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escrito por Alfredo Arrebola   
miércoles, 05 de noviembre de 2008
Tomás Pavón Cruz, genio del cante

Se estudia y aprende bien

Lo más difícil del mundo.

Yo he estudiao tu cariño

Y no lo he llegao a comprender:

Sufro y lloro como un niño.

Es lógico pensar que el flamenco, como cualquier otra actividad artística, está sometido a los gustos de cada época. Lo que no significa que pueda perder valor artístico, social y moral. Pues bien, a finales del siglo XIX, tenemos datos históricos, el flamenco sufre una pequeña transformación en la diversidad de estilos que van apareciendo, gracias a la capacidad creativa del intérprete. Se origina una mezcla de los cantes flamencos con los folklóricos andaluces, dando lugar a nuevos horizontes y formas estilísticas, siendo el fandango el más favorecido. En esta misma línea está el pensamiento del flamencólogo José Blas Vega, el cual asegura que “…la asombrosa pluralidad del fandango andaluz como expresión típica de cada pueblo o comarca natural andaluza, sería la base sustancial para el fandango personal, llamado también “Fandango Artístico”, tan conocido y popularizado en los últimos tiempos, pero cuya evolución data de 1890 a 1920, cuando el cante de Levante gozaba de su máximo esplendor”, cfr. “Magna Antología del Cante Flamenco”, pág. 69. Hispavox, 1982.

Tenemos, pues, el llamado “Fandango Artístico o de Creación Personal”, que no está adscrito, por tanto, a ninguna región en concreto; caracterizado por su amplia libertad de interpretación, prestándose por ello al pleno lucimiento de las facultades del cantaor. Otra característica de este fandango es que la inmensa mayoría de sus creadores aparecen en la etapa denominada “OPERA FLAMENCA”, que comprende desde el año 1920 hasta 1955, aproximadamente. No es aquí el momento para enjuiciar esta controvertida época del flamenco, ya que le dedicaremos su espacio correspondiente. Otra nota o característica que ofrece este “fandango personal” será su presentación ante el público precisamente tras una extraordinaria final de los grandes “creadores” e intérpretes del cante por malagueñas. Quiero pensar que este cante, partiendo de su primitivo “cante abandolao” y de modo especial de la Rondeña, podría haber engendrado una nueva forma amalgamada del primitivo y universal fandango. Es posible, dada la circunstancia histórica en la que se va produciendo. No debe olvidarse que el flamenco es un arte en contínua evolución en la capacidad interpretativa del artista. Y se va a caracterizar precisamente porque ya deja de ser un “cante bailable”, que es la forma prístina del fandango, y por su gran libertad en cuanto al compás – ternario en su fase naciente – para acogerse al llamado “compás de amalgama”, es decir, compás de 3 x 4 y 6 x 8 y, como nota destacada, ofreciendo un deleite melismático en cada uno de sus tercios. Y así, nada extraño resultará el oir en sus coplas tercios de seguiriyas, soleares malagueñas , caña , granaínas, tarantas, etc… dentro de la estructura musical del fandango, tal como podemos observar en la voz desgarrada de un Antonio Pérez Guerrero “El Sevillano”:

Muere rico y vive pobre

To el que ha sío un usurero;

Y es pa que luego le sobre

Pa pagar al sepulturero

Lo poco que vale un hombre.

O bien, un lamento continuado por seguiriyas de aquel pobre , tísico y excéntrico personaje muy popular en Cádiz y su provincia , Gabriel Díaz Fernández “Macandé” (Cádiz, 1897-1947):

Yo estoy enfermo en la cama

De tu querer abandonao;

Si al despertar una mañana

Yo me encontrara tu amor,

La enfermedad se me acaba.-

Con estas características y con la tendencia natural a pasar del justo compás hacia una ejecución casi “ad libitum”, bastante más libre, aparecen las primeras personalizaciones del fandango, iniciadas – es la opinión más común – por Cayetano Muriel “Niño de Cabara”, Rafael Pareja, José Pérez de Guzmán, El Niño Gloria, etc.., pero es José Tejada Martín “Pepe Marchena” (Sevilla, 1903-1976) quien desregionaliza el fandango sustrayéndolo de los moldes clásicos y, además, masificándolo por completo:

Cuando empezaste a vivir

Tú me pediste consejo.

Yo gustoso te lo dí

Y ahora que me he puesto viejo.

Que yo te lo pido a ti, nos dirá Pepe Marchena en la voz de su buen imitador Flores el Gaditano; en tanto que Manuel Ortega “Manolo Caracol” (Sevilla, 1909 – Madrid, 1973)) seguirá otra línea fandangueril, muy personal y específica, pero llena de emocional sentimiento por su especial técnica interpretativa:

¡Ay, dinero, ay, dinero!,

mal fín tengan los dineros,

que la muerte ha de venir

pal rico y pal pordiosero,

qué cuidao se me da a mí.

Ningún buen aficionado debe olvidar que el fandango fue la gran vedette del cante flamenco durante toda la llamada “Opera Flamenca” (1925-1955), y que estos “fandangos personales”/artísticos” sirvieron de base para creaciones posteriores, algunas de las cuales aún siguen vigentes. Ante la imposibilidad de hacer una descripción minuciosa de cada una de sus variantes, creo conveniente y didáctico enumerar, al menos, los más destacados:

Fandango de Manuel Torre (Jerez de la Frontera ,1878- Sevilla, 1933)

Fandango de Frasquito Yerbagüena (Granada, 1883 -1944)

Fandango de José Cepero (Jerez, 1888 – Madrid, 1960)

Fandango del Niño Gloria (Jerez, 1893 – Sevilla, 1954)

Fandango de Palanca (Marchena, 1904 –Sevilla, 1976)

Fandango de El Sevillano (Sevilla, 1909-1986)

Fandango de Antonio de La Calzá ( Sevilla, 1913 -1981)

Fandango de El Corruco de Algeciras (La Línea, 1910-Balaguer,Lérida, 1937)

Fandango de Pepe Aznalcollar (Aznalcollar, 1912 –Madrid, 1973)

Fandango de El Carbonerillo (Sevilla, 1906- 1937)

Fandango de Manuel Vallejo (Sevilla, 1891- 1960)

Fandango de Juanito Varea (Burriana-Castellón ,1908- Madrid, 1985)

Fandango de Rafael el Tuerto (Algeciras,1890- 1974) ,etc. etc…..