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Navidad Andaluza 2009 E-Mail
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escrito por ALFREDO ARREBOLA   

NAVIDAD   ANDALUZA. Breve reflexión

 Volveremos, un año más, a  celebrar  la  Navidad. Quiero servirme de este medio actual y tan sutil, Internet,  para expresar públicamente  esta breve y sencilla  reflexión: la  de un Cantaor que, afortunadamente, ha logrado una mediana cultura filosófica y teológica, puesta siempre al servicio de  los interesados en estas  materias: ARTE  y  RELIGION.

Una de las más preclaras inteligencias de la filosofía, J. Hegel (1770 -1831), dijo: “Toda  la historia  tiende a Cristo y viene de El; la aparición del Hijo del Hombre es  el eje de la historia humana”.  No cabe mayor profundidad reflexiva, ya que se adapta totalmente a la verdad histórica y  teológica. La teofanía de Cristo, hecha carne humana, es  un misterio que escapa a la capacidad intelectual del ser humano. Por eso es  misterio. Ahora bien,  ¿qué  papel  juega  el  arte flamenco, podríamos preguntar,  en una fiesta tan específicamente  cristiana y, al mismo tiempo, tan  andaluza?. Es la  pregunta de un cantaor  y  humilde  aficionado a  “escribidor”.

No olvidemos que fue en esta tierra andaluza donde se instaló el primer belén artificial para recordar el hecho más  trascendental en la historia de la humanidad: El nacimiento del Mesías, anunciado por los profetas del Antiguo Testamento y tan esperado por el pueblo  Israel. Es decir, DIOS HECHO HOMBRE. Lo repetimos, una vez más, misterio y nada más, aunque se  estudie  a la “luz de la razón natural”. Pero siempre traspasará los límites de la “Razón pura”. Es cierto que Navidad es sinónimo de alborozo, de besos, de luces de colores, de fiestas luminosas, de regalos y  más regalos…. La Navidad es  tiempo también de pastorales callejeros con sus zambombas, panderetas, botellas de anís, villancicos… Pero la  Navidad  son días, para muchas personas, de copiosas heladas y nevadas sin  fin sobre el alma; días de establos abandonados, de frío, de hambre, de soledad, de dolor… José y María sufrieron en sus almas y en sus cuerpos la desolación y la amargura de verse rechazados,  por  insolventes, de  los lugares  donde palpitaba el fuego, alrededor del cual comían, bebían  y reían  los considerados pudientes, los teóricamente dichosos. Asimismo, la Navidad es  tiempo de zozobra para quien le calcina su soledad no deseada; para quien en fecha aún lejana perdió para siempre a un ser querido; para quien ve crecer en su jardín, descuidado por falta de ilusiones, la planta amarga del desamor; para quien  tiene su nave envarada bajo las blancas sábanas de una cama hospitalaria; para quien eligió con valentía  la  soledad  silenciosa  al desterrar de su alma, de su sangre y de sus días a un corazón indiferente; para quien no tiene  nada  qué comer ni qué beber o no tiene ganas ni gusto en ello; para quienes, como dijo un viejo poeta andaluz, desearían que los dejasen comer un huevo duro y un yogour, de pie, mirando a ningún sitio, con los ojos demasiado  secos para ver, o demasiado  arrasados en lágrimas… Para ellos, esta efemérides religiosa es una fiesta de gozo y de gloria, precisamente para ellos, los no dichosos, porque la Navidad y el “pequeño Dios” vienen a despertarlos de tantos y tantos sueños de tristezas, soledades, amarguras y miserias, y a enseñarles a mirar la vida y a vivirla con la sonrisa abierta y la mirada inmaculada de un niño.

Cada una de estas personas tiene siempre un lugar privilegiado en mi corazón y en mi cante. A ellos, para endulzarles, en lo posible, no sólo estos días de la fe cristiana, sino todos los días de cada año; para ayudarles a transportar sus cargamentos de soporíferas montañas, y para darles luz de ilusiones y trigo de esperanza en el trayecto tortuoso del camino por donde van, yo les ofrezco esta breve y sencilla  reflexión, portadora de mi fraternidad con todos los “hombres de buena voluntad”.

La lengua juega con los términos Navidad, Natividad, Nacimiento… pero de Dios, hecho “Hombre” misteriosa y milagrosamente en las purísimas entrañas de una mujer, a la que llamamos con admiración todos los cristianos la “Virgen María”. Declaro que tengo la sublime dicha de ser “hombre de fe”, pero a nadie obligo, lógicamente, a que  acepte lo  que  yo siento; sin embargo, hablo desde mi  propio testimonio de  Español, Andaluz y Cristiano, lo que me ha llevado a pensar  sobre qué puede decirnos el Arte Flamenco en relación a la Navidad. Porque, ¿qué  expresa el flamenco? Todo: lo que pensamos, sentimos y creemos. El flamenco es la voz universal de Andalucía, y en esa alma está presente el sentimiento religioso, reflejado en  sus coplas. Y una  forma clara de manifestar el pueblo andaluz  “su  religiosidad” la encontramos precisamente en  la  Navidad, aparte de que muchos cantes hundan  sus raíces en los llamados “cantos religiosos de la Iglesia”: verdad que, por desgracia, ignoran la mayoría de los autodenominados “flamencólogos”.

Ni la ciencia, ni la literatura, ni el arte pueden prescindir de las realizaciones que el pueblo ha logrado, no colectivamente, sino sirviéndose de guiones  creadores  especialmente aptos para las faenas científicas, literarias o artísticas que, precisamente por  responder a las necesidades  simbolizadoras del “Alma popular”, cayeron en el anonimato. Pues bien, algo parecido les ha sucedido a los cantes flamencos por Villancicos, aunque los “villancicos navideños” marquen la plenitud de la inspiración  religiosa en la breve historia del flamenco. En este sentido, el  Profesor y Flamencólogo José Luís Buendía nos dice que en   casi toda la lírica primitiva se dan dos fenómenos:

a)      Letras que no se han concebido con un contenido religioso, sino como mero  canto laico dedicado a la mujer, se carguen de espiritualismo “a lo divino” y con ellas  se cante a la  Virgen  María o a cualquier otra advocación  religiosa  y,

b)      Utilizar como  tema  profano  alguno de los concebidos como materia religiosa.

Resulta, por tanto, difícil saber cuándo estamos en  presencia  del  villancico primitivamente navideño. Se admite que  ya en el siglo XIII  afloran gran cantidad de villancicos y  la  fusión de lo profano y  religioso. Ambas  formas, a través del  tiempo, se  adaptaron perfectamente  en  Andalucía. Y tal es así que el andaluz se acerca al Misterio con una gracia y sentimiento especiales:

MARIA SE ESTA  PONIENDO

UN VESTIDITO  DE  NOVIA,

QUE VA A PARIR ESTA NOCHE

UN NIÑO COMO UNA ROSA.-

Ahora bien, si otros aspectos religiosos representan residuos ancestrales y  bastardos de panteísmo o formas corrompidas de cristianismo, los villancicos se caracterizan por su pureza cristalina y por la ternura de su inspiración. Todo es en  ellos alada  gracia y cálida  humanidad. Los villancicos flamencos desbordan alegría y  esperanza ante el suceso sublime y generoso del Nacimiento del Señor. Sus letras están entre las más  bellas y conmovedoras; se nutren de los Evangelios, incluso los Apócrifos y añaden, por su cuenta, episodios y circunstancias de extraordinaria  fuerza poética.

La  Navidad  invita  a  contemplar lo que Dios ha hecho por nosotros: amarnos en la persona de Jesús de  Nazaret. Por eso es una fiesta de alegría, aunque para muchos sea triste. No obstante, el espíritu de la Navidad siempre debe producir una alegría y un gozo que nada ni nadie nos debe quitar. Porque la Navidad es la celebración, la toma de conciencia del amor que Dios tiene a los  hombres manifestado en Jesús, que  acepta  nuestra  condición humana y anuncia un mensaje de liberación que entraña  gran gozo. Ser consciente de esta realidad de salvación es el fundamento de la alegría de Navidad. Pues bien, todos estos sentimientos los sabe expresar  perfectamente  el arte flamenco, que supo  asimilar todo el caudal lírico peninsular que desde lejanas  épocas medievales cantaba la Navidad y formó con él un nuevo y  fresco  venero de  limpias  y  flamenquísimas manifestaciones andaluzas de ese mismo sentimiento. Y por ello, no es raro encontrar por todos los “palos flamencos” las estrofas que venían del más viejo tronco de nuestra lírica  nacional: EL VILLANCICO. Y así, desde siempre se ha tenido al villancico como “la más rara manifestación lírica europea”. La Real Academia de la Lengua lo define  así: “Composición poética popular con estribillo, y especialmente de asunto religioso, que se canta en  Navidad y otras festividades”.

Andalucía ha entonado, desde siempre, sus mejores villancicos, nanas, canciones festeras para celebrar la venida del Salvador a la tierra. Se afirma también  que Andalucía ha compuesto una completísima antología de temas navideños no sólo en  el  folklore, sino también en  los más variados estilos  flamencos. Porque la Navidad condensa una transida gama de emociones – alegría, júbilo, angustia, soledad, ternura y amor – que encuentra paralelamente en los distintos estilos del cante gitano-andaluz su expresión más certera y  diáfana. Por su parte, el flamenco adquiere su dimensión más profunda al impregnarse de emoción  religiosa. Andalucía ha cantado siempre a la Navidad: desde Linares a Andújar, donde hay una rica  tradición, hasta  Ayamonte, el  flamenco celebra la Navidad con sus cantes por villancicos, campanilleros, nanas, bulerías, malagueñas, peteneras o  fandangos, etc.; incluso los villancicos pueden bailarse.

Quizá hayan sido Sevilla, Cádiz y Jerez los centros cantaores más destacados en villancicos. Nombres como Niño Gloria, La Pompi, Manuel Torres, Terremoto, en Jerez de la Frontera; Niña de los Peines, Manuel  Vallejo, Antonio el  Sevillano, Antonio Mairena, Pepe Pinto, Bernardo el de los Lobitos…. ., en Sevilla; y  Manolo Vargas, Pericón de Cádiz, Niño Solano, Canalejas de  Puerto Real…., en Cadíz, cantaron por  Soleares, Cantiñas, Martinetes, Tanguillos, Tientos, Malagueñas, Bulerías …. al  Niño Dios. Huelva ofreció su rancio y difícil fandango para cantar a Dios hecho Hombre; Granada también sus antiguas Cachuchas, Tangos del Sacromonte, La Mosca, Bulerías, mezclados en sus zambras, para alegrar al  Jesús Infante de Belén; Córdoba lanza al Rey de los Cielos los cantes por Serranas y  Fandangos de Lucena. Málaga, “La  cantaora”, despliega sus policromados Verdiales a  Aquél que, siendo todo, tomó para sí la “nihilidad” humana, como lo mismo harán Jaén y Almería cantando a la Navidad por los más variados palos flamencos. Y… por algo se ha llamado a nuestra Andalucía “La tierra de María Santísima”.

 

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