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La Caña 2 Parte Imprimir
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escrito por Alfredo Arrebola   
miércoles, 05 de marzo de 2008

No era extraño, pues, que, a partir de la descripción del escritor malagueño Serafín Estébanez Calderón, aparecieran las más variadas teorías acerca del origen y desarrollo de la Caña. Y así, Ricardo Molina y Antonio Mairena en “Mundo y formas del cante flamenco” – y los seguidores de esta escuela, manifiestan que la Caña no tiene estructuras gitanas; que es un cante sin vida, memorístico, inerte; todo lo contrario de lo que es y debe ser un buen cante....; y que lo máximo sería “un cante no gitano” de Andalucía – cfr. Op. cit. pág. 246. Ahora bien, habría que probar que el gitano fue el creador del cante, algo que solamente defendían – ya no – los seguidores de la llamada “Teoría gitanista del cante”.

Entonces, ¿qué pasa con este cante que comienza a tomar forma en el siglo XIX, cuando la mayoría de los intérpretes eran gitanos?. Respuesta, a mi juicio, muy difícil, y sería preciso analizarla bajo otros factores sociales, antropológicos y folklóricos. La diversidad de teorías sobre la Caña son debidas, como ya se ha dicho, a la influencia mutua de unos escritores en otros, y por la poca atención que desde siempre se le ha venido prestando al arte flamenco en su aspecto histórico, literario, social y musical. Afortunadamente, ha cambiado esa actitud: existe una profunda y objetiva actividad investigadora respecto al complejo y enigmático mundo del flamenco.

Según testimonios escritos, la primera noticia sobre este cante nos la suministra Richard Ford, quien la escuchó en Andalucía hacia el año 1830. Esta es la descripción que ofrece Richard Ford : “...En los intermedios lúcidos entre el baile y el anisado, LA CAÑA, que es la verdadera “gaunnia” o canción árabe, se administra como algún calmante por algún hirsuto artista, sin faralaes, botonaduras, diamantes o guantes de cabritilla, cuyas coplas, tristes y melancólicas, siempre empiezan y terminan con un “AY”, un suspiro o un grito en tono más elevado. Estas melodías morunas, reminiscencias de otros tiempos, se conservan mejor en pueblos serranos cerca de Ronda, donde hay unos caminos para los miembros del Conservatorio Napolitano de la Reina Cristina...”, cfr. “Cosas de España”, cap. 23, Tomo II; traducción de Enrique Mesa y edición de Jiménez Fraud.

¿Pudo inspirarse – es una simple opinión – Estébanez Calderón en Richard Ford? Esta hipótesis se fundamenta en el trato que los escritores acostumbran ofrecer sobre la Caña. De ella también se ocupó José Cadalso Vázquez en sus célebres y comentadas “Cartas Marruecas”. Históricamente, habría que señalar al escritor Mesonero Romanos (1803-1882) como el primero que cita la Caña en sus “Panorama Matritense” en pleno Madrid, donde leemos :“...Coros de andaluces que sentados en el banco de aquel herrador entonan la Caña”. Es, como afirma Antonio Urbaneja en “Cante, cantares y cantarcillos”, pág. 63 (Fuengirola-Málaga, 1979) “... como si la Caña fuera al principio un cante coral entre los fandangos bailables, los verdiales por aquí, hechos Polos en Ronda, la descendencia de los alegres zéjeles, y el viejo cante andaluz, individual y esotérico, aprisionado entre el ritmo y la ancestral cadencia de las precisas estrofas jarchianas”.

Por su parte, Ricardo Molina en su “Mundo y formas del cante flamenco”, pág. 245, afirma que no consta documentalmente la existencia de la Caña con anterioridad al siglo XIX, y resulta improbable que en pleno siglo XIX, o a lo sumo a finales del siglo XVIII, se apelase a una voz derivada exprofeso del árabe para bautizar un cante flamenco florecido en las más bajas capas sociales. Sin embargo, Ricardo Molina no ofrece argumentos históricos para ratificar su tesis. Era su forma de escribir.... El profesor Manuel García Matos creía que la Caña (tanto el nombre como el cante) procede de un “estribillo/Macho” recogido por Isidoro Hernández en “Tradiciones populares andaluzas y flores de España”, en donde se lee:

Caña dulce, de mi dulce caña

que tarde o nunca las pierde

el que tuvo malas mañas”.

De este estribillo – continúa el Prof. García Matos en “Una historia del cante flamenco”, pág. 14 – mejor que la “gaunnia” árabe, habría salido el nombre de la especie, ya que es suceso natural y corriente el que la muchedumbre de canciones populares tomen su denominación de una palabra o frase del estribillo o refrán que en multitud de casos las acompañan”. Como cantaor e investigador, yo me atrevo a manifestar que no me parece ortodoxo el origen de la Caña sacado del árabe, ya que el pueblo andaluz no necesita recurrir a esa lengua para dar nombre a alguna de sus canciones: este pueblo es sabio.

Don Antonio Machado y Álvarez “Demófilo”- cfr. “Colección de cantes flamencos” (Sevilla, 1881) nos asegura que Tío Luís el de la Juliana (Jerez de la Frontera, siglo XVIII), considerado el más antiguo cantaor de nombre conocido, ya cantaba “Cañas”. No obstante, hay que tener en cuenta que las referencias de Demófilo no tienen mucho valor histórico sobre el nacimiento de la Caña, puesto que él se dejó influir totalmente por las notas que le suministraba el cantaor jerezano Juanelo, quien, como Demófilo, no llegaron a conocer a Tío Luís el de la Juliana. Y, sin embargo, el flamencólogo José Blas Vega sostiene que es Francisco Vargas Ortega “El Fillo” es el primer cantaor que interpreta la Caña, hacia el 1844. Repetimos: no hay argumentos históricos y apodícticos para demostrar las “pocas verdades” de las que dispone el arte flamenco.

 

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