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escrito por Alfredo Arrebola   
viernes, 15 de febrero de 2008

Alboreá

Para nombrar este cante se acostumbra emplear los siguientes términos: Alboreá/alboreás, Alborear y Alboláa. Como siempre, pretendo ser muy objetivo en la exposición histórica, literaria y musical de cada uno de los diversos estilos flamencos. Pongamos, ante todo, una copla-modelo:

En un verde prado

Tendí mi pañuelo.

Salieron tres rosas

Como tres luceros.

Padrinito honrao,

A tu hija ya la han coronao.

Ay novio, mírala bien,

Que hasta bonitos tiene los pies.

Ahora bien, la palabra “alboreás” no es más que una forma apocopada de “alboradas”, es decir, amanecer, aurora o lo que ha llevado a algunos retóricos a pensar que se trata de cantos/-es para ser interpretados solamente al nacer del día. No estoy de acuerdo con esta línea; otros han asegurado que se trata de un cante de bodas gitanas. Tampoco acepto esta tesis porque no hay argumentos históricos y apodícticos para defenderla. En un sentido romántico – afirma D. E. Pohren, podría significar también “el amanecer de una nueva vida” para la pareja. Lo que sí parece ser cierto es que la Alboreá, la Cachucha y la Mosca son las canciones gitanas más características, de un modo concreto, referidas a los gitanos granadinos del Sacromonte. Las tres son canciones rituales de bodas, y, para ser objetivos, hay que tenerlas por bailes cantados, más que por canciones con baile, puesto que lo importante en ellas es lo mímico y lo coreográfico, como ocurre generalmente en todas las creaciones gitanas de este tipo, que relegan a un segundo término el canto, de escaso valor, casi siempre, literario y musical.

En el mundo flamenco, se viene admitiendo, por lo general, como un cante gitano. Sin embargo, se podría dudar, y con bastante fundamento, de la auténtica ascendencia gitana de estas canciones-danza, tal como podemos comprobar en “La canción andaluza”, Tomo III, pág. 29 (Jerez de la Frontera, 1963), donde podemos leer lo siguiente: “... Puede afirmarse, sin temor a yerro, que los gitanos no aportaron otra cosa al acervo folklórico del cante y baile andaluz que su hermenéutica”. Por su parte, Felipe Pedrell en su “Cancionero Musical Popular Español” (Valls-Tarragona, 1918-1922), escribe que “...Las canciones sacromontanas, manifiestamente primitivas, son danzas españolas en compás ternario y de movimiento moderado a las que los gitanos impusieron, acaso, sus maneras típicas, interpretativas, que siempre fueron los calés intérpretes más que creadores. Por lo que bien pudiera admitirse que estas canciones-danzas no sean otra cosa que recreaciones de gitanos andaluces, granadinos, incorporadas con carácter ritual, en principio, a sus ceremonias nupciales, y partes integrantes, más tarde, de sus zambras”.

Está más que demostrado que en muchos pueblos de España ha existido la costumbre de arrojar dulces y flores a la novia, cuando se dispone a bailar. Y así sabemos, por ejemplo, que en El Coronil (Sevilla) se arrojan puñados de almendras y confites. En un romance antiguo, al hablar de las bodas del Cid con doña Jimena se dice:

Por las rejas y ventanas

arrojaban trigo tanto

que el rey llevaba en la gorra

como era ancha, un gran puñado”

No es menos conocido, por otra parte, que los gitanos – yo he vivido plenamente ese mundo – han procurado mantener el cante de la Alboreá como patrimonio exclusivo de sus fiestas con motivo de los enlaces matrimoniales, porque consideran la prueba de la novia especial patrimonio de su cultura específica. Sin embargo, el escritor Manuel Barrios (San Fernando, 1924) – cfr. “Proceso al gitanismo”,pág. 49 (EdiSur,1980) – niega la paternidad de este cante a los gitanos: “...Como una muestra más de la discriminación que practican, (los gitanos), presumen de negar el acceso, al no gitano, a sus más secretas e íntimas ceremonias. Tal es el caso de la Boda, que ningún payo debe ver; ni siquiera oír el cante de ellas, la Alboreá. Esa misteriosa boda, con el pañuelo en el que nacen las tres rosas, es decir, la desfloración manual, con sus tres manchas de sangre, no es rito calé, sino CASTELLANO”.

Manfredi Cano afirma que se trata de un cante “para rondar mozas, para piropearlas, para declararles el amor al son de unas palmas y sobre el rasgueo de una guitarra, cfr. “Geografía del Cante Jondo”, pág. 123.Este mismo autor declara que “ese estilo de cante para rondar, purificado al amanecer, cuando la garganta está ejercitada y el sueño transmite intimidad a la melodía, es lo que se llama “Alboreás”.

José Carlos de Luna (1890-1964) nos dejó escrito que la Alboreá es una especie de “Martinete natural, más ligero de tono y sin tercios, con cierta semejanza con las nanas”, cfr. “De cante grande y cante chico” (Madrid, 1926) Desde el punto de vista literario, las letras de la Alboreá no siguen todas las mismas medidas: seguidilla de cuatro versos, cuarteta con tres versos octosílabos y el cuarto truncado, de tres o cuatro sílabas. Por lo general, la Alboreá es un cante formado por cuatro versos hexasílabos y un estribillo, que es siempre el mismo y característico:

Subir la novia p’arriba,

que se despida de su familia”

Y, finalmente, sólo nos resta decir que la Alboreá suele acompañarse al compás de las soleares primitivas para bailar, es decir, las llamadas “Bulerías por soleá”. Dentro del mismo cante pueden percibirse diferencias bastante susceptibles entre las de Cádiz y Los Puertos (soleá bailable romanceada), Jerez, Lebrija y Utrera (soleá por bulerías romanceadas), y las más puras, posiblemente las de Écija, las cuales manifiestan la reliquia más perfecta de las denominadas bulerías de escuche.La Alboreá es un cante que rara y difícilmente se interpreta en festivales y recitales.