FLAMENCO
Palos Flamencos
Bulerías 3 Parte | Bulerías 3 Parte |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
| jueves, 28 de febrero de 2008 | |
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Rodríguez Marín guardaba muy dentro los intercambios de coplas que él y su amigo Antonio Machado “Demófilo” hacían con Silverio. A don Francisco le dolía mucho que los cantaores se llamaran “Niños”. No se debe olvidar, por otra parte, que precisamente la decadente situación del cante llevó a don Manuel de Falla a organizar el Concurso de Cante Jondo (Granada, 1922), aunque no tuviera el éxito artístico y reivindicativo que se esperaba.
El Profesor García Matos – cfr. “Sobre el flamenco. Estudios y notas”, pág. 90 - admite la teoría de Rodríguez Marín (bulería procede de “burlería”) solamente con una posibilidad dentro del campo semántico, pero se reserva la problemática del origen de este palabra. Para García Matos las bulerías son cancioncillas populares breves a tres tiempos que, al aflamencarse, cobraron picante vivacidad y se vistieron de incomparables gracias melismáticas. Para Manuel Ríos Ruiz –cfr. “Introducción al cante flamenco”, pág. 85- el término bulería quiere decir “bullería”. Más de un gitano viejo nos lo ha dicho cuando se lo hemos preguntado. La bulería es un cante “bullicioso”, con ritmo ligero y redoblado compás, que admite mejor que ningún otro estilo gritos de alegría y expresivas voces de jaleo, además del redoble de las palmas, más intenso que en ningún otro cante. Si se dice bulería en vez de “ bullería”, tal vez obedezca a la dificultad del pueblo andaluz, y sobre todo del pueblo gitano-andaluz, para pronunciar algunas consonantes. Ahora bien, podríamos hacer esta pregunta :¿cabría la posibilidad de que en un principio la bulería fuera realmente un “bulo”, es decir, un cante que se mostraba auténtico y puro, siendo en su origen una especie de chufla? Si así fuera, podría entonces igualarse el término bulería con el de “bulo, burlería” como opinaba exactamente Rodríguez Marín.
Sin embargo, la historia flamenca nos viene enseñando que las primeras muestras de este cante eran muy serias. Y sobre esta seriedad, así se expresa José Manuel Caballero Bonald en su “Archivo del cante flamenco”, pág. 25: “Su mismo nombre, presuntamente derivado de “burlería”, puede servir para sondear un poco en su intención expresiva, aunque no cabe duda que algunas concretas especies de bulerías reúnen todos los requisitos necesarios para considerarlas como puros ejemplos de cantes cuajados de seriedad y dramatismo, en abierta oposición a ese indeciso atributo de burla”.
Todos los tratadistas flamencos coinciden en que las bulerías, desde su nacimiento, fueron para bailar. Ahora bien, el baile más popular en el siglo XIX fue el Bolero. Tal era así que decir bolero, era lo mismo que baile, danza. Mas para comprender esta posición, es imprescindible tomar nota de lo que nos refiere Serafín Estébanez Calderón (1799-1867). Y así, en las escena “El bolero” –cfr. “Escenas andaluzas”- leemos: “...El bolero no es baile que se remonta en antigüedad más arriba que a mediados del pasado siglo, y bien considerado no es más que una glosa más pausada de las seguidillas, baile que, según testimonio de Cervantes, comenzó a tañerse y danzarse en su tiempo, como se ve por la arenga de la dueña Dolorida. Esta no es sola opinión mía, puesto que ya mi buen amigo Don Preciso lo tiene asegurado y puesto de patente al público, sacando a luz el nombre del primero que compuso en la Mancha danza tan donosa, que por ser toda en saltos y como en vuelo fue llamado Bolero, título que dio gran consuelo a los etimologistas y académicos”.
Confrontando los libros que hablan del nacimiento y trayectoria de los bailes españoles, cabría – así nos parece- que la palabra bulería viniera de bolero. Y filológicamente, se puede llegar a “ bolería”, pues se sabe que muchas palabras españolas proceden de la transformación de la anterior en “o”, bien por diptongación, bien por debilitación. Esta sugerencia nuestra la encuentro también en Ricardo Molina, quien escribe: “Puestos a buscar la raíz de las bulerías conviene recordar que fueron desde su origen un cante bailable. El baile más popularizado en el siglo XIX fue el bolero. Decir, por ejemplo, que un cante era “bolero” debía equivaler a proclamarlo “bailable”, cfr. “Mundo y formas del cante flamenco”, pág. 259. ¿No se llamarían alguna vez a las soleás para bailar “soleares boleras”? ¿No circularía por el pueblo la expresión cantar “por bolería” como sinónimo de “cantar para bailar” o “por bailar”? ¿Vendría el término “bulería” de aquel otro “bolería”? Si así fuera, excluiríase esa significación peyorativa de “burla” y “bulo”, que tan mal se aviene con la realidad de los cantes”. Por consiguiente, según nuestra opinión, es posible que el término bulería proceda de bolero, máxime cuando en el 1780 ya aparece una de D. Juan Jacinto Rodríguez Calderón con el título de “Bolerología”.Y esto ya es muy significativo.
El escritor Fernando Quiñones –cf. “De Cádiz y sus cantes”, pág. 140 – cree que las bulerías proceden de las soleares. En esto estoy de acuerdo con el gaditano, ya que ese origen es musical, no etimológico. Pero también dice: “Pudieran proceder también y en parte de los juguetillos; suelen estar absurdamente consideradas como una especie de pacotilla flamenca, buena para armar ruido y pasar el rato”. Por otra parte, me ha llamado la atención el juicio etimológico que el americano D.E. Pohren –cfr.”El arte flamenco”, pág. 97- nos ha dejado sobre las bulerías: “Hay muchas opiniones – dice – en torno al origen de las bulerías. Las dos teorías más factibles son:
Objetivamente consideradas, es difícil buscar el origen etimológico cierto y convincente de las bulerías. José Carlos de Luna –cfr.”De cante grande y cante chico”, pág. 97- opina que el origen de las bulerías está en el “ya desaparecido Jaleo”. La teoría del poeta malagueño, según mi criterio, puede ser aceptada: tiene fundamento histórico y musical. |
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