Contenidos
PORTADA arrow Los romances en el flamenco 3ª parte
Los romances en el flamenco 3 parte Imprimir
Calificación del usuario: / 3
MaloBueno 
escrito por Alfredo Arrebola   
Tuesday, 12 de February de 2008

Cuando Cervantes describe a Preciosa, protagonista de “La Gitanilla”, nos la presenta así: “... Salió Preciosa rica de villancicos, de coplas, de seguidillas y zarabandas, y de otros versos, especialmente de ROMANCES, que los cantaba con especial donaire”. Pero un poco antes: “.... Salió Preciosa la más única bailadora que se hallaba en todo el gitanismo, y la más hermosa y discreta que pudiera hallarse, no entre gitanos, sino entre cuantas hermosas y discretas pudiera pregonar la fama”. Hay que manifestar que la relación de “cantes y bailes” que menciona Cervantes – que propiamente no eran “flamencos” – no eran patrimonio exclusivo del mundo flamenco. Lo que nos hace admitir que el origen primario de estas formas cantables procedían del romancero general. Esta teoría la comparte también Pedro Camacho Galindo en su extraordinaria obra “Los payos también cantan flamenco”, quien afirma rotundamente que “... ni directa ni indirectamente se puede entrever en la relación de cantes y bailes de esta tribu, en su largo peregrinaje, algo que se parezca al cante flamenco. Y a la aguda percepción de Cervantes no pudo pasar desapercibido un hecho tan sobresaliente y peculiar, si es que hubiese existido”.

Sin embargo, escritores y musicólogos nacionales y extranjeros concuerdan totalmente- cfr. “Tras las huellas del flamenco. El mundo gitano en la obra de Cervantes”, pág. 64, de Manuel López Rodríguez – en la influencia del pueblo gitano en el flamenco, aún admitiendo su derivación de los cánticos religiosos bizantinos o de los que entraron en España con la invasión árabe. Para Manuel de Falla, Joaquín Turina y Claude Debussy no hay la menor duda de esta influencia gitana en los cantes flamencos.

 

Mi opinión, si alguien quiere aceptarla dada mi larga experiencia cantaora, es ésta: Creo rotundamente que de no haber existido el pueblo gitano en Andalucía, no tendríamos ahora lo que denominamos “Cante flamenco”; tendríamos cualquier otra cosa, menos flamenco. Sostengo que fueron los gitanos quienes dieron la forma definitiva al cante, lo que no implica el poder afirmar – como lo han hecho ciertos gitanófilos – que los gitanos crearan el cante. Nada más lejos. Sin embargo, la forma última y específica, sí. Esta idea está perfectamente descrita en el discurso que Federico García Lorca pronunció en el Centro Artístico de Granada (1922). El poeta de Fuente Vaqueros afirma categóricamente: “... Este pueblo misterioso y errante fue el que dio forma al cante jondo”, cfr. “Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz. Llamado Cante Jondo”.O.Completas, Aguilar, 1980 (T. II).

 

Esto nos lleva a reconocer que tanto en la lírica como en el cante se ha producido necesariamente una “evolución”, la cual se hubiera producido sin la presencia del elemento gitano, pero que al darse ésta – afirma López Rodríguez en la obra citada, pág. 66 – la evolución cambió de ruta y posiblemente de velocidad. Es, por tanto, imprescindible hacer estas breves anotaciones sobre el gitano, puesto que ellos han sido los forjadores de los “Romances flamencos”. Pero también hay que admitir que esto no excluye la participación de los cantaores payos en los romances. Se trata, pues, de un fenómeno de adaptación y superación, que se ha dado en otros terrenos artísticos. Así lo confirma, por otra parte, la filosofía, la etnología y la antropología.

 

Los textos cervantinos son, sin duda alguna, abundantes en la enumeración de cantes y bailes gitanos, ¿naturales de los gitanos o adquiridos? Esta es la terrible cuestión. En la segunda página de “La Gitanilla” ya nos presenta Cervantes a Preciosa cantando romances: “... De entre el son del tamborín y donaire y castañedas y fuga de baile salió un rumor que merecía la belleza y donaire de la Gitanilla y corrían los muchachos a mirarla; pero cuando la oyeron cantar, por ser la danza cantada, allí sí que cobró la fama de la Gitanilla; cuando llegaron a hacerla en la Iglesia de Santa María delante de la imagen de Santa Ana, después de haber bailado todas, tomó Preciosa unas sonajas, y cantó el siguiente romance:

 

Arbol preciosísimo,

que tardó en dar fruto

años que pudieron

cubrirle de luto.

Y hacer los deseos

del consorte puros,

contra su esperanza

no muy bien seguros”

 

En “Pedro de Urdemalas”, Cervantes nos ofrece un largísimo romance que, por su estructura de seis sílabas ( romancillo), tiene la misma estructura métrica que la Alboreá: canto de bodas gitanas. Entresacamos, al menos, una estrofa:

 

Bailan las gitanas,

míralas el rey;

la reina con celos

mándalas prender”.