FLAMENCO
Palos Flamencos
Debla | Debla |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
| jueves, 21 de febrero de 2008 | |
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Debla
Yo no juzgo, simplemente afirmo: Uno de los cantes que mayores dificultades ofrecen, sobre todo en su aspecto etimológico, es, sin la menor duda, la toná llamada Debla. Varias son las causas que nos llevan a esta situación de ignorancia. Pero todo se puede arreglar, o, al menos, ofrecer vías que proporcionen cierta confianza. El gran flamencólogo y musicólogo Hipólito Rossy, en su libro “Teoría del cante jondo”, pág. 152 (Barcelona, 1966), ya nos dejó dicho que “...hasta ahora, nadie ha podido ofrecer su verdadero origen. ¿Qué espíritu tan exquisito, tan refinado, pudo ser el autor de una canción tan bella? Porque esto no es obra de la casualidad, ni de un palurdo cualquiera. Su autor tuvo que ser un gran músico; y no lo hizo espontáneamente, sino de un modo cerebral, premeditado, sabiendo que bordeaba tonalidades afines sin llegar a modular, recreándose en insinuarlas para obtener bellos contrastes; y, además, gozar de una potente voz, un pecho recio, y haber vivido y sufrido mucho. Como el hombre que refleja la copla:
Don Antonio Machado y Álvarez “Demófilo” dice en sus “Cantes flamencos” (Madrid Cultura Hispánica, 1975): “La palabra Debla es gitana y significa “Diosa”; “barea” parece la terminación femenina del adjetivo “baró”, “grande”, “excelente”. “Deblica barea” podría significar “Diocesita excelente” y ser , bajo tal supuesto, una invocación afectuosa a una divinidad femenina, a una diosa superior; pero ¿significa realmente esto? No lo sabemos”, cfr. op. cit. pág. 221.
Ahora bien, Machado publica su colección de coplas en 1881, pero la interpretación que en ella propone, con sus recelos, para el estribillo de las “deblas” es totalmente errónea. No quiero, sinceramente lo digo, echar mano de mis estudios de indoeuropeo que adquirí cuando estudiaba Filología clásica en la Universidad de Granada, para deshacer lo expuesto por el “Padre de la Flamencología”, sino que deseo apoyarme en la tesis de Margarita Torrione, defendida en “Dos Siglos de Flamenco”.Conferencia Internacional. Jerez, 1988, pág. 463, la cual afirma: “... En el Romaní o lengua base de los gitanos del mundo,”devla” no es sustantivo femenino y no significa, ni significó nunca “diosa”. Tampoco en su variante española o “caló”. Debla = “Diosa” responde a una vieja fantasía heredada por el talento folklorista, a quien otros teorizadores del flamenco seguirán más tarde, la cual en 1881 tiene cuarenta años de vida libresca. Machado tratará el primero de buscarle una interpretación semántica posible al “misterioso” compuesto “debla barea”.
Y será el propio Machado el que se moleste en esclarecer el significado íntimo de ambas palabras, colofón de la copla, recurriendo a los cantaores que él conocía personalmente, quienes bien poco pudieron decirle; y de lo que escuchó nada le mereció confianza. Las “deblas”, justificaban algunos, guiados por un amor propio, eran ya materia muy antigua, y como cante gitano por excelencia, cante a “palo seco”, exigen del intérprete una calidad de garganta, mucho vigor físico y una tremenda tensión, lo que hacía que nadie se atreviera con ellas. Algunos de los cantaores interrogados le proporcionaron varias y encontradas explicaciones:
El primer documento donde el término “debla” aparece como sustantivo femenino, “diosa”, lo encontramos en la obra “ The Zincali” (Los gitanos), de George Borrw “don Jorgito el inglés”, misionero que pasó cuatro años con los gitanos de España (1836-1940). Este repartidor de Biblias, y escritor a ratos perdidos, es el responsable de una serie de equívocos “filológicos” en el terreno del gitano en particular, pero tampoco el único, con la publicación de su obra en Londres en 184l. “Debla”, dice G. Borrow, sustantivo femenino, The Virgin, (Golddesss, La Virgen, Diosa). Esta última acepción fue la que enredó un poco más los hilos al “caló” y, con el tiempo, hizo correr ríos de tinta, incluso contribuyó a abrir – afirma M. Torrione – interrogantes sobre supuestas creencias ancestrales y hasta ritos paganos secretos entre los calés.
“Debla” no es más que un sustantivo derivado indirectamente del sánscrito “déva”, “deidad” (y en lenguaje poético “rey”), y directamente de su derivado compuesto “dévata”,”divnidad”, el cual se generalizó con un sentido amplio, “Dios”,a partir del primer milenio de nuestra era. Ahora bien, en Romaní, lengua flexiva del grupo de las sánscritas, “Devla”, término monosémico, es simplemente un caso oblicuo, es decir, la forma invocativa de “Devel”, que expresa “oh Dios!”, “ ay Dios!”. Por tanto es increíble que G. Borrow recogiera como genuinas los significados “diosa” y “Virgen”, heredados por la mayoría de los diccionarios de “caló” impresos en España a partir de 1844. Y hoy todavía, cuando un gitano exclama “¡devla!”, que es una exclamación, no está nombrando a la “Virgen” ni a ninguna deidad femenina. Tampoco a la “Gran Madre o Gran Diosa” “ cuyos viejos cultos florecieron desde Creta hasta la India hacia el año 2.000 de Cristo”, como proponía Ricardo Molina –cfr. “Misterios del arte flamenco”, pág. 195.Ed. Sagitario. Barcelona, 1967 – que nos legó la hipótesis más descabellada y poética de cuantas se han escrito con fines etimológicos, según afirma A. A. Caballero en “Historia del cante flamenco”(Madrid,1981) , está sencillamente exclamando “oh Dios!”, “ay Dios!” y reflejando , afirma M. Torrioni , además de su pesar o de su angustia, la noción de una creencia vaga en una fuerza superior “masculina”, como masculina es la noción “imagée” del Dios judeo-cristiano o musulmán a cuyos dominios vino a parar, en una edad antigua, el primitivo gitano-indio.
También el poeta malagueño José Carlos de Luna nos dice que “.... existe, existió, mejor dicho, un martinete de martinetes; una quintaesencia del cante jondo que se llamó Debla, de tanta dificultad, de una modulación tan sostenida, de unos tercios tan duros de ligar, que no hay ya nadie quien lo cante. Yo la oí sólo una vez por boca de una gitana vieja, que a pesar de sus gallos y destempladuras me sobrecogió, haciendo resaltar la magnificencia de este cante..... La Debla es ya una ruina. Es el retrato maravilloso ante el que doblan las rodillas y humillan la cabeza los demás cantes, y ante el cual la misma Caña se siente empequeñecida, aunque orgullosa si piensa que lo crió a sus pechos”, cfr. “De cante grande y cante chico”, pág. 46 (Madrid, 1926).
Hace ya muchos años, un flamencólogo me aseguró que nadie, absolutamente nadie, ha cantado la Debla como es. Me citó a un cantaor del Puerto de Santa María – no dijo su nombre – quien sólo él tenía los secretos de la Debla. Parece ser – opinión generalizada – que la Debla no es más que una derivación estilística creada por Tomás Pavón (1893-1952). Ahora bien, ¿la Debla que cantó Pavón, es la primitiva? Porque según noticias de cantaores, con más de 80 años – que yo he conocido – y que vivieron los ambientes flamencos de Jerez, Cádiz y Sevilla, no recuerdan haber oído cantar la Debla, sino Tonás, Martinetes, Carceleras ... y que la tradición asegura que don Antonio Chacón dominaba todos los cantes por tonás que sabía Silverio o el Señor Molina, pero no los grabó como hizo con las seguiriyas del Marrurro o las soleares de Mercedes la Serneta. Fue una pena para el mundo flamenco. Y no menos cierto es que las tonás estuvieron a punto de desaparecer. Sólo se cantaban entre cabales. Yo, al menos, me siento contento de haber grabado varias veces – siguiendo a Tomás Pavón- la Debla. |
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