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El flamenco, identidad andaluza PDF Imprimir E-Mail
escrito por Alfredo Arrebola   
lunes, 29 de octubre de 2007

Vengo observando, desde hace años, un gran interés en adquirir conocimientos sobre folklore andaluz y cante flamenco. Este interés no ha quedado reducido al viajero turista que llega a nuestra tierra y queda encantado de nuestras tradiciones, indumentarias, ferias, romerías, toros y cante flamenco, cualquiera que sea su clase, sino que ha calado profundamente en los centros docentes, desde la Enseñanza Primaria hasta la misma Universidad. ¿Por qué esto? Porque nadie puede negar, objetivamente hablando, que el Arte Flamenco representa un fuste básico de la identidad cultural de nuestra meridionalidad. Su amplio diapasón de variedades musicales y artísticas es poderoso manantial que explica y transmite las vivencias más íntimas, los sentimientos más profundos del alma de los que se acercan a él con respeto y humildad.

 

Lo “jondo” y su “duende” es algo intangible, inexplicable que intenta penetrar en el mágico misterio que da forma y vida a lo andaluz. Yo, cantaor, he podido ver, a lo largo de mi vida artística, que el flamenco lo refleja todo, todo lo sustancial del ser humano. El Flamenco es, pues, un fenómeno cultural porque, sencillamente, es un sistema complejo de vivencias. Y, según Osvaldo Spengler, son las culturas y no los pueblos ni los hombres los protagonistas de la historia. Es lógica esta actitud, porque la conclusión de Spengler es la de que toda cultura pasa a través de la vida por un ciclo que va de la juventud a la madurez, de ésta a la edad provecta, y de ella a la muerte. Esta concepción histórico filosófica de “c u l t u r a “ tiene perfecta concordancia en el concepto y contenido de lo que entendemos por “CULTURA ANDALUZA”. Y el Flamenco -¿ quién puede negarlo? – forma parte del acervo cultural del pueblo andaluz, que es una forma de definir, en la poética de Lorca y en la filosofía de Ortega y Gasset, a España.

 

No dudo en afirmar que el Flamenco es “vivencia universal”, que radica en la necesidad psicológica e ineludible de todo ser humano; es, además, un arte muy rico en todo tipo de manifestaciones. Y no sólo eso. El Flamenco es- cómo no- un rito social que ha formado parte de los acontecimientos más importantes que especifican la vida de las capas populares del pueblo andaluz. Posee, en su misma esencia, estilos/”palos” para cada sentimiento y para cada ocasión, es decir, todas las formas sociales, laborales, recreativas, religiosas, etc, tienen cabida en él. Por ello no me resultó extraño que todo un Señor Rector Magnífico de la Universidad de Granada hiciera tanto hincapié para que el Flamenco, en su trilogía de Cante, Baile y Toque, entre de pleno derecho en la “Ratio Studiorum” universitaria, puesto que sólo en referencia a la copla flamenca podemos encontrar todo tipo de recursos estilísticos – metáfora, pleonasmo, símil, hipérbole, metonimia, hipérbato, anáfora, etc., etc..:” QUE DESGRACIA YO TENGO /”MARE”, EN EL ANDAR: /CÓMO EN LOS PASOS QUE YO “P`ALANTE” DABA / SE ME VAN ATRÁS”; o aquella sublime copla que inmortalizó Juan Breva: “YO NO ME QUIERO NI ACORDAR/ YO VI A MI MARE MORIR ./ FUE TAN GRANDE MI SENTIR / QUE EN VEZ DE ECHARME A LLORAR / ROMPIO EL LLANTO EN REIR”.

¿Quién podría negar que el Flamenco puede ser instrumento para desarrollar la imaginación y la creatividad? Pruebas de esto lo han dado tantos y tantos pintores y escultores- Sorolla, Gutierrez Solana, López Mezquita, Antonio Povedano, Mariano Benlliure, Julio Romero de Torres, Francisco Moreno Galván, Ignacio Zuloaga, Joan Miró, Manuel Ángeles Ortiz, Venancio Blanco, Fausto Olivares, Juan Valdés, David Zaafra …-, que nos han demostrado cómo desde la copla flamenca han logrado expresar la diversidad de sentimientos del ser humano. Y lo mismo puede decirse de los poetas que se acercaron a las fuentes primigenias de lo “jondo” e intentaron pregonar, apoyándose en “lo popular”, esos sentimientos que representan el alma mater del cante. Digamos, al menos, los nombres de Cervantes, Lope de Vega, Vicente Espinel, Bécquer, Villaespesa, Juan Ramón Jiménez, Antonio y Manuel Machado, García Lorca, Salvador Rueda, Rafael Alberti, José María Pemán, Rafael Guillén, Manuel Benítez Carrasco, José Luís Tejada, Fernando Villalón, Vicente Aleixandre, José Carlos de Luna, Narciso Díaz de Escovar, Fernando Quiñones, Pepe García Ladrón de Guevara, Luís Rosales, Manuel Ríos Ruiz, Antonio Murciano, Rafael Delgado Calvo-Flores…..

Pero también el Flamenco es campo abonado para el estudio e investigación de las más diversas disciplinas. De él se han ocupado antropólogos, historiadores, sociólogos, musicólogos, folcloristas, sociolingüistas y, desde la Filología, todo aquel que pretenda conocer la trayectoria de la literatura popular andaluza.

Es cierto: el Flamenco ha tenido muy “mala prensa” debido a los ambientes en los que se fue desarrollando. En la actualidad, dado el interés que por él han sentido –a partir del Concurso de Cante Jondo, Granada,1922- intelectuales, músicos y poetas de la categoría de Antonio Machado “Demófilo”, don Manuel de Falla o Federico García Lorca y del alto nivel que lograron artistas como Silverio, Juan Breva, don Antonio Chacón, Enrique el Mellizo, Manuel Torre, Pepe Marchena, Manuel Vallejo, Tomás Pavón, Juan Varea, Pepe Pinto, Manolo Caracol, Pastora Pavón “Niña de los Peines”, Niña de la Puebla, Antonio Mairena, Juan Valderrama, Paquera de Jerez, Camarón de la Isla, Ramón Montoya, Niño Ricardo, Sabicas, Melchor de Marchena, Pepe Martínez, Félix de Utrera….., esa “mala prensa” de ayer, afortunadamente, ha desaparecido.

Esta es, exactamente, la finalidad que desea llevar a cabo los presentes artistas granadinos: DAR A CONOCER EL FLAMENCO en su trilogía de Cante, Baile y Toque, bajo el signo didáctico y metodológico de la “Teoría y Práctica”.