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escrito por Alfredo Arrebola   
jueves, 07 de febrero de 2008

Rafael de León poeta andaluz y compositor del trío Quintero, León y Quiroga

RAFAEL DE LEON (1908 – 1982)

Se han cumplido ya los primeros veinticinco años, es decir, un cuarto de siglo, de la muerte de aquel bohemio poeta aristócrata, RAFAEL DE LEON, y sólo de pasada don Francisco Barbachano (Cardedeu-Barcelona) nos ha dejado un precioso artículo para honrar la memoria de tan ilustre sevillano.

Don José María Pemán, sepultado injustamente en la cuneta del olvido, dijo que “no hay cosa más trágica para un pueblo o una región que eso de que le claven, como a una cruz, a una literatura fácil y a unos adjetivos inalterables y únicos”. Esto es lo que ha sucedido con Andalucía. Nadie pude negar que la poesía andaluza ha gozado siempre del favor popular: poesía que ha llegado siempre al pueblo. Y no por fácil, dirá el poeta jerezano Manuel Ríos Ruiz, ni por vulgar, sino por humana y filosófica. Y este lirismo del pueblo en sí ha sido en todas las épocas un deseo de todos los poetas andaluces; sin embargo, no todos han conseguido hacer la copla que el pueblo cante, como si fuera algo propio del intérprete. ¡Qué pocos poetas lograron esta sublime aspiración! Porque, a la verdad, “… las coplas no se escriben: se cantan y se sienten; nacen del corazón, no de la inteligencia, y están más hechas de gritos que de palabras… Sólo la costumbre de llorar cantando, propia de nuestro pueblo, es capaz de encerrar tanta pena y tantos amores en los tercios de una malagueña o en el canto llano de una seguiriya”, tal como escribió el inmortal Manuel Machado en el “Prólogo” de su “Cante Hondo” (1912).

No puedo olvidarme de don Francisco Rodríguez Marín quien, en el Ateneo de Madrid (1910), dijo que las principales cualidades de la copla son la espontaneidad, la claridad y la sobriedad. Añadiendo: “a la espontaneidad se debe una excelencia que para nosotros quisiéramos los versificadores cultos: la poesía popular no tiene ripios”, cfr. “La copla. Bosquejo de un estudio folklórico” (Madrid, Revista de Archivos, 1910). Los hermanos Álvarez Quintero –que dominaban el arte de la copla – la definieron como “…un género literario que parece muy sencillo y es muy difícil”. Y afirmaban que no era necesario ser un gran poeta para llegar a ser un gran coplero, pero si era indispensable llevar en el corazón un granito de sal especialísima. Esto es, hay que tener una cualidad innata, ya que la copla popular, y aún más la andaluza, “simboliza casi siempre la postrimería de una experiencia vital, su residuo definitivo, su decisiva sugerencia”, como magistralmente reflexiona don Anselmo González Climent en su “Antología de la poesía flamenca” (Madrid, Escelicer, 1961).

 

No soy, es cierto, persona dedicada a interpretar lo que el común de las gentes entiende por copla, sino que mi vida ha estado siempre orientada a cantar la verdadera copla – muy bien representada en el flamenco, en general – que es muy diferente de esa amalgama de tópicos folletinescos que amasan poetastros y musiquillos que dan una Andalucía totalmente falsa. La copla es aquella que definiera el sevillanísimo Manuel Machado:

 

HASTA QUE EL PUEBLO LAS CANTA

LAS COPLAS COPLAS NO SON,

Y CUANDO LAS CANTA EL PUEBLO

YA NADIE SABE EL AUTOR”

 

cuyo origen y situación cronológica con respecto a otras variedades literarias afines – como el refrán, la adivinanza y la sentencia - es tarea ardua de fijar, tal como lo expone Rafael Cansinos Assens en “La copla andaluza”, pág. 13 (Ed. Demófilo, Madrid, 1976). Fue precisamente en esta línea de valor literario y poético por donde Rafael de León se movería, y por cuyo motivo sería llamado “El poeta de la copla”. Dentro de unos días, Sevilla debe conmemorar el centenario de su nacimiento, que tuvo lugar el día 6 de febrero de 1908 en calle San Pedro Mártir nº 14. Rafael de León y Arias de Saavedra fue el primogénito de los condes de Gómara, José de León y Manjón y María Justa Arias de Saavedra y Pérez de Vargas. Hereda el título de marqués de la Reina. En 1916, fue internado en el colegio de los Padres Jesuitas en Puerto de Santa María (Cádiz), coincidiendo con Rafael Alberti. Años más tarde, ingresa en otros colegios privados de órdenes religiosas: El Palo de Málaga (Jesuitas) y Utrera (Salesianos). Cursa la carrera de Derecho en las universidades de Sevilla y en Colegio del Sacromonte (Granada, 1926); época en la cual entabla una buena amistad con Federico García Lorca; amistad que duró hasta su trágica muerte y al que Rafael dedicó su emocionado poema “Réquiem por Federico”. En García Lorca y en Rafael de León coincidía un andalucismo esencial, un gusto por las formas poéticas populares y una predilección por el flamenco. Cada uno entendía, a su manera, la cultura del Sur. Su óptima posición económica hace que, durante su etapa estudiantil, pueda visitar viejos cafés cantantes, cabarets, teatros, y todos aquellos antros donde circulaban los más recalcitrantes bohemios de la época. Fue en esos ambientes donde empezó a colaborar con el letrista Antonio García Padilla, alias “Kola”, padre de la popular artista Carmen Sevilla. Esta amistad le permitió relacionarse con los autores más relevantes del momento y entrar por la puerta grande de ese mundillo llamado “folklore español”, al que le era sumamente difícil entrar, dada su condición de aristócrata.

 

En 1932, Rafael, influenciado por el compositor sevillano Manuel Quiroga, se traslada a Madrid y forma, junto al autor teatral Antonio Quintero, el popular y prolífico trío: “QUINTERO, LEON Y QUIROGA”, que dio a la imprenta miles de canciones, la mayoría de ellas convertidas en resonantes éxitos de las más afamadas tonadilleras: Concha Piquer, Juanita Reina, Lola Flores, Gracia de Triana, Rocío Jurado, Carlos Cano, Raphael, entre otros muchos artistas.

 

No cabe la menor duda de que la obra literaria de Rafael de León – canciones, poemas, teatro, etc- es bien conocida en todo el mundo hispánico; y en la actualidad son muchos los rapsodas que la llevan incluida en su repertorio, dado que es la propia audiencia quien la sigue solicitando lo mismo que sus canciones: ¡Ay, Maricruz!, “Manolo Reyes”, “María de la O”, “ Ojos verdes”, “Triniá”…. Su estilo se encuadra en el más populista de los de la Generación del 27, tanto en sus poemas como en sus canciones, que guardan una fuerte relación con la métrica popular y con el romance octosílabo como estrofa predilecta. También pueden rastrearse en su obra estrofas de seguidillas, soleares, coplas, romancillos, redondillas y, más raramente, el soneto y la lira. Aunque tiene algunas poesías con versos alejandrinos y rima blanca –sin rima - , su poética es, en general una rima de alta sonoridad ya que incluso en muchos de sus romances introduce la rima consonante, tal como leemos en “Enciclopedia General de Andalucía”, Tomo 11, pág. 4.937 (Málaga, 2004). Aunque algunos escritores han reivindicado su memoria, es muy triste saber que murió en el más injusto olvido oficial. Sirvan, pues, las palabras de un cantaor granadino de recuerdo y evocación para resaltar la egregia figura de tan sobresaliente andaluz, RAFAEL DE LEON.

Villanueva Mesía (Granada), 1 de febrero de 2008.