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escrito por Alfredo Arrebola   
domingo, 17 de febrero de 2008

Bamberas. Grabado flamenco del Siglo XIX

Bamberas

La niña que está en la bamba

Es de Arcos de la Frontera,

Al pié tiene el que le adora

Y en la esquina el que la espera.

La morena del columpio

Se llama Carmen María

Y es la rosa más fragante

Del rosal de mi alegría.-

No llores por una bamba,

Que yo te la voy a echar

Entre los dos olivitos

Que tengo en mi corral.

(Antonio Murciano. Bambera interpretada en “Raíces de los cantes flamencos” por A. Arrebola. Dis-Cast, Málaga 1993).

No cabe la menor duda que la música es un arte en el sentido más profundo y, además, un lenguaje realmente universal. Difícil es encontrar a un ser humano que no se haya emocionado alguna vez con una canción o melodía. Pero la música flamenca ofrece una peculiar característica: su innatismo, o mejor dicho, la capacidad natural que tiene el auténtico artista flamenco. Tal vez por ello, los “estilos flamencos” han quedado quietos e inamovibles. Ahí están; y, desde que “se conformaron”, no han aumentado: sus formas o estilos están hechos. ¿ Es que faltan genios creadores?. Terrible pregunta para el enigmático y complejo mundo del flamenco. Incluso una gran mayoría de estilos son “flamencos” precisamente por esa innata capacidad que aquellos antepasados cantaores poseían. En este artículo deseo analizar un estilo que, desde un tiempo ya lejano, se viene interpretando con relativa frecuencia en festivales y recitales: La Bambera.

La Bambera es un cante formado por coplas de cuatro versos octosílabos o, a veces, el primero y el tercero heptasílabos y el segundo y el cuarto pentasílabos, es decir, como si se tratara de una seguidilla. Y es curioso saber que los llamados “puristas” del flamenco siempre lo desecharon – lo más seguro por ignorancia, como siempre – a pesar de que raro era el festival en el que no se interpretara el “Cante de la Bambera”, a sabiendas de tratarse de una forma eminentemente “preflamenca” o folklórica. La Bambera es uno de los claros ejemplos de aflamencamiento de canciones y puede decirse, sin el menor reparo, que es un cante propiamente sin compás, que puede cantarse sin guitarra y, además, no se baila. Y nadie se atreva a decir que es un “cante gitano”, ya que ni siquiera es auténticamente flamenco, sino “canción folklórica aflamencada”, divulgada y engrandecida – cómo no – por el genio de Pastora Pavón Cruz ,“Niña de los Peines, (1890-1969), quien la acopló al compás de la Soleá de ritmo más ligero, es decir, “Bulerías por soleá/ Bulerías al golpe”.Ella inmortalizó las siguientes coplas de Bamberas:

Entre sábanas de Holanda

Y colcha de carmesí,

Está mi amante durmiendo

Que parece un serafín.

Eres palmera y yo dátil,

Tú eres alta y yo me enredo;

Eres la rosa fragante

Del jardín de mi deseo.

 

Antes de que nos falle la memoria, hay que decir que las Bamberas también vienen expresadas en quintillas, en cuyo caso no se repite ningún verso:

Eres una y eres dos,

Eres tres y eres cincuenta;

Eres la Iglesia Mayor

Donde todo el mundo entra:

Todo el mundo menos yo.

Es curioso saber que el nombre Bambera no aparece en los diccionarios de lengua española; sin embargo, sí encontramos el término onomatopéyico “bamba” y su campo semántico. Don Juan Corominas, en su “Breve diccionario etimológico de la lengua castellana”, después de señalar que “bamba” puede equivaler a “bobo”, nos dice que “...A la misma familia pertenecen el cubano, hondureño, andaluz y salmantino “bamba” que significa “columpio”, y viene a relacionar este término con el de “bambolear” al que da el significado de “oscilar” perteneciente a una raíz de creación expresiva que es común a muchos idiomas (por ejemplo, el griego “Bambaíno”, que significa “yo bamboleo”.En esta misma línea está el pensamiento del Profesor Buendía López (cfr. “Candil”,num. 41.Jaén, 1985). La Real Academia de la Lengua, por su parte, establece que el término “bambolear” tiene relación con el onomatopéyico “bamba”, y lo define como: “Mecerse una persona o cosa a un lado y otro sin perder el sitio en que está ”, ampliando el campo semántico a “ bambalear” en el sentido de “no estar segura o firme alguna cosa”. Don Julio Casares, en su “Diccionario ideológico de la lengua española” define el término “bamba” como “Andamio colgante”, en tanto que Antonio Alcalá Venceslada, en su “Vocabulario andaluz” nos dice que “bamba” es un “columpio o mecedero con tabla” y atribuye origen sevillano al término (“La niña que está en la bamba/ es mi hermana y no me pesa/ que la quisiera tener /de corona en la cabeza” pág. 78.Editorial Gredos, 1980).

 

Lo que si puede afirmarse, aunque parezca raro, es que al juego y canto de la bamba se han ocupado muchos escritores costumbristas: Padre Luís Coloma en “Cuadro de costumbres populares”; Blanco White en “Cartas inglesas” ; Armando Palacio Valdés en “Las majas de Cádiz”, e incluso el erudito utrerano Rodrigo Caro (1573-1647) en su inmortal obra “Días geniales o lúdricos”, que es fundamental para el conocimiento del folklore andaluz. Esto nos demuestra, una vez más, que la “razón última” de la inmensa mayoría de los cantes flamencos radica en el folklore andaluz. Así de simple y sencillo.....