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Don Fernando de los Ríos y el Flamenco E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   
Don Fernando de Los Rios

Tranquilo, gozoso y totalmente relajado, hecha ya realidad mi jubilación docente, puedo entregarme en cuerpo y alma a cantar e investigar en el amplio y enigmático campo de la “Cultura Andaluza” a través del arte flamenco. Y este trabajo no es más que fruto de esta reflexión, ya publicado tiempo ha, pero hoy ampliado gracias a la contínua búsqueda en el conocimiento de tan ilustre andaluz: Fernando de los Ríos. Es lógico pensar que en estas líneas solamente se busque qué significo el inmortal rondeño dentro del Cante Jondo. No espere, pues, nadie otros matices intelectuales de don Fernando: nada más ajeno a mi intención.

En septiembre de 1982, en la monumental e histórica ciudad de Ronda, se celebró una “Semana Cultural” en honor y memoria de uno de sus predilectos hijos: Fernando de los Ríos Urruti (1879 1949)

 

Entre los diversos actos, figuraba la colocación de una placa en la casa natal de don Fernando, pero no pudo ser por impedirlo las autoridades políticas, quedando todos los actos en la Casa de la Cultura, donde se descubrió “simbólicamente” la placa; entre todas las personalidades asistentes estaba Dª Concha Peinado, hermana de otro ilustre rondeño, Joaquín Peinado Vallejo (1898-1975), célebre pintor y uno de los más destacados representantes de la llamada “Escuela Española de París”. Pero sí fue posible la colocación de la placa, el 25 de marzo de 1995, celebrándose un acto en el Palacio Mondragón, interviniendo D. Virgilio Zapatero, D. Abel Díaz y D. Julián de Zulueta, Presidente de la Institución Libre de Enseñanza. En aquel acto estaban presentes Dª Gloria y Dª Laura García Lorca. Al finalizar el acto, todos los presentes nos trasladamos a la calle Los Remedios 1, donde se descubrió la placa, y donde sigue in aeternum.

 

Don Fernando fue Profesor de Derecho Político en la Universidad de Granada ( 1911 - 1929) y en las Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Madrid (1930); la muerte la encontró en Nueva York ( EE.UU ), muy lejos de su amada y siempre recordada tierra, en el obligado exilio ( 1949), como tantos otros ilustres españoles. Fue don Fernando de los Ríos la figura principal del socialismo en Andalucía hasta la guerra civil (1936). Dedicó una buena parte de su vida a analizar los problemas sociales y económicos con un talante esencialmente humanista y dentro de una visión hondamente liberal del mundo. A juicio de Virgilio Zapatero, la obra de don Fernando se definiría así: “... socialismo no marxista, alcanzado a partir de postulados éticos; rechazo del principio de lucha de clases y, consecuentemente, de la dictadura del proletariado”, cfr. Gran Enciclopedia de Andalucía”, T.VI, pág. 2844.

 

Yo tuve la gran suerte y satisfacción espiritual de participar, con gran entusiasmo, en la referida “Semana Cultural” ya que cuanto conozco de tan sobresaliente rondeño se lo debo, primordialmente, a mi padre (q.e.p.d.), quien fue un gran admirador y amigo del catedrático granadino, así como a otras personas que conocieron perfectamente las aficiones de don Fernando.

 

Pienso que hablar de flamenco no tiene excesiva importancia para quien lo considera parte espiritual de su vida, y medio de conocer mejor al pueblo andaluz, como lo fue en vida y obra de don Fernando de los Ríos. Porque el flamenco, digámoslo una vez más, es una “vivencia” que Andalucía expresa por medio de las coplas que irán repitiendo, de generación en generación, los más profundos sentimientos del ser humano. El contenido de la copla apasionaba tremendamente al rondeño-granadino, pues sabía que una copla, una “Soleá”, por ejemplo, es capaz de sintetizar toda la temática del Otelo, drama sakesperiano sobre el terrible mal de los celos:

 

La noche del aguacero,

Díme dónde te metiste

Que no te mojaste el pelo.


La inquietud y los celos son dos constantes en las coplas flamencas. Otro gran andaluz y liberal, nos dejó dicho que “... el Cante Jondo y el arte de don Antonio Chacón, de Ramón Montoya y de Pastora Imperio, son algo tan andaluz, por lo menos, como la filosofía de Séneca y Averroes “, así hablaba el lírico Antonio Machado.

 

Y es cierto: el flamenco goza en la actualidad de una buena aceptación no sólo en la sociedad general sino incluso en los estamentos docentes superiores, porque se ha aceptado que los pueblos que más cantan, como afirmó otro andaluz de Montilla, Guillermo Nuñez de Prado, son los que más sufren. Y este es el caso del pueblo andaluz que no ha tenido más remedio que cantar sus penas: penas de hambre, de injusticia, de indiferencia, de humillación, etc. Y no cabe la menor duda que esta circunstancia la conocía perfectamente el erudito y eximio rondeño don Fernando de los Ríos, a quien se le atribuye la expresión de que “el flamenco está repleto de lágrimas, y las dice en sus coplas”:


Si piensas que porque canto

Tengo el corazón alegre,

Yo soy como el ruiseñor,

Que en no cantando, se muere.

(Rondeña )

Pero el flamenco, por otra parte, expresa y manifiesta el mundo íntimo, personal y apasionado del cantaor y, en este caso, de todo un pueblo. Sin embargo, estas “vivencias” sólo se expresan a través del auténtico Cante Jondo, el que apasionaba a don Fernando de los Ríos, quien desde su llegada a la ciudad de los Cármenes se puso al servicio de los obreros, del pueblo mal comprendido y peor tratado. Asimismo, he podido saber que don Fernando tenía por costumbre visitar las tabernas granadinas que, por aquellas épocas, eran los únicos lugares para poder escuchar el cante jondo. Precisamente, la taberna de “Papa Antonio el Polinario”, padre del célebre guitarrista don Angel Barrios, fue centro de reunión de artistas viajeros, de músicos, de cantaores, de conocedores y gustadores de bellezas naturales, de gentes extrañas llenas de pintoresquismo. El tabernero, por aquel tiempo, era un gran tipo humano. Las continuas visitas de don Fernando por las humildes tabernas y reuniones con los cantaores y guitarristas con sus grupos de baile, que yo he tenido el gusto de conocer y vivir, no restaban nada a tan distinguido y notable Catedrático de Derecho Político. Pues bien, en aquellas “tabernicas” y entre amigos, el doctor don Fernando interpretaba los “cantes por bajinis”, con dulce voz y aceptable sentimiento. Y estas mismas ideas las recoge don Eduardo Molina Fajardo en su libro “Manuel de Falla y el cante jondo”, Granada, 1976.

 

Durante mis años de formación en la Universidad de Granada, me contaba Antonio el Costeño que don Fernando de los Ríos cantaba, “por bajinis y aceptablemente”, Rondeñas, Jaberas, Granaínas, Soleares, Serranas, Fandanguillos y Seguiriyas. Este Antonio el Costeño, distinguido cantaor y tabernero en la “Cuesta de San Gregorio” (Granada), fue amigo personal en continuas reuniones flamencas con don Fernando. Así me lo contaba las muchas veces que yo acudí a él para aprender debidamente los “Cantes de Juan Breva”,que él interpretaba magistralmente. Y el me refería la afición de don Fernando por el flamenco, cuyo testimonio quedó bien refrendado con el escrito que el Catedrático de Derecho Político remitió al Ayuntamiento de Granada para que se llevara a cabo el Concurso de Cante Jondo de 1922.

 

Hay un personaje clave, silenciado durante más de cuarenta años, en este famoso concurso granadino de cante: Manuel Peinado Chica (fallecido en El Fargue en 1985), tres años mayor que Federico García Lorca, compañero del poeta en la Universidad granadina y en el célebre viaje en el que conocieron a Antonio Machado en Baeza y a Miguel de Unamuno en Salamanca, doctor en Derecho y licenciado en Filosofía y Letras, alumno predilecto de don Fernando de los Ríos y que como Lorca, fue enviado por el catedrático rondeño con beca de la Junta de Ampliación de Estudios a la Residencia de estudiantes de Madrid, en donde compartió habitación con Luís Buñuel, y amistad entrañable con Salvador Dalí, Pepín Bello y el clan de los granadinos: el propio Lorca, Melchor Fernández Almagro, José Alvarez Cienfuegos, etc, cfr. Revista “CANDIL”, num.6, sepbre-octubre,1996.

 

Pues bien, según testimonio oral de Peinado Chica el “hombre clave” que logró movilizar desde un segundo plano - “desde la sombra”, decía Peinado - a las figuras de las Letras (más que de la Música, que acudieron directamente convocadas por Falla) fue el catedrático de Derecho Político, el rondeño don Fernando de los Ríos, sobrino del fundador de la Institución Libre de Enseñanza, Francisco Giner de los Ríos ( presente también el Concurso del 22). Hombre clave de la Institución en Granada, en torno al magisterio y carisma personal de Fernando de los Ríos se aglutinó toda la intelectualidad progresista, laica y republicana. Fue él - afirma Ramón Serrera en la Revista “Candil”, num 106, pág.2.501 - el que envió a Manuel Peinado a Madrid a preparar Cátedra de Derecho Político y el que aconsejó lo propio a Manuel Angeles Ortiz, a García Lorca, a Antonio Gallego Burín, a José Alvarez Cienfuegos o a Pedro Alcalá Espinosa (de Baena); y el que , a través de sus múltiples contactos con la intelectualidad española del momento, facilitados por el sutil entramado de relaciones de la Institución, consiguió que todas las grandes figuras del mundo de la cultura apoyaran la celebración del Concurso, bien a través de cartas y escritos de adhesión, o bien participando en las distintas fases de su organización y desarrollo (los hermanos Machado, Juan Ramón Jiménez, Adolfo Salazar, Hermenegildo Giner de los Ríos , etc.).

 

Se sabe también , y con plena certeza, que don Fernando de los Ríos era asiduo contertulio del Café-Bar “El Rinconcillo”, donde se tenían frecuentes reuniones para hablar solamente de música en general y de arte flamenco; y no menos conocida es su fuerte amistad con Federico García Lorca, Fermín Garrido Cuesta, Manuel Jofré, Alejandro Otero, Manuel de Falla, Angel Barrios, Miguel Cerón, Andrés Segovia, Juan Ramón Jiménez, Antonio Gallego Burín, etc., etc...., amantes todos del flamenco en su más profunda “jondura” y ortodoxia. También he podido saber que don Fernando contaba con la amistad de los famosos cantaores: José Cepero, Frasquito Yerbagüena, Niña de los Peines, don Antonio Chacón, Joaquín Vargas Soto “El Cojo de Málaga”, Manuel Torre, y todos los artistas flamencos del Sacromonte. En una palabra: Don Fernando supo conjugar perfectamente el mundo de la clase obrera con la Universidad y sus grandes amores por el flamenco en su trilogía de Cante, Baile y Toque. Muchos detalles han sido narrados por mi propio padre, ya fallecido.

 

Conforme a los datos que he podido recoger, puede afirmarse que la afición de don Fernando al flamenco le vino desde niño, nacida en las flamenquísimas entrañas de la serranía de Ronda, de su ambiente familiar y, sobre todo, por el conocimiento tan profundo que tenía de Andalucía. Y tal es así que la “Ciudad del Tajo” ha estado siempre presente en la historia flamenca. Las “Escenas andaluzas” (1847), de Serafín Estébanez Calderón, nos habla ya de la “Rondeña”, fandango natural que logró su mayor expansión durante el último tercio del siglo XIX; y los antiguos estudiosos del flamenco siempre ponían a Ronda como uno de los vértices del famoso "triángulo flamenco", en cuya línea estaba el malagueño José Carlos de Luna, y la defendió en su libro “De cante grande y cante chico” (1926).

 

Es opinión admitida que Ronda ha sido “piedra fundamental” en la génesis de estilos flamencos. Y si no, ¿quién no ha oído hablar de Tobalo de Ronda, creador - según muchos testimonios - de El Polo?. ¿Qué aficionado al flamenco no conoce a Anica/Anilla/Anita - según Lorca - la de Ronda y sus soleares? Habría que investigar, por otra parte, los manuscritos de Vicente Espinel, poeta, escritor y músico, a fín de conocer - si fuera posible - los orígenes del flamenco, que aún no conocemos perfectamente. El poeta rondeño podría ser un camino muy importante, apodícticamente , en los inicios del cante.

 

Como cantaor, opino y sostengo que en Ronda se han dado tres condiciones, al menos, propicias para el nacimiento de cantes: Geográficas, Antropológicas y Musicales. Esta fue la tierra - tierra de Cante, Toros y Naturaleza - que vió nacer a don Fernando de los Ríos Urruti, quien supo valorar la “grandeza Musical y Cultural del arte flamenco”. La presencia de don Fernando en el mundo flamenco debería satisfacernos plenamente porque con ella nos da a entender que este inconmensurable arte no es patrimonio - como algunos han predicado - de gente inculta y clases bajas: NADA MAS LEJOS DE LA VERDAD.

 

Podría ofrecer una larguísima lista de hombres que no sólo admiran el flamenco sino que lo interpretan bien: Fernando Montoro, Catedrático de Química; Manuel de la Puerta, Otorrinolaringólogo, en Ronda; Fernando Lastra Sánchez, Ginecólogo, en Cartagena; Juan Antonio Pérez-Bustamante de Monasterio, Catedrático de Química en la Universidad de Cádiz; Manuel Cano Tamayo, Catedrático de Guitarra y Perito Mercantíl (q.e.p.d.), su hijo José Manuel es Concertista de Guitarra y Médico; Manuel Sánchez Jofré ,Catedrático de Medicina en la Universidad de Granada; Francisco Rubio, Catedrático de Lengua y Literatura; José Martínez Hernández, buen cantaor, Catedrático de Filosofía; José Calle Cáceres, Médico en Torre del Mar, y...... un interminable etcétera. En una palabra: El flamenco forma parte del acervo cultural del pueblo andaluz, y los “grandes hombres” han sabido valorarlo en su justa medida. Uno de ellos fue, sin lugar a dudas, don Fernando de los Ríos: CANTABA BIEN “POR BAJINIS”.-