¡el célebre “Cagachín”!, y toda su familia trabajaban el  mimbre haciendo  canastos: he aquí, pues, la razón última de su apodo. Su hijo, mi buen  amigo Enrique “El Canastero”, nos contaba que aún recuerda, cuando era  niño, que su madre ponía fuera de la cueva, frente a la puerta, una gran  cesta de mimbre  que hacía  las  veces de corralito donde  las  gitanas dejaban  sus  niños mientras  ellas  bailaban.

Por tradición  oral  sabemos que María  se  inició  artísticamente siendo muy  joven   en las  viejas  y  tradicionales zambras  sacromontanas; muy pronto  llegaría a destacar como una artista consumada de difícil  imitación, haciendo de la zambra una verdadera y auténtica  profesión de  fe  artística  y personal. La Canastera  tuvo la suficiente fuerza de voluntad para crear – rara  avis en el mundo flamenco – su propio elenco y su zambra en el Sacromonte  llegó a ser un  lugar conocido en el  mundo  entero. Eran muchos  los  extranjeros que  llegaban a Granada con el firme propósito de conocer  y  admirar la “Zambra de María La Canatera”: Santuario del universo  flamenco. Y como hemos dicho  más arriba, María  cultivó  también – y con mucha ortodoxia - el cante, dejándonos  grabados  varios  discos que lograrían un gran éxito en su época. Asimismo, La Canastera realizó diversas  salidas con su zambra a las más distintas ciudades  españolas y extranjeras, obteniendo  siempre los  mayores  aplausos de un público  incondicional. Uno de esos logros lo llegaría  alcanzar, poco antes de morir, en la Feria  Internacional del Campo de Madrid, allá por el año 1966, exactamente el año de mi inicio  profesional en el Cante Jondo.
María Cortés, la “reina y señora de la  zambra”, logró tal grado de popularidad que fue reclamada por Angelillo y  Pepe  Marchena  para ser  inmortalizada, junto  a la  inolvidable  Carmen Amaya, en la famosa y archiconocida película “María  de la  O”. Es justo y equitativo recordar, “aquí y ahora”, que María La Canastera tuvo el alto  honor de bailar para el  rey don Alfonso XIII, cuya memoria ha  estado  siempre presente en el complejo  y enigmático mundo del  arte  flamenco: Cante, Baile y Toque. Con estos  “mimbres y juncos” – nunca mejor vino la metáfora-  se convirtió en una de las artistas más representativas del  flamenco  granadino. Cualquiera que se haya acercado un poco al flamenco, sabe que el mundo del arte, de la  cultura y el espectáculo hicieron  de su cueva una parada  obligatoria y gozosa. Tras muchos años de fructífera dedicación a la zambra, logró que su  cueva, que a la vez  era vivienda  familiar, fuese  visitada por  artistas  de todo el  mundo. Su casa-cueva y tablao conocieron in situ los rostros, entre otros, de los afamados  Anthony Quinn, Claudia  Cardinale, Yul Brinner, Agustín Lara, etc: ¡Por algo sería!. La raza calé granadina, según  mi criterio, estaba muy bien representada en la genial y polifacética María la   Canastera.
 Todo pasa y muere-  dijo el poeta-  pero jamás se borrará la imagen y figura de la inmortal  María “La Canastera”, cuya cueva la conserva abierta su hijo Enrique el Canastero, haciendo de ella posiblemente la única cueva-zambra que haya hoy en Granada, como un templo genuino y perdurable del arte  gitano del Sacromonte. Nada, por tanto, es de extrañar que la muerte de María Cortés Heredia (1966) fuera sentida por todos los que tuvimos la suerte de conocerla. En el “Ideal” de Granada, y firmado por Rafael Gómez  Montero, apareció una especie de obituario donde puede leerse: “En una cueva del Sacromonte granaíno ha muerto la emperadora de una tribu  calé: María la Canastera. Se lleva prendío  de los volantes de su traje  de lunares un ancho capítulo del  folklore  de Granada. Cuando  llegue la  primavera, cuajada de flores y almendros, de bodas y de alhelíes, de espinas y de sudarios, faltará una saeta al Cristo de los Gitanos, entre  hogueras y cirios. Será la saeta de esa voz curtida al aire del Sacromonte, de esa oración de una mujer que coleccionó cariño de todos bajo  su pelo negro”. Recientemente, el Ayuntamiento de Granada ha honrado su memoria con una  preciosa estatua en bronce, junto a otros inmortales granadinos (Federico García Lorca, Manuel Benítez Carrasco, Mariana Pineda, Elena Martín Vilvadi,  Frascuelo, etc.) y colocada en la Avenida de la Constitución: ¡El pueblo  honra siempre a sus hijos  predilectos!. Por mi parte, yo no tenía la menor duda de que María  Cortés  Heredia “MARIA  LA CANASTERA” tenía que formar parte de este “Forjadores del arte flamenco”.

 

 

NECESITAMOS TU OPINION

Debería la Junta promover aulas de flamenco en los institutos Cervantes