PERSONAJES
Sernita de Jerez, Manuel Fernández Moreno | Sernita de Jerez, Manuel Fernández Moreno |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
| jueves, 27 de marzo de 2008 | |
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Aquel terrible enemigo del cante y de los toros, llamado Eugenio Noel (1885-1936), nos legó, a pesar suyo, la mejor definición del cante flamenco: “Er cante no cabe en er papé”. Y tenía razón el escritor madrileño, porque ¿quién es capaz de definir debidamente nuestro cante, baile y toque que forman la trilogía del arte flamenco? ¿Quién tiene la suficiente inspiración para contar correctamente qué ha sido y qué es Jerez de la Frontera, catedral del vino, del cante y de los toros? Porque nadie, sin la menor duda, puede negar que Jerez ha ofrecido a la historia flamenca toda una serie de grandes figuras no sólo en calidad, sino también en cantidad. En este sentido, es clara la tesis del poeta y flamencólogo Manuel Ríos Ruiz, quien afirma: “… Jerez continúa siendo la cuna flamenca que mayor número de profesionales registra, al igual que allá en los principios del siglo XIX. El porcentaje, en comparación con las demás comarcas, prosigue siendo sorprendente.
Ni Sevilla y su provincia, ni siquiera Cádiz y los Puertos, superan a Jerez en este aspecto, en el plantel cantaor mantenido a lo largo de los tiempos”, cfr. “Historia del flamenco”, Tomo IV, pág. 189 (Sevilla, 1996). Como también podemos afirmar rotundamente que Jerez cuenta, desde los más remotos tiempos, de unas connotaciones “sui generis”, especiales y distintas de los demás pueblos andaluces que han creado estilos flamencos. Cualidades específicas y distintivas, con sus barrios de Santiago y san Miguel, que hacen de él como un emporio del cante por Bulerías dentro de la geografía del flamenco. En síntesis: Jerez es la cuna que más artífices ha dado a la música autóctona de un pueblo que no tuvo más remedio que cantar. Pues bien, en esta tierra del vino, de los toros y del cante nació, el día 25 de mayo de 1921, una de las figuras más sobresalientes que ha conocido el siglo XX, el jerezano Manuel Fernández Moreno, conocido artísticamente como Sernita de Jerez, gitano de pura casta y padre de una estirpe de artistas. Hay quienes afirman que su nombre artístico está enraizado con uno de los afamados cantaores jerezanos, Joaquín Loreto La Serna, “Lacherna” debido a la fonética andaluza, que se distinguió por su eco seguiriyero y la especial peculiaridad que imponía a sus cantes. Sin embargo, José Manuel Martín-Barbadillo, persona de absoluta confianza, afirmaba que Sernita de Jerez no tenía parentesco alguno con Lacherna. Según testimonio de un primo del Sernita de Jerez, Fernando Fernández Jiménez, conocido en Jerez por el Serna, el origen del apelativo de nuestro protagonista habría que buscarlo en la famosa cantaora La Serneta. Fueron sus padres Fernando Fernández Menéndez y Mercedes Moreno Gálvez, y contrajo matrimonio canónico con Luisa Loreto Moreno –nieta de Charamusco (José Loreto Romero, Jerez, 1903-1970) - en la parroquia de Santiago y La Victoria el día 7 de abril de 1946, de cuya unión nacieron seis hijos; dos de ellos son artistas: Curro de Jerez, guitarrista, y Manuela La Serna, bailaora.
Sernita, siendo un niño, trabajó en una barbería en plena calle Larga de su Jerez y en el campo, como todos los gitanos del barrio de Santiago, bajo el gobierno, como explicaba Tía Anica la Piriñaca (Jerez, 1899 -1987), del padre de Tío Gregorio “El Borrico” y el padre de Parrilla - cfr. “Rito y geografía del cante”” (TVE-2) – quienes, escardando, cogiendo semillas o vendimiando, todos estos gitanos cantaban para reventar.
Manuel Fernández “Sernita de Jerez” cantaba desde pequeño, porque su padre cantaba y le enseñaba los cantes, dándole – como los gitanos antiguos – un varazo cada vez que se equivocaba, según testimonio de su hijo Curro, quien me acompañó con su guitarra en algunos de mis recitales en Madrid. Además, por familia directa le venía el cante, ya que era sobrino de Tío Cabeza (Francisco Fernández Ramos (1877-1955), gran seguiriyero, de El Tati y su hermano Juan Fernández Carrasco, Juanichí el Manijero (Jerez,1879-1934), y primo, por tanto de Tío Parrilla – hijo del anterior - , de Tío Borrico y Terremoto de Jerez. Artísticamente se inició en su tierra natal, actuando en el marco de las ventas El Narigón y en La Plata. Según el Diccionario Enciclopédico del Flamenco (Tomo II, pág. 692), Sernita se presentó ante el gran público en el jerezano teatro Eslava, en el año 1935, con tan sólo quince años. Se trataba de una función de las llamadas de ópera flamenca en la que también figuraron Niño Flores, Ignacia Loreto, Eloisa Albéniz, Sebastián Núñez, Javier Molina, Isabelita de Jerez y Rosa Durán.
Sernita estaba dotado de una voz clara y limpia, así como de un sentido innato del ritmo y compás. Su gran especialidad fueron los cantes por malagueñas y de Levante, además de los cantes genuinamente “gitanos” de Jerez: seguiriyas, soleares y bulerías. Siempre cantaba las letrillas evocando las penas y el sentido del resentimiento de lo que han sido las persecuciones gitanas y la amargura, y también evocando a Dios. Tuvo, por otra parte, una especial devoción a su madre, tal como referiría El Sordera de Jerez a José María Castaño en “Manuel Soto, Sordera de Jerez. La elegancia del Duende”. Signatura Ediciones 2005. Este mismo cantaor afirmaba rotundamente que Sernita de Jerez tenía una buena gama de variantes de soleá, de seguiriyas, malagueñas, y se llevó muchos cantes a la tumba sin grabarlos.¡Qué pena!. El Serna era uno de los cantaores más largos que ha dado Jerez y quien mejor evocaba el eco de Chacón. ¡Y sin embargo en su misma tierra dudaron de la hondura de sus cantes! Hasta los mismos cantaores y aficionados lo tenían desterrado. Tía Anica la Piriñaca llegó a decirle a José Luís Ortiz Nuevo: “…El Serna tenía la voz mu llena, mucho torrente, y cantaba bien, pero el cante del Serna no dolía porque no cantaba flamenco. Cantaba mu bien, conocía to los cantes, pero ni por seguiriyas ni por na cantaba flamenco, ni por soleá, y lo hacía to; por bulerías cantaba algo mejor”, cfr. “Anica la Piriñaca. Yo tenía mu güena estrella”, pág. 127 (Ed. Hiperión, Madrid, 1987). Pero el tiempo lo pone todo en su sitio y la admiración por Sernita crece día a día; su figura, por tanto, se ha rescatado.
Desde que lo conocí – cuando cantó en los Festivales de Granada (1963) – he sido un ferviente admirador de Sernita de Jerez, porque fue un cantaor majestuosamente bueno; un cantaor tremendamente ortodoxo e imprimiendo a los cantes un especial temperamento. Fue, por desgracia, un cantaor que estuvo muchos años en la sombra, a pesar de sus magníficas cualidades artísticas para cantar tanto para el baile – como lo demostró los diez años que estuvo con Antonio y, antes (1957-58), con Susana y José- como en solitario, tal como lo demostró al conseguir los Premios de Soleares, Alegrías y Malagueñas del Mellizo en el Concurso Nacional de Córdoba en 1957. Y- ¡como no!- en esas antológicas grabaciones por Seguiriyas, Cabales, Soleares, Alegrias, Malagueñas con las guitarras gitanas y familiares de los hermanos Moreno Jiménez: Juan y Manuel Morao. Un análisis objetivo de la discografía que nos legó Sernita de Jerez nos hace ver, plena y claramente, que el cantaor jerezano ha sido una de las eminencias flamencas que siguieron con fidelidad la antigua pauta, que tuvo en don Antonio Chacón a su máximo exponente. Ahora, tras su muerte (9 de febrero de 1971), los buenos aficionados recurren a la corta pero valiosa discografía que dejó Manuel Fernández “SERNITA DE JEREZ”, una de las más importantes figuras del cante de Jerez, cuya bandera, como dijo Juan de la Plata, ha paseado con orgullo por muchos países. Por éstas y otras muchas razones, su nombre queda registrado entre los “FORJADORES DEL ARTE FLAMENCO”. |