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Orígenes del Cante Flamenco E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   

ORÍGENES DEL CANTE FLAMENCO.

No debo  retrasar  más  la  respuesta a  la  petición  que, tiempo ha, me hizo mi  amigo Antonio Munuera, buen aficionado y hombre de  “comunicación  oral” a través de  RADIO  COPE,  de Jumilla  (Murcia) Intentaré  exponer,  con la mayor objetividad posible, una de las más difíciles y enigmáticas cuestiones del flamenco: Sus orígines.¡Qué gran satisfacción sería para mí si,  con estas palabras,  pudiera yo  arrojar un poco de luz a  tu  mente, atormentada por  conocer las posibles fuentes de nuestros cantes! Porque, a la verdad, ésta es la meta de mi labor investigadora y  también  como intérprete.

Sin miedo alguno,  podemos afirmar que el cante gitano-andaluz representa, dentro del folklore  occidental  europeo y  universal, una de las más  ricas e inconfundibles manifestaciones de la música popular. Sin embargo, el flamenco, visto filosóficamente, no es “ música popular”, sino “ sublimación” de ésta. Y sobre su importancia artística y culta, así habla José Manuel Caballero Bonald: “... Sus numerosas y siempre bellas variantes, la independencia de sus caracteres, el poderío  arrasador de su mundo expresivo y melódico, su mismo origen oscuro y dudoso, en fin, prestan a esta modalidad de la canción una vigorosa personalidad llena de sugestivas significaciones humanas y raciales”, cfr. “El cante andaluz”, pág. 3 ( Temas Españoles. Madrid, 1956).

Vengo afirmando, con relativa frecuencia, que nos  es más fácil  llegar a  las  fuentes originarias del “ folklore tradicional” que a las del flamenco: el folklore está más cerca del pueblo, es más vivo y asequible. Esto me ha  llevado a  ver que  estamos ante el más difícil problema del flamenco, como es su origen, pues al intentar buscarlo nos encontramos siempre con dos obstáculos insalvables: Orígenes inciertos y la poca definida orientación de sus ciclos  de desarrollo. No obstante, una buena parte de los tratadistas coinciden en que se trata de un fenómeno de “música popular” (¿seguro?), cuyo enigma parece coincidir con las más persistentes y contradictorias dificultades para buscar, en lo posible, su procedencia. Esto es lo único que podríamos decir con certeza: No conocer los auténticos mecanismos sociales y culturales que nos dieron el nacimiento del arte popular donde se fusionaron los más  ilustres sedimentos de la música oriental almacenada en Andalucía a todo lo largo de su historia. No tenemos, por desgracia, argumentos apodícticos para demostrar la “raíz primera” de estos cantes que han invadido al mundo entero. Yo creo que los cantes han tenido un origen bastante más sencillo del que creen ver los estudiosos. Así me lo dicta mi experiencia cantaora. Considerada históricamente esta cuestión, sólo disponemos de pocas referencias literarias y reducidos estudios socioantropológicos.  En la actualidad se viene   prestando un  mayor  interés por este aspecto y, sobre todo, una mayor objetividad, considerado el flamenco como manifestación cultural del pueblo andaluz. Por mi parte, expondré aquellas teorías  que  han tratado el tema con el mayor rigor histórico. No es exageración, pero las he leído una por una  una , y he visto que cualquiera se veía autorizado para dar la suya. Es justo reconocer las teorías dignas de aceptación, históricamente consideradas. Sin embargo, hay que manifestar   que los autores no coinciden en sus particulares interpretaciones acerca de la procedencia y origen de los variados estilos   flamencos ¿Por qué?  Porque todavía, casi afortunadamente, el flamenco sigue siendo un mundo complejo y enigmático, lo que, en parte, lo engrandece.

Puede decirse, en síntesis, que los juicios oscilan entre los que refieren su nacimiento al arte musical árabe y hacen coincidir sus iniciales muestras con el establecimiento en Andalucía de los musulmanes, hasta los que ya advierten en sus primitivos destellos a mediados del siglo XV, tiempo en que llegan a España los gitanos (1427?), procedentes  - según algunas opiniones, pero sin pruebas históricas - del Indostán y de Egipto, como dando a entender   que  las raíces primigenias están en la raza gitana: algo bastante lejano a la verdad.

También hay quien afirma que el origen del flamenco está en los “cantos litúrgicos” de la Iglesia bizantina, como es el caso de Falla, quien afirma: “...En la historia española hay tres hechos, de muy distinta trascendencia para la vida general de nuestra cultura, pero de manifiesta relevancia en la historia musical, que debemos notar; son ellos:

  1. a) la adopción por la Iglesia española del canto bizantino;
  2. b) la invasión árabe y
  3. c) la inmigración y establecimiento en España de numerosas bandas de gitanos”, cfr. Escritos sobre música y músicos, pág. 139 (Colección Austral, 1950).

En el campo flamenco hay algo que no debemos olvidar, esto es, saber que el Cante y Baile apenas tienen dos siglos de existencia externa, ya que los primeros testimonios escritos sólo datan del siglo XVIII. Por tanto, hablar de antes de esta época sobre el flamenco es casi pura invención. Esto no significa que anteriormente no hubieran  distintas formas de cantos, que pueden ser considerados como simples manifestaciones folklóricas o preflamencas. Ahora bien, ¿qué testimonios históricos podríamos aportar para conocer siquiera algo de la trayectoria   flamenca? Muy pocos: breves referencias literarias, que pueden rastrearse en la literatura barroca: Cervantes, Lope de Vega, Góngora y, especialmente, Vicente Espinel. Posiblemente sea Cervantes el primero en facilitarnos algunas descripciones de los “cantos” de seguidillas , romances, zarabandas y villancicos que encontramos en sus novelas ejemplares: La Gitanilla,  Rinconete   y  Cortadillo, Coloquio de los perros, y asimismo en “Pedro de Urdemalas”, comedia de pícaros y gitanos.

Durante el periodo neoclásico - y hacia finales del siglo XVIII - aparecerán las primeras huellas escritas sobre el flamenco con José Cadalso Vázquez, quien escribió “Cartas Marruecas” (1796), su obra capital, pero póstuma. Cadalso se vale de ellas para trazar un amplio cuadro de la vida económica, social y cultural del país, subrayando las causas de la decadencia nacional y los remedios más indicados para combatirla.. Será en la “Carta séptima” (1772/74), donde el escritor gaditano describe la forma que el gitano Tío Gregorio tenía de cantar el Polo (¿el Polo flamenco?). Lo ignoramos totalmente, y así piensa también el flamencólogo José Blas Vega. De esta época  es Juan Antonio Iza Zamacola “Don Preciso”, nacido en Durango en 1756, y dio a conocer su famosa “ Colección de las mejores coplas de seguidillas, tiranas y polos que se han compuesto para cantar a la guitarra” (Madrid, 1799), alcanzando tal éxito que en pocos años se hicieron numerosas ediciones.

Habría que  esperar  al  Romanticismo para  conocer  algunos  datos  más del  flamenco.A este  movimiento literario se le debe, primordialmente, la difusión de los cantos populares y el  esplendor  del  flamenco. Digamos, siquiera a vuelapluma, que en 1859 en la obra literaria de Fernán Caballero encontramos una  importante  colección de  coplas  flamencas  y andaluzas, como también ciertas modalidades de cantes: Romances, Polo, Caña, Fandangos, Jaleos ,etc, especialmente  en su novela “La Gaviota”. En 1862, el chiclanero Antonio García Gutierrez  alborota el ambiente intelectual al hacer estribar en el tema de los “cantos populares andaluces” su discurso de ingreso en la  Real  Academia Española. Y casi todos los escritores costumbristas  harán alguna que otra referencia en sus obras acerca de los cantes, bailes, costumbres, cantares  populares, como, por ejemplo, Pedro Antonio de Alarcón, Juan Valera, Padre Luís Coloma, etc..

Quizás haya sido el malagueño Serafín Estébanez Calderón (1799-1864), uno de los mejores  escritores románticos, quien más detalles nos ha dejado  sobre  los cantes, bailes, reuniones y cantaores en su inigualable obra “Escenas andaluzas” (1847). Pero Estébanez Calderón jamás se atreve a decirnos el origen de los cantes; él sólo narró y describió: era demasiado arriesgado para el escritor malagueño. En el último tercio del siglo XIX aparece una obra cumbre, debida  al “Padre de la Flamencología”, Antonio Machado Álvarez “Demófilo: “ Colección de cantes flamencos” (1881). Esta obra que es “luz y guía” en la historia flamenca, tampoco nos dice los verdaderos y últimos principios del flamenco, ni dice que los gitanos cantaran mejor o peor que los payos. Se limita, simplemente, a descubrir sus formas y a diferenciar el cante gitano del  payo, aunque ambos, según Demófilo, arrancan del tronco andaluz. En este mismo año vería también la luz pública un precioso y profundo libro de temática flamenca:” “Primer Cancionero de Coplas Flamencas Populares, según el estilo de Andalucía” (Sevilla,1881), compuesto por el ignorado poeta y limpiador de ferrocarriles, Manuel Balmaseda y  González. Tampoco encontraremos en este “Cancionero” ni una palabra sobre el origen del flamenco, ni menos aún en la obra de don Emilio Lafuente Alcántara (Archidona,1825-1868), “Cancionero popular, colección escogida de seguidillas y coplas”.

Don Francisco Rodríguez Marín en “Cantos Populares Españoles ( Sevilla,1881-1883) recoge 8.174 cantares, con notas al pie de cada grupo, y una nueva edición, esta vez en Madrid (1929),”El alma de Andalucía en sus mejores coplas amorosas”, escogidas entre  más  de veintidós mil, jamás no hace un comentario acerca del posible origen de los cantes, aunque sí encontramos exposiciones y teorías de las coplas y cantes, pero nada del origen del flamenco.

Asimismo, nada podemos encontrar en los escritores del 98, hostiles, salvo excepciones, al complejo y enigmático  mundo del  arte  flamenco. Buena  muestra de  esta  actitud  la encontramos en la postura antiflamenca de Pío Baroja, quien ofrece una visión deforme y caricaturesca de “lo andaluz” en su novela “ Las aventuras de Shanti Andía”, sobre todo en uno de sus escasos poemas, que lleva por título “Café Cantante”.

Los poetas modernistas sentirán, es cierto, la presencia e importancia del flamenco dentro del panorama no sólo andaluz, sino nacional ( Manuel Machado, F.Villaespesa, Manuel Reina, Rubén Darío, Salvador Rueda , etc...). Sin embargo, ninguno de estos escritores habla del origen de los cantes  flamencos. No podemos olvidar, por otra parte, que el Arte Flamenco llegó a ser motivo de preocupación  ante el  poder  centralizante que llegaría a descubrir en tiempos de la Primera  República (1873-74), y que estaba sirviendo para abanderar el regionalismo andaluz. Por tal motivo, a partir de entonces, ya directamente desde la Villa y Corte, ya a través de sus delegaciones provinciales y locales, se arremetió contra él, lo que originó que no hubiera motivación alguna para llevar a cabo un estudio etimológico, histórico y  socioantropológico del arte  flamenco en su  trilogía  de Cante, Baile y Toque.

La llamada “Generación del 27", que  acogió el flamenco como tema cultural, social y poético, tampoco se molestó lo más mínimo en averiguar los posibles orígenes del flamenco. Ni siquiera Federico García Lorca, el más  sobresaliente y  preparado, se cuestionó el origen de los estilos que conforman el “Árbol genealógico del Cante”. Lorca sólo se apoyaba en las teorías que había  expuesto “su mentor” don Manuel de Falla, como puede comprobarse en  su discurso “ Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado “Cante Jondo”, en el Centro  Artístico de Granada (1922), como preparativo al  archifamoso “Concurso de Cante Jondo”, celebrado durante los días 13 y 14 de junio de ese mismo año.

No es  exagerado  afirmar que sólo desde hace poco más de cuarenta años es cuando el flamenco cuenta con unos pocos estudiosos serios y objetivos. La Flamencología ha tomado el camino hacia la investigación flamenca en su total complejidad. ¿Por qué, pues, sucede esto? Porque el flamenco es un arte ágrafo por excelencia. Motivo por el que los historiadores que intentan rastrear los orígenes de esta música se encuentran con serias dificultades a la hora de trazar una línea clara que defina su evolución. “El estudio del flamenco, cfr. “Historia del Nuevo Flamenco, pág. 7 ( Clemente, L. 1995)- se ha limitado hasta ahora a tratar de averiguar el incierto origen de este antiguo arte. En este sentido, la flamencología ha discutido entre encendidas polémicas y discusiones de difícil o imposible solución, porque en suma, nunca podremos llegar a saber dónde, cómo y cuándo surgió el flamenco, ni cuál fue la aportación concreta de tartésicos, griegos, romanos, árabes, judíos, gitanos, ni andaluces, ya que la música transita por caminos muy distintos a los de la filología o la historia, al ser su naturaleza inmaterial y  efímera, máxime si, a diferencia de éstas, no está escrita. Nunca se sabrá ( aunque se conserven relieves, escritos e incluso instrumentos ) cómo sonaba la música griega, ni la egipcia, ni la sumeria ni tantas otras que irremediablemente se han perdido en la noche de los tiempos”.

 

No se puede olvidar que los primeros documentos históricos fidedignos son, desgraciadamente, las escasas grabaciones, en rodillos de cera o en discos de pizarra, que comenzaron a realizarse a partir de 1898. Por tanto, todo lo anterior  a 1.898 son conjeturas basadas en documentos escritos que testimonian la existencia de este y solamente a veces lo describen con una cierta profundidad. Por tanto, se trata de un problema profundo y delicado en el que la mayoría de las veces se falta a la objetividad. En este sentido, Ricardo Molina nos dejó dicho:  “... el “substratum” del cante es tan profundo que se confunde con la nativa actitud  andaluza para cantar y bailar. Me parece que cuantas veces  se ha intentado escribir la historia del Arte Flamenco, jamás se ha cumplido plenamente el objetivo: la falta de imparcialidad y sinceridad han llenado, por desgracia, muchas páginas de la historia flamenca. Pues, como escribe Manuel Ríos en su “ Introducción al Cante Flamenco”, pág. 25 (Istmo. Madrid, 1972), es como hundirse en lo insondable, pese a intuir que la historia del cante flamenco nace en  nuestra  propia  historia.

Esta incertidumbre histórica nos conduce lógicamente a hacernos  la  siguiente pregunta :

  • a) o el cante flamenco fue creado desde tiempos remotos por los andaluces, íntegramente considerados, idest, sin exclusión posible de ninguno de sus núcleos, culturas, civilizaciones que integraron el actual pueblo andaluz,
  • b) o el cante, o sus bases, fue creado por los gitanos bajoandaluces de quienes los payos lo aprendieron. Ante la pregunta planteada, unos y otros defensores de estas teorías valoran el cante en su respectivo sentido de “ jerarquización cualitativa”.Y así surgirán en la historia flamenca dos teorías:
    • 1) La Teoría Gitanista, y
    • 2) La Teoría Andalucista.

Como síntesis puede decirse, sin miedo alguno, que el arte flamenco se gesta  mediante la  superposición transformada de elementos sonoros y rítmicos  correspondientes a  muy  distintas  edades españolas, en las que se implican la Antigua, la Media y  la  Moderna.  Madura en la segunda mitad del siglo XVIII, crece con fuerza y se difunde en la centuria siguiente, logrando su plenitud hacia finales del siglo XIX, y comienza a perder empuje, capacidad y pureza a partir de los inicios del siglo XX, para vivir más tarde una época de verdadera reivindicación gracias  a los Festivales, Peñas Flamencas, Congresos y su introducción en el campo  de la  enseñanza: Universidad, Institutos, Escuela Primaria, Instituciones Culturales….

 

Villanueva Mesía, 15 de marzo de 2010

 

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