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escrito por Alfredo Arrebola   
Porrina de Badajoz = Jose Salazar Molina

PORRINA DE BADAJOZ (1924 -1977)

Se ha dicho que Extremadura es, ”artísticamente”, una proyección de Andalucía. Creo que no hay error en tal afirmación, y ni siquiera hipérbole. Esta supuesta histórica afinidad se da no sólo en el Cante, Baile y Toque; también en los Toros: dos manifestaciones artísticas que definen a estas dos Comunidades. Lo que nos permite afirmar que el flamenco es, por su propia naturaleza, un fenómeno artístico, cultural y, al mismo tiempo, universal. Por ello no es raro encontrar artistas flamencos en las diferentes tierras españolas. La tierra de los inmortales conquistadores y exploradores de ultramar no podía ser una excepción. Extremadura, tierra de ancestrales costumbres y variadas formas flamencas, se ha proyectado también hacia Andalucía, es decir, ha existido una reciprocidad mutua entre ellas .

 

De esta multiforme tierra extremeña saldría un artista flamenco , el más representativo y universal, que llevó a gala y honra dar a conocer el nombre de su tierra natal: José Salazar Molina “PORRINA DE BADAJOZ”, quien, como tantos otros extremeños , no tuvo más remedio que emigrar para encontrar el triunfo que artísticamente merecía. Me cupo la suerte de conocerlo personalmente a través de mi “Maestro de guitarra”, - injustamente olvidado - PEPE DE BADAJOZ, con quien hice mi primera grabación discográfica en el año 1966. El me enseñó viejos estilos flamencos que yo compartía con Porrina y con la guitarra de Justo de Badajoz, hijo del famoso guitarrista MANOLO DE BADAJOZ.

 

Gracias a Pepe de Badajoz llegué a conocer bien a Porrina de Badajoz, quien - según mi criterio - era un cantaor que lo reunía todo: compás, duende, genialidad flamenca, creatividad, atractiva personalidad y una voz - de manera especial la llamada “media voz” - inimitable que igual rompía el techo más alto, que caía a gran velocidad en picado ( tenía “ electricidad en la voz” ) para ponerse ante unos “medios tonos bajos” en falsete que muy pocos cantaores han poseído en la historia del cante flamenco, según leemos en “PORRINA DE BADAJOZ. CANTES INÉDITOS”. Y más adelante se añade: “... lástima que Porrina no bebiera en una fuente más seria en los cantes a ritmo, pero a pesar de todo en su época triunfó, fue primera figura y con orgullo se dio a conocer, y con su cante paseó el nombre de su patria chica llamándose Porrina de Badajoz”.

 

El cante, como toda manifestación artística, está sometido, en gran parte, a la subjetividad. Esto me permite manifestar, como un intérprete más, que los “ecos flamencos” de Porrina de Badajoz me han llamado siempre la atención y me he regocijado con ellos. Y lo afirmo lleno de gozo, ya que tuve la suerte de participar con él en varias fiestas particulares en Los Boliches-Fuengirola (Málaga) y en Madrid, acompañados a la guitarra por Pepe Badajoz y Juan Salazar “Porrina hijo”. Describir aquellas fiestas, no tiene sentido; pero sí debo resaltar que en ellas pude conocer al auténtico y personal Porrina en los más variados estilos, sobre todo en Tientos, palo/estilo que él dominaba desde el inicio de su carrera artística, y en el que se notaba un sello propio, así como en los Tangos y Jaleos extremeños, formas características y específicas de aquellas tierras vecinas de nuestra Andalucía. De lo que nunca se ha dudado - creo yo - ha sido de la majestuosidad y grandiosidad estética del cante por Bulerías en la voz del universal gitano extremeño, así como del perfecto dominio que tenía Porrina del Fandango, con la particularidad que él sólo conocía, pero muy bien, los estilos de Pepe Marchena, Niño de León y Juan Varea. Me atrevo a decir que hizo de este “palo” de la baraja flamenca una verdadera y auténtica creación. Más aún: a Porrina de Badajoz - como a Marchena - había que oírlo despacio y analíticamente para poder apreciar qué duendes flamencos corrían por sus venas y de qué voz tan privilegiada estaba dotado; de ella dejó dicho Manuel Vallejo: “...Porrina es el bajo más grande de todos los tiempos”.

 

El perfil biográfico de Porrina de Badajoz va íntimamente ligado a la recia personalidad gitana del cantaor extremeño. Francisco Zambrana Vázquez lo define así: “... Porrina de Badajoz, vestir extravagante, calcetines chilones, porte de marqués, clavel en la solapa y gafas oscuras ( para ver lo que yo quiero)” vivió siempre como un bohemio y cantó como él decía (“por deber de raza”) que heredó de sus padres; en nuestra tierra se ha convertido en un mito del que se cuenta miles de anécdotas y al que ahora le salen cientos de amigos que hacen difícil llegar a la verdad de las mismas. Timidez, pacifismo, generosidad y gran orgullo de su arte, son sus constantes; Porrina despreció siempre el dinero por el dinero, nunca le dio importancia. Porrina es un libre pensador, un anarquista emocional, sin escuela, un culto sin catecismo, y un dandy en el país del tocino y de la envidia”. La estancia de Porrina en este mundo fue breve: del 13 de enero de 1924 al 18 de febrero de 1977; era hijo de Juan (natural de Zalamea de la Reina) y de Ana (natural de Badajoz).

 

La discografía de Porrina es bastante amplia, pero mal cuidada debido a circunstancias personales y económicas; está recogida en una Antología que editó la Casa Belter con motivo de su fallecimiento. La Federación de Entidades Flamencas de Extremadura le rindió un homenaje, dedicándole un ciclo de Arte Flamenco durante 1985 y 1986. Extremadura ha perpetuado su memoria con la erección de un monumento en su ciudad natal, Badajoz. El mundo flamenco conserva la admiración y respeto hacia el inmortal José Salazar Molina, conocido en el campo artístico como “PORRINA DE BADAJOZ”.