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escrito por Alfredo Arrebola
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EL SENTIR FLAMENCO EN LA POESIA DE MIGUEL HERNÁNDEZ Mi larga experiencia cantaora me ha hecho ver que “mientras haya poesía, habrá flamenco”; pensamiento que dejé escrito en mi libro “Antología de la poesía flamenca”, (Málaga, 1993) porque ambas manifestaciones artísticas coinciden en su temática: EL HOMBRE. Nacimiento, vida, muerte, sentido de la existencia, de la vida, del más allá, el absoluto, la nada y otros interrogantes que se hace el hombre que determinan la esencia de la Poesía y del Flamenco: Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte , la de la vida”. Con tres heridas viene: la de la vida, la del amor, la de la muerte, Miguel Hernández. “Poemas de amor”, pág. 29 (Madrid, 1969). Recientemente, desde el 31 de mayo al 2 de junio, tuvo lugar en Fuente Vaqueros (Granada) el “Congreso Nacional GARCIA LORCA MIGUEL HERNANDEZ”, en el que tuve el honor de participar precisamente sobre el “Flamenco en García Lorca y Miguel Hernandez”, con el acompañamiento del guitarrista Daniel Mora. Por tal motivo, quiero dedicar a la Peña Flamenca Placentina – con la que me siento muy vinculado – una síntesis de mi Charla- Recital en torno a lo que significó el arte flamenco en el malogrado poeta Miguel Hernández (1910- 1942). Con mi disco “Cantes a los poemas de Federico García Lorca” Philips. Madrid, 1970), acompañado a la guitarra por Vicente El Granaíno, reproducido también en cassette, el mismo que fue reeditado y aumentado en el libro-disco “El flamenco en la obra poética de F.García Lorca” (Granada, 2009), en esta ocasión, con los guitarristas Vicente El Granaíno, Martín Perea,, Andrés Cansino y Ángel Alonso, como homenaje póstumo al ilustre e inmortal poeta de Fuente Vaqueros; asimismo, Enrique Morente, con su “Homenaje flamenco a Miguel Hernández” (1971), acompañado a la guitarra por Parrilla de Jerez y Perico el del Lunar, inauguramos una tendencia consistente en adaptar textos de la llamada poesía culta a los ritmos y estilos del flamenco. Una tendencia frecuente en aquel momento, que en el ámbito de este “arte popular” fue impactante. Tendencia rápidamente en ascenso gracias a cantautores y cantaores (Paco Ibáñez, Serrat, Jarcha, María del Mar Bonet, Francisco, Camarón, Carmen Linares, José Mercé, Lole y Manuel, Manuel Gerena, Curro Piñana, Paco Moyano, etc. etc.), pero en el caso del flamenco resultaba casi inédita. Mi constancia en grabar a otros tantos poetas cultos – Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Emilio Prados, Machado (Manuel y Antonio), Rafael Alberti, Salvador Rueda, Juan Ramón Jiménez, Francisco Villaespesa, Gustavo Adolfo Bécquer, Luís Cernuda, José Sánchez Rodríguez, Rafael Guillén, Ángel Ganivet, José Carlos de Luna, Manuel Altolaguirre, Elena Martín Vivaldi, Luís Rosales, Antonio Carvajal, Juan Rejano, Carmen González Sánchez, José María Lopera, Francisco Salgueiro etc. etc.- es posible que sirviera de punto de arranque a otros compañeros que han visto y comprendido cómo las verdaderas y auténticas vivencias del flamenco, es decir, la esencia metafísica del mismo está siempre en el epicentro del ser humano. Por ello, nada de extraño puede resultar el ver cómo el flamenco – Cante, Baile y Toque – se ha implicado en el centenario del poeta Miguel Hernández. |
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escrito por Alfredo Arrebola
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FLAMENCO PARA CANTAR PALO A PALO,
NUEVO LIBRO DE JOSÉ MARÍA LOPERA CON CD ADJUNTO DE ALFRREDO ARREBOLA
El poeta José María Lopera nos ofrece un nuevo libro creativo-didáctico
con el título de Flamenco par cantar palo a palo con un CD adjunto,
titulado Los palos del flamenco, interpretado por el cantaor Alfredo
Arrebola.
Gonzalo Rojo, periodista, escritor, flamencólogo y Presidente de la Peña
Juan reva de Málaga dice en el prólogo, escrito para este libro lo
siguiente:
José María Lopera, adentrándose en el universo espiritual de las letras,
que es el de la copla en su aspecto “stricto sensu”, crea para este nuevo
libro que tienes en tus manos, querido lector, muy cerca de setecientas
coplas, repartidas en cuartetas, quintillas, décimas, romances y
agrupaciones polimétricas, que configuran el mundo de los cantares;
éstas, a su vez, se agrupan en unos quinientos cantes,
repitiendo, lógicamente, aquellos que tienen más de un patrón
(soleares, siguiriyas, malagueñas, fandangos, peteneras, tangos,
bulerías, etc.), que conforman cuarenta y ocho palos o estilos de
cantes ordenados alfabéticamente desde la alboreá al zorongo.
Abriendo cada uno de los capítulos de la obra nos ofrece José María
Lopera un interesante estudio sobre el cante que le sigue, en el que
nos muestra su origen, estilos, siempre que los haya, estructura
métrica y cuantos detalles cree oportunos para una mayor comprensión
del cante a tratar. Ello contribuye a que el lector tenga un conocimiento
más amplio de todos y cada uno de los cantes que escribe, así como
de su construcción métrica.
...Sin ánimo ni afán de adivino, le auguro un gran éxito a esta obra
entre los buenos aficionados al flamenco y a la poesía popular, ya que
se trata de una selección antológica creativa de los cantes en general,
cosa que últimamente estaba por hacer o, al menos, por actualizar...
Completa y gratifica esta publicación, un CD adjunto en el que el
famoso artista Alfredo Arrebola, Profesor-Cantaor de la Cátedra
de Flamencología de la Universidad de Málga, interpreta 15
temas, escogidos del contenido inédito de este libro.
Por otra parte, la portada de Flamenco para cantar palo a palo así
como la carátula del CD, Los palo del flamenco van ilutrado con un
dibujo inédito del insigne pintor alcaudetense Antonio
Povedano, recientemente fallecido.
Publicaciones E.L.A La Bobadilla lo saca a la luz limpiamente.
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escrito por Alfredo Arrebola
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Cuando Cervantes describe a Preciosa, protagonista de “La Gitanilla”, nos la presenta así: “... Salió Preciosa rica de villancicos, de coplas, de seguidillas y zarabandas, y de otros versos, especialmente de ROMANCES, que los cantaba con especial donaire”. Pero un poco antes: “.... Salió Preciosa la más única bailadora que se hallaba en todo el gitanismo, y la más hermosa y discreta que pudiera hallarse, no entre gitanos, sino entre cuantas hermosas y discretas pudiera pregonar la fama”. Hay que manifestar que la relación de “cantes y bailes” que menciona Cervantes – que propiamente no eran “flamencos” – no eran patrimonio exclusivo del mundo flamenco. Lo que nos hace admitir que el origen primario de estas formas cantables procedían del romancero general. Esta teoría la comparte también Pedro Camacho Galindo en su extraordinaria obra “Los payos también cantan flamenco”, quien afirma rotundamente que “... ni directa ni indirectamente se puede entrever en la relación de cantes y bailes de esta tribu, en su largo peregrinaje, algo que se parezca al cante flamenco. Y a la aguda percepción de Cervantes no pudo pasar desapercibido un hecho tan sobresaliente y peculiar, si es que hubiese existido”. |
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escrito por Alfredo Arrebola
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RAFAEL DE LEON (1908 – 1982)
Se han cumplido ya los primeros veinticinco años, es decir, un cuarto de siglo, de la muerte de aquel bohemio poeta aristócrata, RAFAEL DE LEON, y sólo de pasada don Francisco Barbachano (Cardedeu-Barcelona) nos ha dejado un precioso artículo para honrar la memoria de tan ilustre sevillano.
Don José María Pemán, sepultado injustamente en la cuneta del olvido, dijo que “no hay cosa más trágica para un pueblo o una región que eso de que le claven, como a una cruz, a una literatura fácil y a unos adjetivos inalterables y únicos”. Esto es lo que ha sucedido con Andalucía. Nadie pude negar que la poesía andaluza ha gozado siempre del favor popular: poesía que ha llegado siempre al pueblo. Y no por fácil, dirá el poeta jerezano Manuel Ríos Ruiz, ni por vulgar, sino por humana y filosófica. Y este lirismo del pueblo en sí ha sido en todas las épocas un deseo de todos los poetas andaluces; sin embargo, no todos han conseguido hacer la copla que el pueblo cante, como si fuera algo propio del intérprete. ¡Qué pocos poetas lograron esta sublime aspiración! Porque, a la verdad, “… las coplas no se escriben: se cantan y se sienten; nacen del corazón, no de la inteligencia, y están más hechas de gritos que de palabras… Sólo la costumbre de llorar cantando, propia de nuestro pueblo, es capaz de encerrar tanta pena y tantos amores en los tercios de una malagueña o en el canto llano de una seguiriya”, tal como escribió el inmortal Manuel Machado en el “Prólogo” de su “Cante Hondo” (1912). |
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escrito por Alfredo Arrebola
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Los romances en el flamenco 2ª Parte.
El siglo XV es de capital importancia en la historia del arte flamenco, ya que en esa época es cuando llegan los gitanos a España (¿1.425?), y el romancero estaba en pleno auge; romancero que los “calorrós” asimilarán con asombrosa perfección, algo muy natural en esta raza que, en un principio fue acepta y mimada en Andalucía. Si algún lector tiene interés por conocer qué fue de los gitanos en nuestra patria, puede consultar en este Semanario el artículo “Los gitanos en España” (19/08/2003).
Ahora bien, esta exquisita cualidad de “adaptación y recopilación” de los gitanos les servirá más adelante para que, basándose en cantos ya existentes, es decir, folklóricos o preflamencos, den un giro de plena transformación de los romances ( cantos populares) al actual flamenco. He ahí, pues, la grandeza de esta raza cañí llegada a nuestra tierra en plena efervescencia del romancero. Porque, seamos sinceros, ¿quién puede negar que los gitanos hicieron la versión flamenca de los romances?. Y aunque no se pueda demostrar apodícticamente que los primeros cantaores mencionados en las “Escenas andaluzas” (1847) – tampoco lo contrario – fueron gitanos, no obstante será el cantaor gitano quien le dé “forma flamenca” a los romances tradicionales, incluso en sus diversas formas: épicos, líricos, fronterizos , etc. Costumbre que arranca de la literatura española y siempre atribuida a los gitanos. Pues tampoco puede negarse que existe un “romancero andaluz” con las mismas características del romancero español. |
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