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Arte Flamenco, Venero de luz inmortal...... Imprimir
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escrito por Carlos Benítez Villodres, Escritor y Poeta   
martes, 11 de diciembre de 2007

Así habló el eximio poeta granadino Federico García Lorca: “Causa  extrañeza y maravilla cómo el anónimo poeta del pueblo extracta en tres o cuatro versos toda la rara complejidad de los más altos momento sentimentales de la vida del hombre”.

 

La Ciudad de Jumilla, gracias al amor, trabajo incesante y tesón  de sus habitantes es  bien conocida y admirada dentro y fuera de nuestras fronteras por la humanidad sin límites y sin sombras de sus gentes, por la calidad de sus vinos, por su imparable progreso industrial, así como por  su  riqueza  artística. Pues bien, esta localidad murciana se prepara para celebrar con todo esplendor, exquisitez y elegancia el 13º Festival Nacional de Cante Flamenco Ciudad de Jumilla.

He estado varias veces en esta tierra sumamente bella, fecunda y emprendedora. Un paraíso de vida en continuo gozo, donde la bondad y la alegría nacen y conviven, serenamente, en  cada corazón. Y, mientras mi espíritu libaba luz y gloria de su hermosura vivificante, y saboreaba los innumerables encantos de esta ciudad de trigo y cielo, afloraban en  mi memoria aquellas emblemáticas y luminosas palabras de Camarón de la Isla:

Si te miro a ti

que salga el sol o no salga

¿qué me importa  a mí?

Verdaderamente, el jumillano sabe a la perfección que el Arte Flamenco es, para el hombre de corazón  sencillo y  bondadoso, el venero de donde surge lo más puro, lo más sagrado, lo más íntimo del pueblo. Un pueblo que engendra en los hondones de su alma la grandeza de este arte tan exquisito, de este arte  todo verdad y sentimiento, porque el  flamenco es poesía sincero e inmortal. Una poesía sin manipulaciones ni laberintos  privados. El flamenco es ese latido vital y generoso del pueblo y para el pueblo. Un arte, decía, tan  ligado a la poesía que cada día tiene más amantes que se dedican en cuerpo y alma para darle mayor esplendor, gloria y universalidad, como en su día lo hicieron D. Antonio Chacón, Manuel Torre, Enrique el Mellizo, Silverio Franconetti, La Niña de los Peines, Juan Breva, El Cojo de Málaga, Pepe Marchena, Antonio  Mairena, Manolo Caracol, Juan Varea, Tomás Pavón, Porrina de Badajoz, Bernardo el de los Lobitos, Naranjito de Triana, Camarón de la  Isla,  Juanito  Valderrama,  etc., y aún lo continúan haciendo Alfredo Arrebola, Fosforito, Calixto Sánchez, José de la Tomasa, Enrique Morente, José Menese, Chano Lobato, Maite Martín, José Mercé, Luís el Polaco,  Francis  Bonela, Carmen Linares, Virginia Gámez, Niño de la Ribera, Luís de Córdoba,  Rocío Bazán, Macarena de Jerez…, y tantos, tantos, que la lista, sería interminable.

 

Precisamente el Profesor-cantaor Alfredo  Arrebola nos dice: “El cante no se siente, se vive. Es un cante limpio, de campo, cante muy rara vez conjuntado con este mundo artificial y mercantilista en  donde vivimos. Por ello, es un arte universal, al tiempo que andaluz y español, debido a su inspiración profundamente humana y por la  fuerza elemental con  que directamente expresa problemas radicales del hombre: sentimientos  y  preocupaciones, deseos y experiencias en la misma medida que en la poesía”.

 

Hoy, gracias a Dios, podemos decir que el arte flamenco está más vivo que nunca. Ese venero y caudal de luz inmortal reluce cada día con mayor intensidad, y empapa con  su esencia inmaculada los corazones de quienes nos consideramos verdaderos amantes de este legado tan nuestro y del que tan orgullosos estamos de poseerlo.

 

El pueblo genera, purifica y expande, con su reconocido amor y entrega, con sus gozos, lágrimas y pesares, la verdad carismática de este arte que se amamanta de los cielos que  albergan  sus entrañas, donando al mundo la sabiduría innata del  hombre y los sentimientos que le acompañan en su peregrinar por este mundo hacia las cumbres de su  propia identidad. Ricardo Molina, con una claridad total, confirma lo anteriormente expuesto al escribir: “Jamás un cantaor será un rapsoda de hazañas o aventuras exteriores de un pueblo, ni siquiera de una familia. Lo que el cante expresa son sentimientos e intuiciones radicales, vivencias humanas y colectivas; por eso, al correr  del  tiempo, se le buscó un epíteto que lo definiera: Cante Jondo”.

 

Jumilla se hace un solo corazón, mientras se dispone con  vigor y entusiasmo sin  fronteras a transmitirnos en su 13º  Festival Nacional de Cante Flamenco el  sentido, la verdadera comunicación espiritual y metafísica del  hombre con el  hombre, del pueblo con el pueblo, de las generaciones pasadas con las  presentes, porque, en definitiva, el  cante flamenco es absolutamente vivencial y poético por sí mismo. Su historia es fecunda, precisa y  vital como la de cualquier  otro arte. Tiene savia con fragancia de duende enigmático, emotividad y lirismo propio desde sus raíces  ancestrales hasta sus  frutos de todos los tiempos. Tiene vida, caminos y horizontes propios que constituyen su sustancia en su concepto e identidad  universal. Sustancia clara y  radiante como su  luz plena de gloria y armonía y como cada latido de su caudal inmortal. Así es el Arte  Flamenco: un  misterio, una luz, un caudal, un  mundo tan  especial y delicado en  su  sentido trascendente, que cuida y perfecciona con  embrujo todo aquello que lo conforma bajo la sutil  mirada del  tiempo, mientras da testimonio de su grandeza y diversidad.