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escrito por Alfredo Arrebola   
miércoles, 15 de octubre de 2008

Entre el monte y la marisma

Hay un lucero “escondío”.

Si la vista no me engaña

Es la Virgen del Rocío,

La más bonita de España.

Cuanto más se reflexiona sobre el enigmático y complejo mundo del arte flamenco, mayores inquietudes e incertidumbres aparecen. Tal vez por esta intrínseca cualidad del cante, nos encontramos con tantas y tan variadas anomalías. Su explicación radica, posiblemente, en que el flamenco nunca fue objeto de un estudio serio y objetivo por parte de aquellas personas que tuvieron en sus manos la posibilidad de hacerlo. Sin embargo, desde hace bastantes años el flamenco se ha convertido en materia de investigación de muchos aficionados, que desean ardientemente saber, si es posible, la razón última de esta manifestación artística y cultural de la que goza el pueblo andaluz. Cultura y arte que no se quedan en esta tierra, sino que cada día van encontrando mayor proyección en las más variadas partes de la tierra. Hago esta breve reflexión, dado que no es tan fácil deslindar los límites entre “Fandango y Fandanguillo”, analizados desde su aspecto histórico, literario y musical. No tengo que hacer mucho hincapié en manifestar públicamente que toda mi vida la he consagrado a la interpretación y estudio de este fenómeno artístico, que forma parte , aunque algunos lo hayan negado, del acervo cultural del pueblo andaluz.

Se puede afirmar que los tratadistas flamencos coinciden – y lo aceptan – que a principios del siglo XVIII se empleaba ya en España la palabra “Fandanguillo”, término sacado, sin duda, de Fandango, lo que nos hace pensar que éste es mucho anterior. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua establece una marcada diferencia entre Fandango y Fandanguillo. “Fandango, según el DRAE, designó primitivamente un tipo especial de baile, mientras que Fandanguillo se refirió a una modalidad de canto con el que se acompañaba aquél”. Idea que coincide, a este respecto, con el “Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco”, T. I , pág. 288, el cual nos ofrece las siguientes acepciones de “Fandanguillo”: a) Fandango, especialmente el bailable de cada comarca; b) Modalidad de cante con que se acompaña el baile del fandango, y c) El fandango artístico muy interpretado en la época de la llamada Opera Flamenca, alargando mucho los tercios, o, por el contrario, cantándolos con gran ligereza en su aire, buscando en ambos casos la mayor brillantez y espectacularidad posible para llegar a un público mayoritario.

 

El testimonio del Profesor e investigador de la cultura islámica don Julián Ribera (1858 -1934) es de capital importancia para conocer la evolución histórica del fandango y del fandanguillo, puesto que, según él, la Jota no es sino uan de sus modalidades, es decir, el “fandango aragonés”. Tal es la influencia de la Jota en el fandango, incluyendo a grandes y chicos, que hizo afirmar al flamencólogo – también guitarrista – D. E. Pohren que el origen de este cante está en la jota campera del norte de España, y eran muy vivos y bailables, al son de guitarras, castañuelas, panderetas y violines, cfr. “El arte del flamenco”, pág. 107 (Morón de la Frontera, 1970). Y como nota curiosa es digno de reseñar lo que mi inolvidable amigo, Eduardo Molina Fajardo, nos dice en su libro “El flamenco en Granada”, pág. 27 (Granada, 1974): “la primera visión de un fandango bailado se da en el pueblo granadino de Loja”.

 

En esta línea se encuentra también el pensamiento del Profesor y flamencólogo Luís López Ruiz, el cual afirma que “…Los “fandanguillos” alargan mucho los tercios o, muy al contrario, se cantan con gran ligereza buscando, en un caso y en otro, una mayor brillantez efectista, llegando más al público a base de espectacularidad”, cfr. “Guía del flamenco”, pág. 50 (Madrid, 1999). Hoy se considera al fandanguillo como una ramificación menor del tronco de los fandangos andaluces y, de modo especial, a los originarios de la provincia de Huelva. La mayoría de ellos suelen ser acompañados de un baile en compás ternario ( idest, 3 x 4), de clara raigambre tradicional, muy vagamente influídos por algunos superficiales rasgos flamencos. Aunque se admita que el fandanguillo esté encuadrado a la provincia de Huelva, existen también los fandanguillos de Herrera, de Granada, Güejar Sierra, Dólar, Almuñecar, Puebla de Don Fadrique, La Iruela, Ecija ,etc… Para la mayoría de los flamencólogos, el fandanguillo por antoonomasia nace y vive en los pueblos sometidos a la influencia de la sierra del Andévalo (Huelva). Tenga más o menos fundamento histórico esta teoría, lo cierto es que no se puede dudar de que Huelva es la provincia más rica en las variadas formas o estilos de fandanguillos. Raro es el pueblo onubense que no tenga “su fandanguillo”.

 

Pienso que el “fandanguillo” tuvo su nacimiento ante la imposibilidad de levantar, entusiasmar…. , en el argot flamenco, al verdadero aficionado, quien desde siempre ha ido buscando aquellos cantes que mejor pudieran expresar la esencia metafísica del flamenco: catarsis individual y colectiva. Y también creo que tomó su base musical en el “fandanguillo onubense” a través de Pérez de Guzmán y José Rebollo. El “fandanguillo”, métricamente visto, usa las mismas coplas que el fandango. Luego, se puede decir que el “fandanguillo” es un cante típicamente afiligranado, de forma que permite toda clase de lucidez por parte del intérprete. Y, como ya se ha señalado, el “fandanguillo” hizo sus estragos en la época denominada “Opera Flamenca” (1925-1955, aproximadamente). Los elementos ortodoxos del cante jondo, establecidos en Granada (1922), ya se habían olvidado. La figura de Pepe Marchena arrastra en pos de sí a un ingente número de epígonos que seguirían los cánones marcheneros. Por otra parte, no deben olvidarse las circunstancias socio-políticas de la época que soportaba España, aumentadas con la llegada de la guerra civil: era normal, pues, que los cantaores encontraran un terreno abonado. Es la época de las milongas, vidalitas, güajiras y, sobre todo, el “fandanguillo”. Nombres como Marchena, Niño de la Huerta, Paco el Americano, Pepe Palanca, Niño del Museo, Jesús Perosanz, Manuel Centeno, El Peluso, Juanito Valderrama ,etc., etc llenan todas las provincias españolas en sus giras artísticas. Para nada se oyen los ecos jondos de un Manuel Torre, Tomás Pavón. Fue una época de triste recuerdo para el llamado “Cante Gitano-Andaluz”.