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Los Verdiales 1 parte E-Mail
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escrito por Alfredo Arrebola Sánchez   
Panda de Verdiales de Málaga

VERDIALES 1 PARTE

ANDALUCIA  EN   SUS  CANTES

Alfredo  Arrebola, Profesor –Cantaor (Villanueva  Mesía-Granada)

Vengo de los Verdiales

De los Verdiales  vengo;

Vengo de echarme una novia

De echarme  una novia  vengo.

En las costas malagueñas

Tres cosas  hay principales:

Las  viñas y los parrales,

La gracia de las veleñas

Y el baile por Verdiales.

1.- Breve reflexión.

Me parece conveniente, incluso didáctico, ofrecer unas palabras que den sentido a este modesto trabajo, que ya ofrecí en la Peña Flamenca “JUAN BREVA” (Málaga, 1987), sobre  “Los Verdiales en el Flamenco. Su proyección  musical”. Su razón estriba en un hecho admitido por toda la afición: los verdiales han sido considerados como prototipo del  fandango campesino, punto de arranque  y partida de otras formas flamencas. Cabe decir, no obstante, que esto no está al alcance de cualquiera, ni siquiera del que está   acostumbrado a oír actuaciones de las distintas  “pandas” diseminadas por la provincia malagueña. Y  esto nos lleva a admitir que los cantes flamencos han tenido, sin la menor duda, un origen bastante más sencillo de lo que, de ordinario, se viene admitiendo. Debemos poner  en claro, de una vez  para siempre,  cuál ha sido el origen primero de este frondoso árbol del cante. Se han dado, por desgracia, demasiadas fábulas y mentiras sobre una de las manifestaciones más representativas de la tradición cultural y artística del pueblo Andaluz: El Flamenco.

Y una prueba clara, evidente y “casi” apodíctica es que los verdiales no llevan un  exclusivo acompañamiento de  guitarra, sino que es tradicional el empleo de violines, panderetas, castañuelas y, a veces, instrumentos  caseros, tales como almireces, canutos de  caña, cucharas, etc., es  decir, aquellos medios que los  campesinos tenían  a  su alcance: fundamento primario de la evolución  histórica de una gran parte de los estilos que, hoy, se definen como flamencos. Y tan es así, que en las antiguas grabaciones, aun con diferente nomenclatura, aparece de forma “sui  generis” el eco de este prístino canto popular.

Mi ya larga experiencia cantaora e investigadora ha podido comprobar la importancia de este cante que define la más antigua muestra de la música popular malagueña, y ha sido, además, objeto de atención de casi todos los escritores y poetas de  esta “tierra  cantaora” por naturaleza. Ahora bien, para comprender  la “proyección  musical” de los verdiales, es imprescindible realizar un exhaustivo análisis comparativo de las  variadas formas   flamencas y, asimismo, prestar mucha atención. Metodología que he venido empleando en  mi caminar artístico; trabajo que he realizado como si de una misión redentora y docente se tratara. ¿Y por  qué? Porque desde siempre he creído que el  flamenco – en contra de ciertos pedantes flamencólogos – tiene un fundamento “in  re” en el amplio campo del folclore: verdad  histórica  e irrefutable. Lo que nos  lleva, sin duda, a  aceptar que folclore y flamenco están en íntima relación semántica. Aún más: el cantaor profesional ha sido, precisamente, quien ha dotado de “cualidad flamenca” a lo que  encontró – mejor dicho,”se tropezó” – de la música popular, esto es, en la  tradición   folclórica que todo pueblo lleva consigo. Ahí radica, pues, la grandeza de  lo que en la actualidad llamamos “Cante flamenco” (mal dicho, por cierto), “Cante jondo”, o,  por lo general, “Cante gitano-andaluz” (ésta debería  ser  su auténtica terminología).

Esta breve reflexión me lleva, lógicamente, a afirmar la importancia de los verdiales, musicalmente considerados, dentro del  complejo  mundo del arte flamenco. Con la particularidad de que se puede  demostrar, desde el análisis comparativo de las variadas formas  flamencas.

 2.- Descripción.

Afortunadamente soy cantaor, título que me honra y ennoblece; también dedico parte de mi vida artística intentando  saber qué es el flamenco en su última razón  histórica, literaria y musical. He aquí, pues, cómo he visto yo losVerdiales en su plena realización: LA GRAN  FIESTA.

 ¡Panda de  Verdiales!. ¡Guitarras, panderos, chinchines metálicos, laúdes!;  grandes sombreros de flores, flamear de bandera, alcalde con su batuta…., el ambiente propicio para su plena y total escenificación….¡Cante y  vino”!. Mucho vino, mucho cante y baile: y…¡siempre la fiesta!. ¡Qué hermoso espectáculo! ¡Qué Andalucía más ilustrativa, la que nos han querido  contar, transmitir, vender y, a veces, exportar fuera de los límites de  “Málaga  la  cantaora”!. Pero… no nos dejemos engañar: tampoco esa es  la Andalucía  real, la del mensaje histórico de una manifestación cultural autóctona y milenaria, que se pierde en la nebulosa de los tiempos. Porque, no se  olvide, el mundo artístico, antropológico y  cultural de los Verdiales es mucho más ambicioso, más real y trascendental.

Desde  siempre se ha dicho que la música es amor, porque nos  lleva hacia los caminos más puros y profundos del sentir humano. Por la música podemos distinguir perfectamente a los  hombres de las  bestias, ya  que es  una forma de “cultura inmanente” en  el ser racional y, además, es el único instrumento capaz de redimir al  hombre del terrible drama que le ha tocado vivir. La música es, según mi criterio, la trayectoria de la humanidad. Nada de extraño tiene, pues, que Cervantes nos dejara dicho: “… Me acogía al entendimiento de leer  algún libro, o tocar una  harpa, porque la experiencia me mostraba que la música compone los ánimos descompuestos y alivia  los trabajos que nacen del espíritu”,cfr. “Don Quijote de la Mancha”,cap. XXVIII, 1ª parte.

Por tanto, no hay error en afirmar que la música es “algo innato” al ser humano. Por desgracia, conozco a una persona – sólo una – que no le  gusta, ni la  soporta. Y, por  otra parte, no se puede negar que  cada día interesa más el fenómeno musical. La Radio y la Televisión lo adoban todo con música; y en todos los trabajos hay un fondo  musical que  sirve de alivio a los esfuerzos que conlleva cualquier actividad. Y hasta los más pedestres anuncios requieren hoy su “leit motiv” o tarjeta musical de presentación publicitaria. Como tampoco se puede negar que se comercia  con la música en la misma medida que se hace con el carbón, petróleo, acero, coches y cine. Función que desarrollaron – cómo no – los  Verdialesdesde sus inicios hasta el momento actual.

Los verdiales 2 de 12.

 

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