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escrito por Alfredo Arrebola   
jueves, 01 de mayo de 2008

Mujer con guitarra flamenca

Por su santa voluntad

Ciego hizo Dios el querer.

Yo he visto más de una vez

Perderse a un hombre cabal

Por una mala mujer.

Se puede afirmar, con la mayor objetividad posible, que el fandango es una manifestación artística que da pié para confeccionar una tesis doctoral. El tema se presta a ello debido a sus múltiples y variadas formas. Más aún: se puede demostrar – así se ha hecho ya – que el fandango representa una de las formas más antiguas; y es, además, “piedra fundamental y básica” de muchas variedades flamencas actuales. Se ha desechado, afortunadamente, la vieja teoría de los llamados “Cantes básicos”, defendida por algunos flamencólogos. El fandango, como expresión popular, es tal vez el elemento más común a todo el folklore hispánico, ya que, bien cantado o bailado, se encuentra en toda la geografía española. El fandango lo mismo se da en Galicia, en Asturias, en Castilla, o en Levante, Cataluña o en Aragón. Y es lógico, pues, pensar que no podía ser una excepción en Andalucía. Desgraciadamente, para algunos aficionados, que olvidan la riqueza musical del flamenco, el fandango es un cante menor; para otros muchos, erróneamente, el cante se reduce a dos o tres “palos”, y todo lo que no sean éstos ni es “cante puro”? ni les merece atención. Ignoran, por tanto, lo que bien dijo, en cierta ocasión, un cantaor de fama: “La base fundamental del cante flamenco está en los fandangos folklóricos, y el menosprecio a éstos es no tener ni idea de lo que es el flamenco ni la raíz del mismo”.En esa línea también me pongo yo. Porque si alguien intentara, por ejemplo, realizar un estudio de los “Cantes de Málaga”, no tendría otro camino que arrancar por el fandango. Y hoy, como cantaor, puedo afirmar – y lo afirmo - que el fandango ha sido la base musical de las Malagueñas , Tarantas, Granaínas, Murcianas, etc. Es decir, el fandango es un “Cante básico”.

El fandango es un cante sumamente individualista, aunque más tarde originara otras formas flamencas distintas. Y pienso – mi larga experiencia cantaora me lo ha demostrado- que un cantaor puede demostrar su “valía cantaora” en un fandango. Y si alguien no está de acuerdo, yo le recomendaría que oyera detenidamente al Niño Gloria, Niño de La Calzá, Corruco de Algeciras, Manolo Caracol, Carbonerillo, etc. Pero tiene, además, el fandango un fenómeno curioso, que sólo lo conocen los profesionales: ningún cantaor puede callarse donde le plazca, al cantar un fandango, y ni siquiera hacer esperar al guitarrista, en tanto que en los llamados “cantes acompasaos” se puede esperar, marcando bien los tiempos del compás. Ha tenido también el fandango otra característica, por no citarlas todas, y muy loable, por cierto: su PROLIFERACION, es decir, se ha dado en toda España. En este sentido, José Luque Navajas se expresa así: “... ciertamente, el fandango, aire popular bailable de compás ternario, es común a muchas regiones de nuestra nación; pero es en Andalucía donde adquiere una personalidad más acusada, independizándose del resto. Aquí, como cante individual que es, se establece por su cuenta”, cfr. “Málaga en el cante”, pág. 39.. Málaga, El Guadalhorce,1965.

 

Julián Pemartín- cfr. “El cante flamenco. Guía alfabética”, pág. 88.Madrid, Afrodisio Aguado, 1966- dice que el aflamencamiento de este fandango bailado, y cantado – en Andalucía – en fecha que es aventurado fijar, hizo nacer el fandango flamenco. El flamenco- ciertamente no es folklore, pero muchos cantes hunden sus raíces en el folklore. Que el fandango es una danza antiquísima, escribe D. Manfredi Cano en “Geografía del cante jondo”, pág. 144. Madrid, El Grifón, 1955, lo demuestra el hecho de que pertenece al folklore de casi todas las regiones españolas, y aunque sean diferentes entre sí, fandangos hay en Asturias, junto a las alboradas y los alalás; en Galicia, con las muñeiras, las riberianas, los zapateados y el contrapaso; en Extremadura, con acompañamiento de acordeones y panderos, además de la insustituible guitarra; en Mallorca, al par de jotas y boleros, y en Portugal, tan popular como el vira, el malhao y el caminha verde, etc....

 

El musicólogo Hipólito Rossy – cfr. “Teoría del cante jondo”, pág. 225. Barcelona, Credsa, 1966 - nos ofrece así el problema de los fandangos: “... La aparición del fandango marca una nueva época revolucionaria en el folklore sureño. El pueblo ha recibido, dirigiéndolas a su modo, las ideas del barroco, que no habían de quedar limitadas a la arquitectura, a las artes plásticas. Lo que aquí es exceso de ropaje, de relieves complicados, de exuberancia de adornos, en el folklore sureño se traduce en alardes melismáticos, en superabundancia de trinos, jipíos y notas de floreo. Ya no es, como en el cante jondo puro anterior, el medio de expresar un sentir: es la manera de obtener un lucimiento que deslumbre o impresione al oyente..... y surge el cantar “por alto” frente al cantar “por bajo” de las seguiriyas y la soleá”.

 

No piense el lector que es fácil el mundo de los fandangos, aunque en un momento dado se diga: “arráncate por un fandango”, que es cosa sencilla. Nada más lejano. Porque en el fandango, hasta su nombre es enrevesado. ¿Del latín “fiducinare”? Pregunta el Diccionario. Esta terminación -“ANGO”- como “tango” suena a Mar Caribe. Lo único cierto es que no se conoce perfectamente la raíz de esta palabra, cuya acepción primera es la de “... cierto baile antiguo y común en España”. También se dice que es un baile de la región andaluza, aunque considerablemente adulterado por sucesivos injertos del género flamenco, habiéndolo adoptado con ciertas variantes otras comarcas españolas, especialmente las de Levante. Pero son, repetimos, simples hipótesis. Entre éstas cabe destacar la de Arcadio Larrea, quien afirma: “.... Fue en Guinea Ecuatorial, con Carlos Echegaray, investigador de lenguas de aquel país, todas ellas formas del Bantú, al advertir una y otra vez la manera de componer las palabras sobre la base de las monosílabas-madres, llegamos a preguntarnos si no serían de origen bantú los nombres de algunas canciones y bailes españoles, comenzando por el de “Zarabanda” y terminando por el de “Zorongo/Merengue. Fandango sería, por tanto, una palabra de raíz africana.