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escrito por Alfredo Arrebola   
Poeta Francisco Villaespesa

EL SENTIR FLAMENCO EN VILLAESPESA

El desengaño y la pena

Engendran el canto mío;

No extrañes que sea tan triste…

¡De tales padres tal hijo!

( F. Villaespesa, “Intimidades”, 1898).

La Peña Flamenca “Pedro el Morato”, de Almería, me brinda la oportunidad de escribir unas líneas sobre Francisco Villaespesa (Laujar, Almería, 1877 – Madrid, 1936) desde su perspectiva flamenca. Es para mí – cómo no – un inmenso honor cooperar en el 25 aniversario de una Peña que viene trabajando, día a día, en la revalorización cultural y artística de nuestro mal comprendido arte flamenco. Y, dada esa vivencia cultural, es aún mayor la satisfacción hacerlo en nombre de uno de los poetas que más influyó en sus contemporáneos y más admiraciones populares y oficiales concitó durante las primeras décadas del siglo veinte en España y América. Y sin ningún género de dudas, el poeta almeriense se constituyó en una personalidad ineludible como agente del cambio poético y agitador de la vida literaria. Porque Villaespesa , como afirma el Profesor Sánchez Trigueros, Catedrático de la Universidad de Granada, además de figura clave en el triunfo del modernismo en la península, significó en aquel momento muchas cosas: fue el primer escritor español que se planteó la literatura como una “lucha”, donde sólo podían vencer la constancia, la firmeza, la abundancia y una dedicación total al trabajo poético; fue guía de poetas tan jóvenes como él (“Hermes conductor”, lo calificó Rafael Cansinos): así, por ejmplo, introdujo a Juan Ramón Jiménez en los ambientes literarios madrileños y aún fue consejero de sus primeros libros, ayudó a darse a conocer a Antonio Machado, cuya primera edición de “Soledades” (1903) publicó como anejo de una de sus revistas ( hasta ese momento Antonio era sólo el hermano de Manuel), presentó en sociedad literaria a José Sánchez Rodriguez (del que publiqué un disco compacto “Homenaje Flamenco al Poeta José Sánchez Rodriguez”. Málaga, 1998), a Isaac Muñoz Llorente, a Fernando Fortún, entre otros muchos escritores. Pero Villaespesa, además, creó todo un amplio espacio de acogida favorable alrededor de la figura de Rubén Darío; fundó un buen número de revistas, naturalmente efímeras como la mayoría de las revistas literarias de la época: Electra, Revista Ibérica, Revista Latina, por ejemplo; su piso madrileño, donde su primera esposa Elisa se consagró como musa modernista, fue centro de tertulias y reuniones literarias, en las que se forjaron mil y un proyectos poéticos; libró, en suma, la primera gran batalla del modernismo español con su libro “La copa del rey de Thule” (1900) y, sin la menor duda, fue el poeta más grande que ha conocido el mundo flamenco. Digan lo que digan las pseudocorrientes modernas de la Flamencología. Más aún: muchos poemas de famosos poetas del flamenco están inspirados en los de Villaespesa, y no pocos plagiaron al poeta de Laujar. Así lo intentó demostrar en Málaga el poeta de Arcos de la Frontera, Antonio Murciano, con motivo de los “Simposios Flamencos” organizados por la Diputación Provincial de Málaga y la Peña Flamenca “Juan Breva”.

 

Un día, ya muy lejano, tuve la suerte de ser invitado por otro poeta también almeriense- recientemente fallecido – Vicente Asensio Mochales , para dar un recital y cantar la “Misa Flamenca” en Huércla-Overa. Aquí, hojeando la obra poética de Villaespesa , me fijé en “Cantares” y comprendí, por un simple azar, que en Villaespesa estaba plenamente reflejada la expresión milenaria del pueblo andaluz: El Cante. Desde entonces, Villaespesa se hace amigo y compañero mío. No esperaba, lo confieso públicamente, que este poeta de la “lucha interna” fuera poseedor de una musa tan delicada y tan fina sobre una de las manifestaciones culturales de Andalucía:El Cante Flamenco. Creo haber comprendido a Villaespesa. Tal fue así, que decidí que sus “versos flamencos” fueran objeto de un capítulo de mi tesis doctoral: “El Cante Flamenco, vehículo de comunicación humana y expresión artística”.Universidad de Granada, 1978.

 

Más de una vez me iba preguntando: ¿Qué sintió Villaespesa ante el Cante Jondo? ¿Cómo le fue posible a este poeta dejarnos escritos tan “flamenquísimos poemas” de los que otros se aprovecharon? ¿Por qué se tiene en olvido a un hombre que necesariamente sintió el flamenco en sus propias carnes? ¿A qué se debe que la llamada “Flamencología” no haya catalogado al “Cantor de la raza” como uno de los primeros que puso su “inspiración poética” para cantar lo que siente el más poeta natural, el pueblo andaluz? Y, ¿Qué sería el flamenco para Villaespesa? Tal vez la sobreabundancia lírica del poeta almeriense haya cubierto con grueso vuelo la exquisita y apropiada de sus “Cantares Flamencos”. Diego Sanjosé calificó a Villaespesa como “heredero único y forzoso de José Zorrilla. Pero Villaespesa - afirma Federico de Menizábal - siempre y más que nada español, es también el andaluz típico del cante, que por expresiva fuerza pasionera nos echa coplas que hablan del patíbulo, la reja, la navaja, los celos, el vino, la cárcel, la noche, la ronda, de Dios, la vida futura….. con plenitud española”, cfr. Federico de Mendizábal en “Introducción y Notas a “Poesías Completas” de Francisco Villaespesa”. Edit. Aguilar, 1954.

 

Ahora bien, si el Cante Jondo se define por los sentimientos naturales dichos en coplas o cantares, sin la menor duda en Villaespesa encontramos perfectamente definidas las ideas y sentimientos sobre la guitarra, tristeza, Dios, campesinos, amor, madre, pena, decires, sentencias, cárceles, enfermedades, saetas, verdades naturales, mentiras, motivos andaluces, superstición, cantares de ciego, toros, ferias, romerías, fiestas religiosas…. Un compendio exacto y una radiografía muy fiel de todo el componente metafísico de la esencia del arte flamenco. Y de cada motivo ofrece el poetas varias composiciones. Pero donde más sobresale , según mi criterio, es en el campo de las Soleares y Seguiriyas. La estructura métrica, el pensamiento y el ritmo son perfectos .Y esto tuvo necesariamente que sentirlo el poeta de Laujar, ya que a la corta edad de nueve años nos dejó escritos unos preciosos versos en loor de unos ojos, que pueden ser cantados por soleá, fandangos , etc. Dicen así:

 

Son tus ojos dos luceros

que me alumbran mi camino;

dos ángeles mensajeros

que custodian mi destino.

Dos piadosas golondrinas

Que con sus picos de luz

Me arrancaron las espinas

En la noche de mi cruz (1886).

Se sabe claramente que la vida de Francisco Villaespesa transcurrió en un ambiente muy poético, andaluz y flamenco, aunque, por desgracia, quedó huérfano a los dos años de su existencia (1879). El estigma del dolor le acompañará a lo largo de toda su vida. No es extraño que en el año 1899 dedicara a sus amigos de Almería y Málaga el poema “Luchas”:


De dolor heridos

temblaron mis huesos;

doblé mi cabeza, se nubló mi vista

y lloré un momento” (cfr. Poesías Completas, pág. 78. Ed. Aguilar, 1954).

Este poema, y otros más, lo dejé registrado por “Seguiriyas” en mi disco Lp. “ Flamenco tradicional”, acompañado por la guitarra de Manuel Cano (MUSIMAR. Málaga, 1978).

 

Siempre he pensado que para “sentir y amar” el flamenco es preciso conocer en propias carnes el dolor, la pena, los desprecios, los sinsabores de la vida; haber bebido y “apurado” el cáliz de la pasión amorosa hacia la mujer, conocer y sufrir la “soledad” de los hombres y de Dios; sublimar la envidia y rencores, más aún:pisotearla. Saber dialogar en la última batalla preagónica con la divinidad. Eso fue toda la existencia de Francisco Villaespesa, quien, momentos antes de morir, nos dejó escrito, con mano temblorosa de finitud vital, estos versos, a modo de “diálogo con su Dios” (Villaespesa fue un hombre profundamente religioso):

 

¡Sólo cuando me salgo de mí mismo,

con Dios me encuentro, porque Dios empieza

donde la humana inteligencia acaba!.