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escrito por Alfredo Arrebola   
jueves, 02 de octubre de 2008
Barrio de la Trinidad de Málaga

Rincón de sal y solera

Barrio de la Trinidad,

De artistas de calidad,

Bravas hembras de bandera

Y hombres a carta cabal.


Después de un tiempo ausente

Lloré cuando te he mirado,

Porque triste he recordado

Las alegrías de tu gente

Que en penas se le han trocado.


Realizar un estudio crítico, histórico y musical de las Jaberas es altamente comprometido y difícil. Desde el punto de vista histórico, las noticias que tenemos son confusas, ya que mientras unos autores hacen derivar este cante como un “fandango aseguidillado” recordando a las alegrías y jotas aragonesas, otros han testimoniado su origen como nombre derivado del término Jábega. Esta ha sido la tesis defendida por el músico y escritor Hipólito Rossy, basándose en la autoridad de Miguel Fénech, “afamado jurista malagueño y muy aficionado al cante de la tierrra”.

Creo que la postura más convencional debería estar en la forma de manifestarse o aparecer el cante flamenco, es decir, derivar el nombre en función de la pronunciación andaluza. Es más lógico. Porque es conocido que la fonética de esta región hizo que del nombre “habas”, saliera Jaberas, debido a unos pregones que cantaban dos afamadas vendedoras de habas en el Barrio de la Trinidad. Y, según testimonios históricos y oculares, está demostrado que en la calle Mármoles eran muy frecuentes, que vendían habas para las caballerías, dado que Málaga ha gozado siempre de buenas jacas para hacer los transportes de alimentos y otros menesteres. Lo cual se explica por ser Málaga un terreno muy quebrado e irregular para los accesos de la capital a sus distintos pueblos.

 

Y como siempre, expondré las distintas teorías que han tratado de dar razón de este cante malagueño. Y así el testimonio de José Luque Navajas sobre las Jaberas, es el siguiente: “… Es tradición en Málaga ,cfr. “Málaga en el cante”, pág. 62 (1965), que este cante, así como su nombre, se deben a dos muchachas hermanas del Barrio de la Trinidad, en cuya calle Mármoles tenían a comienzos del siglo XIX un puesto de habas secas. Estas hermanas cantaban muy bien, y, ora en los pregones de su mercancía, ora en sus ratos de esparcimiento, interpretaban espontáneamente un cante del corte del fandango malagueño, que ellas habían configurado muy bellamente, con arreglo a sus buenas facultades y gusto”.

 

Es opinión generalizada que la fonética andaluza, castiza, hace de las habas “Jabas”. Por las Jaberas eran conocidas aquellas hermanas del barrio trinitario, y por el “Cante de las Jaberas” lo que ellas compusieron a su estilo. Me parece que esta explicación está en perfecta consonancia con la dialectología andaluza y con el sentir andaluz y flamenco. Por ello, como cantaor e investigador, yo acepto esta sencilla y tradicional terminología flamenca. El problema de este cante radica en aceptar , si es posible, si este nombre proviene de algunas composiciones cortas populares del siglo XIX, que esta estaban escritas con “uve”. Más aún: hasta ha habido la feliz invención de relacionar el nombre de este cante con la palabra, que aparece en el “Libro del Buen Amor” del Arcipreste de Hita, “exabebe” que más tarde tomó el nombre de “ajabeba o jabeba”, flauta de caña de uso en aquella época. Pero el problema se ha ido agravando a través del tiempo debido a la indiferencia que han manifestado ciertos cantaores hacia las Jaberas, cante que ya aparece en las novelas costumbristas como uno de los primeros cantes. Las noticias históricas que tenemos de la Jabera proceden de Serafin Estébanez Calderón- “Escenas Andaluzas” (Madrid, 1847). Allí podemos leer : “… Érase una malagueña por el estilo de la Jabera…. célebre cantadora”. En este sentido, Pedro Camacho Galindo en su obra “Los payos también cantan flamenco”, pág. 93 (Madrid, 1975) nos dirá que “…Luego si es indiscutible que existe el cante denominado “Jabera”, y sabemos que éste lo elaboró una mujer a quien apodaban “La Jabera”, resulta inconcebible que no se haya incluido en la lista de los cantaores antiguos a la Jabera, que sin duda por ser cantaora de malagueñas se le debe suponer nativa de esta ciudad o de su provincia, y, desde luego no gitana, que si lo hubiera sido, de seguro que habría quedado en la lista del célebre Juanelo”.

 

¿Pudo haber existido otro tipo de Jaberas, distinto al cante actual? Enigma. Puede que hubieran otros cantes, perdidos ya por despreciarlos y olvidarlos posiblemente por su dificultad interpretativa. Tal puede ser el caso de la Jabera, que, aunque larga y difícil, es un cante de profundo acento andaluz y de emotividad directa y con la seria y rítmica gracia de los cantes que descienden en línea directa del fandango. Hay que añadir también que la Jabera es un cante misterioso porque su nacimiento no coincide ni es coetáneo con la malagueña, sino todo lo contrario: se diferencia y, además, es anterior históricamente. Sin embargo, queda algo claro: está en la misma familia flamenca, es decir, se trata de un “cante abandolao”. Es un cante que empieza en él, y en él termina, esto es, tiene su personalidad perfectamente definida.

 

Analizada la Jabera desde el ángulo flamenco y musical, se caracteriza porque tiene su final en lo que los cantaores llamamos “cadencia rota”.La voz parece que no llega, que se rompe; en ellas se aprecian ecos de seguiriyas y cantes camperos, y se pasa, con la mayor rapidez increíble, de los “tonos graves a los agudos” y viceversa. Se trata de un cante áspero, duro y grave , llevando todos “sus tercios” ligados. Es un cante poco interpretado, pero gracias a Victoriano Gamoneda Ballester “Niño de Málaga” que las grabó en “Antología del Cante Flamenco” (Hispavox, 1958), entraron a formar parte del repertorio de los cantaores.En Torrox (Málaga) eran conocidas como “Cantes de María Tacón”.