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escrito por Alfredo Arrebola   
viernes, 31 de octubre de 2008
Tomás el Nitri con la llave de oro del cante por Capuletti

Una farruca en Galicia

Amargamente lloraba;

Se le había muerto el farruco

Que la gaita le tocaba.-


Y arriba el limón

Y abajo la oliva,

Limonada de mi vida,

Limonada de mi amor;

Y allá arriba, y arriba,

Y allá arriba los dos

Y después de pasar fatigas.

La Farruca

El flamenco constituye un sistema complejo de elementos procedentes de los más variados estamentos. Viene esto a colación precisamente del estilo que intento explicar en su aspecto histórico, literario y musical: La Farruca. Etimológicamente, el término “Farruco/Farruca es popular y una especie de diminutivo cariñoso, es decir, un nombre hipocorístico de Francisco que se da en Galicia y Asturias. Asimismo, Farruco es un gallego o asturiano que sale de su tierra. Sin embargo, a lo largo del tiempo ha venido a ser sinónimo de valiente, desafiante, atrevido , etc. De ahí, el dicho popular: “no te pongas farruco, ¿eh?”. Ahora bien, está más que demostrado que Andalucía se ha distinguido por su hospitalidad y apertura hacia los demás. Nada de particular tiene que tanto gallegos como asturianos fueran acogidos con la mayor benevolencia y – cómo no – con su rico e influyente folklore, tal como yo he podido apreciar en mis giras artísticas por aquellas tierras del norte de España.Y aún les anticipo – cuando tatemos de las tonás – del parecido que hay entre los “cantos asturianos” y las formas más antiguas del flamenco, las Tonás.

Ricardo Molina nos dejó dicho que el flamenco es omnívoro. Cualquier musicalidad tiene cabida en él, de manera especial las bulerías”, cfr. Mundo y formas del cante flamenco”, pág. 319 ( Revista Occidente, 1963). Por tanto, no tiene nada de particular el que nos encontremos con cantes flamencos que hallan su punto de partida en el folklore gallego y asturiano: Garruca y Garrotín. Lógicamente, al principio su adaptación tuvo que ser necesariamente tímida, pero luego alcanzó plena vigencia flamenca gracias a los grandes intérpretes como, entre otros, Manuel Torre y Pastora Pavón “Niña de los Peines”.

 

Antes que la memoria me traicione, hay que decir que dentro del compás de los tientos, campo amplísimo en el arte flamenco, la Farruca es un estilo que tiene unos perfiles propios y característicos y que recuerda – según el Profesor López Ruiz en “Guía del flamenco”, pág. 51 – el término árabe “faruq”, vailente. Manfredi Cano, en su libro “Geografía del Cante Jondo” (Madrid, 1966), dice que el puerto de Cádiz era punto crucial en la navegación de los buques de pasaje. Los visitantes que llegaban a él traían consigo –cosa natural – sus bailes y sus canciones, muchos de los cuales fueron adoptados y transformados en flamenco. Esto, según Domingo Manfredi, fue exactamente lo que le ocurrió a la farruca. Para el escritor y flamencólogo José Manuel Caballero Bonald, la Farruca era una danza española del siglo XIX. Para los flamencólogos, en general, la Farruca no es más que una canción y baile tributarios del flamenco, procedente, como se ha dicho, de los influjos galaicoasturianos importados a Andalucía por los emigrantes de aquellas regiones. Y tuvo también, es normal, su periodo de auge en los comienzos del siglo XX.

 

Considerada bajo el aspecto literario, la Farruca es una estrofa de cuatro versos con muchísima libertad para acomodarse a la expresión del cantaor. Cuando se habla de farruca, debe entenderse siempre de que se trata de baile y cante, y que el baile ha sido siempre superior al cante. La historia flamenca da como cierto que la Farruca fue obra del insigne guitarrista don Ramón Montoya con la colaboración del bailaor Faíco (Francisco Mendoza Ríos, bailaor sevillano), quienes la pusieron en escena a principios del siglo pasado. Sin embargo, esta tesis parace que no tiene mucha consistencia, ya que en 1904 la Farruca ya era muy popular y se había interpretado en la zarzuela. Se sabe que el maestro José Serrano compuso una farruca muy linda, aunque poco flamenca, para el sainete lírico “Alma de Dios”. Y el mismo don Manuel de Falla incluyó una farruca (1918) en su obra “El sombrero de tres picos”. También se dice que el baile de la farruca lo creó el bailaor apodado El Gato. Creo que lo más correcto es pensar que tanto Faíco como El Gato – y lo mismo que Montoya en cuanto a la música - fueran los innovadores que dieron a la Farruca la categoría y valor para encuadrarla en el género flamenco. Resulta muy dificil, para la Flamencología, asignar verdades apodícticas. Aquí predomina más el llamado “argumento de tradición oral”….

 

Hay que añadir que la Farruca, como baile, para hombre o mujer con pantalones, se ejecuta en un espacio muy reducido, sin castañuelas, tocando los “pitos” o palmadas el propio bailaor o bailaora. Sus pasos son rigurosamente rítmicos y abunda el taconeo a contratiempo, como escribe Hipólito Rossy en su obra “Teoría del Cante Jondo”, pág. 280 ( Barcelona, 1966). Recuerdo también que este mismo musicólogo afirmaba que la tonalidad de la Farruca de canto, que está en “modo menor”, y la de la guitarra sola, en “modo menor y mayor”, es la misma que la de las canciones occidentales, de Italia, Alemania o Francia. Sin embargo, esta teoría es ya más difícil comprobarla, desde el aspecto puramente flamenco. Y, como final, sólo nos resta decir que la Farruca está en el compás binario, es decir, “compás de dos por cuatro”, y su ritmo da a entender que es un canto influido por la zambra granadina. Nada de particular, dado que su compás, como he dicho, es binario, como los Tangos, Tientos, Marianas ,etc……