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El sentir Flamenco en Emilio Prados 2 PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   
Emilio Prados

Sería improcedente, refiriéndonos a Emilio Prados, no observar la relación unitaria que aparece entre “su poesía” y “su vida”. Es imposible aproximarnos al conocimiento de una sin describir la otra, ya que está demostrado que Prados entregaba la vida entera a su quehacer poético constante; de la misma manera, la poesía determinaba también “su forma” de vida. E. Prados vivió e hizo lo que sentía en su profundo ser: vida poética y producción literaria.

 

Se dice que uno de sus rasgos característicos y habituales fue su permanente alegría.Esta faceta que, a decir de Jorge Guillén, contrastaba con la seriedad de su poesía, suele ser comentada por todos los que le conocieron. Para ahondar en la alegría de Prados - afirma Patricio Hernández - es necesario partir de la adecuación con su mundo poético y de su carácter. Alegría del que se sabe conforme con lo que le ha tocado vivir - en flamenco encontramos .

Sería improcedente, refiriéndonos a Emilio Prados, no observar la relación unitaria que aparece entre “su poesía” y “su vida”. Es imposible aproximarnos al conocimiento de una sin describir la otra, ya que está demostrado que Prados entregaba la vida entera a su quehacer poético constante; de la misma manera, la poesía determinaba también “su forma” de vida. E. Prados vivió e hizo lo que sentía en su profundo ser: vida poética y producción literaria.

 

Se dice que uno de sus rasgos característicos y habituales fue su permanente alegría.Esta faceta que, a decir de Jorge Guillén, contrastaba con la seriedad de su poesía, suele ser comentada por todos los que le conocieron. Para ahondar en la alegría de Prados - afirma Patricio Hernández - es necesario partir de la adecuación con su mundo poético y de su carácter. Alegría del que se sabe conforme con lo que le ha tocado vivir - en flamenco encontramos .

Yo no me quejo a mi estrella

que no hay “cosita” en el mundo

que no me salga con ella;

 

y con la tarea de entrega que cotidianamente realizaba mediante su escritura. Y por lo que respecta a “su carácter”, es importante resaltar que éste se configura a partir de la moral que adquiere en contacto con sus preceptores de la Institución Libre de Enseñanza. Una moral rígida que no admite ningún tipo de hipocresías, muy exigente en el respeto a los principios personales “, cfr. R. Litoral, núm. 186/187 Nunca a mi ley falté .... que nos dirán Juan Breva, Tomás Pavón ,etc.......”

 

Se sabe, por otra parte, que Emilio Prados procuraba evitar la frivolidad, la falsedad y todas aquellas vías a las que en demasiadas ocasiones los artistas se someten para alcanzar elevados estados de notoriedad. Prefería, al igual que un niño, las gentes sin pretensiones, vivir con las cosas naturales de su entorno, dedicarse a la lectura de libros, a escuchar placenteramente música. Todavía quedan personas en Málaga que lo recuerdan alentando a los obreros de la fábrica de muebles paterna para que demandaran mejoras laborales, o bien dirigiendo la Imprenta Sur y contratanto obreros, o bien ayudando a los pescadores del barrio malagueño de “El Palo” con su trabajo, y asistiéndoles con calzado y comida; incluso, fomentando reuniones flamencas y Pandas de Verdiales. Prados se permitió el lujo de no asistir a la conmemoración del tricentenario de Góngora en el Ateneo de Sevilla, ni a la misa funeral que en Madrid habían organizado sus compañeros por el alma del poeta cordobés. Sin embargo, nunca perdió sus contactos con los miembros del 27, quienes publican sus artículos y libros en la revista Litoral que dirige con su inseperable amigo Manuel Altolaguirre (19O5-1959).

 

Emilio Prados, no obstante su distanciamiento aparente con los círculos literarios de su época, está considerado como uno de los primeros poetas que se adhirieron a los principios surrealistas, seducido por su moral y su espíritu revolucionario. Fruto de esta atracción será “Séis estampas para un rompecabezas” (1925), uno de los primeros textos surrealistas en castellano. Se puede, asimismo, afirmar, que Prados fue un poeta que mostró igual interés por el surrealismo como por la poesía purista. El radicalismo político de Prados, por otra parte, ya se iba manifestando clara y públicamente, por cuya tendencia no le fue permitido alojarse en la Residencia de Estudiantes ( Madrid ) con el fín de entrevistarse con Luís Cernuda y Vicente Aleixandre. Lógicamente, su ideología política se infiltra de lleno en la forma de concebir la poesía, y, consecuentemente, salpicada por las corrientes o tendencias sociales en las que Emilio Prados se mueve.

 

Sé por referencias orales de don Angel Caffarena, sobrino del poeta y recientemente fallecido, que esta actitud social y poética llevaron a Prados a emplear el romance tradicional, porque lo consideraba la forma idónea para cantar las miserias de su entorno y las injusticias que él ve como algo propio. Fenómeno parecido ocurre en el campo de las coplas flamencas:

Cuando un pobre se emborracha

y un rico en su compañía,

la del pobre es borrachera;

la del rico, alegría”.

A un torito en la plaza

no le temo tanto

como le temo a una “malina” lengua”

y a un testigo falso”

( Seguiriya).

 

O bien :” Yo me fié de la verdad / y la verdad me engañó./ Cuando la verdad me engaña / ¿de quién me voy a fiar yo. // La verdad y la mentira / son dos gemelas iguales / que andan juntas por el mundo / sin que las distingua nadie.

 

Es cierto que dinero y pobreza han inspirado muchas coplas flamencas; el flamenco se limita - según tradición - a consignar con amargura pero sin pretensiones reivindicativas, el hecho de la injusta distribución de la riqueza .” Ya no me habla en la calle. / En mí se cumplió el refrán: / tanto tienes, tanto vales”. “Cuando se muere algún pobre / ¡qué solito va el entierro! / Y cuando se muere un rico / va la música y “er” clero”. Pues bien, una circunstancia que favorecerá a Emilio Prados para introducir estos metros, será la revolución de Asturias en 1934. Aparece su obra “Llanto de octubre”. De esta forma, Prados se convierte en el precursor de la llamada “ poesía revolucionaria”, que pondrá en práctica durante la Guerra Civil (1936 -1939). En el mundo flamenco, aprovechando la “Epoca de transición” (1975), se echa mano de la copla en sus diversas estructuras, pero no tuvo gran repercusión. Porque el flamenco se hunde en unas raices mucho más profundas: EL HOMBRE EN SU COMPLEJO MUNDO ANIMICO.

 

Pero Emilio Prados, poeta por naturaleza, no cesará de evolucionar en la concepción de nuevas formas estéticas, y así podrá observarse cómo la poesía de sus primeros años de exilio ( México ) está orientada por una intensa preocupación por el ser humano y su destino: formas claramente alineadas con la de los poetas de la postguerra, es decir, Prados es un poeta que “vivió su tiempo”, y siempre permeable a las nuevas tendencias. En este sentido, así se manifiesta Patricio Hernández: ”Prados actúa en muchas ocasiones como impulsor fundamental de movimientos renovadores. Ahí radica precisamente su importancia en el contexto poético de nuestro siglo, puesto que su poesía se convierte en paradigma evidente de la mejor literatura que se va a escribir en España tras nuestro Siglo de Oro “, cfr. R. Litoral,núm. 186, pág. 15.

 

No siento ningún rubor en afirmar, comparada su poesía y la flamenca, que la poesía de Prados puede ser encajada perfectamente dentro de la llamada “Poesía existencialista". Así lo ha visto uno de sus mejores críticos, José Sanchís-Banús para quien en la poesía pradiana siempre aparece “la referencia exclusiva a la existencia vivida”. Ahora entiendo las explicaciones de don Angel Caffarena acerca del sentido existencialista de la copla flamenca y su proyección en su tío Emilio; y en la misma línea está Juan Larrea: “Lo suyo era la vivencia lírica, el dolorido o sublimado sentir”, afirma su primer biógrafo. Todo esto me ha llevado a ver en Emilio Prados - tiempo ha - al poeta en perfecta consonancia con el “sentir metafísico y antropológico” de la esencia del Cante Jondo: EL HOMBRE. Y él no cesaba de buscarlo:

Me duele tanto el quererte

que sueño con olvidarte

para que me llegue la muerte”,

o

Soledad no es estar solo.

Soledad es quererte yo a ti

y que tú quieras a otro“,

nos dirá la tradicional copla flamenca, en tanto que Prados: ”A la vez que soy no soy , / pero he de llegar a ser / lo que quisiera ser hoy, / cuando entienda que el no ser / es ser lo mismo que estoy. // Preguntando y preguntando / pude llegar a saber / que nada estaba buscando / para quitar este padecer / que ya me estaba matando " cfr. "Mínima muerte” , 1944 ( Poemas interpretados por ”Fandangos del Curruco de Algeciras” en la voz de A. Arrebola,1999 . “Homenaje Flamenco a E. Prados ).

 

El perfíl biográfico de Emilio Prados nos induce a aceptar el entusiasmo que le prestaba el mundo flamenco. Nada de extraño tiene, por otra parte, esta afición dado su nacimiento malagueño. En 1922 conoce al pintor Manuel Angeles Ortíz (Jaén) con quien mantendrá una larga y estrecha amistad, debido precisamente a sus ideas sobre el flamenco; y en los meses de mayo y junio, por encargo de don Manuel de Falla y Federico García Lorca, cuya amistad le decepcionó, se encargará Prados de.... ”buscar cantaores malagueños” para participar en el Concurso de Cante Jondo de Granada (1922). Su relación con el flamenco estaba también unida a la de Salvador Rueda, quien había sido propuesto para pronunciar la Conferencia de presentación del famoso concurso, pero las circunstancias hicieron que lo diera el joven poeta granadino (solo 24 años) Federico García Lorca. Según me contaba don Angel Caffarena Such, Emilio Prados era un ferviente devoto de los cantes de Juan Breva, Joaquín Vargas Soto “Cojo de Málaga”, Sebastián Muñoz “El Pena”, Niña de los Peines, don Antonio Chacón, Manuel Torre, José Cepero ....y un apasionado admirador de la guitarra. No olvidemos que la música fue una de las grandes aficiones de Prados.

 

Como quiera que me ocupo del aspecto flamenco de E. Prados, es por lo que sólo diré que su perfil biográfico no pudo ser más duro,triste y difícil. La desgracia fue siempre su inseparable compañera. Prados pudo haber dicho a cada paso aquello de “¡Qué desgraciaito, mare, / soy hasta en el andar!. / ¡Cómo los pasitos que yo echaba “palante”/ se me “gorvían” patrás”. Salgo de mi casa / salgo maldiciendo / hasta los santos que están en los cuadros, / la tierra y el cielo” (Seguiriyas). Pero su tesón y confianza en sí mismo le conducen a seguir produciendo maravillosos poemas que formarán los distintos títulos que dio a conocer la imprenta. La muerte, su inseperable compañera desde niño, como él mismo nos ha contado, le estaba acechando: “Abrase la tierra / que no quiero vivir / pa vivir como estoy yo viviendo / más vale morir” y aquella otra célebre seguiriya: ”Yo quisiera morirme / y oir mi doble / sólo por ver quién decía / ¡Dios lo perdone!.

 

La muerte , su muerte, se le presentó en la mañana del 24 de abril de 1962:

Dejadme morir despierto,

que yo no quiero soñar

que dormir es estar muerto.

 

Sólo recoja mi voz

el que, al desnudar el viento, conozca el cuerpo de Dios “

(Mínima muerte, 1944 ).

 

Vida triste y difícil de sobrellevar fue la que tocó en suerte al poeta malagueño Emilio Prados Such. Después de una reflexiva lectura de su obra, me he atrevido a definirlo así: ”POETA AMPLIO, PROFUNDO, DIFERENTE, ORIGINAL y.....UNICO” Y él me dirá:

Andar de mi pensamiento:

Qué peregrinar de luz

Por su infinito desierto”

Y en otro momento:

Huyendo voy de la muerte,

Vengo huyendo de mí mismo,

Que ya la muerte y mi cuerpo

Tienen un solo sentido

Tanto a mi cuerpo le temo,

Que no sé si el estar vivo

Es morir o estar despierto

O muerto soñar dormido.

Tanto temor padecí

Como hallé,por fín, alivio.

Hoy no sé si vivo o muerto

O en la eternidad habito...”

(Jardín cerrado. 1946 )