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Influencia Musical del Romancero Gitano de Lorca en el flamenco Imprimir
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escrito por Alfredo Arrebola   
Friday, 30 de May de 2008
Federico García Lorca, influencia del romancero gitano en el flamenco

Charla-Recital a cargo de ALFREDO  ARREBOLA, Profesor y Cantaor.

Guitarrista: Kiki Corpas, de Loja.

Museo-Casa Natal Federico García  Lorca. Fuente Vaqueros (Granada)

Día 2 de junio de 2008.

Hora: 20.30.

 

Todo pasa y muere, como pasa y muere la ola que va deshaciendo la espuma del océano, como dijera el gran  estadista, filósofo y  orador Donoso Cortés en su discurso de recepción en la Real Academia  Española. Pero hay algo que jamás pasará: la poesía y el flamenco, porque ambas manifestaciones artísticas coinciden en su temática: EL HOMBRE. Nacimiento, vida, muerte, sentido de la existencia, más allá, el absoluto, la nada y otros interrogantes que se hace el hombre determinan la esencia de la  Poesía y del  Flamenco.

La  poesía flamenca es poesía “popular y tradicional”. Es “poesía popular” no sólo porque la canta el pueblo, sino también porque – como escribió Bécquer en el prólogo al libro de cantares “La soledad” de su amigo Augusto  Ferrán – “…Hay otra poesía natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra y huye, y desnuda de artificio, desembrazada dentro de una forma libre, despierta, con una que las toca, las mil ideas que duermen  en el océano sin fondo de la fantasía. La poesía popular es la síntesis de la poesía”. Y es poesía “tradicional” en el sentido acuñado por don Ramón Menéndez  Pidal:

… Existe otra clase de poesía más encarnada en la tradición, más arraigada en la memoria de todos, de recuerdo más extendido y más reiterado; el pueblo la ha recibido como suya, la toma como propia de su tesoro intelectual, y al repetirla no lo hace fielmente de un modo casi pasivo, sino que sintiéndola suya, hallándola incorporada en su propia imaginación, la reproduce emotiva e imaginativamente y, por tanto, la rehace en más o menos, considerándose él como una parte del autor. Esta poesía que se rehace en cada repetición, que se refunde en cada una de sus variantes, las cuales viven y se propagan en ondas de carácter colectivo a través de un grupo humano y sobre un territorio determinado, es la poesía propiamente “tradicional”.

Pero no quedan aquí las palabras del sabio filólogo español, sino que, en otro momento, dejó escrito Menéndez  Pidal: “Frente al principio antirromántico de que cada poesía tiene un autor, una patria y una fecha, creo que es preciso afirmar categóricamente este otro: cada verso o cada detalle de una canción popular puede ser refundido en un tiempo, en un país y por un autor diverso de los que refundieron cada uno de los otros versos o variantes de la misma canción. Frente a la afirmación moderna de que una poesía tradicional es anónima simplemente porque se ha olvidado el  nombre de su autor, hay que reconocer que es anónima  porque es el resultado de múltiples creaciones individuales que se suman y entrecruzan; su autor no puede tener nombre determinado, su nombre es legión”.Esta tesis la podemos ver perfectamente en los versos que forman el “Romancero Gitano”, pero yo no he venido aquí para hacer esta labor. Nada más lejano a mi pensamiento.

                                                                                                                   

Creo, sin la menor duda,  que el ejemplo más genuino de esta poesía  tradicional  lo constituyen los  ROMANCES. Cada romance fue variando en el tiempo y en el espacio, cuyas versiones  distintas llegaron a ser muy numerosas, dando  lugar, a su vez, a  las variadas formas  estilísticas del arte flamenco.

 

Los romances alcanzaron su apogeo en el siglo XV y una vez fijada su estructura y aceptados por la comunidad como suyos, nuestros grandes poetas del siglo XVII, Lope de Vega, Góngora, Quevedo, escribieron romances,  muchos de los cuales fueron adoptados por el pueblo y transmitidos oralmente de generación en generación. De la misma manera, una vez fijadas las estructuras métricas del cante flamenco, nuestros grandes  poetas contemporáneos pusieron su vista en  ellos y han contribuido con sus creaciones individuales a incrementar el acervo cultural andaluz. Esta fue la gran labor del más grande  y lírico poeta de Granada: FEDERICO GARCIA LORCA, uno de los más influyentes en las otras literaturas del mundo, como nos ha dejado dicho Francisco Brines, Poeta y Premio García Lorca 2007, cfr. Ideal, 25/04/08, pág. 56, quien, asimismo, afirmó del poeta de Fuente Vaqueros que “es un poeta absolutamente genial, lo que no se puede decir de otros e influyó más en otras literaturas que en la española. Como también influyó en la canción española, que era una especie  de sucedáneo de su lírica. Se han cumplido 80 años de la publicación de la más famosa obra de Federico: “EL ROMANCERO GITANO” (1928), que aún  sigue con la misma vigencia y admiración por todos los amantes de la poesía.

 

No es mi intención realizar un análisis exhaustivo del “Romancero gitano” – ya lo han hecho y lo seguirán  haciendo otras personas más idóneas que yo -, sino  expresar mi profundo agradecimiento por invitarme a  exponer, de forma teórica y  práctica, qué ha significado el romancero en  el  desarrollo musical de los diversos estilos flamencos, dado que nadie, absolutamente nadie, puede negar  que  Lorca  fue “la piedra angular” de  la “revalorización” del arte  flamenco, del que los Romances  representan la  base primaria. Ahora bien, si  el  Poema del Cante Jondo (1921)  intenta expresar el complejo y enigmático mundo del cante andaluz  trayendo – escriben  Allen Josephs y Juan Caballero, cfr. “Federico García  Lorca. POEMA DEL CANTE JONDO. ROMANCERO  GITANO, pág. 77. Ed. Cátedra, Madrid, 1977 – desde fuera alusiones clásicas y hasta religiosas para entablarlo y estilizarlo en su forma más entrañable e íntima, con el  Romancero Gitano el procedimiento es inverso. Está demostrado que “Poema del Cante Jondo” es un libro interior que busca la esencia oculta y oscura del mundo del cante, aunque ni el propio autor lo conseguiría, ya que la esencia metafísica del mismo es el hombre en su complejo mundo  psicoantropológico. El Romancero gitano, en  cambio, representa la universalización del gitano- o la  agitanización del universo -, el llevar a propósito al nivel de mito esa misma sensibilidad gitano-andaluza que emana del cante” (ibidem). El mismo Lorca se encargará  de manifestar a  sus amigos Melchor Fernández  Almagro y Jorge Guillén qué actitudes tenía ante su obra Al amigo granadino le dirá: “…Este verano, si Dios me ayuda con sus palomitas, haré una obra popular y andalucísima. Voy a viajar un poco por estos pueblos maravillosos, cuyos castillos, cuyas personas parece que nunca han existido para los poetas…” (Carta a Melchor  F. Almagro, primavera de 1923). En síntesis, el Romancero gitano es una obra de muchísima y delicada  elaboración artística, al que tomo como fundamento de este tipo de poesía tradicional, cuya persistencia es uno de los aspectos más asombrosos del mundo lírico de los cantes flamencos y, por otra parte, representa la prueba inequívoca del valores permanentes  de la copla andaluza.Lorca ha sido el poeta que más ha profundizado en “lo flamenco”, es decir, en la última razón del Cante Jondo.

      

Yo soy gachó de nacimiento, pero calorró en la forma de expresar y decir el cante; mi formación artística la debo a los gitanos cantaores del Sacromonte  granadino - Juanillo el Gitano, María la Canastera, Tío Ataúlfo de Graná…-, por ello confieso  a  voz en  grito  que, gracias a los gitanos andaluces, hoy tenemos una variada gama de estilos  basados, literaria y musicalmente, en los romances, tanto los cantados sin guitarra/ “a palo seco”, como los interpretados con guitarra.

 

Esta breve explicación musical, acompañado de  KIKI CORPAS, la ofrezco al inmortal Maestro Antonio  Cruz García “ANTONIO MAIRENA”, quien hace ya más de cuarenta años instauró en la discografía flamenca los  romances, corridas o corridos gitanos, que él mencionó  con Ricardo Molina como “palo” o género de los llamados básicos o primitivos, gérmenes de la mayoría de los estilos que hoy integran el árbol profundísimo del flamenco. Y pienso que debo hacerlo, en tan solemne  efeméride, por esa bellísima dificultad y no menos compleja estética que encierra el ROMANCERO GITANO de García Lorca quien confesó  a su íntimo amigo Carlos Morla Lynch – cfr. “En España con Federico García Lorca”. Madrid, Aguilar, 1952 – que “… los gitanos son los que me han inspirado mi mejor obra….el ROMANCERO. Es de todas la  que más me satisface. Quizá la única a la que no le encuentro fallas”. Ahora viene bien recordar las palabras del escritor extremeño: “….Todo pasa y muere…”, porque, a la verdad, el mundo ha cambiado más – Allens-Caballero – desde 1936 que desde Gerión a Manuel Torre. Lo que ha recogido Lorca en estas obras – “Poema del Cante Jondo” y “Romancero Gitano” – constituye uno de los mejores legados de “aquel” mundo. El flamenco se sigue cantando y los toros siguen sacrificándose, pero el mundo que los sustentó está en trance de desaparecer. Algún día podríamos ver estos libros de poemas como tesoros antiguos que sacamos del arcano en vez de las joyas vivas que fueron cuando se crearon”, cfr. op. cit., pág. 120:

 

¡OH  CIUDAD  DE LOS  GITANOS!

¿QUIEN  TE VIO Y NO TE RECUERDA?

QUE TE BUSQUEN EN  MI  FRENTE.

JUEGO DE  LUNA  Y ARENA. ( Debla )

 

RECITAL DE CANTE  JONDO

 1.-  Notas Previas.

Permitidme, amigos y “güenos afisionaos”, estas breves anotaciones, con el fin de que entendáis mejor la influencia musical del “Romancero tradicional en el flamenco”.

- La perenne  continuidad del romancero en España constituye uno de los aspectos más asombrosos del mundo lírico de los cantes flamencos.

- Los romances aflamencados no son, como se ha creído, una directa importación de Castilla y otras regiones, llevada al flamenco por los gitanos andaluces. De ninguna  manera, aunque los gitanófilos defiendan, a capa y espada, esta teoría. En esta línea está también el testimonio de Fernando Quiñones en “Romancero y cante flamenco” (Candil, num. 52 –Julio-Agosto, 1987).

- La larga y añeja abundancia de romances andaluces nos lleva a admitir que el gitano andaluz, dada su capacidad musical de imitación y “recreación”, aflamencó  algo que ya existía en el Sur. Estos ejemplos han sido puestos a la luz pública por los profesores Pedro Piñero y Virtudes Atero, de la Universidad de Cádiz.- El influjo romanceril no alcanza sólo a los estilos flamencos antiguos, sino que se introduce  también en otros de cuño más reciente: Emilio Prados, Luís Rosales, Gerardo Diego, Fernando Villalón, etc.                                                                                                                        

- No se puede sostener que el flamenco tenga sus “orígenes” en el romancero tradicional, pero sí una  muy poderosa influencia que llega hasta los cantaores actuales: Mairena, Vallejo, Canalejas de Puerto Real, Niño Gloria, Pepe el Culata, Rafael

Romero “El Gallina”, Pepe el de la Matrona, El Negro del Puerto de Santa María, Agujetas,  Pepe  Marchena, Pericón de Cádiz, Manolo Vargas, etc., etc.

- Los romances flamencos se han conservado por tradición oral en las reuniones íntimas y las bodas de los gitanos de la Baja Andalucía, que se cantaban como “Corridos y Alboreás… Dato atestiguado  en las obras de los costumbristas y romancistas del siglo

XIX: Agustín Durán, Bartolomé José Gallardo, Serafín Estébanez Calderón, Fernán Caballero, José Navarrete,  Demófilo, Richard  Ford, W.  Irving, Juan Valera, Pedro Antonio de Alarcón, Salvador Rueda, Narciso  Díaz de  Escovar, Arturo Reyes…..

Y así, Estébanez Calderón, en una de sus “Escenas andaluzas” (1847), nos refiere la costumbre que tenían los cantaores de Triana de amenizar las fiestas flamencas con algún romance antiguo; el mismo Bartolomé J. Gallardo cuenta que él había oído cantar los romances del Conde Sol y de Gerineldo a dos presos gitanos que estaban en la cárcel de Sevilla en  1825, como también hemos leído en  “La gaviota” (1849), de Fernán Caballero, que ella había oído cantar romances con mucha frecuencia a las gentes del campo, a la caída de la tarde.

- Está perfectamente  demostrado que los más eficaces hilos transmisores de los romances fueron los ciegos que  recitaban por las calles, desde el mismo siglo XVI.

-En Andalucía, además de los ciegos, los cantaores considerados como “gitanos” “parecen haber sido los  auténticos conservadores y transmisores de los romances más antiguos: los ejemplos más antiguos que han  llegado hasta nosotros los conocemos gracias a intérpretes como Antonio Mairena, María Fernández “La Perrata”, Manuel de los Santos “Agujetas de Jerez”, tal como leemos en “La huella del  Romancero y del Refranero en la lírica del  flamenco”, pág. 16 (Granada,1988), del Profesor Antonio Carrillo Alonso

- Con plena justicia merece citar a  don José Blas Vega por haber sido el primero en indagar las huellas dejadas por el  Romancero en el flamenco, recogiendo en el año 1971 en  el Puerto de Santa María (Cádiz) dieciséis romances entre viejos cantaores “gitanos” no profesionales que confesaron haberlos aprendido por tradición oral: El Cojo Pavón, de Puerto Real, Agujetas el Viejo y El Chozas,  de Jerez, y los portuenses: El Negro, Dolores, Juana y Alonso del Cepillo, trabajo que formaría parte de la “Magna Antología del Cante Flamenco”, editada por Hispavox, 1982.

- Se puede decir que los ejemplos del romancero antiguo transmitidos por los cantaores son aquellos  cuyos temas están íntimamente relacionados con aspectos temáticos de la copla del cante jondo, es decir, aquellos en  los que el intérprete flamenco ha encontrado fuertes afinidades espirituales:

1) afecto hacia lo “moro”….: “Romance de la pérdida de  Alhama”

2) sentimiento de ausencia y desamparo del hombre andaluz….: “Romance del Conde Sol”.

3) conciencia de imposibilidad amorosa o falta de justicia y libertad…: “Romance Conde Niño/Bernardo del Carpio”

4) importancia de la virginidad….: “Romance de  Gerineldo”

-  Especial repercusión parecen – comenta el Prof. Carrillo Alonso – haber tenido en los antiguos cantaores flamencos los romances moriscos y aquellos otros referidos a renegados y cautivos, tal como podemos comprobar en la adaptación a diversos cantes de pasajes fragmentados de esos romances antiguos. Esto lo  observamos en el afecto y buena disposición hacia  lo “moro”, profundamente arraigado en el andaluz de la copla.          

                                                                                                            

En este sentido están las palabras de Fernán Caballero, al comprobar  que las letras de los romances oídos en el campo  se referían primordialmente a los “asuntos moriscos” o de “historias de cautivos” (cfr. “La gaviota”). Y el malagueño Serafín  Estébanez Calderón nos dejó dicho: “La música con que se cantan estos romances es un recuerdo morisco  todavía. Sólo en muy pocos pueblos de la Serranía de Ronda, o de tierra de Medina y  Xerez, es donde se conserva esta tradición árabe, que va extinguiéndose poco a poco, y desaparecerá para siempre. Lo apartados de comunicación en que se encuentran estos pueblos de la Serranía y el haber en ellos familias conocidas  por descendientes de moriscos, explican la conservación de estos  recuerdos. cfr. “Un baile en Triana”. O. Completas, Madrid, 1955, T. I, págs. 247-48.

 

P R A X I S:

ROMANCE: Prendimiento de Antoñito El Camborio

TONAS: Yo no me he muerto de pena

SOLEARES: Sorpresa

POLO/CAÑA: Compadre, quiero  cambiar

PETENERAS: En el Café de Chinitas

TIENTOS: Baladilla de los  tres ríos

ALBOREAS: Gitanos del Sacromonte

SEGUIRIYAS: Cuando yo me muera