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La Rondeña PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola   
Ronda (Málaga)

“El sentir no es consentir”, dice uno de los principios de Filosofía moral. Pero esto no es siempre así, y lo digo por propia experiencia: yo he sentido y, también, he consentido que se me abra en canal todo mi cuerpo con la lectura reposada y reflexiva de esta exquisita y ejemplar obra que nos regala el rondeño-cartameño José Luís Jiménez Sánchez: “Pinceladas Flamencas y los Cantes de Ronda. La Rondeña”. Una vez más acepto el difícil y delicado compromiso de escribir unas palabras que sirvan de presentación a este riguroso trabajo, porque al sentimiento espiritual, literario y - cómo no - metafísico de su exhaustiva investigación flamenca, en todos los campos de las artes liberales, intentando encontrar una luz clara, viva e iluminadora para uno de sus preferidos cantes, la RONDEÑA, como otro Diógenes que en pleno día buscaba “un hombre/anthropos”, me ha llevado mi viejo y fidelísimo amigo-hermano José Luís a consentir,- y nunca mejor empleado el origen etimológico y semántico del “cum-sentire”- a pensar y “sentir” con él que el cante sigue siendo, para honra y gloria del Arte Flamenco, un misterio/Tá mysteria. Sin embargo, tus “Pinceladas”- ¡qué ironía!- , rectamente expuestas, guiadas, ordenadas y documentadas, han transformado ese “misterio flamenco” en una auténtica epifanía de vida y claridad manifiesta para la breve, pero profunda, historia del flamenco.

Tú sabes, José Luís, que el misterio no puede considerarse como “ forma deficiente” del conocimiento humano, ya que es una realidad que está ordenada al acto religioso en cuanto tal. Por tanto, el misterio es un aspecto originario esencial y permanente de la realidad total: ARTE FLAMENCO, el cual no es más que la realidad existencial, vivencial y óntica de un pueblo, del alma andaluza, sorprendida en flagrante intimidad, que tiene miedo no al SINO y al DOLOR, sino al misterio que lo teje. Ese misterio del “cante por Rondeñas” queda aquí “casi” aclarado gracias a tu esfuerzo, tesón, afición y estudio continuado. Sólo un “aficionao” como tú es capaz de realizar una obra de la magnitud y calidad como éstas “Pinceladas Flamencas”.La Flamencología lo reconocerá y -¿quién lo duda? - la Afición te lo agradecerá.

Te has quedado, querido amigo, solo - como los toreros quedan solos frente al toro en el ruedo de la plaza -, sí, muy solo, ante ese terrible toro de la investigación flamenca, y no para para poner un “granito de arena en la defensa de los “Cantes rondeños” - nada más lejano representan tus “Pinceladas” - sino para oír y analizar gozosamente las múltiples y variadas citas, teorías, postulados, refutaciones de contradictorios autores, cuyas referencias sirvieran de refuerzo a tus “tres grandes y punzantes vivencias flamencas”. Pero tú, acordándote de tus años de latinidad , de aquella famosa sentencia “labor omnia vincit”, has demostrado sobradamente la importancia y trascendencia que han tenido los llamados “Cantes rondeños” y, además, el constante uso y empleo de la Rondeña a lo largo del siglo XIX. Y en la actualidad, también.¡Que no lo olviden los gitanófilos, ni se vanagloríen los gitanófobos! Pues el cante no es ni gitano, ni payo; es simplemente del hombre. De ese hombre que no ha tenido más remedio que cantar. Porque el cante define la “res essentialis” del ser andaluz en su proyección universal. Y nada más. Quien diga lo contrario, que lea pausadamente estas “Pinceladas Flamencas” orientadas con todo ahínco, pero con devoción, al “ más viejo fandango malagueño conocido”.Todos los escritores costumbristas del siglo XIX se ocuparon de este noble y no fácil cante, típico de la pintoresca villa de Ronda.

Por otra parte, estas “Pinceladas” enseñan algo que pocos estudiosos - no hago mención de los autodenominados “ flamencólogos” de pacotilla - tienen en cuentan en sus exposiciones: la estrecha relación entre Poesía y Cante. Nuestro autor, José Luís Jiménez, por el contrario, no lo ha olvidado siquiera un momento. Esa es la fuerza probatoria de este ya “histórico libro”.La bibliografía flamenca tiene ineludiblemente que hacer hincapié en la forma que el autor ha tratado esa analogía. El olvido - muchas veces, ignorancia - de ese parentesco y similitud entre estas dos formas artísticas ha originado bastantes deformaciones en la investigación flamenca. Hace ya muchos años, allá por el curso 1980-81 del Aula de Flamencología de la Universidad de Málaga, dije ante mis alumnos que “... mientras haya poesía, habrá flamenco”.Hoy, tras la lectura de “Pinceladas Flamencas”, dedicadas a la Rondeña, lo reafirmo con mayor tenacidad. ¿Por qué? Porque mi larga vida cantaora e investigadora me lo ha demostrado plenamente: ambas manifestaciones artísticas coinciden en su temática: EL HOMBRE. Nacimiento, vida, muerte, sentido de la existencia, más allá, el absoluto, la nada y otros interrogantes que se hace el hombre determinan la esencia de la Poesía y del Flamenco.

Por tanto, estimado aficionado, toma entre tus manos estas preciosas “Pinceladas Flamencas”, un libro serio, ortodoxo y, sobre todo, objetivo. Míralas atentamente, degústalas y remedando a san Gregorio Magno, quien dijo sobre la Biblia “Disce cor Dei in verbis Dei”, yo también te exhorto a que recorras las páginas de este maravilloso libro del ínclito rondeño José Luís Jiménez Sánchez, porque te abrirá el corazón de par en par y aprenderás qué son los “Cantes de Ronda”: una de las columnas del Arte Flamenco. Y si me lo permites, amable lector y “aficionao” distinguido, te diré que yo, como Cantaor, jamás he dejado de interpretar no sólo la Rondeña, sino también el Polo, la Caña y la vieja y difícil Serrana: cantes ortodoxos, tradicionales y propios para cantaores valientes y honestos. Por lo que pido me dejes poner aquí aquella famosa Rondeña:

No me quiero ni acordar,

yo vi a mi mare morir.

Fue tan grande mi sentir

que en vez d echarme a llorar

rompió mi llanto en reír.-


Villanueva Mesía (Granada), Noviembre del 2003.

ALFREDO ARREBOLA, Profesor-Cantaor y Director del “Aula de Flamencología” de la Universidad de M A L A G A