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escrito por Alfredo Arrebola   
miércoles, 21 de mayo de 2008

PILAR  LOPEZ (1912-2008).

El flamenco, lo hemos dicho muchas veces, es una trilogía  formada por el Cante, Baile y Toque. Ignoro por qué se da siempre la primacía al  cante.  No me apetece  plantearme  qué fue primero, si el baile o el cante, si la  quemazón de la garganta – como decía el Profesor Buendía  López  en “Candil”, num.99 (Jaén, 1995) – o ese manoteo desgarrado con el que los primitivos integrantes del baile espantaban los malos mengues y pedían  clemencia  al cielo. No lo sé, aunque la arqueología pictórica nos ofrezca huellas de la danza desde la aparición del ser humano.

 

La historia de la literatura, por su parte, nos muestra cómo los poetas se han estremecido profundamente ante las vibraciones del baile, al percibir este temblor primero de Telethusa, aquella mítica  bailaora de Tarsis, que fue cantada por los poetas romanos: Marcial, Ovidio, Juvenal , etc. Lo que me preocupa es dejar bien claro  el valor  y la importancia que ha tenido el baile  en la cultura andaluza a través del flamenco y, de manera especial, por medio de aquella “madrileña de San Sebastián”, como solía llamarse a sí misma Pilar López  Júlvez, fallecida el día 25 de marzo del presente 2008. Su figura y genio siguen presentes en todos los aficionados, ya que Pilar, en síntesis, quedaría definida como la mujer que consiguió revolucionar el baile español en el siglo XX  y, posiblemente, la profesional más destacada y brillante de su época, con un talento natural sólo equiparable al del inmortal Vicente Escudero (1885 -1980), ambos -¡qué casualidad! – murieron  poco antes de cumplir los  96 años.

Un texto, publicado en “La Esfera”, Año II, nº 57 (Madrid, 30/01/1915), del olvidado poeta malagueño Ricardo León (1877 – 1943) nos lleva a comprender la importancia del baile a  través de todos los tiempos. Allí podemos  leer: “…¡Baile  andaluz, de clásico abolengo, flor y nata de las alegrías españolas!. Nadie le mire con desdén, ni desprecie a la guitarra por plebeya, que en esta noble rival de la lira y en estas danzas, prez y orgullo del Genil y del Betis, se pintan, como en espejos gloriosos, la historia, las costumbres y el carácter de la raza. Busquen otros, con afán, las exóticas elegancias de la  Duncan; yo echaré  siempre mi capa española al paso arrogante y gentil de la Musa de mi tierra, de la Pastora Imperio…”.¡Cualquier  cosa!. Pues nada  menos que con  esta “emperatriz del baile”,  La Malena, Juana la  Macarrona y  otras eminencias de la danza,  inició su vida artística en los  cafés cantantes de la segunda década  del  pasado siglo la “divina lorquiana”  Pilar López, que así ha sido  llamada por su íntima conexión con la  obra de Federico García  Lorca  a  través de su hermana Encarnación “La Argentinita” (1895 -1945). Pues  es de conocimiento  básico, en el campo flamenco, que Pilar López llegó a interpretar las canciones populares que armonizara el poeta  de Fuente Vaqueros (Granada), “pero con un aire más agitanado que el de su hermana, con un tono alejado de una soprano”, tal como escribe Juan de Loxa, amigo  y admirador profundo de la bailaora y coreógrafa, quien tuvo a gala ser profesora de todos los grandes de la danza española: José el Greco, Rafael Ortega, Antonio Gades, Farruco, El Güito”, Dorita Ruiz, Alicia Diaz, Mario Maya, cordobés granadino, de cuyos labios  salieron las siguientes palabras: “Pilar López fue una de las personalidades más importantes del arte español; los mejores bailaores que ha hecho España los ha hecho ella. A diferencia de otro grande, Antonio el bailarín, que era “él solo”, Pilar tuvo la delicadeza de enseñar lo que sabía. La conocí en el tablao Zambra de Madrid en los años cincuenta. De ella aprendí todo: desde combinar el color de un traje hasta coreografía. Yo no sabía el oficio y de ella lo aprendí, cfr. “Ideal”  de Granada, 11 de abril de 2008.

 

Es sumamente difícil trazar el  perfil  fiel y completo de Pilar López, una mujer valiente que a los quince años comienza su vida profesional. Lo hace independiente de su hermana; no quiere influencias y, sólo por sus méritos, entró a formar parte  en el mundo de las “varietés”. Pilar  crea su propio espectáculo, donde toca el piano, canta y luego baila. Tal éxito alcanzó, durante los años 1923 a 1928, que  eran conocidas sus actuaciones en el Price, en el Príncipe Alfonso, en el Teatro La Latina, Romea, etc. En 1933 baila  junto a  su hermana que estrenaba “El amor brujo” en el Teatro Falla de Cádiz. Con esta actuación, Pilar  López quedará unida a la vida artística de su hermana hasta que muera (1945). De  Cádiz  irá  al Teatro Español de Madrid, luego recorrerá las provincias españolas para  terminar, más tarde, en  el Teatro de Champs  Elysées, de París. Viaja por América que la recorre de arriba abajo. En 1943, Argentinita estrena en el Opera  House de Nueva York, su gran obra “El Café de Chinitas”, donde Pilar tomará parte importante. Recorren Norteamérica acompañadas por las grandes orquestas de Filadelfia, de Chicago, de Boston y de San Francisco. Con la muerte de su hermana, se deshace la compañía y, muy afectada, decide no bailar. Un año estará alejada del baile. Vuelve a formar compañía, que llamará “Ballet Español de Pilar López”.Para este nuevo espectáculo llama a bailarines que  ya habían estado con ella en América: José  Greco, Manolo Vargas, Rafael Ortega, y busca otros nuevos para completarla. Era el año 1946, y la presentación tuvo lugar en el Teatro Fontalba de Madrid, con obras de coreografía  suya y  otras de su hermana. El éxito no pudo ser mayor, ofreciendo una ovación prolongada en  recuerdo de la inmortal Argentinita. Los críticos siempre han elogiado el virtuosismo y la autenticidad del estilo puro e inconfundible de Pilar López, y de manera especial su arrolladora personalidad. Incluso todos coinciden en que la elegancia y la sobriedad fueron las constantes aspiraciones de esta famosísima bailaora; Pilar  siempre huyó de cualquier efectismo y antepuso la pureza del baile a cualquier otro elemento escénico. Fue, además, una artista innovadora y  no menos valiente a la hora de presentar sus creaciones, se le atribuye  la invención del “baile de la Caña” – aunque ella lo atribuía a su hermana – y del “baile por Caracoles”, amén de las espléndidas y maravillosas coreografías de los más destacados compositores de obras teatrales y musicales: Lorca, Valera, Marquina, Benavente, Falla, Albéniz, Ravel, Rodrigo, Granados…..

 

Por su larga e intensa carrera artística Pilar López, que estaba casada con el músico y director Tomás Ríos, se había hecho acreedora a las más notables distinciones y galardones: Premio Nacional Coreográfico Amadeo Vives (1947); dos “Copas de Plata” en Nueva York a la mejor intérprete de bailes de España; Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid (1954); Cruz y Lazo de Isabel la Católica; Sagitario D`Oro  le concedieron en Italia (1976). En 1995 recibió la “Medalla de Oro” de Andalucía; fue “Premio Niña de los Peines”, “Maestra del Baile de la Bienal de Sevilla y en 1997 y 98 los homenajes del Festival Nacional del Cante de las Minas (La Unión) y del Ballet Nacional de España. En 2006 fue galardonada con el “Premio de Honor” de la IX edición de los premios Max de las Artes Escénicas, larga serie de títulos que nos hablan de su insigne y trascendental magisterio. Retirada en 1974 y jubilada en 1982, volvió a la actividad en contadas ocasiones, sólo para revisar el “Concierto de Aranjuez” de su discípulo  Gades (1979) y los del Ballet Nacional de España y de Elvira Andrés en 2001 y 2002. Yo tuve la suerte de conocerla  en Granada, gracias a  Fernando Lastra, médico, guitarrista y cantaor, y el primero que interpretó  la “Baladilla de los tres ríos” por Tientos en honor de Pilar López, quien  merecidamente ocupa las páginas de este “Forjadores del Arte Flamenco”.