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escrito por Alfredo Arrebola   
viernes, 22 de febrero de 2008

Manuel Torre Cantaor de Jerez de la Frontera

Se encontraba la Virgen María

En el oratorio haciendo oración,

Por la puerta se le ha entrado un ángel

Vestido de blanco, que parece un sol.

Dios te salve, le dijo: María,

Llena eres de gracia a los ojos de Dios

Y bendita tú entre las mujeres

Y bendito el fruto de tu Encarnación.-

Y María, cumplida de gozo,

Le responde al ángel llena de rubor:

Soy la esclava de Dios en la tierra

Y hágase en mí el Hijo de Nuestro Señor.

Nazarena María levanta

Que ya dio la una y ya son las dos,

A rezarle al Rey de los Cielos

Y a darle las gracias por el Redentor

(A. Arrebola en “Raíces de los cantes flamencos”,Vol. I; Cara A,2.Málaga,1989.Texto: Antonio Murciano).

Con este nombre se designa un canto que está, dentro del género andaluz, en la frontera del flamenco, es decir, un cante “paraflamenco” que, por obra y gracia del genial cantaor jerezano Manuel Torre, entró a formar parte del frondoso árbol genealógico del arte flamenco. Etimológicamente, procede de campanillero, individuo de una agrupación, ordinariamente llamada los campanilleros, que en muchos pueblos de Andalucía interpretaban canciones de carácter eminentemente religioso. Por tanto, se trata de un canto religioso, cosa que el flamenco no rechaza bajo ningún concepto. Y en esta misma línea está el pensamiento del poeta y flamencólogo Manuel Ríos Ruiz quien , en “Ayer y Hoy del cante flamenco”, pág. 203 (Madrid, 1997), nos dice: “ De uno de los más acendrados cantos religiosos de Andalucía dedicados a la Virgen nació un cante flamenco de verdadera entidad jonda, equiparable a cualquiera de los de mayor grandeza artística, basado en lo que cantaban por las madrugadas los coros de campanilleros, acompañando los llamados Rosarios de la Aurora. De estos cantos hizo Manuel Torre un gran cante jondo”.

 

Los Campanilleros nacieron de las Cofradías del Santo Rosario, cuyos hermanos cantaban al alba en las puertas de los cofrades para avisarles de ir al rezo. Los instrumentos empleados eran campanillas (de ahí el nombre de “Campanilleros”), un triángulo, que servía de guía rítmico, panderos, cántaros, platillos y guitarra. El aviso se hacía con la campanilla, al tiempo que cantaban:

Despierta hermano, que ya el alba

Las campanas tocan con dulce sonar,

Por las calles el Santo Rosario

Con recogimiento vamos a rezar,

A Dios alabar,

Que nos dió devoción tan cristiana

Que en casas cristianas no debe faltar”.

Los campanilleros, musicalmente vistos, están emparentados con las sevillanas y las seguidillas clásicas; sus letras son ingenuas y piadosas, como si quisieran individualmente ser protagonistas para renunciar al momento, y conjuntar las aspiraciones de todos, esto es, ser colectivos, que es el sentir andaluz. Literariamente, son un cante con copla, por lo general, de seis versos asonantados, primero, tercero y quinto decasílabos, segundo y cuarto dodecasílabos – a veces de cuatro versos octosílabos- enlazada a otra de de cuatro versos hexasílabos.

 

Sobre los Campanilleros, el P. Fray Diego de Valencina –cfr. “Historia documentada de la saeta, los campanilleros y el rosario de la aurora”, Sevilla, 1947 – nos cuenta que las campanillas tuvieron un papel muy destacado en las misiones y procesiones. Los campanilleros de la Aurora generalmente eran dos y las tocaban muy acompasadamente. La copla no la cantaba uno solo, sino diciendo cada uno un verso el uno para el otro. Al final, cualquiera de los acompañantes decía, con voz fuerte: “AVE PURISIMA”.

 

Aunque es cierto que los campanilleros tocaban las campanillas en algunas procesiones religiosas, también lo es que la justa fama de que gozan la adquirieron en Sevilla, en las procesiones de los Rosarios de la Aurora. Ya don Benito Más y Prat –cfr. “La tierra de María Santísima”.Barcelona, 1891 – escribe que “éstos comenzaron en los tiempos de Carlos II, se desarrollaron en los de Felipe V, pasaron inadvertidos en los de Carlos III y llegaron a su apogeo en los de Carlos IV. Los Rosarios populares fueron introducidos en Sevilla por el Padre dominico Fr. Pedro de Ulloa. Esta nueva costumbre se extendió rápidamente por España y América, debido en gran parte a los frailes capuchinos, de manera especial al Padre Pablo de Cádiz (1691). La experiencia flamenca más antigua se debe a Manuel Torre, que hizo una versión (los grabó en disco de pizarra en Barcelona con el guitarrista Miguel Borrull, en el año 1929) flamenca y “jonda” de lo que era una manifestación folklórica. Esta grabación ha sido la base y fuente de posteriores interpretaciones y grabaciones en microsurco, casette, cedés...Tras los pasos de Manuel Torre siguieron, entre otros, Canalejas de Puerto Real, El Corruco de Algeciras, Pepe Pinto, Manuel Vallejo, Pepe Marchena, Niña de la Puebla, El Agujeta, Juanito Valderrama, Fosforito, Juan Varea, Pericón de Cádiz, Alfredo Arrebola, José Menese , José Mercé, etc. Pero la mayor popularidad de los Campanilleros fue alcanzada con Dolores Jiménez Alcántara “Niña de la Puebla”, que hizo de este cante una versión más ligera y más fácil, convirtiéndolo en su cante más conocido.