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El flamenco fenómeno cultural (2) PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   

Hipólito Rossy, en su maravillosa obra “Teoría del cante jondo”,pág. 19 (Barcelona,1966), nos dejó dicho que “... la música de un país forma parte de su cultura; y si tiene una cultura propia, la música es propia también.. Desde fuera vienen ideas, teorías, sistemas, influencias, en fin, y el pueblo que las recibe asimila los elementos extraños que concuerdan con su sentir, formando con todo ello su cultura propia. Porque ninguna cultura arranca de cero ni permanece encerrada en el territorio en que se asienta, extraña a influencias externas”.Esto es lo que realmente le ha sucedido al flamenco (Cante, Baile y Toque),pues bien sabemos que Andalucía fue hollada por distintas tendencias para mayor incremento de lo que hubo de ser su propia cultura. Ejemplo claro y fehaciente está, sin prejuicios, en nuestra América, lugar - afirma Manuel Cerrejón en “Los cantos hispanoamericanos en el mundo del flamenco-Ida y Vuelta (Sevilla,2002) - donde, de algún modo, se siente y hasta se interpreta el flamenco.

Alguien dejó escrito, y en este caso - me parece - con rigurosa exactitud , al referirse a la aportación del pueblo gitano-andaluz al Flamenco en general y al Cante en particular, que el flamenco “ viene del primer llanto”, haciendo mención a los cantes de los individuos de aquella etnia que, justamente al principio o, por lo menos, al principio que nos es conocido históricamente, cantaron coplas de aflicción y de sojuzgada sumisión característica de las minorías marginadas y perseguidas. Aunque el fundamento metafísico - hablo como Cantaor - del cante no sea otro que el problema psicovivencial del hombre.

 

Es indudable, vuelvo a repetir, que antes de la llegada de los gitanos en el siglo XV debieron existir en Andalucía modos y formas musicales autóctonas que posteriormente pudieron fundirse con los estilos gitanos; aquellos y éstos a la vez influidos con la música de Al Andalus, derivada de las formas griegas y persas que tuvieron su entrada en la España musulmana, con la venida de aquel legendario bagdadí ZYRYAB, músico privilegiado, luadista insigne y noble poeta.

 

El flamenco, psicoantropológicamente considerado, es “una queja resignada” que dijera un poeta anónimo andaluz, lo que constituye un auténtico tratado de “sabiduría popular” y, por tanto, entraría en el área de “Ciencia Popular”, es decir, del Folklore. Por tal motivo, el flamenco nunca será un canto coral. Es el canto/cante del hombre en su entera soledad, inicialmente solo, más tarde abrazado a la guitarra, cantando penas y alegrías; más penas que alegrías. Porque así es la vida terrenal:”EL CAMINO DE LA VÍA/ REGANDO VOY CON MI LLANTO; / SON TAN GRANDES MIS QUEBRANTOS / QUE TENGO LA FE PERDÍA / Y EL MUNDO ME CAUSA ESPANTO” que nos recuerda la sublime malagueña de la inmortal Trinidad Navarro Carrillo “La Trini”.

 

Por tanto, si la cultura no es solamente lo creado o transformado, sino también el acto propio de la creación o transformación, es claro y evidente que muchos artistas flamencos han contribuido al proceso cultural andaluz y lo hicieron en una permanente actitud combativa, incansable, motivados en una alta misión que tenían que cumplir. Esto no fue más que la noble actitud frente a las críticas debeladoras que, desde Eugenio Noel hasta nuestros días, aportaron el desprecio de su infinita ignorancia contra esta manifestación artístico-cultural. El último paladín ha sido, sin la menor duda, Antonio Mairena, que supo luchar contra todo y contra todos y mantenerse hasta el fin de su vida firme a sus convicciones de la importancia artística y cultural del flamenco, en opinión de Francisco de la Brecha.

 

Por eso, cuando un pueblo alcanza el grado de maduración e identificación en su cultura, siente una necesidad vital, inaplazable: el impulso de ser “él mismo”.Porque un pueblo es, en tanto se siente identificado con unos valores culturales propios, auténticos, genuinos y originales, según los cuales se ha ido tallando su imagen en el fluir del tiempo. Siempre se ha dicho que un pueblo sin conciencia cultural es un pueblo sin fisonomía, sin definición, sin pulso, es decir, una multitud organizada. Pero el pueblo andaluz está perfectamente definido en su trayectoria artística y cultural, y una de sus formas expresivas está, exactamente, en el Arte Flamenco.

 

En estos tiempos en los que nuestros pueblos y regiones/autonomías aspiran a “ser ellos mismos”, sin detrimento del patrimonio común nacional, antes bien reforzando y vigorizando el sentimiento único de Patria, me parece que es saludable exaltar y encomiar todos los valores locales y autonómicos, con vistas a una adecuada definición de nuestro ser regional-andaluz. Ante estas breves reflexiones, me acuerdo - como Cantaor e Investigador - de las palabras del eximio poeta García Lorca, quien hablando de Manuel Torre “Niño de Jerez”(1878-1933) afirmaba que él era “.... el hombre de mayor cultura en la sangre que había conocido”. Y, sin embargo, sabemos que Manuel Torre, un gitano de porte faraónico, apasionado y violento, no sabía leer ni escribir. Y es que “Cultura” no es sinónimo de título universitario. Mi larga vida cantaora me ha hecho comprender que la “Universidad de la vida” da al hombre una plena y auténtica sabiduría: saber encalar las calles, tomarse una copa de vino, darse bien la mano, etcétera, es CULTURA. El pueblo andaluz, sin esfuerzos, lo ha demostrado plenamente.