Los romances en el flamenco 2ª Parte | Los romances en el flamenco 2 Parte |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
| viernes, 01 de febrero de 2008 | |
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Los romances en el flamenco 2ª Parte. El siglo XV es de capital importancia en la historia del arte flamenco, ya que en esa época es cuando llegan los gitanos a España (¿1.425?), y el romancero estaba en pleno auge; romancero que los “calorrós” asimilarán con asombrosa perfección, algo muy natural en esta raza que, en un principio fue acepta y mimada en Andalucía. Si algún lector tiene interés por conocer qué fue de los gitanos en nuestra patria, puede consultar en este Semanario el artículo “Los gitanos en España” (19/08/2003).
Ahora bien, esta exquisita cualidad de “adaptación y recopilación” de los gitanos les servirá más adelante para que, basándose en cantos ya existentes, es decir, folklóricos o preflamencos, den un giro de plena transformación de los romances ( cantos populares) al actual flamenco. He ahí, pues, la grandeza de esta raza cañí llegada a nuestra tierra en plena efervescencia del romancero. Porque, seamos sinceros, ¿quién puede negar que los gitanos hicieron la versión flamenca de los romances?. Y aunque no se pueda demostrar apodícticamente que los primeros cantaores mencionados en las “Escenas andaluzas” (1847) – tampoco lo contrario – fueron gitanos, no obstante será el cantaor gitano quien le dé “forma flamenca” a los romances tradicionales, incluso en sus diversas formas: épicos, líricos, fronterizos , etc. Costumbre que arranca de la literatura española y siempre atribuida a los gitanos. Pues tampoco puede negarse que existe un “romancero andaluz” con las mismas características del romancero español. Así lo admiten Pedro M. Piñero y Virtudes Atero en “Romancero andaluz de tradición oral” (cfr. Biblioteca de la Cultura Andaluza. Sevilla, 1986), quienes afirman: “¿Puede hablarse un romancero andaluz? Puede y debe hablarse de un romancero conservado en Andalucía que, desde el punto de vista temático, es el mismo que se canta en el resto de la Península. Los temas, pues, pertenecen a la comunidad hispánica, y cuando unos temas, como los fronterizos, por poner un ejemplo, aparecen por unos hechos concretos y en zonas determinadas, se extienden por toda la geografía hispánica sin reticencias de exclusivismos regionales. Son de todos. Se puede hablar, desde luego, de las peculiaridades del romancero andaluz frente al de otras zonas”.
Fue don Ramón Menédez Pidal quien, con buen acierto, estableció para el romancero peninsular dos grandes zonas, cada una con sus características. El romancero andaluz es el más innovador y sus versiones son las más modernas y de mayor fuerza expansiva por toda la Península. Pero también hay que señalar que, salvo escasas excepciones, Andalucía no ha conservado restos de temas históricos ni épicos antiguos. Las excepciones se encuentran en el pequeño núcleo de gaditanos que curiosamente mantienen en su amplio repertorio flamenco algunas versiones del romancero épico.
Hasta ahora, parece que es entre los gitanos del Puerto de Santa María (Cádiz) donde más restos de estos temas se han conservado; así, por ejemplo, José de los Reyes Santos “El Negro” sorprende al estudioso con algunas versiones no sólo de de Bernardo, sino con otros textos que son retazos de romances fronterizos con recuerdos de destacadas acciones de los capitanes españoles en la conquista de Granada, y que estaban de moda a lo largo del siglo XVI y XVII. También los gitanos de Mairena del Alcor y Lebrija (Sevilla) han guardado restos de romances antiguos. Este fenómeno, debemos añadir, se da también en otras provincias andaluzas a través precisamente de los gitanos.
En la actualidad, se denominan “romances” a las formas tradicionales de “romances, corridos, corridas o carrerillas” con cuyos apelativos suelen aparecer en la literatura. Los escritores flamencos admiten que los “corridos no son otra cosa que versiones gitanas de los viejos romances medievales”, así opina, entre otros, Luís Suarez Avila en “FIESTA DEL CANTE DE LOS PUERTOS”.Puerto de Santa María, Agosto 1971. Existe, como un hecho totalmente constatado, un grave y delicado problema musical consistente en saber qué tipo de música empleaban los gitanos para cantar los romances, como no menor problema es demostrar la exclusividad de los cañís en la interpretación de los romances.
Pensamos que el pueblo cantaría romances, cuyos modelos emplearían los gitanos con su particular gracia para el canto y el baile. Por tanto, puede afirmarse que estamos en una etapa folklórica o “preflamenca” ya que el flamenco propiamente dicho no aparece – histórica y literariamente – hasta finales del siglo XVIII. Los textos literarios – en verdad – no son abundantes en noticias sobre este particular, pero sí lo suficiente para rastrear el camino de los romances en boca del pueblo andaluz, y de manera especial de los gitanos andaluces. Para ello no tenemos más remedio que iniciar este recorrido partiendo del más genial de los novelistas españoles: Miguel Cervantes de Saavedra (1547 -1616). No podía faltar – afirma Pedro Camacho Galindo en su obra “Los payos también cantan flamenco”, pág. 42 - este dato en Cervantes: la presencia en España de este extraño grupo que tanto perturbaba ya, a casi medio siglo de distancia de su inmigración, la vida cotidiana de toda la Península. Con más razón, habiendo convivido con dicho pintoresco pueblo en el lugar de su mayor adaptación: Andalucía; y mucho menos si como afirman algunos gitanófilos, Walter Starkie entre ellos, una de las tías de Cervantes era de raza gitana”. Cervantes nos relata, con su inigualable maestría, las costumbres, modos de vida y características singulares de este pueblo. Es algo que está en la mente de cualquier persona medianamente culta. Y la linda Preciosa – como se sabe – es el personaje central de “La Gitanilla”, una de las famosas “Novelas Ejemplares” del inmortal “Manco de Lepanto”. |