FLAMENCO
Palos Flamencos
Guajiras | Guajiras |
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| escrito por Alfredo Arrebola | |
| jueves, 18 de septiembre de 2008 | |
Gracias a la publicación de “Los cantes hispanoamericanos en el mundo del flamenco-Ida y Vuelta”-, que Manuel Cerrejón tuvo a bien ofrecer al amplio mundo de la afición flamenca ( Sevilla, 2001), podemos hoy oir la amplísima discografía existente de los tradicionalmente llamados “Cantes de Ida y vuelta”. El más representativo,desde el punto de vista flamenco, es , para mí, la Guajira. Ya el gran músico y compositor sevillano Joaquín Turina (1882-1949) nos dejó dicho que “…Entre los cantes populares que figuran en el folklore andaluz, la guajira ocupa un lugar preferente, no sólo por su característico giro melódico, sino también por la amalgama de ritmos binarios y ternarios alternados, que le prestan original aspecto dinámico. La típica guajira, que aún cantan profesionales flamencos como Chacón, tiende a desaparecer envuelta en los virtuosismos y melismas con que se adornan los cantaores del género nuevo que, por variarlo todo, denominan ya “Opera flamenca”,cfr. “El Debate”, 14 de julio de 1928. A modo de introducción, se puede decir que la guajira es una canción aflamencada que tiene su origen en ciertos aires populares cubanos llegados a España en la segunda mitad del siglo XIX. También hay quien sostiene que fue traída a España en el siglo XVI por soldados españoles que regresaban de la conquista. Sin embargo, Domingo Manfredi sostiene ideas distintas cuando afirma que “…Los españoles del descubrimiento y de la conquista, y mucho más los de la colonización, llevaron al Nuevo Continente, bastante antes de que se llamara América y bastante después de llamarse así nuestros propios cantes y danzas. Los recién llegados, los nativos y los mestizos posteriores recibieron estos cantos y danzas y los adaptaron a su temperamento, según el clima, la presión del aire y el perfume de la selva cercana. Al cabo de los años el camino se hace a la inversa, y aquellos cantes y bailes primitivos,nuestros españoles, andaluces en su mayoría, vuelven al Viejo Continente, a la Península Ibérica, al sur de España, a Andalucía en una palabra, hechos guajiras y milongas y tangos y aquí los recibimos como una cosa nueva… Famosos cantaores profesionales no han dejado de llevar en su repertorio estos cantes criollos, sabrosos, incitantes y deliciosos, como una buena mezcla de Cádiz o de Sevilla que después de haber pasado unos años en Cuba o en Río de la Plata, volviese más guapa, más melosa, más gachona y más dulce” cfr. “Geografía del cante jondo”, 1963.
Esto nos viene a demostrar que desde fuera vienen ideas, teorías, sistemas, influencias, y el pueblo, que las recibe, asimila los elementos extraños que concuerdan con su sentir,ampliando, por tanto, su propia cultura. Ya que ninguna cultura parte de cero ni permanece encerrada en el territorio en que se asienta, es decir, ninguna cultura queda alejada a influencia externas. Cosa, por otra parte, normal y frecuente en el campo musical.
La palabra guajira no es, bajo ningún concepto, castellana; llaman guajiras y guajiros a los campesinos blancos de Cuba.Se puede afirmar que su integración en el mundo flamenco no fue más tarde de l860, antes incluso que las mismas soleares.Yo mismo soy testigo de hombres que, llegados a mi pueblo, entonaban estas canciones con matices realmente cubanos en sus diferentes formas. La aparición del disco en España contribuyó a la difusión de las guajiras. Y pienso, en la misma línea de Manfredi Cano, que la guajira, como sucedió a las asturianas y gallegas cuando llegaron a Cádiz, se enevenenó de andalucismo y sin el más mínimo reparo salió cantando y bailando por tangos, con tan buena fortuna que a mucha gente le pareció una buena moza la parienta recién llegada del Caribe.Ya el escritor montillano Nuñez de Prado en su libro “Cantaores Andaluces” (1904) nos informa de que “….La guajira en la garganta del Canario Chico vibraba como una entraña que se extirpa”.
Los que mayor uso hicieron de la guajira fueron, entre otros, los cantaores Juan Breva, El Mochuelo, Niño de Cabra, Manuel Escacena, La Rubia, El Pena padre. Son curiosos algunos de los títulos de estas primeras guajiras, afirma José Blas Vega, por el más prolífero de estos cantaores – El Mochuelo – entre los que encontramos el de “Guajiras vida mía”, “Guajiras de vuelta abajo”, “Guajiras de los de Cuba” y hasta “Guajiras a dúo”, cantadas en unión de La Rubia. Cierto flamencólogo? nos dejó dicho que el cante en sí, su práctica está muy por encima de toda flamencología, de toda erudición o de todo ditirambo literario. Si gusta una guajira, o una milonga, en un momento dado, es porque el cantaor con intuición y duende flamenco ha sabido llevarla a ese inefable misterio de lo jondo. No quiero dejar en el tintero que las guajiras tuvieron muchísima aceptación en todos los Cafés Cantantes de principios del siglo XX. Para algunos flamencólogos, tanto por su aire como por sus letras, las coincidencias entre la guajira flamenca y el “Punto guajiro” cubano son palmarias, aunque la guajira flamenca buscara su apoyo rítmico en los tanguillos de Cádiz.
Sólo me resta añadir que la copla de la guajira suele adaptarse a la combinación métrica de la décima o espinela, y musicalmente se encuentra en el compás de amalgama, es decir, compás de tres por cuatro y seis por ocho. En la actualidad, la mayoría de los cantaores acostumbramos a interpretar este precioso cante en los recitales.El aire musical de lo que se acostumbra llamar “Cabales” es muy parecido a las guajiras; así nos lo explica Manuel Cano en su tratado “La guitarra. Historia, Estudios y Aportaciones al arte flamenco”, pág. 252 (Granada, 1991).
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